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13 Consejos de Gautama Buda para tiempos difíciles

Siddhartha Gautama, el Buda, nos dejó un legado de gran sabiduría. Entre sus muchas enseñanzas, nos ofreció 13 consejos para reflexionar cuando estemos experimentando tiempos difíciles. Hay, según el Maestro, una forma ideal de vivir estos momentos. Es una manera más tranquila, amorosa e inteligente de afrontar lo que nos sucede y como siempre, el secreto tiene que ver con nuestra actitud ante las experiencias.

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Ya estás iluminado

por Guo Gu lion’s roar – 

Guo Gu recibió la transmisión del Maestro Chan Sheng Yen en 1995. Trabajó como su asistente y traductor hasta la muerte de su maestro en 2009.

Shen Yen
Maestro Sheng Yen

La iluminación silenciosa es una práctica budista que se remonta no sólo a Huineng (638-713), el sexto patriarca de Chan y otros maestros chinos, sino también a las primeras enseñanzas del Buda. En la tradición Chan, la iluminación silenciosa se conoce como mozhao, de los caracteres chinos mo (silencioso) y zhao (iluminación). Es un término que fue utilizado por primera vez por un crítico de la práctica, Dahui Zonggao (1089 -1163), un defensor del método de «observar la frase decisiva» (huatou en chino, wato en japonés). A Hongzhi Zhengjue (1091-1157), el maestro chino más frecuentemente asociado con la práctica de la iluminación silenciosa, le gustó el término y lo adoptó.

En Occidente, la iluminación silenciosa generalmente se presenta a través del prisma de la práctica de Soto Zen como shikantaza, un término acuñado por Dogen Zenji para describir la encarnación del despertar. Sin embargo, shikantaza no es una categoría distinta de práctica, y si bien es parte de la iluminación silenciosa, no puede abarcarla.

La iluminación silenciosa es la práctica simultánea de calma y claridad, o quietud y luminosidad. Es similar a la práctica de shamatha y vipashyana, siempre que no consideremos estas secuenciales entre sí, primero practicando shamatha y luego practicando vipashyana. En el silencio hay iluminación; en la quietud, la claridad está siempre presente.

Ya estamos iluminados

La tradición Chan no suele hacer mención de pasos o etapas. Su enseñanza central es que estamos intrínsecamente despiertos; nuestra mente está originalmente libre de fijaciones y preocupaciones, y su naturaleza no tiene divisiones ni etapas. Esta es la base de la visión Chan de la iluminación súbita. Si la naturaleza de nuestra mente no fuera ya libre, eso implicaría que podríamos iluminarnos solo después de practicar, lo cual no es cierto. Si es posible obtener la iluminación, entonces es posible perderla también.

Considera una habitación, que es naturalmente espaciosa. El cómo organizamos los muebles en la habitación no afectará su amplitud intrínseca. Podemos levantar muros para dividir la habitación, pero son temporales. Y, tanto si dejamos la habitación limpia, como desordenada y sucia, no afectará a su amplitud natural. La mente también es intrínsecamente espaciosa. Aunque podemos quedar atrapados en nuestros deseos y aversiones, nuestra verdadera naturaleza no se ve afectada por esas aflicciones. Somos intrínsecamente libres.

En la tradición Chan, por lo tanto, la práctica no trata de producir iluminación. Tal vez te preguntes: «¿Entonces qué estoy haciendo aquí, practicando?» Porque la práctica sí ayuda a limpiar los «muebles» en la «habitación». Al no apegarte a tus pensamientos, eliminas los muebles, por así decir. Y una vez que tu mente está limpia, en lugar de fijarte en las sillas, mesas, etc., ves su amplitud. Entonces puedes dejar que los muebles se muevan o reorganicen a tu gusto, no para ti, sino para el beneficio de los que comparten la habitación.

Las enseñanzas del Maestro Sheng Yen

La mejor manera de practicar la iluminación silenciosa es sentarse sin depender de tus ojos, oídos, nariz, lengua, cuerpo o mente. Te sientas sin establecerte en ninguna parte, sin fabricar nada y sin caer aletargado. No entras en una absorción meditativa ni das lugar a pensamientos dispersos. En este mismo momento, la mente simplemente es ―despierta y tranquila, clara y sin engaños. Sin embargo, para muchos practicantes, tal estándar puede resultar demasiado alto.

Mi maestro, el Maestro Sheng Yen, introdujo por primera vez esta forma de practicar la iluminación silenciosa en la década de 1970. A sus estudiantes les gustó mucho el método, pero nadie fue capaz de practicarlo, simplemente no podían manejarlo, por lo que el método cayó en la oscuridad. A principios de la década de 1990, a través de prueba y error, Sheng Yen comenzó a dividir la práctica en etapas. Pasó una década enseñando y explorando la iluminación silenciosa con sus alumnos durante retiros intensivos de siete y diez días tanto en Occidente como en Taiwán. Traduje muchas de las enseñanzas de Hongzhi sobre la iluminación silenciosa para acompañar los comentarios de Sheng Yen, que ahora se publican en varios libros. La última y más representativa de sus enseñanzas sobre iluminación silenciosa, El Método sin Método: La Práctica Chan de la Iluminación Silenciosa, se publicó en 2008. El Maestro Sheng Yen murió poco después, en febrero de 2009.

Como monje asistente personal del Maestro Sheng Yen, fui uno de sus primeros alumnos en comenzar a seguir su método de iluminación silenciosa como mi principal práctica. A menudo me usaba como conejillo de indias: le informaba sobre cualquier estado o experiencia que estaba pasando a medida que profundizaba en la práctica. Practiqué iluminación silenciosa bajo su dirección durante aproximadamente dieciséis años, hasta que comencé a usar el método huatou o gong’an (koan en japonés).

Las etapas de iluminación silenciosa según lo enseñado por Sheng Yen no están grabadas en piedra. Son un medio para un fin y orientaciones. Es importante tener un maestro que te guíe, ya que cada individuo tendrá una respuesta diferente a este método, creciendo de acuerdo con su propia capacidad espiritual y disposición kármica.

Tres etapas de la iluminación silenciosa

La práctica de la iluminación silenciosa enseñada por el Maestro Sheng Yen se puede dividir en tres etapas: mente concentradamente unificada y no-mente. Dentro de cada etapa hay profundidades infinitas. No se necesita pasar por todas las etapas, ni necesariamente son secuenciales.

Mente concentrada

La primera etapa de la práctica es aprender a sentarse de manera natural, sin tratar de lograr esto o deshacerse de aquello. Simplemente, en tal momento, sentarse con claridad y simplicidad. En chino, esto se llama zhiguan dazuo, que significa «simplemente estar sentado».

Simplemente sentarse es ser consciente de que estás sentado. Cuando estás sentado, ¿puedes sentir la presencia de todo tu cuerpo ―su postura, peso y otras sensaciones? «Sólo sentarse» significa, al menos, que sabes claramente que todo el cuerpo está allí. No significa preocuparse por ninguna parte particular del cuerpo, solo las piernas, los brazos o la postura, o sentir cada sensación del cuerpo. La idea es estar al tanto de la totalidad general de tu experiencia de estar sentado. El cuerpo está sentado; tú lo sabes. Esto significa que tu mente también está sentada. Entonces el cuerpo y la mente están juntos mientras estás sentado. Si no sabes que estás sentado, entonces no estás siguiendo el método.

Este método es sutil; no es como contar respiraciones del uno al diez, lo cual es muy concreto. Pero eso no significa que no haya nada que hacer. Definitivamente hay algo que hacer: ¡Siéntate!

Este método no implica contemplar, observar pensamientos o escanear continuamente el cuerpo. En cambio, implica preocuparse por el acto de sentarse, permanecer con esa realidad de un momento a otro. Cuando prestas atención al sentarte, tu cuerpo y tu mente están naturalmente juntos. No miras el cuerpo, tampoco lo imaginas, como si estuvieras mirando desde afuera, lo que sería una especie de construcción mental.

Cuando practicas de forma decidida e intensa, sin espacios, durante media hora, tu cuerpo puede empaparse de sudor. Pero esta forma tradicional y tensa de practicar el método no es adecuada para la mayoría de los practicantes actuales porque muchos ya están estresados ​​en la vida diaria. (Otra limitación de este modo de tensión es que no se puede mantener durante un largo período de tiempo, de media hora a una hora como máximo). Por lo tanto, generalmente es recomendable practicar el método de una manera relajada, sin dejar de ser plenamente consciente de que estás sentado.

Conocer y aprender a relajar el cuerpo puede liberarte de tendencias recurrentes y emociones negativas. Puedes notar que cuando surgen pensamientos vagabundos, algunas partes de tu cuerpo se tensan. Lo mismo vale para las emociones profundamente arraigadas, que se alojan en lugares particulares del cuerpo. A menudo, las personas viven sus vidas de tal manera que sus cuerpos y mentes está divididos; hacen una cosa con su cuerpo mientras su mente está en otra parte. Practicar esta primera etapa ayuda al cuerpo y a la mente a estar más unificados.

Cuando estás despierto y despejado en cada momento y no quedas atrapado en pensamientos errantes, estos desaparecen inevitablemente. Se calman porque tu mente discriminatoria, que está unida al propio apego, se atenúa. Tu mente discriminatoria se atenúa porque eres consciente de la totalidad del cuerpo mientras estás sentado. Sin pensamientos vagabundos, no te aferras a esto ni a aquello, ni te atraen ni rechazas sensaciones concretas. La concentración desarrollada en la primera etapa de la iluminación silenciosa no es un enfoque de la mente en un solo punto, sino una presencia abierta, natural y clara. Es concentración acompañada de sabiduría.

Mente unificada

Cuando tu mente discriminativa se atenúa, tu sentido estrecho del «yo» también disminuye. Tu campo de conciencia, que al principio es la totalidad del cuerpo, naturalmente se abre para incluir el entorno externo. Dentro y fuera se convierten en uno. Al principio, puedes notar todavía que un sonido proviene de una dirección determinada o que tu mente sigue distintos fenómenos del entorno, como alguien que se mueve. Pero a medida que continúas, estas distinciones se desvanecen. Eres consciente de los eventos que te rodean, pero no dejan rastros. Ya no sientes que el entorno está allá fuera y tú aquí dentro. El entorno no plantea oposición ni carga. Simplemente es. Si estás sentado, entonces el entorno eres tú, sentado. Si ya no estás sentado y estás caminando, sigues siendo el entorno, en todas tus acciones. Esta experiencia, la segunda etapa de la iluminación silenciosa, se llama la unidad del yo y los demás.

¿Todavía puedes escuchar sonidos? Sí. ¿Puedes levantarte para tomar un trago de agua u orinar? Por supuesto. ¿Hay actividad mental? Sí. Tienes pensamientos cuando los necesitas para responder al mundo, pero no son autorreferenciales. La compasión surge naturalmente cuando es necesaria; no tiene nada que ver con la emoción. Hay una intimidad con todo lo que le rodea que está más allá de las palabras y las descripciones. Cuando orinas, el cuerpo, la orina y el inodoro no están separados. De hecho, ¡mantienen un diálogo maravilloso!

En esta etapa, ves claramente lo que se necesita hacer. Ves cómo responder, pero sin ningún punto de referencia u oposición. Si escuchas un pájaro, eres un pájaro. Cuando interactúas con una persona, tu mente no se agita. Ves las cosas como una sola; son parte de ti y tú eres parte de ellas. No se trata de pensar: «¡Son parte de mí y soy realmente grande! ¡Incluyo al mundo entero!» Tampoco disolverte en el ambiente exterior, sin saber más quién eres. Es sólo que el sentido de autorreferencia ha disminuido y la carga de las aflicciones normales se ha desvanecido temporalmente.

Hay estados progresivamente más profundos en esta segunda etapa. Cuando entras en un estado en el que el entorno eres tú sentado, el entorno puede volverse infinito e ilimitado, lo que genera un estado de unidad con el universo. El mundo entero es tu cuerpo sentado allí. El tiempo pasa rápido y el espacio no tiene límites. No estás atrapado en los detalles del entorno. Simplemente hay apertura de mente, claridad y un sentido de infinitud. Esto aún no es la realización del no-yo; es la experiencia del gran yo.

En este punto, pueden ocurrir tres experiencias más sutiles, todas relacionadas con el sentido del gran yo. La primera es luz infinita. La luz eres tú y experimentas un sentido de unidad, infinitud y claridad.

La segunda experiencia es sonido infinito. Este no es el sonido de coches, perros o algo similar. Tampoco es como la música o cualquier otra cosa que hayas oído alguna vez. Es un sonido primordial y elemental que es uno con la experiencia de la inmensidad. Es armonioso en todo lugar, sin referencia o atribución.

La tercera experiencia es la vacuidad. Pero este no es el vacío de la naturaleza propia o del no-yo que constituiría la iluminación. Es un espacioso vacío en el que no hay más que la inmensidad pura del espacio. Aunque no experimentas un sentido del yo, todavía existe una forma sutil de uno mismo y del objeto.

Estos estados progresivamente más profundos están todos relacionados con los estados de samadhi. Cuando salgas de ellos, debes tratar de no pensar más en ellos porque son bastante tentadores. Debes decirte: «Este estado es ordinario; no es eso». De lo contrario, se generará otra forma de apego.

Puedes estar en la fase inicial de la segunda etapa de iluminación silenciosa durante unos minutos o unos meses. Durante ese tiempo, nada te obstruye: cuando estás sentado, sientes que el entorno eres tú, sentado; cuando estás caminando, te sientes conectado con el entorno. En la última fase de la segunda etapa, incluso puedes pensar que estás iluminado dado los niveles tan profundos de la unidad. Los practicantes a veces piensan que de repente se han vuelto más inteligentes o que han entendido todas las escrituras.

Todos estos estados de claridad son maravillosos; te dan una fuerte convicción en la utilidad de buddhadharma y la posibilidad de un estado libre de aflicciones. Sin embargo, todavía no representan la claridad de la tercera etapa: la realización de la iluminación silenciosa. Apégate a cualquiera de estos estados y estarás más lejos de ellos. Todos ellos deben ser abandonados.

No-yo, No-mente

La claridad de la segunda etapa es como mirar a través de una ventana inmaculada. Puedes ver a su través muy bien, casi como si la ventana no estuviera allí, pero está allí. En la segunda etapa, el yo yace inactivo, pero está sutilmente aferrado a sí mismo. En otras palabras, ver a través de una ventana, incluso una muy limpia, no es lo mismo que ver sin ninguna ventana. Ver sin ventana es una forma de describir el estado de iluminación, que es la tercera etapa. En total claridad, la mente no se mueve. ¿Por qué? Porque no hay una mente autorreferencial.

La tercera etapa de la iluminación silenciosa es la realización de la calma y el despertar, la quietud y la conciencia, samadhi y prajna, todas diferentes formas de describir el estado natural de la mente. Experimentarlo por primera vez es como dejar caer repentinamente una tonelada de tus hombros: las pesadas cargas del apego al yo, las aflicciones y los hábitos. Antes de eso, es posible que no sepa exactamente qué es el apego al yo o las aflicciones. Pero una vez que estás libre de ellos, los reconoces claramente.

El apego a sí mismo, las aflicciones y las tendencias habituales son profundas. Por lo tanto, los practicantes deben trabajar duro para experimentar la iluminación una y otra vez hasta que simplemente puedan descansar en el estado natural de la mente. La clave es practicar diligentemente pero no buscar resultados.

Al practicar de esta manera, nuestra vida gradualmente se integra por completo con la sabiduría y la compasión, e incluso los rastros de «iluminación» desaparecen. Somos capaces de ofrecernos a todos, como un faro, ayudando a todos los que se cruzan en nuestro camino, respondiendo a sus necesidades sin artimañas. Esta es la perfección de la iluminación silenciosa.

Podrías decir: «He estado practicando durante diez años, ¿exactamente cuándo me va a pasar esto?». La diferencia entre engaño e iluminación está a solo un momento de distancia. En un instante, puedes liberarte de las construcciones de tu identidad y ver a través del velo de tus fabricaciones.

Recuerda que la práctica es mucho más que seguir un método en particular o atravesar etapas en un camino. La práctica es la vida y todos sus «muebles». La práctica nos ayuda a ver la habitación y no apegarnos a los muebles. La iluminación no es algo especial: es la libertad natural de este momento, aquí y ahora, no manchada por nuestras invenciones.

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«Play Mind» de Tara – y sus ocho grandes risas – transformando los ocho demonios y miedos; confiando en la Madre de los Budas

Incluso el gran Conquistador Buda Shakyamuni confió en las «ocho grandes risas» de la Madre Tara para apaciguar los miedos, las dudas y los demonios. Tara es conocida como la Madre de todos los Budas porque es a través de Su Sabiduría que todos los seres pueden alcanzar la Iluminación. Tradicionalmente, la mujer iluminada representa la «sabiduría», mientras que el hombre iluminado representa la «compasión». En muchos Tantras se dice que «todos los Budas confiaban en Tara».

“La noche anterior a su despertar, mientras estaba sentado bajo el árbol Bodhi, Shakyamuni fue atacado por una horda de demonios que intentaban desviarlo de su objetivo. En ese momento apareció Tara, y con ocho grandes carcajadas hizo que los demonios cayeran al suelo e impidieran que hicieran daño. Entonces el Buda puso su mente en un estado de perfecta meditación y, al amanecer, alcanzó el despertar. Después de eso, pronunció el Tara Tantra «. – la gran maestra Bokar Rinpoche, Tara The Feminine Divine [1]

Buda, bajo el árbol Bodhi, es atacado por las hordas de demonios de Mara. Según Tara Tantra, fueron las «ocho risas» de Tara las que disiparon los «ocho peligros» que enfrentó el Buda debajo del árbol.

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Monjas benedictinas graban 7 mil horas de cantos gregorianos (todo el canon completo)

Las mojas benedictinas de la abadía de Notre Dame de Fidélité de Jouques viven una vida tradicional de «ora et labora». Pasan la mitad del día haciendo trabajos manuales y la otra mitad rezando y cantando. Durante la pandemia, las monjas viven en reclusión del mundo pero siguen entonando sus cantos todos los días. 

El músico John Anderson, fascinado por la música de las monjas, tuvo la genial idea de grabar a esta comunidad integrada por 45 mujeres. Para lograrlo, bastó con que Anderson instalara algunos micrófonos en distintos puntos de la abadía y las monjas, todos los días antes de iniciar sus oraciones, aprietan un botón para hacer correr la grabación. De esta manera no se perturba su vida dedicada a la contemplación divina.

El resultado de este proyecto son cerca de siete mil horas de música, mucha de ella inédita, con lo que se abarca todo el repertorio de los cantos gregorianos. Los cantos gregorianos iniciaron justamente en monasterios benedictinos alrededor del siglo VIII y la tradición se mantiene ininterrumpida.

Anderson contrasta la música e intenciones de las monjas con las del mundo moderno. Sus cantos son anónimos y unánimes. Rezan pero no por ellas mismas, sino por el mundo y alaban a la divinidad con su música.

El resultado de este trabajo impresionante es una aplicación en donde se ofrece toda esta música, incluyendo partituras y traducciones de las hermosas oraciones latinas. El nombre del proyecto, Neumz, hace referencia a los neumes, palabra que significa «alientos»:  son los alientos con los que se medía el tono musical que debía seguir. Es también una referencia al espíritu santo, el pneuma, que es la inspiración y el tema de muchos de estos cantos.

La idea es que los usuarios realicen donaciones y dos terceras partes de ellas serán para las monjas y sus proyectos caritativos.

Este magnífico proyecto invita a buscar sosiego y apoyo contemplativo en horas inciertas. Se trata de una forma de conectar con belleza y significado y a la vez preservar una importante tradición. Escuchar esta música por horas puede ser una forma de entrar en un estado de paz y relajación y quizá comunión. Una muestra de ello es el siguiente video de 4 horas de cantos.

https://pijamasurf.com/2020/10/monjas_benedictinas_graban_7_mil_horas_de_cantos_gregorianos_todo_el_canon_completo/

Siempre tenemos alegría (Parte 2)

por Yongey Mingyur Rinpochelion’s roar

Yongey

La dicha de la sabiduría

La clave para descubrir nuestra verdadera fortaleza se halla en lo que percibimos como nuestros defectos e imperfecciones. Al enfrentarnos a nuestras emociones perturbadoras y a los problemas que se presentan en nuestra vida, descubrimos una experiencia de bienestar que se extiende tanto hacia el exterior como dentro de nosotros. Si no me hubiera enfrentado al pánico y la ansiedad que sentí durante la mayor parte de mi juventud, no estaría en la situación en la que me encuentro hoy en día. Nunca habría reunido el valor ni la fuerza necesarios para subir a un avión, viajar por el mundo y sentarme delante de un auditorio lleno de desconocidos para transmitir la sabiduría que he aprendido, no solo por mi propia experiencia, sino de las experiencias de los grandísimos maestros que fueron mis guías y profesores.

Todos somos budas, solo que no lo reconocemos. En muchos sentidos, estamos encerrados en una visión limitada de nosotros mismos y del mundo que nos rodea, por los condicionantes culturales, la educación familiar, la experiencia personal y por nuestra predisposición biológica fundamental a hacer distinciones y medir la experiencia presente y las esperanzas y miedos futuros según un almacén neuronal de recuerdos.

En cuanto nos comprometemos con hacernos más y más conscientes de nuestra naturaleza de buda, inevitablemente empezamos a ver cambios en nuestra experiencia diaria. Las cosas que solían inquietarnos empiezan a perder la capacidad de alterarnos. Nos volvemos intuitivamente más sensatos, más relajados y más generosos. Empezamos a reconocer los obstáculos como oportunidades para continuar creciendo. Y a medida que se desvanece nuestro sentimiento ilusorio de limitación y vulnerabilidad, descubrimos, en lo más hondo de nuestro ser, la verdadera grandeza de quiénes y qué somos.

Y lo mejor de todo, a medida que empezamos a ver nuestro potencial, también comenzamos a reconocerlo en todas las personas que nos rodean. La naturaleza de buda no es una cualidad especial, que esté solo al alcance de unos pocos privilegiados. La verdadera señal de haber reconocido la naturaleza de buda es darse cuenta de lo corriente que es, ser capaz de ver que todos los seres vivos la comparten, aunque no todos la reconozcan en sí mismos. Así que, en lugar de cerrar nuestro corazón a las personas que nos gritan o se comportan de modo dañino, nos volvemos cada vez más abiertos. Reconocemos que no son «imbéciles», sino gente que, como nosotros, quiere ser feliz y vivir en paz, solo se comportan como imbéciles porque no han reconocido su verdadera naturaleza y están abrumados por sensaciones de vulnerabilidad y miedo.

Podemos empezar nuestra práctica simplemente aspirando a mejorar, a enfocar todas nuestras actividades con más presencia, conciencia y visión, y a abrir nuestro corazón más profundamente a los demás. La motivación es el factor más importante que determina si nuestra experiencia estará condicionada por el sufrimiento o por la paz. De hecho, la sabiduría y la compasión se desarrollan a la par. Cuanta mayor atención prestemos y más detenidamente examinemos las cosas, más fácil nos resultará ser compasivos. Y cuanto más abramos nuestro corazón a los demás, más sensatos, hábiles y atentos nos mostraremos en nuestras actividades.

En cada momento, podemos elegir entre seguir la cadena de pensamientos, emociones y sensaciones que refuerzan nuestro sentimiento de ser vulnerables y limitados, o recordar que nuestra verdadera naturaleza es pura, no está condicionada ni puede ser dañada de ningún modo. Podemos quedarnos en el sueño de la ignorancia, o recordar que siempre estamos y hemos estado despiertos. En cualquiera de los casos, nunca dejamos de expresar la naturaleza ilimitada de nuestro verdadero ser. La ignorancia, la vulnerabilidad, el miedo, la ira y el deseo son expresiones del potencial infinito de nuestra naturaleza de buda. No hay nada intrínsecamente correcto o incorrecto en cualquiera de estas posibilidades. El fruto de la práctica budista es simplemente reconocer que todas estas aflicciones mentales no son más que elecciones a nuestro alcance, porque las posibilidades de nuestra verdadera naturaleza son infinitas.

Elegimos la ignorancia porque podemos. Elegimos la conciencia porque podemos. El samsara y el nirvana son solamente dos puntos de vista distintos, según las decisiones que tomamos a la hora de examinar y comprender nuestra experiencia. No hay nada mágico en el nirvana ni nada malo o incorrecto en el samsara. Si estamos decididos a vernos limitados, asustados, vulnerables o marcados por las experiencias pasadas, solo debemos saber que hemos elegido que así sea. La oportunidad de experimentarnos a nosotros mismos de otra manera está siempre a nuestro alcance.

Esencialmente, el camino budista nos ofrece la posibilidad de elegir entre lo familiar y lo práctico. Sin duda hay un elemento de comodidad y estabilidad en mantener nuestros patrones familiares de pensamiento y conducta. Salirnos de esta zona conocida y confortable significa adentrarse en un terreno de experiencias desconocidas que pueden producir cierto pavor, una tierra de nadie inquietante como la que viví en mi retiro. No sabemos si darnos la vuelta y volver a lo que nos resultaba conocido pero aterrador, o seguir adelante hacia lo que quizá sea aterrador solo porque es desconocido.

En cierto sentido, la incertidumbre que pesa sobre la elección de reconocer nuestro pleno potencial tiene un parecido, según me han contado algunos de mis estudiantes, con poner fin a una relación abusiva. Hay algo de reticencia, o una sensación de fracaso asociada al hecho de dejar la relación.

La diferencia principal entre cortar una relación abusiva y entrar en el camino de la práctica budista es que, cuando entramos en el camino de la práctica budista, estamos poniendo fin a una relación abusiva con nosotros mismos. Una vez tomamos la decisión de reconocer nuestro verdadero potencial, gradualmente empezamos a subestimarnos menos; la opinión que tenemos de nosotros mismos se vuelve más positiva y sana; aumenta nuestra confianza y nuestra alegría por estar vivos. Al mismo tiempo, empezamos a reconocer que todas las demás personas tienen el mismo potencial, lo sepan o no. En lugar de verlos como amenazas o adversarios, descubrimos nuestra capacidad de reconocer y empatizar con su miedo e infelicidad. De forma espontánea, nuestras reacciones estarán más centradas en las soluciones que en los problemas.

En última instancia, la dicha del saber se reduce a elegir entre el malestar de ser conscientes de nuestras aflicciones mentales y el malestar de permitir que nos gobiernen. No puedo prometer que descansar en la atención consciente de nuestros pensamientos, sentimientos y sensaciones, reconociéndolos como creaciones interactivas de nuestra mente y cuerpo, vaya a ser siempre agradable. De hecho, prácticamente puedo garantizar que observarnos a nosotros mismos de esta manera será, a veces, sumamente desagradable.

Pero lo mismo podemos decir sobre empezar algo nuevo, ya sea ir al gimnasio, cambiar de empleo o ponernos a dieta. Los primeros meses siempre son complicados. Es difícil motivarnos para hacer ejercicio; cuesta aprender las habilidades necesarias para dominar un trabajo; y no es fácil comer sano todos los días. Pero al cabo de un tiempo las dificultades remiten. Sentimos la satisfacción de haber logrado algo, y la percepción que tenemos de nosotros mismos empieza a transformarse.

La meditación funciona igual. Los primeros días puede que nos sintamos muy bien, pero al cabo de una semana más o menos, la práctica se convierte en una cruz. No encontramos tiempo, estar sentados es incómodo, no conseguimos centrarnos o simplemente nos cansamos. Topamos con una barrera, como les sucede a los corredores cuando intentan añadir medio kilómetro más a su ejercicio. El cuerpo dice: «No puedo», a la vez que la mente dice: «Debería poder». Ninguna de las dos voces es especialmente agradable; en realidad, las dos son más bien exigentes.

A menudo se denomina al budismo la «vía media» porque ofrece una tercera opción. Si no podemos concentrarnos en un sonido o en la llama de una vela durante un segundo más, lo mejor que podemos hacer es parar. De lo contrario, la meditación se convierte en una lata. Acabaremos pensando: «Oh, no, son las 7:15. Tengo que sentarme para practicar la atención consciente». Así no se evoluciona nunca. Pero si, por lo contrario, pensamos que podemos seguir un minuto o dos más, entonces sigamos. Puede que nos sorprenda lo que aprendamos. Tal vez descubramos que bajo nuestra resistencia se esconde un pensamiento o sentimiento concreto que no queríamos reconocer. O quizá veamos que podemos descansar nuestra mente más tiempo de lo que creíamos. Este simple descubrimiento puede darnos más confianza en nosotros mismos.

Pero lo mejor de todo es que no importa cuánto tiempo practiquemos, o qué método utilicemos: a la larga todas las técnicas de meditación budista despiertan la compasión. Cuando observamos nuestra mente, no podremos evitar reconocer nuestro parecido con las demás personas que nos rodean. Cuando vemos nuestro deseo de ser felices, no podemos evitar ver el mismo deseo en los demás. Y cuando observemos detenidamente nuestro miedo, ira o aversión, no podremos evitar darnos cuenta que las demás personas sienten el mismo miedo, la misma ira y la misma aversión.

Esta es la sabiduría, que no significa un conocimiento teórico, sino un despertar del corazón en el que reconocemos nuestra conexión con los demás y hallamos el camino a la felicidad.

https://www.nodualidad.info/textos/siempre-tenemos-alegria-2.html

Códices con el relato escrito más antiguo de Jesús confirmado auténtico

Un códice auténtico, a la izquierda, a diferencia de una falsificación moderna, a la derecha, que es tosco en comparación y traiciona todas las características de la fabricación moderna: no la pátina desigual, que obviamente se aplica y no se acumula por la edad.

Cuando Jennifer Solignac y David Elkington observaron las imágenes de un conjunto de libros descubiertos, de códices quedaron admirados. Fueron sorprendentes de una manera particular: estaban compuestos casi en su totalidad de plomo impuro. Los intentos de hacer que los códices principales salieran a la luz pública pronto llevaron a la controversia y al rechazo de que eran falsos, por parte de personas e instituciones que ni siquiera los habían analizado.

Sin embargo, el análisis y la investigación pacientes han revelado el hecho de que los códices principales son auténticos y antiguos.

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Entrevista con Tsenzhab Serkong Rinpoche II

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Study Buddhism: ¿Puede por favor presentarse?

Serkong Rinpoche: Mi nombre es Tsenzhab Serkong Rinpoche, un título concedido por Su Santidad el Dalái Lama. Fui reconocido como la reencarnación de este maestro cuando tenía casi tres años y medio. Fui al monasterio y estudié los diversos textos. Seguir leyendo Entrevista con Tsenzhab Serkong Rinpoche II

Templo de Draksharama, donde decenas de dioses hindúes viven en familia

La estatua de Dios Shiva situada en Rishikesh, también se adora en el Templo Draksharama.

India es una tierra de muchos religiosos y tiene miles de templos y lugares sagrados notables. Uno de los más importantes de todo el sur de la India es el Templo Draksharama, un sitio hindú dedicado al culto de Shiva. Situado en el estado de Andhra Pradesh, es popular entre los peregrinos hindúes y los turistas.

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Felicidad verdadera. Por Sharon Salbezberg.

La renombrada profesora budista Sharon Salberg explora los innumerables beneficios de la meditación.

La meditación es esencialmente una forma de entrenar nuestra atención y así podamos estar más conscientes tanto de nuestros procesos internos como lo que está sucediendo alrededor. Es directa y simple, pero no es fácil.

Las personas han estado transformando sus mentes a través de la meditación por miles de años. Cada religion principal en el mundo incluye alguna forma de ejercicio contemplativo, aunque hoy en día la meditación a menudo es practicada por fuera de algún sistema de creencias. La meditación se puede hacer en silencio y quietud, por medio de la voz y el sonido, o involucrando al cuerpo en movimiento. Todas las formas hacen énfasis en el entrenamiento de la atención.
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Siempre tenemos alegría

por Yongey Mingyur Rinpochelion’s roar, 28 de febrero de 2020

El sol no deja de brillar solo porque hay nubes en el cielo. Nuestra naturaleza de buda está siempre presente y disponible, incluso cuando la vida se pone difícil. En su libro La Dicha de la Sabiduría, Yongey Mingyur Rinpoche nos muestra cómo descubrir la alegría y la conciencia que nunca se ven afectadas por los altibajos de la vida.

Yongey

Cuando enseño a grupos grandes, a menudo me enfrento a un problema bastante embarazoso. Como se me seca la garganta al hablar, suelo apurar el vaso de agua bastante rápidamente. Siempre hay alguien que se fija en mi vaso vacío y tiene la amabilidad de rellenarlo. Mientras sigo hablando, se me seca la garganta, me bebo todo el vaso de agua y, tarde o temprano, alguien vuelve a rellenarlo. Sigo hablando o contestando preguntas y, de nuevo, alguien me llena el vaso. Seguir leyendo Siempre tenemos alegría

La sangha

La Sangha es el grupo de personas que,
habiendo escuchado las enseñanzas del Buda y conmovidas por su poder,
han decidido dedicar sus vidas a alcanzar la liberación.
Dentro de la tradición tibetana, esto incluye dedicar la vida a la liberación de
todos los seres que sufren en la existencia cíclica (samsara).
Esto se conoce como el camino del Bodhisattva.

Sangha es una palabra sánscrita que literalmente significa «grupo». Los primeros traductores tibetanos tradujeron el término como dge’dun.
Dge significa «virtud» y dun significa «motivación» o «actitud». Entonces Sangha puede significar «Una reunión con una motivación virtuosa».
La Sangha suprema son «las personas, laicas u ordenadas, que se han dado cuenta de la vacuidad».
La Sangha relativa puede ser un grupo de monjes y / o monjas completamente ordenados, novicios masculinos o femeninos, practicantes laicos
y aquellos con votos temporales.
Los practicantes frecuentemente llaman al grupo que están estudiando con su Sangha ya que estos son los amigos que los
acompañan en el camino hacia la liberación.

Según las enseñanzas Vajrayana, incluso aquellos que viven vidas de gran riqueza y lujo pueden superar estas
poderosas distracciones y alcanzar la iluminación.
Esto es posible con el beneficio de las enseñanzas y la guía de un maestro.
Por lo tanto, no es un requisito tomar los votos de un monje o monja para lograr la trascendencia.

Cada categoría de Sangha se considera digna como un foco de devoción y refugio.
Esto se debe a que la Sangha, dedicada como está a la liberación de todos los seres sintientes y con su compromiso
de seguir el camino, ayuda a formar un puente entre la confusión de la vida diaria y la iluminación.
La Sangha, al igual que los textos, el maestro, etc., brindan un apoyo para el estudio y la práctica de las enseñanzas del Buda.
Cuando sostienen puramente las enseñanzas y el linaje de su maestro, la Sangha misma tiene el poder de eliminar el sufrimiento de los seres.
Dondequiera que se pueda encontrar una Sangha, las enseñanzas están vivas y se puede sentir la presencia del Buda.

El texto de esta página se escribió con la inspiración de las enseñanzas de:

© Khenchen Tsewang Gyatso Rinpoche

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