Archivos de la categoría TÉCNICAS ORIENTALES

Adriana – Samadhi

Emilio J. Gómez
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El fuego de la meditación lo purifica todo, absolutamente todo. Lo que en un principio fue una débil llama encendida casi como una curiosidad, termina convirtiéndose en un fuego devastador que no cesa hasta no dejar rastro de nada, ni siquiera del propio meditador, dando lugar al estado de meditación.

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“La conciencia es la única realidad”
Ramana Maharshi

Incluso las técnicas –esas, las primeras– arden en tal llama purificadora, pues llega un momento en el que carece de todo sentido su práctica, e incluso llega un punto en el que las técnicas, por muy maravillosas que se crea que son, llegan a ser hasta un elemento obstaculizador debido al apego que pudieran generar.

La técnica es un medio y jamás puede ser un fin. Pero a la mente, en su necesidad de proyección, gusta de engancharse a las técnicas igual que a las personas, los objetos, los pensamientos, las ideas, conceptos, emociones, sensaciones, recuerdos… etc. Cualquier cosa le es válida a la mente con tal de mantenerse con vida.

Sin embargo, si se persevera en la práctica –y este es el auténtico problema del practicante, sobre todo en los comienzos–, todos estos elementos en apariencia perturbadores no desaparecen –ni tendrían por qué hacerlo–, sino que más bien se trascienden para quedar el practicante instalado en el espacio dimensional de la conciencia pura.

Desde el estado de meditación, tan próximo y lejano a la vez, nada se hace sino que más bien todo sucede. No queda nadie que haga algo, sea bueno o malo, pues tales pares de opuestos son también trascendidos.

Y, así como desaparecen los pensamientos, emociones y sensaciones, llega un momento en el que tampoco queda nadie que observe, asampragyata samadhi, pues en última instancia también Sakshi, la consciencia testigo, queda diluida, absorbida en la conciencia pura. Y esto es el Samadhi.

En ese momento todo es adecuado, todo es tal y como debiera de ser. No hay separación entre el hacedor, lo hecho y el propio acto de hacer. A cambio, el silencio, la paz, el amor… todo al mismo tiempo. Entonces, es cuando Jñana, el conocimiento intelectual de la no-dualidad, pasa a ser Vijñana, la vivencia de tal conocimiento.

Quizás, y sólo quizás, esa vivencia sea lo único que importe.

Adriana – Romper la cristalización

Emilio J. Gómez
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Meditar rompe la cristalización creada por la mente. Día a día, momento a momento, impresión a impresión… la mente teje un sutil entramado a base de miedos y deseos, a través del cual crea el velo del sueño.

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Así es como el ser humano duerme en la placidez de la ensoñación. Sumergido en un microcosmos ilusorio, pero que considera real. Tal y como reales parecen los sueños para aquel que duerme. Pero ¿lo son?

La mente se adhiere a todo aquello que percibe y aunque le produzca sufrimiento no le importa. Prefiere continuar aferrada antes que tener acceso a un vislumbre de ananda, el estado de felicidad.

Es natural que así suceda. La mente se nutre de impresiones, ese es su alimento. Quizás por este motivo ocurra que cada vez hay más impresiones y se sucedan a mayor velocidad. Sin apenas darnos cuenta el consumo de impresiones se ha convertido en una adicción.

Es posible que algunas de tales impresiones sean dolorosas y que provoquen cierta dosis de sufrimiento. No importa, ha llegado un punto en el que parece haberse elegido la felicidad a través de la infelicidad.

Practicada del modo adecuado la meditación corta de manera fulminante con el sueño del apego, sea a lo que sea. Entonces es cuando sobreviene el despertar. ¿Qué es lo que se despierta? La consciencia de ser.

Adriana – La Postura del Despertar

Emilio J. Gómez
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Es necesario permitirse un tiempo para conectar con los diferentes detalles de la postura del despertar. Estabilizar el cuerpo sobre los huesos isquiones y sentir cómo la gravedad de la tierra tira del tronco hacia abajo, mientras que la coronilla se eleva hacia el cielo.

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“La forma designa la postura, que debe de ser tan bella como sea posible”.
Taisen Deshimaru, maestro zen

Que la pelvis esté ligeramente elevada por encima de las rodillas y basculada hacia delante, como si se quisiera echar el vientre sobre el regazo. La espalda erguida pero sin tensión, permitiendo las curvaturas naturales de la columna vertebral. El mentón ligeramente recogido para estirar las inervaciones cervicales. Mientras que la mirada se posa sobre la punta de la nariz, realizando Nasikagra Dhristi.

De esta manera tan sutil, poco a poco, la postura adquiere un cierto aire de dignidad y belleza. No es en vano que una de las traducciones de Radja yoga sea “yoga real”, quizás porque es el tipo de yoga que practica la realeza, quizás porque es el auténtico, quizás por ambos motivos… Nunca lo llegaremos a saber a ciencia cierta.

Lo que sí sabemos es la importante herramienta que es la Postura del Despertar para sumergir al practicante conscientemente en el Atman o sí mismo. De un modo u otro, todas las tradiciones la han usado indiscriminadamente. Ello es porque la postura de meditación no es una práctica exclusiva de ninguna tradición en concreto, pasando así a ser patrimonio de la humanidad.

Relajación, imprescindible
Después de ajustar los detalles técnicos hay que permitir que el cuerpo se relaje. Es bien cierto que es necesario que ciertos músculos permanezcan activos, pero no tiene por qué existir tensión ni crispación. Así, por ejemplo, el músculo cuadrado lumbar y los músculos erectores de la espalda ejercen su fantástica labor.

Sin embargo, el resto de los músculos no es necesario que estén activos. De esta manera, es posible -y deseable- relajarse en la postura de meditación. Al hacerlo, se tiene la sensación de “llegar a casa”. Al fin, uno consigo mismo, sin tener que representar ningún papel, sin tener que hablar ni escuchar otra cosa que no sea la propia respiración ni sentir otra cosa que la propia presencia de ser.

En realidad, relajarse en la postura viene a ser casi como un portal dimensional a través del cual es posible entrar en la dimensión interior. Relajarse es imprescindible porque una postura tensa o crispada está siendo realizada desde un ego sobredimensionado que pretende mantener el control de lo que sucede a toda costa, por no hablar del orgullo, la soberbia e incluso la vanidad.

Inmovilidad, el tercer pilar
Sólo cuando sobreviene la relajación aparece la posibilidad de llevar a cabo el tercer pilar sobre el que se asienta la postura del despertar: una amable invitación a la inmovilidad. Se invita al cuerpo a permanecer en una suave quietud, evitando los movimientos parásitos e inútiles. Siempre sin forzar, la conexión con la inmovilidad es el resultado de una comprensión, no de una imposición.

Y el cuerpo obedece. Y cuando el cuerpo se aquieta, la mente también se sosiega. Así, es posible experimentar que cuando el principio dinámico -el cuerpo- se detiene, aparece con mucha evidencia el principio estático, la consciencia. Por este motivo a la postura de meditación se la denomina Postura del Despertar, porque se despierta a la consciencia de sí.

Sólo con mantener el cuerpo cimentado sobre los detalles técnicos, relajado y en quietud, el practicante tiene la mitad del trabajo hecho.

Consciencia de sí
¿Cuál sería la otra mitad por hacer? Permitirse la inmersión en el sí mismo. Indagar, bucear en las profundidades abisales del ser hasta llegar a comprender por vía de experiencia cuál es su auténtica naturaleza. Y, esto es algo que sucede de forma sencilla y natural, no es un trabajo a realizar por la mente ni el ego.

La quietud mental que genera la postura de meditación provoca la entrada en el silencio interior, estado donde se produce la reconexión con la olvidada consciencia de sí, objetivo de la práctica. Y es que todo el drama que vive el ser humano, y que tanto sufrimiento le reporta, es que en la lucha por la supervivencia se ha olvidado de sí mismo.

Por este motivo, en mitad de un mundo tan sobrecargado de impresiones y de necesidades a satisfacer –unas reales y otras no tanto–, se hace imprescindible la posibilidad de aquietarse y de comprender por propia experiencia quién y qué soy yo. Y de esto, precisamente, es de lo que se encarga el Radja yoga, la meditación.

El Radja yoga no es ninguna religión; es la posibilidad real de reconectar con la esencia íntima y olvidada que al mismo tiempo también es la esencia de todas las cosas. Es tener la posibilidad de vivenciar que todos somos el mismo ser. Es comprender a través del silencio interior y la quietud nuestra auténtica y común naturaleza.

Adriana – Silencio y quietud

Emilio J. Gómez.
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Retirarse un tiempo en silencio y quietud es brindarse la oportunidad para permitir que la mente se aquiete y así poder sumergirse en las profundidades del Ser. No hacer nada, pero permitir que todo suceda. Escuchar la vibración del silencio hasta hacerse uno con ella, diluyéndose en la nada para serlo todo

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La mente siempre quiere hacer algo y el ego conseguirlo todo. Sin embargo, entre los intentos por conseguir y el constante hacer se abre una fisura por donde la vida se nos escapa como si fuera agua entre los dedos, mientras que un extraño desasosiego comienza a invadirnos. La ansiedad se queda instalada como si fuera algo normal, pero, ¿lo es?

Realizar un Retiro de Silencio es tener la oportunidad de realizar un profundo trabajo interno, destinado a todos aquellos que en verdad tienen auténtica sed de comprensión, y por ello anhelan hacer un alto en el camino. Detenerse y simplemente percibir, sentir y escuchar. Un tiempo destinado a hacer el “no-hacer”, para sentir el cuerpo y recordar el olvidado sí mismo y escuchar el alma.

Sentarse y sentirse… sin ninguna otra pretensión que compartir el silencio interior con los demás. Tiempo para la interiorización y el autoconocimiento, para saber quién y qué se es por experiencia directa, sin conceptos ni ideas preconcebidas o adquiridas de los demás.

Unas condiciones idóneas para traspasar las diferentes capas superficiales del ego y la personalidad, con el fin de conectar con zonas más profundas y nucleares, allí donde mora el alma, siempre dispuesta a susurrarnos sus secretos. Lo que en tales estados de profundidad emerja formará parte de la experiencia íntima de cada cual.

En definitiva, un tiempo de silencio y quietud dedicado a la práctica intensiva del Radja yoga, el yoga de la meditación sentada y en quietud. Una oportunidad para brindarse la posibilidad de experimentar el sabor que proporciona la percepción de contemplar cómo el tiempo, el espacio y uno mismo se diluyen en el vacío infinito que todo lo contiene.

Adriana – Viveka, el discernimiento

Emilio J. Gómez.
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Discernir está considerado como un elemento clave dentro de Jnana yoga. Ciertamente, discernir entre lo verdadero y lo falso, entre esencia y personalidad, entre la realidad y lo Real… Entre Purusha y Prakritti, según la filosofía Samkhya, constituye una de las fases últimas y quizás también de las más avanzadas dentro de la búsqueda espiritual

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La cualidad del discernimiento auténtico no es fácil de conseguir y mucho menos de llevarla a cabo, pues para aplicar viveka de un modo adecuado previamente es necesario obtener el conocimiento directo, o al menos un vislumbre, de aquello sobre lo que se pretende o quiere discernir, de lo contrario se quedaría en una estéril práctica mental más.

Mediante la palabra es posible conocer aquello que se nos dice que es ilusorio, y por lo tanto irreal. Pero… ¿realmente conocemos lo Real como para poder separarlo de lo irreal? No. No lo conocemos. Quizás lo podamos imaginar y también anhelar. En el peor de los casos, lo podemos suponer, consecuencia de aquello que se nos ha dicho o hemos leído.

Sin al menos un vislumbre, un destello de lo Real, no es posible separarlo de lo irreal a través del discernimiento. Tal vislumbre ha de ser directo, no son válidas las interpretaciones intelectuales extraídas de libros, o incluso de las palabras, siempre bien intencionadas, de aquellos seres que viven en lo Real.

Ese darse cuenta es íntimo y personal. No se adquiere en grupo, tampoco leyendo libros, ni está en internet. Y mucho menos se lo puede encontrar asistiendo a conferencias o hablando sobre ello. Tal experiencia simplemente sucede. Es el despertar. Se despierta a lo Real. Y lo Real no se lo puede alcanzar a través del pensamiento, del intelecto o de la mente; sólo se lo puede ser.

Desde el momento en que se conecta con la presencia de ser, con el sí mismo, el Atman… Sólo a partir de ese instante atemporal, la práctica de meditación deja de ser una preparación, un poner las condiciones idóneas para que ese destello de lo Real suceda, y pase a convertirse en un instrumento imprescindible en la vida del buscador para profundizar en su presencia de ser.

Una vez obtenido el destello de lo Absoluto a través del ser es cuando la práctica de la postura de meditación en silencio y quietud adquiere todo el sentido. Para entonces, el anhelo del hombre habrá cambiado: ahora quiere profundizar en aquello que ha experimentado más allá de la palabra, el pensamiento y la mente.

El cultivo intencionado de la presencia de ser que sucede durante la práctica de la meditación cobra un nuevo sentido. Ahora, el discernimiento sucede de un modo natural y sin esfuerzo, tal y como debe ser.

Adriana – Un colegio reemplaza los castigos por el yoga

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Compartimos por su interés un artículo publicado en Ok Diario. No estaría mal que cundiera el ejemplo en España, ¿verdad?

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Dicen que la música amansa a las fieras, pero el deporte podría tener unos efectos similares sobre las personas, en concreto con los niños. Y si no que se lo pregunten a los responsables de un colegio estadounidense, que han decidido reemplazar los castigos por el yoga y la meditación.

Se trata de centro escolar Robert W. Coleman de Baltimore. Después de varias pruebas han comprobado los efectos que tienen estas disciplinas sobre los alumnos más problemáticos. Los responsables del colegio han probado esta iniciativa en una aula agradable y colorida, en lugar de hacerlo en una clase vacía y con mal aspecto.

El objetivo que se perseguía era que los niños con mal comportamiento pudiesen disfrutar de “un momento consciente” y hagan ejercicios de meditación y respiración, que correrán a cargo de un psicólogo. Pero aunque parezca mentira, este aula también está abierta para los alumnos que tengan buen comportamiento, que también se merecen su momento de relax. Es posible utilizarla en la hora del recreo.

Los profesores del centro han comprobado que después de implantar este sistema son muchos los estudiantes que prefieren irse a la sala de meditación en vez de jugar en el recreo con sus compañeros en el patio. Esta idea recibe el nombre de ‘Yo holístico’ y ha sido posible gracias a la asociación sin ánimo de lucro Holistic Life, dirigida por Kirk Philips, que ha explicado que los resultados que se obtienen son realmente llamativos.

Una de las épocas en donde los niños se encuentran más agobiados y nerviosos es durante las Navidades, ya que muchos de ellos aguardan con ilusión e incertidumbre el contenido de los regalos. Sin embargo, a partir de realizar esta actividad de meditación empezaron a mostrarse más tranquilos. Esto modelo de relajación fue implantado hace un par de años y desde ese instante no se ha vuelto a expulsar del colegio a ningún estudiante, lo que demuestra los efectos positivos que tiene para el sistema educativo el programa.

Es posible que quizás dentro de mucho tiempo se pueda tener en España.

http://okdiario.com/vida-sana/2016/10/03/colegio-reemplaza-castigos-yoga-20229

“Feng Shui: Tu salud y la de tu hogar” Cristina Morales.

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Feng Shui, el arte de amarte a ti y a tu hogar, conferencia ofrecida por Cristina Morales en Jornadas Medicinas 3000 celebrado en Bigues i Riells los días 15 y 16 de octubre de 2016.

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Adriana – Yoga y meditación, un mismo sendero

José Manuel Martínez Sánchez
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Cuando comprendemos que la meditación no es sólo algo que se intenta durante la postura del loto sino que empieza desde la primera respiración de nuestra práctica, entenderemos también que dicha práctica no ocurre solo un día o dos a la semana, sino que comprende todos los minutos de nuestra vida consciente.

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Tanto la palabra yoga como la palabra meditación podrían entenderse como sinónimas en muchos aspectos. Si bien la meditación (dhyana) está descrita por Patanjali, autor del primer tratado sobre yoga, como una parte del yoga que se refiere al control mental (samyama), cabe entender también que el auténtico yoga, cuyo significado es unión, ha de integrar todos sus aspectos al unísono. De este modo, la meditación no sería una parte o nivel del yoga, sino uno de sus fundamentos constitutivos en todo momento de su práctica. Una vez introducida esta cuestión, prioritaria a la hora de entender ambos conceptos, pasemos a ver ahora sus aspectos más significativos.

A menudo, la práctica del yoga en Occidente se ha vinculado especialmente al hatha yoga, entendido éste solamente como yoga físico, cuya finalidad principal sería el ejercicio en el dominio de las asanas (o posturas). El maestro Osho afirmó que el yoga físico es, si acaso, una mera introducción, un aperitivo, de todo lo que el yoga tiene que ofrecernos. No obstante, el dominio y control de las posturas no aportaría nada si no hubiese una mente encargada de conducir todo el proceso. Es así la mente el elemento clave en la práctica ordinaria del yoga. La mente que es observada y la mente que a su vez observa y dirige al cuerpo. La labor del yogui será la de ir posicionándose en un nivel de testigo tanto del cuerpo, como de la mente e incluso del ser (atman).

El maestro B. K. S. Iyengar, fundador del yoga Iyengar, ampliamente difundido en Occidente, señaló en una ocasión que la postura más difícil de lograr es la del cadáver (savasana). Esta pequeña ironía encierra una gran verdad, pues una postura que consiste en quedarse tumbado completamente sobre el suelo –como un cadáver- supone una dificultad extrema para el observador, puesto que los focos de tensión que le sirven como referente para llevar la atención quedan suprimidos (relajados) y la atención mental ha perdido todo punto de referencia.

Tanto la postura como pranayama (el control de la respiración) son precisos soportes para enfocar la atención. El elemento fundamental de todo yoga es la atención, el tomar conciencia, la observancia. Si no olvidamos esto, cualquier estilo de yoga y cualquier aspecto que remarquemos del mismo serán igualmente correctos. La atención se irá volviendo espontánea, no forzada. Completamente natural. El hecho fundamental que el yoga investiga es esto mismo, la atención, nuestra capacidad de ser conscientes, la Conciencia, el Ser. Por ello, la atención irá naturalmente hacia ella misma, hacia su estado autoconsciente.

El cuerpo es el templo que guarda nuestro espíritu. No somos sólo un cuerpo, pero el cuerpo está ahora en nosotros, por tanto, prestarle atención es algo natural, así como cuidarlo y respetarlo, todo ello será una forma sabia de entender la vida.

Como hemos apuntado, el yoga es el arte de la unión, y por tanto se trata de ir uniendo todas las dimensiones que tienen lugar en nosotros. La dimensión física y la dimensión mental o emocional son interdependientes, y no se puede trabajar la una sin la otra. Observar una postura es observar lo que en ella sucede: pensamientos, emociones, sensaciones… La clave del yoga va mucho más allá del control y tiene mucho más que ver con la escucha atenta. Una vez que vayamos familiarizándonos con esa forma de práctica, podremos realizar un trabajo yóguico integral.

Una vez que la meditación no es sólo algo que se intenta durante la postura del loto sino que empieza desde la primera respiración de la sadhana (práctica), iremos viendo el verdadero significado tanto del yoga como de la meditación y comprenderemos finalmente también que dicha práctica no ocurre solamente durante un periodo de tiempo al día o a la semana, sino que comprende todos los minutos de nuestra vida consciente. He aquí cuando el practicante de yoga es, ciertamente, un yogui.

“Tus Dedos Pueden Sanar Tus Problemas De Salud”

Consuelo S. H. – www.todo-mail.com

La mayoría de personas asocian al yoga con una persona sentada en posición de loto, con las manos sobre sus rodillas y con su dedo índice y pulgar unidos. Esta posición de los dedos es un “Mudra” y así como los puntos de presión, la técnica de las posturas de los mudras puede afectar nuestros estados físicos y emocionales.

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Los mudras se conocen en el oriente desde hace miles de años, no sólo en lo que se refería a la meditación y al yoga, sino también como parte de los tratamientos contra males físicos y mentales. En ocasiones las personas colocan sus dedos en posiciones de mudras sin siquiera saberlo. Existen cientos de variedades de mudras que incluyen la cabeza, las manos y el cuerpo, cada uno de ellos ayuda a una dolencia distinta. En esta lista te mostraremos los 10 mudras más fáciles que puedes realizar desde cualquier lugar y en cualquier momento. Sólo debes elegir el que corresponda a tu problema y practicarlo por unos días, hasta que te sientas mucho mejor.
Ten en cuenta que no hay necesidad de aplicar presión sobre los dedos. Realiza estos ejercicios con ambas manos simultáneamente, preferentemente mientras te encuentras sentado.

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Adriana – La ciencia de la relajación

Ramiro Calle
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Todos los métodos de relajación están inspirados en la relajación del yoga, que cuenta con miles de años de antigüedad. Es una extraordinaria medicina y sin contraindicaciones. Sus efectos psicosomáticos son excepcionales y es de ayuda para todo el mundo.

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El yoga es el precursor de la ciencia psicosomática y la primera disciplina integral de la salud en el mundo, y los yoguis fueron los primeros en concebir, ensayar y experimentar la relajación no solo como fuente de energía y vitalidad, sino también como procedimiento útil para el control psicosomático y la reintegración emocional.

Asimismo, descubrieron que es muy beneficiosa para el cuerpo, la mente y las energías, y la convirtieron en un procedimiento fiable para acumular fuerza vital, e incluso la utilizaron para complementar otras técnicas de yoga.

Se ha constatado que los estiramientos y masajes que promueve el yoga facilitaban una relajación más profunda, lo que indujo al doctor Behanama a declarar: «Como sistema de prácticas para inducir a un alto nivel de relajación, el yoga es insuperable». Las posturas, al trabajar con estiramientos mantenidos y masajes, van, por un lado, tensando para relajar y, por otro, presionando puntos vitales y desbloqueándolos. Los antiguos yoguis denominaron savasana a la postura de relajación, es decir, postura del cadáver, para apuntar así que el cuerpo, durante la práctica, tiene que estar tan inmóvil como el de un muerto.

La relajación de yoga se puede aplicar de manera independiente o después de haber efectuado las posiciones de estiramiento y masaje, las asanas. Si se recurre al segundo esquema de trabajo, podemos denominarlo relajación activa-pasiva, pues primero se acude a las posiciones de yoga, que eliminan crispaciones, tensiones, contracturas, y estiran para relajar. Pero si se realiza sin asociarla a las posturas corporales, la podríamos calificar de relajación pasiva y consciente, porque exige máxima inmovilidad y máxima atención vigilante.

Es la atención vigilante y consciente la que va sintiendo las diferentes partes del cuerpo, para después soltar los músculos. Sentir y soltar, sentir y soltar: ese es el secreto. Mediante este fácil procedimiento se obtiene una relajación profunda y saludable, además de beneficio físico, energético y psicomental. Sentir y soltar. Es necesario mantener la mente atenta, el cuerpo pasivo y la concentración activa a lo largo de la práctica.

El método
–Escoja una habitación tranquila, en semipenumbra, eligiendo una superficie que no sea ni muy blanda ni excesivamente dura: una manta doblada sobre el suelo, una alfombra…

–Tiéndase de espaldas colocando la cabeza en el punto de mayor comodidad. Separe ligeramente las piernas y deposite los brazos sobre el suelo a ambos lados del cuerpo, con las palmas de las manos ladeadas o hacia arriba, como mejor se encuentre.

–Cierre los ojos, pero evite cualquier crispación en los párpados.

-Regule la respiración, preferiblemente por la nariz, haciéndola un poco más lenta y pausada. Si de manera natural se torna abdominal o diafragmática, mejor.

–Ahora comience a revisar su cuerpo, sin prisa, desde los pies a la cabeza, para sentir las diferentes zonas y aflojarlas. Sentir y aflojar. Sentir y aflojar.

–Dirija la atención mental a los pies y a las piernas. Nótelos. Concéntrese bien en esa zona del cuerpo. Deben irse relajando más y más, más y más.

–Conduzca ahora la atención al estómago y el pecho. Concéntrese en todos sus músculos; se aflojan, relajando. Siéntalos más y más sueltos. La mente siempre muy atenta. Con la concentración en el estómago y el pecho, suelte más y más todos estos músculos.

–Desplace la mente a la espalda, los brazos y los hombros. Deben ir aflojándose tanto como sea posible. Suelte los músculos más y más. Siéntalos flojos, relajados, más y más relajados.

–Fije la mente en el cuello, en todos sus músculos. Siéntalos más y más relajados, más y más relajados.

–Ahora tiene que revisar las partes de la cara. Suelte la mandíbula, relájela. Afloje tanto como pueda los labios, las mejillas y los párpados. Sienta el entrecejo y la frente. Los músculos se relajan, se aflojan.

–Sienta todo su cuerpo flojo y relajado, flojo y relajado. Si tiene tensión en alguna zona, dirija la mente hacia ella, concéntrese bien en la misma y afloje, afloje, afloje…

–Conéctese mentalmente con la respiración. Es como una apacible ola que viene y se va, lenta, pausada, reparadora; lenta, pausada, reparadora. Concéntrese en esa ola apacible. Viene y se va, viene y se va. Cada vez que expulsa el aire, se relaja más y más, más y más. El cuerpo se relaja profundamente, cada vez más profundamente. La respiración es una ola de sosiego y paz, sosiego y paz.

–Note cómo todo el cuerpo es invadido por una placentera sensación de relajación, bienestar y descanso.

–Manténgase así de diez a quince minutos. Disfrute de la relajación del cuerpo y del sosiego de la mente.

Antes de salir del estado de relajación…

Respire una decena de veces muy profundamente. Tome y suelte tanto aire como pueda.

Mueva lentamente los pies y las manos. Después las piernas, los brazos, la cabeza y el resto del cuerpo.

Incorpórese suavemente.

Adriana – El despertar del Ser

Ramiro Calle
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Kundalini es el germen a desarrollar y fructificar para ir completando la evolución consciente. El kundalini yoga o yoga kundalini es sin duda uno de los más falseados o distorsionados. Esta importante rama del yoga entronca con los yogas tantrizados

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Es el potencial espiritual, esa simiente de iluminación que si se atiende se irá desplegando de manera progresiva y permite a la persona humanizarse y ascender a planos más elevados de consciencia, despertando energías sutiles que están aletargadas pero que, activadas, reportan un tipo especial de conocimiento transformativo y van mutando la psique.

Así como prana es la energía vital, kundalini es la psíquica y espiritual. La primera es por su propia naturaleza dinámica y rige todos los procesos psicofísicos; la segunda es en principio estática, pero el practicante espiritual debe poner los métodos y condiciones oportunos para dinamizarla y que ella pueda ir activando planos de consciencia-energía (chakras) que otorguen un tipo más elevado y liberatorio de percepción, cognición e intuición.

El kundalini yoga o yoga kundalini es sin duda uno de los más falseados, distorsionados, malinterpretados o aviesamente deformados. Es una importante rama del yoga, que entronca con los yogas tantrizados, entre ellos el hatha yoga, el tantra yoga y otros, a los que he dedicado mi obra El yoga de la energía. Otros yogas, muy anteriores, libres de influencias tántricas han sido el radja yoga, el bhakti yoga, el karma yoga y el gnana yoga.

Ninguna escuela contemporánea puede desaprensivamente atribuirse ser la verdadera corriente del kundalini yoga, sino que más bien muchas que se dicen serlo están muy lejos de las enseñanzas de un kundalini yoga genuino y puro. Hasta donde sea posible, hay que subrayar que ésta es una forma de yoga muy esotérica y que muchas veces se sirve de “un lenguaje intencional” y a menudo tan simbólico que no es fácil dilucidar.

El kundalini yoga pone el énfasis en la sabia manipulación de las energías, pudiendo así el practicante no solo servirse de las más densas o toscas, sino también de las más finas o sutiles, que permiten obtener una manera de ver y percibir que puede disipar la ignorancia de la mente y desarrollar en el practicante una presencia de ser más allá de las actitudes egocéntricas.

En la medida en que la energia kundalini se va desplegando y alcanzando más elevados y sutiles planos de consciencia, se va debilitando el ego y agotando la energía de muchos samskaras (tendencias inconscientes y condicionantes), lo que hace posible empezar a degustar el inconfundible sabor de la libertad interior. Así el practicante va experimentando por sí mismo, vivencialmente, esa enseñanza perenne que reza:

Cuando el ego duerme, el Ser despierta.

Adriana – ¿Qué es el Yoga Integral?

Víctor G. Cruz
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El Yoga es, desde sus orígenes, una tradición holística, global, integral. Sólo si exploramos este hecho con el máximo cuidado podremos acceder, con la profundidad que se merece, a su verdadera potencia transformadora.

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A pesar de buena parte de las tendencias actuales de reducirlo a una disciplina de trabajo “meramente corporal” (llegando a extremos de distorsión tales como la competición o un burdo culto al cuerpo), el Yoga es, desde sus orígenes, una tradición holística, global, integral. Sólo si exploramos este hecho con el máximo cuidado podremos acceder, con la profundidad que se merece, a la verdadera potencia transformadora del Yoga (que, intrínsecamente, es Integral), tal y como fue planteada esta disciplina en sus orígenes y desarrollada desde entonces hasta la actualidad, así como a las inspiradoras perspectivas de futuro que se abren para nosotros al hilo de sus planteamientos.

Fruto de un cierto “reduccionismo fisicalista” propio de la modernidad de nuestras culturas “occidentales” (y su impronta en oriente), el Yoga se encuentra en un momento muy peculiar de su historia. Si bien, en la actualidad, la palabra “yoga” es sobradamente conocida por más personas que en toda su historia, para la inmensa mayoría se asocia exclusivamente con la práctica de “āsana” (postura), evocando la imagen (alentada por la publicidad) de un cuerpo esbelto con ropa deportiva realizando posturas bellas y (a menudo) complejas.

Si bien la ejecución de āsana es en extremo relevante y, de hecho, especialmente necesaria en nuestras sociedades, basta con echar un pequeño vistazo a toda la vastedad de la tradición para comprender que el Yoga no sólo no se reduce a la práctica de āsana sino que, como práctica en sí, tan sólo constituye una parte de lo que podríamos llamar el Yoga integral y sus sendas (ver propuesta de Curso-Sadhana más abajo). Entonces…

¿Qué es realmente el Yoga y por qué es, necesariamente, “integral”?

El vocablo sánscrito yoga proviene de la raíz verbal “yug”, que podríamos traducir como “unir”, y que, por derivación histórica desde las lenguas indoeuropeas, produce en castellano el sustantivo afín: “yugo” (apero tradicional de madera que une a los animales para trabajar la tierra). En suma, podríamos decir que Yoga significa unión.

Pero ¿qué es lo que se une en esta unión?, ¿qué es lo que se encuentra dividido y requiere unirse? La tradición yóguica expresada en los Yoga Sutras de Patañjali propone un posible modelo, de una sencillez y claridad preclaros, para responder a esta pregunta. Es un hecho: el ser humano sufre, se encuentra expuesto a una profunda aflicción estructural que, según Patañjali, está basado en cinco causas fundamentales (kleshas):

La ignorancia (avidyā) de nuestra verdadera naturaleza (no-dual).
El sentido del yo (asmitā) como individuo aislado, que se deriva de esa ignorancia primordial, de forma que en el proceso de esa identificación se genera un “personaje” cuya identidad conduce a los siguientes kleshas:
Los apegos (rāga), lo que “nos gusta” (aquello ante cuya ausencia sentimos dolor).
Las aversiones (dvesha), lo que “no nos gusta” (aquello ante cuya presencia sentimos dolor).
El angustioso terror a la muerte (abhini-vesha) al que nos exponemos los humanos por ignorar nuestra propia naturaleza y confundir el “Ser” con el “yo” (la ilusión de un individuo aislado, sujeto a la corrupción del tiempo).
La unión a la que alude el yoga supone, por tanto, una (re)conexión con nuestra verdadera naturaleza, equilibrando el desequilibrio, integrando lo desintegrado, uniendo lo dividido a través del acceso a la consciencia de la inefable no-dualidad fundamental del ser. La plena experiencia continuada de esta forma de consciencia suprime de raíz las causas del sufrimiento humano y, por tanto, sume al yogui o yoguini en un estado de supraconsciencia (samādhi), de bienaventuranza (ānanda), de liberación (moksha).

Entonces, ¿por qué el Yoga es, de forma inherente, integral? Podemos definir “integral” como algo que “comprende todos los aspectos o todas las partes necesarios para estar completo”. Entonces, dado que la semilla para la liberación se encuentra en todos los seres, en todos los ámbitos de la existencia, cualquier circunstancia puede constituir, desde la actitud adecuada, una senda para la expansión de la consciencia, una rama del gran árbol del Yoga.

El Yoga es pues, inherentemente, Yoga integral, entendiendo que cuanto mayor sea el número de frentes desde los que tratamos de acceder a esa unidad, cuantos más espacios de nuestra vida sean enfocados desde la atención y en pos del autoconocimiento, cuanto más global, profunda y completa (integral) sea nuestra práctica, más nos acercaremos a comprender quiénes somos en realidad.

Múltiples son las fórmulas inspiradoras a través de las cuales se ha tratado de definir esta tradición atestiguando su condición integral. Así, se dice que: Yoga es “un sistema para obtener salud y armonía total”; “un conjunto de técnicas y actitudes de purificación y perfeccionamiento del ser humano a nivel físico, mental, emocional, ético, etc.”; o también, “vía para reintegrar la consciencia individual en la consciencia cósmica a través de la realización de la armonía entre la cabeza, el corazón y las manos”.

Este es el sentido de practicar, conjuntamente y con la máxima precisión, todas las vías propuestas por las Sendas del Yoga: la integración y el control de la mente (raja yoga), el equilibrio del cuerpo y las energías sutiles (hatha yoga), el desarrollo del discernimiento como vía de acceso al conocimiento sapiencial (jñana yoga), la reconversión alquímica de todas las emociones en amor incondicional, devoción (bhakti yoga), la acción plenamente consciente y desapegada (karma yoga)…

Aleister Crowley, un prominente místico inglés de finales del siglo XIX y principios del XX que trabajó intensamente en la introducción de los aspectos más inspiradores de la tradición del yoga y el tantra en occidente, se refiere a esta cuestión con una brillante cita que bien puede servirnos de broche para concluir:

“Nos corresponde (…), si deseamos alcanzar el yoga universal y final con el absoluto, domeñar cada elemento de nuestro ser, ponerlo a salvo de cualquier guerra interna o externa, intensificar todas nuestras facultades al máximo, entrenarnos en la sabiduría y la fuerza sin escatimar esfuerzos, de suerte que cuando llegue el momento oportuno nos hallemos en perfectas condiciones para arrojarnos al horno del éxtasis cuyas llamas ascienden desde el abismo de la aniquilación.”

Adriana – Necesidad de silencio

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Ciertamente, en un mundo tan contaminado por la constante necesidad de impresiones nuevas, se hace necesaria la creación de espacios de silencio y calma donde poder cultivar la olvidada conexión con el sí mismo, el Atman. Escribe Emilio J. Gómez

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“Una de mis grandes obsesiones es el silencio. El silencio como necesidad fundamental.
En un mundo tan ruidoso como el de hoy, el silencio se ha de producir, se ha de ‘fabricar’, porque ya no existe”.
Jaume Plensa (escultor)

La conexión con el Ser sólo es posible lograrla a través del recogimiento, la soledad y el silencio. Sin embargo, la realidad es evidente: hoy en día tales condiciones son cada vez menos fáciles de encontrar.

Día a día las impresiones son mayor en número y reclaman nuestra atención constantemente logrando aquel objetivo por el que muy posiblemente fueran creadas: el olvido de nuestro Ser. Y, por extensión, el olvido del potencial infinito que el ser humano alberga en su interior.

Por este motivo, se hace urgente a la vez que imprescindible la creación de condiciones de espacios de silencio que favorezcan la experiencia de la reconexión consciente con el Ser.

En el silencio todo un mundo nuevo aparece. En realidad no es nuevo, sino más bien olvidado. Lo hemos olvidado al ir detrás la efímera excitación que la multiplicidad de impresiones genera.

Sin embargo, ese mundo interior es nuestro, forma parte del patrimonio de la humanidad. Nos pertenece por derecho de nacimiento y a través del silencio su reconquista es posible, y con ello el retorno a nuestra patria verdadera: el estado de unidad.

Adriana – Yoga y columna vertebral

Pablo Rego
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Yoga y columna vertebral: posturas de flexión hacia adelante

Así como la estructura de nuestros cuerpos está determinada por la columna vertebral y su salud, gran parte de las posturas de Yoga están diseñadas para incentivar o desarrollar la actividad en todo su recorrido.

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Si tomamos consciencia de que la columna vertebral es el eje de la salud y la serenidad, podremos establecer la importancia que tiene el trabajo de movilizar cada vertebra y cada área de la espina dorsal en la estructura de una sesión de Yoga.

Los movimientos posibles sobre la columna vertebral son: la flexión (hacia adelante), la extensión (hacia atrás), flexiones laterales y torsiones. Además, se pueden combinar estos movimientos realizando posturas que contengan, por ejemplo, una flexión y una torsión combinadas.

Es importante destacar que cada zona, naturalmente, permite diferentes grados de movilidad y que es por ello que existen también distintas posturas que hacen hincapié en la flexión de una parte específica de la columna.

Flexión hacia adelante

El Hatha Yoga clásico contiene algunas posturas típicas de flexión que están determinadas por el sentido del movimiento y por la permanencia que requiere la postura. Asanas como el arado (halasana), la pinza (patchimottanasana, que traducida literalmente significa postura de estiramiento de la parte posterior) o la cigüeña (padhahasthasana o pinza de pie) proveen los beneficios que este movimiento proporciona a la columna en particular y al cuerpo en general.

Dentro de disciplinas como Yogaterapia, en la que se consideran las posturas más específicamente como vehículos para recuperar la movilidad perdida o la recuperación de dolencias, aunque su práctica es muy válida como entrenamiento para mantener la salud, existen posturas intermedias o de mediana y baja exigencia que pueden ser utilizadas en una sesión normal de Hatha Yoga o Yoga Integral, pero que aplicadas específicamente a la estructura de una sesión terapéutica, proporcionan la posibilidad de poner a funcionar una columna rígida o con poca o muy poca movilidad.

En este sentido, asanas como la abeja (bhramraasana), la pinza con piernas flexionadas y en todas sus variantes, la liebre o el conejo (sasangasana), la fase de “lomo de gato” (o gato enojado o curvatura hacia arriba del tronco) en el ejercicio de el gato (vidalasana), la postura de el caracol (vritasana) o la de el penitente (prarthanasana), entre muchas otras, ayudan a progresar en la flexión de la columna concentrando la incidencia en áreas específicas y trayendo así, con su práctica, beneficios a todo el conjunto vertebral.

Efectos de la flexión espinal
Cuando hacemos una postura de flexión se producen varios efectos sobre las diferentes áreas del cuerpo y sus estructuras, tanto superficiales como profundas y sutiles. Desde el punto de vista del cuerpo físico las consecuencias de la inmovilidad de la columna se concentran en la rigidez casi completa de sus áreas y también su periferia, terminando por abarcar el acortamiento general de los músculos del cuerpo, incluyendo brazos y piernas.

Por lo tanto la práctica de la flexión vertebral creará, en primera instancia, el movimiento de cada vértebra y su entorno, devolviendo la salud a los discos intervertebrales que se lubricarán y se volverán más flexibles, así como a las fibras musculares que recubren las vértebras.

Para que la columna pueda flexionarse completamente hacia adelante, más allá de la activación localizada en torno a cada vértebra, será necesaria la flexibilidad de la estructura muscular de toda la superficie de la espalda, por lo que al realizar ese movimiento espinal los músculos que habitualmente mantienen la espalda en posición vertical deben estirarse.

Lo mismo ocurre con los músculos de la zona posterior de las piernas. Es muy difícil flexionar completamente el cuerpo sin que los músculos de las piernas se estiren. Por lo tanto, a medida que practiquemos posturas de flexión más profundas o intensas, podremos ir provocando mayores estiramientos en toda la zona posterior del cuerpo físico.

De todos los movimientos que la columna vertebral nos permite, la flexión hacia adelante es quizá el más utilizado, pero también el más profundo por naturaleza. Aún así la pérdida de esta dimensión del movimiento es muy habitual y el trabajo que realiza Yoga sobre ello es también intenso y consciente.

Las torsiones y extensiones son movimientos que se realizan con menos frecuencia en lo cotidiano y su estudio requiere de un capítulo específico y pormenorizado.

Los conceptos básicos referentes a la salud del cuerpo físico, los órganos y el sistema nervioso están explicados en Columna vertebral, eje de la salud y la serenidad.

En la sesión de Yoga
Una sesión de yoga puede estar organizada para alcanzar diferentes objetivos. El trabajo de la fuerza en las extremidades o en los músculos espinales, pectorales o abdominales debe estar el servicio de la salud de la zona vital que es la columna.

El entrenamiento que se realiza como activación del metabolismo, ejercicios cardiorespiratorios como los saludos y estilos como Power o Ashtanga siempre incluyen una etapa de flexión de la columna y estiramiento de la parte posterior, ya que todo lo demás sin ese momento de la sesión carecería del sentido del equilibrio que siempre busca el Yoga.

El trabajo de los movimientos sobre la columna vertebral debe estar siempre presente y ocupar un espacio preponderante en la práctica. La realización de movimientos de calentamiento, flexiones suaves, intensas y estiramiento deben estar combinados y siempre formar parte de una sesión completa de Hatha Yoga.

Adriana – El sutil beneficio del Yoga Profundo

Eva Klimberg
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De todos es conocido el beneficio incalculable del llamado Yoga físico. Las características que acompañan a las posturas de yoga: firmeza, comodidad, inmovilidad natural, relajación, respiración sentida y concentración interiorizada, van a estimular la vida en cada órgano, tejido y estructura corporal.

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Todos los sistemas se dinamizan y refrescan por dentro y por fuera.

Cada postura genera beneficios específicos, pero es la práctica equilibrada de un grupo de asanas cuidadosamente seleccionadas lo que creará un impacto tal que se ralentiza el envejecimiento y la oxidación celular, incrementando así sobremanera la experiencia de vitalidad.

Podríamos clasificar los beneficios de las posturas de yoga en cuatro grupos, imbricados e inseparables:

El impacto en tendones, ligamentos y músculos que ejercitados cuidadosamente desarrollan flexibilidad, fuerza y tono, recuperando así toda su movilidad. La estructura ósea y la columna vertebral como eje central son movilizados en todos sentidos y direcciones generando un equilibrio y estabilidad que permite compensar e incluso corregir algunas desviaciones estructurales.

Todos los sistemas recuperan su funcionamiento óptimo: circulatorio, endocrino, límbico y uno de los más castigados a la vez que esencial, el sistema nervioso.

Pero el beneficio más sutil de las posturas de Yoga o ásanas es el equilibrio de la circulación energética. Los canales psíquicos que recorren todo el organismo y los centros vitales energéticos o chakras son estimulados facilitando así una mayor sensibilidad y una consciencia más refinada de la vida.
Dicho equilibrio energético armoniza las emociones y la mente, abriéndose el potencial creativo y una calma tal que el estado naturalmente meditativo florece fácil.
Muchos casos de depresión, falta de ánimo e infinidad de dolencias e incomodidades desaparecen por estirar, contraer, movilizar, torsionar, invertir, aliviar, flexibilizar, fortalecer, tonificar….

Pero quiero llamar la atención sobre un beneficio más sutil y silencioso: encontrar el espacio y el tiempo para mimarse, para quererse, respirarse, relajarse. Querer sentirse mejor, no conformar. . . Beneficios que encontraremos con la práctica regular de un mínimo de dos veces semanales. Creando un hábito donde cuerpo y mente se preparan para disfrutar, desde el primer instante de la práctica, que se convierte en un gozo.

Sobre ese cuerpo astral o vital el cuidadoso trabajo con la respiración suaviza y atempera las emociones hasta el punto que todo el mundo mental gratuito y automático se silencia naturalmente, sin esfuerzo (siempre hablamos de una práctica comprometida).

Todo lo que está vivo y se moviliza en nosotros depende del equilibrio del prana o fuerza vital. Los pranayamas y respiraciones yóguicas equilibran dicho prana y el movimiento emocional y mental en nosotros, además de las funciones fisiológicas todas. Los centros psíquicos o chakras (asiento de la consciencia animal, sexual, volitiva, amorosa, creativa e intuitiva) son excepcionalmente estimulados por los ejercicios de respiración, despertando progresivamente todo el potencial humano.

La práctica respiratoria consciente oxigena las células, las rejuvenece y revitaliza, mejora el metabolismo celular, facilita la expulsión de dióxido de carbono depurando así la sangre, masajea los órganos internos, tonifica el corazón, favorece sobremanera el rendimiento intelectual y mejora la creatividad. Otorga calma y serenidad. Asimismo los diferentes pranayamas pueden ser equilibrantes, estimulantes o relajantes.

El beneficio sutil y definitivo de todas estas prácticas genera la transición del llamado Yoga externo al Yoga interno. Los sentidos y la mente tienden a desinteresarse por los estímulos que tanta energía vital nos hacen despilfarrar. La observación tranquila sin juicios, la aceptación complacida de la “película” representada en nuestro escenario psíquico (chidakash), sin rechazar o desear, el establecerse en Sakshi, la consciencia testigo, es la consecuencia natural de una buena práctica.

Yoga mental, en busca del más excelso de los beneficios
La meditación es la práctica por excelencia del Yoga mental. Sus beneficios son inmensos, ya que nos entrenamos a observar desde “el palco” todo lo que acontece en nuestro mundo mental, con tranquilidad, templanza. Este posicionamiento purifica el contenido mental y emocional que brota del inconsciente y subconsciente y que condiciona nuestra libertad de movimientos.

La meditación, está más que demostrado, estimula áreas cerebrales que de otra manera se atrofian. De nuevo la creatividad y la estabilidad emocional son beneficios de los que nadie se debería privar, ya que la calma que genera la meditación en cualquiera de sus fases (no es necesario ser un meditador supremo), la concepción de la vida, los propios valores son tranquilamente revisados…y aparece así la comprensión y la libertad.

Realmente la práctica de yoga pretende acercarnos al más sutil y excelso de los beneficios. Está ya más que demostrado que todo lo que vemos y tocamos depende, se forma y se alimenta de su versión más sutil. Así en el Yoga se explica que el ser humano está conformado por tres cuerpos: el físico o denso, el energético-vital o astral y el causal u origen de los otros dos, también llamado cuerpo de felicidad.

Creando las condiciones para a acceder a la armonía que reina naturalmente en el cuerpo causal, los cuerpos astral y físico quedan armonizados, porque son la expresión más y más densa de aquel primero. Como en una cascada, refrescando los cuerpos “inferiores”.

Cuando el individuo se siente dichoso y en armonía con el resto del universo (características de la naturaleza espiritual del cuerpo causal), los cuerpos denso y vital quedan impregnados de dicha armonía, equilibrio y salud.

Así quiero aclarar que nuestra concepción del sentido de la vida, los valores de los que nos servimos para vivirla y nuestra sinergia o no con el resto del Universo, crearán más o menos irritación o calma en nuestro vivir, con más o menos elegancia. Algunos lo llaman espiritualidad, y aunque la palabra ha sido usada a veces un poco a la ligera, se refiere a nuestra sensibilidad a los aspectos trascendentes y sutiles que soportan la parte densa de la vida. Espiritual se refiere a entender y sentir que la energía y la consciencia están detrás de todo.

El yoga milenario y sus cientos de prácticas han sido legados al ser humano para recorrer el camino inverso. Usando el cuerpo físico como puerta de entrada, los yoguis eran capaces de armonizarlo a tal punto que se mostraba fuerte, sano y puro. Aprendieron a equilibrar el cuerpo astral de manera que se suavizaban las emociones y el mundo mental quedaba trascendido… abriéndose así las puertas de la paz profunda del alma cuyo asiento es el ya familiar cuerpo causal.