Archivo de la categoría: CONSCIENCIA-FILOSOFÍA

Cómo vencer a un enemigo según el budismo zen

Las filosofías orientales tienen una idea del combate muy diferente a la que hay en Occidente. Para muchas de esas líneas de pensamiento, vencer a un enemigo no es anularlo, eliminarlo o destruirlo. Para ellos, ganar equivale a neutralizar a quien quiere hacernos daño. Y, si es posible, convertirlo en nuestro amigo.

Esta perspectiva puede sonar muy extraña para nuestra cultura. Desafortunadamente, en general se asocia la victoria sobre nuestros contradictores como un triunfo que debe hacernos felices. Esto se debe a que prima la idea de que son más importantes los resultados que los procesos, o más importante la exaltación personal que el crecimiento conjunto.

El problema es que vencer a un enemigo por la vía de anularlo o dañarlo suele ser un triunfo temporal y muy relativo. En el fondo, estamos alimentando a ese enemigo externo y nutriendo la parte más negativade nosotros mismos. Quizás podemos obtener una satisfacción inmediata o algún bien específico, pero al mismo tiempo habremos fortalecido todas las emociones destructivas en nosotros mismos y en los demás.

La victoria completa se produce cuando el ejército no lucha, la ciudad no es asediada, la destrucción no se prolonga durante mucho tiempo, y en cada caso el enemigo es vencido por el empleo de la estrategia”.
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Máquina de la moral: el juego que hizo decidir a más de 2 millones de personas quién debía morir atropellado en un accidente

Máquina de la moral: el juego que hizo decidir a más de 2 millones de personas quién debía morir atropellado en un accidente

Un juego simulado en el que los participantes debían escoger a quién atropellar el vehículo sin conductor reveló cosas muy curiosas sobre las diferencias entre los jugadores en función de su procedencia y su entorno económico y social.

Si en caso de atropello, las víctimas fueran inevitables, ¿elegirías salvar a un anciano o a un niño? ¿A una mujer embarazada o a u grupo de hombres? ¿A personas sin hogar o a ejecutivos?

Hasta trece preguntas de este tipo respondieron las 2,3 millones de personas que participaron en un juego creado para crear la llamada “máquina de la moral” que debe ser utilizada en los vehículos no tripulados.

La idea es poder crear una especie de código de conducta moral para que las máquinas que tengan que decidir cómo actuar si se ven involucradas en un accidente en el que puede haber víctimas mortales.

Investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) llevaron a cabo este experimento durante 18 meses con la participación personas de 233 países y territorios.

Después de obtener y analizar más de 40 millones de respuestas, los resultados han sido publicados esta semana en la revista científica Nature y estas son algunas de las conclusiones que arrojan:

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¿Cómo se habla de la muerte con alguien que se está muriendo?

¿Cómo se habla de la muerte con alguien que se está muriendo?

Cuando Becky Bevers le cuenta a la gente que tiene cáncer de mama incurable, se encuentra con todo tipo de reacciones.

Algunas personas se ponen incómodas, incluso cruzan la calle para evitar hablar con ella. Otras simplemente se quedan sin palabras.

Entonces, ¿qué deberías decirle a alguien con una enfermedad terminal?

“Soy muy abierta y no tengo miedo de hablar de eso, pero otras personas sí”, dice Bevers, de 51 años, que vive en Minehead, Somerset, Reino Unido.

A ella le diagnosticaron cáncer de mama avanzado el año pasado y describió el momento de la noticia como “ser golpeada con un martillo”.

Asegura que la enfermedad está bajo control, pero los médicos no saben por cuánto tiempo más se puede tratar.

Manos de dos personas entrelazadas.
Getty Images
 

“No te alejes, no trates de aconsejarme”, dice Bevers que sufre de cáncer de mama.

“En los primeros días algunas personas me evitaban, porque no podían hacerme frente”, cuenta.

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La relación entre la generosidad y el bienestar

Para el ser humano, practicar la generosidad en la mayoría de las ocasiones es placentero. De hecho, parece ser que la razón principal por la que las personas somos generosas con los demás es que nos hace sentir bien. La sensación producida por los actos de generosidad ha sido denominada por los expertos como efecto de brillo cálido. Esto describe la sensación placentera que recibimos al ayudar a los demás.

generosidad

Investigaciones recientes han profundizado en cómo la generosidad afecta a diferentes aspectos de nuestro bienestar. Por ejemplo, un estudio de este tipo publicado en la revista Nature Communications demostró que la generosidad nos hace más felices y lo confirmó al resaltar las regiones del cerebro involucradas.

Pero, ¿importa a quién ayudamos? ¿Hay alguna diferencia entre ayudar a alguien cercano o a alguien que no conocemos? ¿Pueden las diferentes formas de generosidad mejorar nuestra salud?

Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Pittsburgh en Pennsylvania, ha calificado por primera vez las diferentes formas generosidad y ha investigado los efectos que estas diferentes formas de generosidad tienen en el cerebro. Los resultados se han publicado en la revista Psychosomatic Medicine: Journal of Biobehavioral Medicine.

Apoyo dirigido y no dirigido

Los investigadores distinguen entre dos forma de generosidad: apoyo ‘dirigido’ y apoyo ‘no dirigido’. Brindar apoyo dirigido implica ayudar a alguien directamente, como prestar dinero a un amigo o familiar. Brinda apoyo no dirigido significa ayudar a una causa social o general, como, por ejemplo, donar dinero a la beneficencia.
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Finge su muerte para cobrar un seguro y su desesperada mujer se suicida junto con sus dos hijos

Sin conocer el plan de su marido, la atribulada esposa creyó que en efecto había fallecido en un accidente de coche y no quiso seguir viva sin él.

 

Imagen ilustrativa

Un insólito caso ocurrió en la provincia china de Hunan, donde un hombre fingió su propia muerte para cobrar una póliza de vida, pero su esposa –que no estaba al tanto de su plan- quedó tan desconsolada que mató a sus dos hijos y se suicidó.

Según Daily Mail, que cita a medios chinos, el pasado 7 de septiembre el hombre compró un seguro de accidentes personales por 144.000 dólares, sin decírselo a su esposa. El día 19, consiguió un automóvil prestado para fingir su propia muerte en un supuesto accidente de tránsito. Lo hizo con la esperanza de que la indemnización del seguro, que debería reclamar su mujer como beneficiaria, ayudara a saldar las deudas que acumuló en juegos de internet y que sumaban ya más de 14.000 dólares.

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Necesitamos un nuevo pensamiento para salvar el planeta

INTRODUCCIÓN

Pensar y repensar la ciencia es el oficio del epistemólogo. El Club Nuevo Mundo nos invita de manera expresa a contribuir en la medida que cada uno pueda a intentar salvar este deteriorado planeta que es nuestra casa: la Tierra, Gea o Gaia, como prefieran llamarla. Yo creo que si el deterioro de la Tierra comenzó por un mal uso de la tecnociencia por el leño torcido de la humanidad, ha de ser la vara derecha de la misma la que, uniendo una estrategia de tecnociencia e inteligencia emocional, contribuya a su salvación.

Gerd Altmann.

Gerd Altmann.

La codicia, eje maligno de nuestro mundo

En los últimos tiempos, el neoliberalismo codicioso y criminal ahora en manos de locos, visionarios y desaprensivos, ha roto todas las barreras desmarcándose del Acuerdo de Paris alcanzado en diciembre de 2015. Rememorando de alguna manera una idea de Ortega, digamos que los jabalíes han encontrado un payaso propio para hacer el trabajo sucio y visible.

En las entrañas del turbocapitalismo, se adivina una añoranza soterrada y muy oculta por el régimen puramente esclavista propio la edad moderna que los grandes países aplicaban en sus colonias. Si la realidad está por encima de la idea y dicha realidad es la única verdad tangible, de nada sirven las palabras y las instituciones de opereta que representan bonitas ideas que no se materializan. De nada sirve -y me refugio de nuevo en Ortega- el bello clamor y la trova servil de los tenores que ocultan la tragedia de la Tierra y sus pobres -en el sentido literal- habitantes.

Así está la cosa.

Una primera reacción por la vía de la ética

Cierto es que ya hay una serie de agravios a nuestra Gaia que son irreversibles. No voy a detallar estos agravios, traspasados ya los abusos, porque muchos lo han hecho con mucha más autoridad que yo.

Pero ante el abismo que se abre a nuestros pies, todavía hay un margen para pensar qué se puede hacer.

A comienzos de la década de los setenta se abrió una potente vía teórica sustentada en la ética -todavía entonces una disciplina respetada- para concienciar y actuar, si hubiese oportunidad para ello. Se desaprovechó la oportunidad porque estaba formulada desde la perspectiva de una ética fuerte. Me refiero al “Principio de responsabilidad” enunciado por el filósofo alemán Hans Jonas en 1973. Pese a que esa vía ha quedado abandonada al decaer la ética e irse ésta debilitando hasta licuarse, he creído conveniente traerlo a colación como argumento histórico en la defensa de la Tierra y como punto de partida para unas reflexiones más profundas sobre esta cuestión fundamental.

El Principio de Responsabilidad

Hans Jonas, y en eso acierta de pleno, fija como punto de partida que el  humano es el único ser conocido en la Tierra que tiene responsabilidad.

Ciertamente, solamente los humanos pueden escoger de manera consciente y libre entre diversas posibilidades de actuar ante algo y esa elección siempre tiene consecuencias. La responsabilidad pues, es una consecuencia de la libertad. Libertad. Aquí ya podrían ponerse los primeros reparos. Uno sería de orden neurocientífico (1) y otros de orden práctico, ya que el humano es un ser totalmente mediatizado por sus circunstancias (sean estas las que fueren) de manera que el “yo” está indisolublemente unido a su circunstancia. Además, como señala el Prof. Rubia Vila, el propio “yo” “es una ilusión que aísla al sujeto de su entorno, haciéndole creer que tiene una autonomía que no es real” (2). Esas dos objeciones ponen ya en entredicho la universalidad de la responsabilidad.

Hecha la salvedad de la conciencia de esas deficiencias y que toda filosofía ha devenido en biofilosofía (3), estimamos conviene iniciar esta serie de reflexiones sobre nuestro presente y futuro del planeta, por los pioneros en comprender su vulnerabilidad. El más significativo fue Hans Jonas.
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Carl Jung sobre el Buda y el arquetipo de la conciencia iluminada

Carl G. Jung se interesó enormemente por las religiones orientales, hasta el punto de que un tomo entero de sus obras completas está dedicado a sus escritos sobre el yoga, el budismo, el taoísmo, la alquimia china, etc. Jung consideraba que Dios existía en la psique humana como una imagen arquetípica o un instinto, e incluso que yacía en la profundidad del inconsciente. El pináculo de su psicología -la individuación o realización del arquetipo del Sí mismo- era equivalente a la irrupción de la imagen de Dios. Aunque Jung se refirió generalmente a este arquetipo comparándolo con Cristo, el homo totus u hombre completo, en ocasiones también habló del Buda en este sentido, si bien con ciertas particularidades. El sitio Jung Currents reúne un conjunto de citas en las que Jung se refiere al Buda y al budismo, las cuales merecen reproducirse:

El entendimiento del Buda y la encarnación de Cristo rompen la cadena a través de la intervención de la conciencia humana iluminada, la cual adquiere así un significado cósmico.

(Cartas)

Cristo se sobrepuso al mundo al tomar él mismo el peso de su sufrimiento, el Buda se sobrepuso tanto al placer como al sufrimiento del mundo al renunciar a ambos.

(Liber Novus)

Para el hombre occidental, la falta de sentido de un universo meramente estático es insoportable. Debe asumir que tiene sentido. El oriental no necesita hacer esa asunción; en cambio, él mismo la encarna. Mientras que el occidental siente la necesidad de completar el sentido del mundo, el oriental se esfuerza por cumplir el sentido en el hombre, arrancándose del mundo y de sí mismo (como el Buda). Yo diría que ambos están en lo correcto. El hombre occidental es predominantemente extrovertido. El hombre oriental es predominantemente introvertido.

(Recuerdos, sueños, pensamientos)

Si se le deja en sí mismo, el hombre puede naturalmente producir su propia salvación. ¿Quién ha producido un Cristo? ¿Quién un Buda?

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3 lecciones zen sobre el miedo

Las lecciones zen sobre el miedo son también lecciones sobre el ego. Dicen los maestros de esa disciplina filosófica que si el ego tuviera motor, el miedo sería su combustible. Para ellos, en realidad no se puede hacer un gran inventario de miedos, sino que estos se reducen a solamente tres. Y los tres tienen que ver con lo que llamamos “yo”.

Desde esta perspectiva, todos los miedos que experimentamos los seres humanos tienen dos raíces bien definidas: el apego y la ignorancia. El apego nos hace vulnerables, porque implica fijar nuestra mente, nuestras emociones y nuestro deseo en algo externo. Por supuesto, esto entraña una primera forma de temor: el de perder aquello a lo que estamos apegados.

La ignorancia, por su parte, nos sumerge en un estado de incertidumbre y duda que facilita la aparición del miedo. El no reconocer el riesgo o el peligro de manera precisa y el no entender cuál es el camino para enfrentarlo, conduce a que nos sintamos invadidos de inseguridad y temor. Las lecciones zen sobre el miedo nos dicen que hay tres temores que surgen de esas dos raíces básicas. Son los siguientes.

La fuente de todo nuestro temor proviene de nuestras propias mentes descontroladas o delirios”.

-Buda-

1. Conservar la vida, una de las lecciones zen sobre el miedo

La primera de las lecciones zen sobre el miedo nos indica que el temor más básico del ser humano es a perder la vida. Identificamos la pérdida de la vida, básicamente como la pérdida del cuerpo. Somos seres físicos y esa es nuestra realidad más elemental. Habitamos nuestro cuerpo y el miedo a perderlo es el miedo a dejar de ser.

Este miedo equivale al miedo a la muerte. Sin embargo, la muerte no es solamente la finalización total de nuestras funciones orgánicas. También hay, por así decirlo, otras escalas de pérdida del cuerpo en el camino hacia la muerte. Por ejemplo, se pueden perder capacidades, o la juventud, o el funcionamiento normal del organismo o la autoimagen.

Las lecciones zen sobre el miedo nos indican que el temor a perder la vida se puede hacer desaparecer a través del mismo cuerpo. Ese miedo es físico y si se destierra del cuerpo, sale también de la mente. Lo que se debe hacer es atender a las sensaciones corporales del miedo. Luego respirar abdominalmente, tranquilizar el latido del corazón y relajar los músculos.

Mujer con miedo

2. Perder el yo


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La Libertad según Krishnamurti

por Alan Gullette

J. Krishnamurti

Discutiré el problema de la libertad y su solución según el pensamiento de Jiddu Krishnamurti.

Primero reconocemos que no somos libres en el sentido de que estamos casi completamente condicionados en nuestra acción, pensamiento y sentimiento debido a las experiencias del pasado, a la autoridad, a los sistemas de creencias, al conocimiento acumulado, a las respuestas aprendidas, a los hábitos y patrones, a los instintos, etc. Siendo casi en su totalidad un producto de nuestro medio ambiente y su condicionamiento, quizás no somos más que este mismo condicionamiento. La pregunta que surge es: “¿Es posible estar libre de este condicionamiento, actuar pura y espontáneamente, pensar ‘libremente’ (es decir, tener ‘pensamiento libre’), sentir verdaderamente y actuar en respuesta a lo que se percibe ― y es posible, además, percibir lo que realmente es? Esta pregunta es importante porque debe preceder tanto a la pregunta de lo que es verdad o lo que puede ser conocido y la llegada a cualquier posición moral o ética. (¿Cómo sabemos que esto o aquello es cierto? ¿Sabemos algo en absoluto? ¿Qué es lo correcto y lo incorrecto? ¿Por qué creemos que esto o aquello es correcto o incorrecto?)

Krishnamurti piensa que hay libertad del condicionamiento, del pasado, de lo conocido, y que esta libertad lo pone a uno en un “espacio” desde el cual se actúa e interactúa espontánea y creativamente con el mundo. Esta libertad también implica el fin del pensamiento, el despertar de la percepción clara y la comprensión de todas las cosas. ¿Exactamente, qué significan estas palabras? ¿Qué implica realmente la libertad, y cómo se puede alcanzar?

En primer lugar, Krishnamurti señala que preguntar “cómo” “implica que alguien le va a ofrecer un método, una receta que, si se pone en práctica, le traerá entendimiento” [1]. El “cómo”, dice, “es el gran error. Es el factor que separa… si nunca usáramos esa palabra, estaríamos realmente investigando y no buscando un método para lograr un resultado determinado” (86). El error es que estamos creando un estado ideal (el de la libertad) y así nos definimos como estando casi desesperadamente lejos de esta idea. Además, “si uno es capaz de adivinar un resultado, es que ya lo conoce, y por lo tanto está condicionado y no es libre” (86). Pero lo que es más importante, una parte esencial del pensamiento de Krishnamurti es que uno debe pensar por sí mismo, indagar en uno mismo, observarse a sí mismo: no hay camino, ni método, ni práctica, ni gurú. “Lo importante es ser una luz para sí mismo, ser su propio Maestro y discípulo, ser tanto el profesor como el alumno”, [2] ya que obedecer a cualquier autoridad es un caso de condicionamiento.

Aun así, podemos preguntar, ¿qué es la libertad?

En términos de resistencia, la libertad “es el estado mental en el que no hay ninguna forma de resistencia” (95). Esta resistencia es lo mismo que el apego y la posesividad, pues uno se resiste a la intrusión de otros en aquello que se posee, en aquello a lo que se está apegado. Por ejemplo, el apego a un tipo particular de mineral metálico podría llevar a alguien a luchar y/o matar para lograr y/o mantener la pasión por ese mineral. En esto radica el apego y la resistencia. Del apego surge la dependencia (se aprecia mejor en el ejemplo del apego a la atención de otro ser humano), y “estando apegados tratamos de cultivar un estado de independencia ― que es otra forma de resistencia” (94). Porque “la libertad no es un estado de no-dependencia, es un estado positivo en el que no hay dependencia”, y por consiguiente ninguna resistencia (94). Del mismo modo, “la libertad no radica en el desapego. En el proceso de comprender el apego hay libertad, no en huir del apego” (95). Hablando más tarde de la libertad como positiva, Krishnamurti habla sobre la negación:

“La negación total es esa libertad del condicionamiento. Es negar todo lo que consideramos positivo, negar toda aceptación interna de autoridad, negar toda la moralidad social, negar todo lo que se ha dicho o concluido acerca de la realidad, negar toda tradición, toda enseñanza, todo conocimiento excepto el conocimiento técnico, negar toda experiencia, negar todos los compromisos de actuar de una manera en particular, negar todas las ideas, todos los principios, todas las teorías. Tal negación es la acción más positiva, por lo tanto es libertad” (116-7).

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No sirve de nada explicar, cuando el otro ha decidido no entender

Pocas cosas son tan determinantes en nuestras relaciones como las decisiones, muchas las podemos tomar conscientemente, pero otras prácticamente se apoderan de nosotros y se dan en respuesta a una cadena de pensamientos que se viene tejiendo con anterioridad.

Independientemente del caso, las decisiones marcarán el camino, nos acercarán o nos alejarán de las personas. Cuando hablamos de que alguien está bloqueado ante un hecho en particular, normalmente esa persona está respondiendo a la decisión de no entender, de no ser receptivo, de no colaborar con el esclarecimiento de una situación y por más información que se le intente dar, poco logrará filtrar las barreras.

A veces nos sentimos mal por no darnos a entender, por concluir que no tenemos la suficiente capacidad de llegada o los recursos para exponer nuestros argumentos y no logramos ver que el otro ha decidido no entender, que no importa lo que hagamos o digamos, estaremos frente a una muralla que no permite que nada se filtre.

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Así nos ocurre con todo en nuestras relaciones, hasta el hecho de mantener el amor se convierte en una decisión. Las relaciones que perdurar en el tiempo se caracterizan por la constancia, por la inteligencia y por las decisiones de “querer querer”.

Son las decisiones las que impulsan las acciones, las que mantienen orientadas las energías en determinada dirección. Esas decisiones favorecen o acaban con nuestras relaciones. Pero evidentemente las que se mantienen son las que van acompañadas de un compromiso, que se asume desde el corazón, en donde no se sienten como obligaciones, sino como algo que nos satisface y alimenta el alma.

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A PARTIR DE UN POEMA DE HÖLDERLIN, UN ARGUMENTO QUE DEFIENDE QUE NO HAY NADA MÁS PROFUNDO QUE LA BELLEZA

Friedrich Hölderlin tal vez sea el más grande poeta en la historia de la lengua alemana. Heidegger le dedicó importantes reflexiones a la poesía de Hölderlin y lo llamó “el poeta de los poetas”. Más que a ninguna figura del romanticismo y de la modernidad en general, se le debe a Hölderlin la intención de regresar al campo de la imaginación poética a los dioses, de llenar la poesía de nuevo de lo numinoso. Las páginas de Hölderlin están llenas de los dioses griegos y del mismo Cristo, quien aparece como una figura central pese a su teología natural con tendencias panteístas. A diferencia de Nietzsche (quien admiró al poeta romántico), para Hölderlin, Jesús y Dioniso expresan una misma corriente de luz entre el cielo y la tierra, y son igualmente atractivos estéticamente. Y la poesía se trata de llevar esta palabra divina, otorgada como un relámpago, a los hombres. En Hölderlin, como en casi todos los grandes poetas, la religión se funde con el arte. Y el eje que conecta lo divino con lo humano, lo infinito con lo finito es la belleza. En un famoso poema titulado “Sócrates y Alcibíades”, Hölderlin escribe:

“Venerado Sócrates, ¿por qué siempre

estás alabando a ese hombre? ¿Acaso no conoces

cosas más importantes? ¿Por qué lo miras con tanto amor,

arrebatado, como si se tratara de un Dios?”

Aquel que piensa lo más profundo ama lo que está más vivo,

la más amplia experiencia acaba inclinándose hacia lo mejor de la juventud,

y los sabios al final se postran ante lo bello.

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