Archivos de la categoría darwinismo-BIOLOGIA

El hongo que convierte en zombis a las hormigas es mucho más diabólico de lo que imaginábamos

A dead carpenter ant with fungal spores erupting out of its head. (Image: David Hughes/Penn State University)

Las hormigas carpinteras de la selva tropical brasileña lo tienen jodido. Cuando uno de estos insectos se infecta con un hongo determinado, se convierte en una “hormiga zombi” y ya no controla sus acciones. Manipulada por el parásito, una hormiga infectada abandonará los acogedores confines de su hogar arbóreo y se dirigirá al suelo del bosque, un área más adecuada para el crecimiento de hongos. Después de alojarse en la parte inferior de una hoja, la hormiga zombificada se ancla a sí misma mordiendo el follaje. Esto marca el acto final de la víctima. A partir de aquí, el hongo continúa creciendo y pudriéndose dentro del cuerpo de la hormiga, atravesando en algún momento la cabeza de la hormiga y liberando sus esporas de hongos. Todo este proceso, de principio a fin, puede llevar más de diez agonizantes días.

Sabemos de las hormigas zombis desde hace bastante tiempo, pero los científicos siguen intentando comprender cómo el hongo parásito, O. unilateralis, realiza sus tareas de titiritero. Este hongo se conoce comúnmente como “parásito cerebral”, pero una nueva investigación publicada esta semana en Proceedings of the National Academy of Sciences muestra que los cerebros de las hormigas zombis quedan intactos tras la infección, y que O. unilateralis es capaz de controlar las acciones de su anfitrión infiltrando y rodeando las fibras musculares a través del cuerpo de la hormiga. En otras palabras, convierte a la hormiga infectada en una versión externalizada de sí mismo. Las hormigas zombis se convierten en parte insecto, parte hongo. Horrible, ¿verdad?

Para hacer este descubrimiento, el científico que descubrió por primera vez el hongo de la hormiga zombi, David Hughes de Penn State, inició un esfuerzo multidisciplinario que involucró a un equipo internacional de entomólogos, genetistas, informáticos y microbiólogos. El objetivo del estudio era observar las interacciones celulares entre O. unilateralis y la hormiga Camponotus castaneus durante una etapa crítica del ciclo de vida del parásito, la fase en que la hormiga se ancla en el fondo de la hoja con sus poderosas mandíbulas.

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Científicos encuentran una respuesta a la ‘inmaculada concepción’… entre lagartijas

En 1958, el biólogo ruso Iliá Darevski observó y clasificó una comunidad de lagartijas compuesta únicamente por hembras. El hallazgo marcó una revolución en los estudios sobre la reproducción. Ahora, un grupo de investigadores rusos se ha propuesto descubrir cómo pudieron surgir estos particulares grupos sin machos y cómo se reproducen.

La partenogénesis es una forma de reproducción basada en el desarrollo de células sexuales femeninas no fecundadas, típica en algunos peces e insectos. No obstante, hasta el descubrimiento de Darevski, a nadie se le habría ocurrido que algunas especies de vertebrados también pudiesen reproducirse exitosamente sin necesidad de parejas masculinas.

La reproducción sexual habitual se da mediante la fusión de cromosomas masculinos y femeninos. Por muy curioso que parezca, la partenogénesis también es considerada por los científicos como un tipo de reproducción sexual, ya que el espécimen resultante se desarrolla a partir de las células de su antecesor.

El principal problema al que en teoría debería enfrentarse esta estrategia reproductiva es la acumulación de mutaciones destructivas con cada nueva generación. Incluso entre parientes cercanos, el incesto provoca el deterioro de las características fenotípicas de su descendencia, producto de la duplicación de cuadros genéticos muy similares. Entonces, ¿cómo es posible que estas especies se reproduzcan básicamente consigo mismas generación tras generación?

La lagartija Darevskia rostombekowi, natural del Cáucaso y capaz de aparearse sin recurrir a los machos, lleva el nombre de su descubridor, el biólogo ruso Iliá Darevski (1924-2009).
La lagartija Darevskia rostombekowi, natural del Cáucaso y capaz de aparearse sin recurrir a los machos, lleva el nombre de su descubridor, el biólogo ruso Iliá Darevski (1924-2009).

Los científicos del Instituto de Biología Génica de Rusia hicieron un mapa completo de los genomas de las lagartijas unisexuales y las de sus parientes con varios sexos más cercanos. Marcaron por separado los cromosomas hereditarios paternos y maternos de los reptiles usuales para luego compararlos con los partenogenéticos. Fue así como descubrieron la época en la que las comunidades se separaron.

Como resultado de la reproducción convencional entre dos ejemplares, hace 10.000 años apareció una hembra con peculiares mutaciones en su ADN. Esto le permitió no solo reproducirse sin la necesidad de aparearse con el sexo opuesto, sino también garantizar a su descendencia un conjunto de cromosomas único, capaz de brindarles la posibilidad de sobrevivir sin machos.

“Existen géneros enteros de lagartijas y serpientes que se clonan a sí mismas durante milenios. Tal clonación natural sugiere que en cierta etapa apareció una hembra con alteraciones genéticas, que se volvió unisexual como resultado de transformaciones complejas. Esas hembras en realidad son descendientes de especies con dos sexos”, explica el jefe del Laboratorio del genoma de la Academia de Ciencias de Rusia, el doctor Alexéi Riskov.

Aun así, durante milenios de reproducción unisexual, los genes de esas lagartijas han acumulado ciertas mutaciones en comparación con sus ‘padres ancestrales’. Es por eso que sigue sin respuesta la pregunta de cuán eficiente es este tipo de reproducción y si tiene ‘fecha de caducidad’ para estas comunidades.

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Los científicos acaban de encontrar MILES de nuevas formas de vida que redibujan el Árbol de la Vida

Un asombroso descubrimiento acaba de ser realizado por científicos que han encontrado “organismos que son diferentes de cualquier otra forma de vida en la Tierra conocida por la ciencia”.

Si bien los humanos son las especies dominantes en la Tierra, si echamos un vistazo al árbol de la vida, notaremos que compartimos esta rama con varias criaturas diferentes en la Tierra, que tienen una cosa en común, una columna vertebral.

Esta característica pequeña pero extremadamente importante es suficiente para ubicar a los humanos en un grupo al que se hace referencia como ‘phylum’ junto con perros, peces y lagartijas. Esto es algo que vemos repetido a través de los organismos de la Tierra, y esencialmente conecta todas las diversidades de la vida en una sola.

Un árbol de vida filogenético. Tenga en cuenta qué tan pequeño es el phylum Animalia, donde los humanos encajan, se compara con las bacterias y las arqueas. (Crédito de la imagen: Adl, Sina M, Simpson, Alastair GB y otros)

Según lo observado por Futurism, los científicos de la  Universidad de Queensland (UQ)  en Australia han descubierto una variedad de miles de organismos tan únicos que no encajan en ningún phylum existente.

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Descubren los restos de un predador volador gigante que se alimentaba de dinosaurios

Por RT

Los fósiles encontrados en Mongolia pertenecen a pterosaurio tan alto como una jirafa cuya envergadura con las alas abiertas era similar a la de un avión pequeño.

Un grupo de científicos internacionales ha encontrado en el desierto de Gobi en Mongolia restos fósiles de un enorme pterosaurio de la familia Azhdarchidae, posiblemente uno de los dinosaurios voladores más grandes que haya existido en la Tierra. Los resultados de su estudio han sido publicados en la revista ‘Journal of Vertebrate Paleontology‘.

El depredador recién descubierto, que habitó hace 70 millones de años en un hábitat cálido, podría haber tenido una envergadura de más de 10 metros, comparable con el tamaño de un avión pequeño. Como esta criatura vivió durante el período Cretácico, cuando existía gran cantidad de dinosaurios, los paleontólogos consideran que el animal podría haberse alimentado de dinosaurios jóvenes o de reducidas dimensiones.

Además, los expertos sostienen que este pterosaurio podía caminar a cuatro patas y de esa manera también acechaba a sus presas en el suelo.

Si bien estos fósiles no han sido identificados como una especie nueva porque el esqueleto está incompleto, los investigadores dicen que pudo ser tan alto como una jirafa y que probablemente es uno de los pterosaurios más grandes que jamás haya existido, con seguridad el más grande encontrado hasta el momento en Asia.

El descubrimiento se inició en el año 2006 en una zona del oeste del desierto de Gobi, donde los paleontólogos encontraron por primera vez fragmentos de una gran vértebra que fueron enviados a la Universidad de Tokio para su análisis. Después de años de trabajo para reconstruir los restos, los investigadores recuperaron varias columnas vertebrales y determinaron que por su semejanza, el ejemplar podía pertenecer al misterioso grupo de pterosaurios conocidos como Azhdarchidae.

Por qué Argentina quiere sacrificar 100.000 castores (y cómo lo piensa hacer)

http://www.newsjs.com/pe/exterminar%C3%A1n-plaga-de-100.000-castores-en-extremo-sur-argentino/d5yFKNfhYtJvhVM/

Dos castores del zoológico de Washington DC (Foto archivo de 2012)Image copyrightGETTY IMAGES
Image captionLos castores llegaron a Tierra de Fuego de América del Norte en los años 40.

Se trata de una situación que, según las autoridades competentes, esta “fuera de control”.

Los castores llegaron por primera vez a la provincia de Tierra de Fuego, en Argentina, en 1946 a fin de que los locales iniciaran un comercio de pieles.

El problema es que ante la falta de depredadores naturales -como osos y coyotes- estos roedores semiacuáticos se han reproducido rápidamente y son ahora una especie invasora que, según ambientalistas, amenazan el bosque local.

Ahora se estima que hay más de 100.000 castores.

Así que el plan es erradicar completamente de Tierra del Fuego a estos colonizadores de América del Norte.

Según las autoridades argentinas, los roedores han destruido un área equivalente al doble del tamaño de Buenos Aires.

Mapa de Tierra del Fuego

Amenaza al ecosistema

Adrian Schiavini, a cargo de la Estrategia Nacional sobre Especies Exóticas Invasoras, le dijo a la prensa local que los castores serán sacrificados de una forma “humana, rápida y efectiva”.

También explicó que estas especies habían hecho un gran daño a Tierra de Fuego, ubicada en el extremo sur de Argentina, al construir diques en el sistema de ríos de la región.

“El castor roe el árbol hasta que lo derriba, luego lo troza y lo usa para alimentarse y para construir su madriguera”, explicó a Infobae Schiavini.

“Lo que era un arroyo de montaña se convierte en una serie de embalses de agua quieta y muchos seres vivos que vivían ahí dejan de poder moverse”, agregó.

El otro inconveniente que presentan los castores es que, si bien los árboles en América del Norte pueden crecer otra vez después de haber sido afectados por estos roedores, los de Sudamérica mueren una vez que son roídos por los animales.

Castor del Smithsonian National Zoo en Washington, D.C. (Foto archivo)Image copyrightGETTY IMAGES
Image captionAl crear diques, los castores forman pantanos, impidiendo que crezcan árboles.

Además, los diques que construyen crean pantanos en los que muchos árboles nativos son incapaces de crecer -y las presas construidas por los castores pueden alcanzar unos 100m de longitud.

Schiavini señaló que quieren traer de América del Norte cazadores expertos de castores.

“La idea es entrenar a un grupo de cazadores y elegir a los mejores para que trabajen en siete áreas piloto de Isla Grande, en Tierra del Fuego”.

Schiavini espera que dentro de cuatro años se haya sacrificado a la mayor cantidad de castores.

Algunos peces se adaptan al cambio climático sin cambiar su ADN

Esto podría suponer una esperanza para algunas especies amenazadas
Un estudio de la Universidad de East Anglia (Reino Unido) y de la Universidad de Dalhousie, en Canadá, ha revelado que algunas especies de peces se están adaptando a los cambios ambientales para sobrevivir a ellos sin pasar por una evolución genética significativa. Esto supone la aparición rápida en ellas de un gran número de adaptaciones físicas y funcionales que le permiten hacer frente a su entorno.

Fuente: Pixabay.
Algunas especies de peces se están adaptando a los cambios ambientales para sobrevivir a ellos sin pasar por una evolución genética significativa, ha revelado un estudio de la Universidad de East Anglia (Reino Unido) y de la Universidad de Dalhousie, en Canadá. Esto supone que las especies amenazadas por el cambio climático pueden encontrar formas de adaptarse mucho más rápidamente que a través de cambios en el ADN.

Los investigadores estudiaron un animal conocido como Leucoraja ocellata, en aguas de aproximadamente 7.000 años de antigüedad y significativamente más cálidas que aquellas en las que vive el resto de variedades de esta misma especie.

Observaron así que en la Leucoraja ocellata analizada un gran número de adaptaciones físicas y funcionales que le permiten hacer frente a un significativamente diferente conjunto de condiciones ambientales de su hábitat poco profundo y cálida.

Según los invetigadores, este tipo de adaptación se debe a cambios epigenéticos causados por la modificación de la expresión genética en la que las instrucciones del ADN se convierten en un producto funcional, es decir, proteínas.

Los rápidos cambios en la expresión génica, independientes de los cambios en la secuencia de ADN, pueden permitir la rápida modificación de las características biológicas y posibilitar una forma de adaptación rápida,explican los autores del estudio. Este hecho puede ser vital para la supervivencia futura de tiburones y rayas, ante los cambios climáticos futuros, añaden.

El secreto de la supervivencia

La Leucoraja ocellata fue la especie escogida para esta investigación porque, a pesar de su bajo rendimiento reproductivo y sus tiempos de maduración largos (características que la hace vulnerable a los cambios ambientales), esta especie a resistido 150 millones de años y dos extinciones masivas.

Los científicos estudiaron más concretamente dos poblaciones de Leucoraja ocellata del Atlántico canadiense: una población endémica en peligro de extinción del sur del Golfo de San Lorenzo, y una gran población de Nueva Escocia. En la primera zona, el agua tiene temperaturas veraniegas 10°C más altas que en la segunda.
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Científicos Hallan Información del Alma en las Células Humanas

Científicos comandados por el gran Roger Penrose, aseguran que la información cuántica sobre el ser humano puede seguir viva de algún modo una vez que muere el cuerpo.

Publicado por Fon Ramos

Navegantes del pasado

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Cueva de Jerimalai en el extremo norte de la isla de Timor. Fuente: bradshwfoundation.com.

La cueva de Jerimalai se localiza en el extremo norte la isla de Timor. El yacimiento que rellena la cueva ha sido fuente de hallazgos muy importantes en los últimos años. La isla de Timor representa uno de los “puentes” del Pleistoceno Superior entre los continentes de Sunda (formado por la mayoría de las islas de Indonesia) y Sahul (Australia, Tasmania y Nueva Guinea) cuando el nivel del mar llegó a descender más de 100 metros durante las épocas glaciares más frías. La isla de Timor fue uno de los pasos obligados entre Sunda y Sahul para los miembros de nuestra especie. El mar de Timor separa las costas de esta isla de la costa norte de Australia. Tiene cerca de 400 millas marinas y su profundidad máxima supera los 3.000 metros. Es por ello que nuestros antepasados tuvieron que conocer perfectamente métodos relativamente complejos para la navegación en épocas tan remotas para colonizar Australia hace 50.000 años.

En 2011, la revista Science publicó un artículo liderado por Sue O´Connor (Universidad Nacional de Australia), en el que se describía el registro arqueológico del yacimiento de Jerimalai. Se clasificaron hasta 22 especies de peces pelágicos, destacando sobre todo los restos de atunes. También se localizaron anzuelos fabricados a partir de conchas de moluscos, de unos 20.000 años de antigüedad, que explicaban la capacidad de los antiguos miembros de nuestra especie para pescar en alta mar. Aunque en yacimientos de especies como el Homo erectus o el Homo ergaster no se encuentren restos fósiles de peces, estoy convencido de que la pesca pudo formar parte del repertorio cultural de estas especies. Ya sabemos que el registro arqueológico tiene sus limitaciones y solo podemos trabajar con las evidencias. Así que nos quedaremos en el terreno de la especulación, aún sabiendo que el consumo de pescado es esencial en la construcción de un cerebro tan desarrollado como el de las especies del género Homo.

Volviendo a la isla de Timor y al yacimiento de Jerimalai, los expertos de la Universidad Nacional de Australia han vuelto a publicar hallazgos sorprendentes. Michelle Langley y sus colegas nos explican en la revista Journal of Human Evolutionel descubrimiento de conchas del género Nautilus, trabajadas, perforadas y pintadas con el objetivo de constituir algún tipo de ornamento corporal. La pintura está muy deteriorada, pero se conservan restos de pigmento rojo, basado en ocre (óxidos de hierro) posiblemente emulsionados con algún tipo de resina.

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Fragmentos de concha del género Nautilus, preparadas, perforadas y pintadas. Fuente: Journal of Human Evolution

Ya no sorprende el hecho de que nuestros antepasados se adornaran el cuerpo hace más de 50.000 años, como lo hicieron los neandertales. Se conocen muchas evidencias de la capacidad simbólica de los adornos corporales en el Pleistoceno Superior. El caso que nos ocupa es interesante, por la rareza de adornos realizados a partir de una especie endémica de gran belleza ornamental por su concha anacarada. Pero lo más sorprendente, sin duda, es la capacidad de las antiguas poblaciones de nuestra especie para navegar en alta mar. La captura de miembros del géneroNautilus, un molusco pelágico, precisa artilugios para su captura a más de 200 metros de profundidad.

Por cierto, resulta sorprendente que sus vecinos de la isla de Flores, con los que pudieron tener contacto (dada la proximidad de las dos islas), tuvieran un cerebro tan pequeños y hayan sido catalogados como una especie diferente a la nuestra.

José María Bermúdez de Castro

Los seres humanos también emiten luz, pero no es posible verla con nuestros ojos

http://codigooculto

De acuerdo con un estudio realizado en 2009 por investigadores japoneses, la bioluminiscencia humana en luz visible existe, pero es demasiado tenue para que nuestros ojos débiles puedan captarla.

Los seres humanos también emiten luz, pero no es posible verla con nuestros ojos

Existen un tipo de animales con una cualidad llamada bioluminiscencia. Se trata de criaturas capaces de emitir cierta cantidad de luz visible. Un grupo de investigadores japoneses acaba de descubrir un animal que también es bioluminiscente solo que no nos habíamos dado cuenta: el ser humano.

Sí, resulta que el cuerpo de los seres humanos brilla con luz propia, y no se trata de que nuestra figura sea vivible en el espectro infrarrojo debido al calor. Se trata de una frecuencia de luz que nuestros ojos podrían ver si no fuera por un problema: es demasiado tenue.

Según el estudio, el brillo que emitimos está mil veces por debajo de la sensibilidad de nuestros ojos. Para registrarlo, los investigadores del Instituto Tecnológico Tohoku han grabado con cámaras de alta sensibilidad a tres voluntarios que han pasado tres días en un entorno de luz controlada.

«El cuerpo humano produce destellos, literalmente», escribió el equipo del Instituto de Tecnología de Tohoku en su estudio publicado en PLoS ONE. «La intensidad de la luz emitida por el cuerpo es 1.000 veces menor que la sensibilidad de nuestros propios ojos.»

El equipo hizo este descubrimiento extraño usando cámaras super-sensibles para monitorear cinco varones voluntarios sanos durante 20 minutos cada 3 horas dentro de una habitación hermética a la luz (totalmente a oscuras) durante tres días consecutivos (en el medio del sueño, por supuesto).

Ellos encontraron que los participantes «brillaban» durante todo el día, con los puntos más brillantes apareciendo alrededor de la frente, las mejillas y, el cuello en la tarde. La bioluminiscencia más tenue se registró a altas horas de la noche.

Y esto no era la radiación infrarroja causada por el calor – a pesar de lo que muestren las imágenes. Esas señales son en realidad de fotones (partículas de luz) – no el calor:

Crédito: Masaki Kobayashi

Crédito: Masaki Kobayashi

Los resultados no solo confirman que el ser humano brilla, sino además que su resplandor cambia a lo largo del día en función de su reloj biológico. El momento en que más luz emite es a primera hora de la tarde, mientras que a luminosidad se reduce hasta casi desaparecer en las hora nocturnas.

En cuánto a qué produce la luz, la respuesta es interesante. Se trata de un efecto secundario de nuestro propio metabolismo. El organismo emite radicales libres que interactúan con las proteínas y algunos lípidos para producir este delicado fulgor. Aparte de satisfacer una simple curiosidad científica, el estudio servirá en el futuro para estudiar los cambios en el metabolismo estudiando nuestra luminosidad.

El equipo espera que en el futuro, podríamos ser capaces de escanear la superficie del cuerpo de una persona para comprobar los niveles de luz, lo que podría indicar condiciones médicas expresadas en cambios en el metabolismo.

«Si se puede ver el brillo de la superficie del cuerpo, se podría ver toda la condición corporal», dijo un miembro del equipo de Masaki Kobayashi a Live Science.

Así que la próxima vez que alguien le dice que está brillando, sabrá que está diciendo la verdad.

Paseando entre los animales de nuestra prehistoria

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A finales de 2014 tuve la oportunidad de visitar por primera vez el espacio natural dedicado a la cría de algunas de las especies que cazaron nuestros ancestros del Pleistoceno. Escribí un post sobre esta visita, que se publicó en este mismo blog el 16 de diciembre de ese año. Ese espacio natural forma parte del proyecto “Paleolítico Vivo”, que en aquel momento estaba en sus inicios. Con mucha suerte solo se podían ver los uros (Bos taurus primigenius) a cierta distancia, aunque pude conseguir buenas fotos a la carrera de los espectaculares caballos de przewalskii (Equus ferus przewalskii). Algunas de las imágenes se publicaron en ese post. Situado en la localidad de Salgüero de Juarros, a 27 kilómetros de Burgos y en la parte baja de la sierra de la Demanda, el paraje natural de Paleolítico Vivo está ubicado a pocas horas de distancia desde cualquier punto de la península Ibérica.

Han pasado dos años y he regresado para conocer el progreso del proyecto. La introducción de algunas de las especies que cazaron los neandertales y sus ancestros, además de los primeros sapiens que pisaron tierra europea están al alcance de nuestros objetivos. Todo un lujo y una emoción para niños y mayores. Nuestra imaginación puede volar hasta épocas remotas y recrear el ambiente de aquellos humanos. Por supuesto, los bisontes de entonces eran huidizos ante la presencia de sus predadores. Los ejemplares de Paleolítico Vivo se han acostumbrado a ver a ese otro animal con ruedas, desde el que se les ofrece un pedazo de pan o un racimo de uvas. Aunque parezcan animales afables y tranquilos no deja de ser emocionante pensar la forma en la que nuestros antepasados pudieron cazar estos animales con lanzas de madera. Sus 700 kilos de peso en movimiento causarían no poco respeto.

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Bisonte (Bison bonasus) macho cerca del vehículo todo-terreno que recorre el parque. Imagen del autor.

El Bison bonasus es algo más pequeño que el bisonte americano (Bison bison), pero los machos puede alcanzar hasta dos metros en la cruz (la parte más elevada del cuerpo). Su origen, según revela un estudio reciente de su ADN en la revistaNature Communications, se habría debido a la hibridación entre el ya extinguido bisonte estepario (Bison priscus) y el Bos primigenius. Un proceso evolutivo curioso, extraño y fascinante. Su existencia a finales del Pleistoceno está registrada en la pinturas de muchas cuevas de Europa. El bisonte europeo estuvo al borde de la extinción a comienzos del siglo XX, pero iniciativas como la de Paleolítico Vivo nos han regalado la posibilidad de seguir disfrutando de ellos.

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arpanes (Equus ferus). Imagen del autor.

También es emocionante verse rodeado por un grupo de caballos “tarpanes” (Equus ferus ferus). Se han acostumbrado a la presencia de los visitantes y puedes fotografiarlos a placer. Estos caballos también aparecen pintados en las paredes de las cuevas europeas y su recuperación ha sido posible gracias a la ingeniería genética.

Este proyecto de conservación de la naturaleza ha tenido (y tiene) detractores. Hace unos 7.000 años la agricultura y la ganadería se fueron imponiendo en Europa. Costó mucho tiempo y esfuerzo conseguir razas de animales autóctonos de carácter tranquilo, capaces de ayudar en las labores agrícolas y de producir, leche, carne o pieles para el abrigo. Al mismo tiempo, los especímenes salvajes desaparecían a gran velocidad, mientras los campos de cultivo se extendían para procurar alimento a un población humana cada vez más numerosa. No resulta extraño que se produzca una reacción en contra de lo que se consiguió hace tiempo: erradicar a aquellos mamíferos, carnívoros y herbívoros, que interferían con el “progreso” de la humanidad.

Pero ahora nos hemos concentrado en grandes ciudades y el campo ha sido en parte abandonado. Quedan extensas zonas de bosque autóctono que ya no producen nada. Ni tan siquiera se aprovecha la leña que calentaba los hogares de los agricultores hace apenas 50 años. Si acaso, los amantes de la micología pueden disfrutar del placer de conseguir llenar sus cestos de buenas setas. La convivencia de los espacios utilizados para la cría de animales domésticos y la cría de animales no domesticados y en libertad es posible y deseable.

Quizá es momento de reaprovechar esos espacios naturales para dar cobijo a los animales que nos alimentaron en el pasado, y que ahora pueden mantener el equilibrio de los bosques abandonados de muchos lugares de Europa. Una escapada de la gran ciudad para convivir durante una horas o días con esos animales en parajes idílicos es quizá una de las mejores terapias para el estrés moderno. Y, por cierto, si uno tiene la oportunidad de comer carne de uro (solo cuando la población de estos animales crece demasiado) disfrutará de un sabor único y espectacular.