Ciudades perdidas de Jarapa y Mohenjo-Daro, un homenaje a Dr. Jiménez del Oso

Hoy deseo realizar un homenaje a un hombre que consiguió que toda una generación comenzase a plantearse las cosas.

Un hombre que aparecería en la Televisión todas las semanas, en los tiempos en que los contenidos esotéricos no estaban prohibidos. A una hora estelar, las 10 de la Noche, el Profesor Jiménez del Oso, nos abría los ojos ingenuos, a las verdades de una historia no oficial.


Su voz, tranquila, sosegante, su capacidad de narración, transmitía como en los tiempos anteriores a la TV, un cuento, un mito, una leyenda, que nos trasportaba a otra realidad, pero que nos ilustraba sobre nuestra existencia.


Voy a recordar hoy una historia sobre una civilización del valle del Indo que volverá a cuestionar la teoría de los Nefilim como nuestros creadores.

Empecemos por un mito, un animal del que todos hemos oído hablar el unicornio.


Se diría que es el ejemplo perfecto, de lo que sabemos que no existe y que es fruto de la imaginación humana.

Sin embargo.


Cuando los ingleses quisieron construir en Afganistán líneas férreas para trasportar las inmensas riquezas de este país, no se les ocurrió otra cosa que utilizar antiguas piedras.

Gracias a esto, durante cientos de kilómetros, las líneas ferroviarias son sostenidas por los restos de una ciudad legendaria Jarapa.


Afortunadamente los restos de esta civilización estaban diseminados a través de 400 ciudades en el valle del Indo, otra de las ciudades de esta civilización de hace más de 5.500 años es y Mohenjo-Daro.


Son ciudades con conducciones de aguas, con hileras de edificios y calles estudiadas para refrescar con sus corrientes a los habitantes.

Las casas tenían agua corriente y baño. En la ciudad había grandes graneros y piscinas públicas.

Pero lo más sorprendente de estas ciudades era lo que no tenían. No tenían Palacios, ni templos ni grandes estatuas de dioses a los que adorar.


Es evidente que no eran ciudades de los Nefilim. El valle del Indo fue conquistado por ellos mucho después de la existencia de esta civilización. Hacia el 2900 A. C.

¿De dónde salieron entonces los hombres que forjaron estas ciudades?.


Esta civilización perdida desapareció en torno a 3.800 a. C.. Sus habitantes emprendieron un éxodo hacía Pakistán. Allí vendieron sus joyas elaboradas con piedras semipreciosas y sus manifestaciones artísticas, que se pueden observar en los Museos de Pakistán.

Parece ser que los culpables del éxodo fueron los pueblos arios.

¿Pero quiénes eran esta gentes?, ¿de dónde venían?.

Entre los múltiples objetos que podemos observar en los museos, destacan por su número, más de 2200 sellos realizados en estradita.


En estos sellos se puede apreciar una escritura muy extraña. Aún no ha sido descifrada. Esta escritura tiene sin embargo una similitud increíble, con otra en otro lugar muy lejano.


La isla de Pascua. Sus pobladores conservan unas tablillas, muy escasas, con un tipo de escritura con caracteres idénticos, a los de la ciudad del Valle del Indo. Cientos de miles de kilómetros. Separan estas tablillas.

En la isla de pascua los pobladores no pudieron desarrollar una escritura propia. Sus leyendas cuentan como un día una nave con gente extraña llegó a la isla.

Venían de una isla muy grande que se había hundido después de un cataclismo, eran los últimos supervivientes. Ellos enseñaron la escritura a los habitantes de Pascua.

Pero, sigamos con nuestro tema. Se acuerdan. El Unicornio

En los sellos encontrados en Afganistán, hay dibujados muchos animales, todos reconocibles ya que la exactitud de los dibujos no arroja dudas sobre el animal.

Bueno pues, en esos sellos aparece el Unicornio. El número de veces que se dibuja es muy alto por lo que parece ser era un animal muy valorado, quizás en peligro de extinción, quizás un animal de un continente que se hundió tras un cataclismo y desapareció. Pero su memoria ha pervivido a nuestros días, y su imagen ha ilustrado los cuentos y narraciones de nuestros días.



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