Fukushima y el olvido que crece

Uno de los desastres nucleares más grandes de la historia ha ocurrido en la central nuclear japonesa Fukushima I, lugar en donde, además, vivían (y lamentablemente viven) muchas personas que han sido dejadas de lado de diferentes formas. Los medios de comunicación más importantes del mundo se dedican a emitir alguna que otra noticia con varios días de diferencia en las que comentan como “Todo está en perfectas condiciones” y que dentro de muy poco Fukushima será un lugar normal, cuando bien sabemos que el suceso ocurrido supera la magnitud de Chernobyl.

Miles de japoneses se han quedado sin vivienda a causa del desastre nuclear de Fukusima. Imagen: GALLO/GETTY

He aquí un hecho que está quedando impune, los gobiernos no actúan y sólo muestran una postura en la televisión para que sus imágenes no sean manchadas, tratados y medidas poco útiles para resguardar la salud del pueblo nipón y el olvido constante que viven las personas que aún continúan viviendo en la zona afectada, cuando la radiación es 900 veces superior a lo que una persona tipo podría soportar sin inconvenientes graves para su salud.

Mark Twain dijo una vez: “Hay tres clases de mentiras: La mentira, la maldita mentira y las estadísticas” Esto puede resultar gracioso, pero no se aleja de la realidad en la que vivimos día a día. Los científicos y expertos de las empresas relacionadas al hecho ahora estiman a través de cifras estimativas los niveles de radiación de Cesio, Plutonio Radiactivo y Estroncio en el agua. ¿Esto en verdad puede medirse? ¿Se le dice a las personas que su salud está en peligro y en manos de porcentajes estimativos? El concepto principal es que las afecciones que sufren y sufrirán los ciudadanos nipones directa o indirectamente son irreversibles, para eso, no hay datos estadísticos que valgan.

Todo resulta cuesta arriba para los ciudadanos de esta zona, ya que son despojados de sus viviendias, deben permanercer en refugios precarios en los cuales pueden contagiarse de otros virus infecciosos que, al estar cada uno de ellos con sus sistemas inmunológicos debilitados, pueden dar como resultado grandes complicaciones. ¿Cómo arreglará TEPCO esta problemática? Dándole 12.000 dólares a grupos familiares y 9.000 a “solos” Ninguna suma de dinero va a tapar la ineficacia de esta empresa para con un tema tan delicado como lo es el de la seguridad nuclear y el cuidado de su infraestructura.

Otro factor sumamente importante es el de la discriminación que reciben y recibirán las personas que han experimentado estas vivencias en Fukushima, bien sabemos que tan crueles pueden ser las personas en estos casos. El error de los medios nuevamente aparece en este lamentable caso, divididos en desinformación y conceptos erróneos. Veamos un extracto del artículo “Los refugiados nucleares de Fukushima, víctimas del estigma social:

El Departamento de Formación de Chiba, prefectura vecina a Tokio, recibió una llamada anónima que informó de que un pequeño evacuado de la zona de exclusión de Fukushima-1 fue sometido a insultos y escarnios en uno de los parques locales. El autor de la llamada precisó que un grupo de niños se reunieron alrededor de un alumno gritándole “radiactivo” y “contagioso”. Pedían que el pequeño se largara de la ciudad.

(…)

Sin embargo, según comentan escépticamente los defensores de derechos humanos internacionales, es muy poco probable que la medida sea eficaz. Subrayan que en muchos casos es precisamente la política informativa del Estado la que provoca este tipo de acoso social. En particular, comentan que los dibujos animados difundidos por las autoridades para explicar a los más pequeños qué sucedió en la central de Fukushima y la imagen creada del ‘chico nuclear’ tuvieron un efecto opuesto. Los niños percibieron la metáfora de ‘al chico nuclear le duele la barriga’ erróneamente y asociaron inconscientemente a los niños refugiados de la zona de la catástrofe nuclear con dolores y enfermedades contagiosas.

El video en cuestión del Chico Nuclear es el siguiente:

No nos extenderemos aquí en datos científicos, económicos ni políticos, sino en los valores humanos que están siendo puestos en jaque al tratar de una forma tan despectiva a personas que se han pasado los últimos meses de sus vidas de sufrimiento en sufrimiento y que, a esta altura, ya deben sentir el manoseo constante por parte de subnormales lacayos de la elite que se hacen llamar empresarios de primera línea.

Un hecho de tal magnitud no se puede arreglar de la noche a la mañana. Los daños estructurales podrán verse reparados satisfactoriamente en un tiempo no muy lejano, pero los daños humanos y psicológicos… ¿Qué hay con ellos? ¿Quién apoya a estas familias que quedaron a la deriva? ¿Y a los niños, que según los propios políticos “son el futuro”?  De tratar al futuro como a los niños de Fukushima, entonces podemos decir abiertamente que los gobiernos dejan al futuro tirado en el suelo.

http://sleepwalkings.wordpress.com/2011/06/24/fukushima-y-el-olvido-que-crece/

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