MUSICA PARA EL ALMA

Armonías fractales de Andalucía, la visión aérea del cazador de fractales Héctor Garrido

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Las infinitesimales
partes que abarcan el todo.
En cada puntual recodo
del tiempo, todos los tiempos…

-Jorge Drexler

“Mi teoría es que de alguna manera nacemos con un pensamiento fractal como los animales, pero durante la educación nos cincelan el cerebro hasta que hablamos con este otro lenguaje”,dice Héctor Garrido. Seguramente si no hubiéramos recibido una atomización racional de chicos, muchos habríamos querido ser como Garrido: un cazador de fractales, enlazador de patrones autosemejantes, investigador de los espejos de la naturaleza. Ahí en ese nodo donde se transparenta la similitud, en el tejido analógico, está la epifanía.

Garrido ha sido premiado por su trabajo fotografiando el Parque Nacional de Doñana en Andalucía y ahora sus imágenes aparecen en la película “La Isla Mínima”. En su fabuloso sitio web, Garrido ha compilado un atlas de fractales de las marismas de esta luminosa región española, con todo tipo de fractalfernalia, poemas e intimaciones topológicas que sirven como una guía para internarnos en el mundo matemágico de los factales. Serpientes de agua, puzzles de las huellas de gigantes (que son letras del tiempo), dendritas de arena, óleos de sol y tierra en su matrimonio, glifos de telúrica entelequia (cropcircles en canales turquesa) y estanques de pájaros cuya sombra celeste labra su viaje en un espejo. Todo este material es parte de un precioso libro: “Doñana y las marismas, armonía fractal”. Doña Ana, madre de fractales y aves.

En el multilaureado reportaje periodístico de “La Piel de Doñana”, se explica cómo se forman estos miríficos fractales de las marismas:

La geometría de la naturaleza surge de la iteración, de la repetición permanente de los mismos procesos, pausada pero pertinaz. Es la gota de agua, tras otra gota de agua, la que arranca partícula a partícula el trazo sobre la piedra dura, y más fácilmente sobre la arena blanda o el barro de la marisma. De ahí nace la semejanza entre lo grande y lo pequeño, la autosimilitud, la repetición de la estructura a diferentes escalas. De ahí nace la bifurcación.

La fascinación por los fractales, llenar el orbe y los globos oculares de estas formas que se evocan as sí mismas hasta el infinito, no es sólo una predilección estética. Ahí en donde captamos la repetición del patrón, el pequeño árbol en la hoja, surge también una epifanía ética. Una infraestructura de la interconexión entre todas las cosas, la correspondencia y la analogía convierten no sólo el mundo sino la realidad entera en un único bosque de interdependencia. El fractal como imagen comunica esta unidad subyacente –esta misteriosa relación de las formas primeras — y por lo tanto eleva la conciencia ecológica de la humanidad. El camino hacia un nuevo paradigma de autosustentabilidad y responsabilidad ecológica pasa necesariamente por la comprensión de la interdependencia, por la disolución de las fronteras entre la piel del hombre y la psique de la tierra. ¿Qué mejor forma de descubrirnos parte de este telar cósmico que a través de la belleza? Estas imágenes son en ese sentido piezas del “land-art” con el que la Tierra nos seduce y nos enseña su filosofía.

Twitter del autor: @alepholo

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