«Los miedos primarios imbuidos en la psique del ser humano» (II) David Topí.

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Nos habíamos quedado en el último artículo repasando dos de los temores inconscientes más profundos grabados en la psique del ser humano. Vamos a completar la lista con otros dos que son también muy prevalentes y que conforman el conjunto de aquellos “talones de Aquiles” que todos tenemos y que permiten, de muchas formas, el sustento y refuerzo del sistema bajo el que vivimos.

Necesidad de protección y miedo al abandono

El tercer temor imbuido en nuestra psique está relacionado con la protección de los depredadores que ya hemos visto. Una de las primeras reacciones que tenemos, subconscientemente, cuando nos encontramos en una situación donde nos sentimos o vemos atacados o asaltados, es la búsqueda de protección, simbolizada por el personaje del “padre protector”, del miembro más “fuerte” del clan o de aquel que “cuida” de otros. Así, en los tiempos en los que la llegada de la noche hacía aparecer el peligro de los depredadores, todos buscaban el resguardo y protección de aquellos miembros que, por las razones que fueran, se erigían en cuidadores y protectores de la tribu, del grupo. Al hacer esto, estaban dando cierto poder y control sobre el resto, al personaje o miembro que tomaba este rol. De esta forma, estos se convertían de algún modo en los dirigentes y “jefes” de nuestros ancestros, por el simple hecho de tener las capacidades físicas e intelectuales para proteger a los demás: dictaban dónde era seguro ir a cazar, a pescar o a recolectar comida, o dónde no ir, decidían cuando se podía salir de la seguridad del grupo y cuando no, etc. Esta necesidad de protección, de nuevo, inconsciente, es la misma que se sigue propagando actualmente en el “mundo moderno”, habiendo sustituido al jefe fuerte del clan, por gobiernos, policías, militares y demás organizaciones e instituciones por el estilo, que no podrían ser implantadas y tener tanto poder sobre la población, sino fuera por la explotación de la necesidad de protección que llevamos imbuido todos como parte de uno de los instintos primarios del ser humano.

Si hay miedo, se busca instintivamente protección

La cuestión es que la reacción instintiva al miedo es la de buscar “protectores” y lo hacemos sin ser conscientes de ello, en la mayoría de los casos. Sabiendo esto, no hay más que mantenernos en un estado potencialmente latente siempre de temor a que pase esto, a que pase lo otro, para que, instintivamente, mantengamos siempre la necesidad de este tipo de sistemas de protección (percibidos como tales). Atentados de bandera falsa (creados por los propios países para imponer en sus ciudadanos ciertas normas y leyes como resultado del mismo), conflictos creados artificialmente, enfrentamientos continuos de ideologías, culturas, razas, credos. Nada que no podáis comprender ya por vosotros mismos. La contrapartida a este tipo de miedo, es el desarrollo del coraje y la valentía personal, para actuar por uno mismo sin buscar protección externa a pesar del miedo que se pueda sentir o percibir, por esta o cualquier otra situación vivida.

Así, esta necesidad de protección viene asociada con el tercer miedo más prevalente en la psique humana: el miedo al abandono por aquella figura protectora que nos protegía. Antiguamente, ser abandonado por tu tribu, tu clan, tu grupo, significaba directamente la muerte a manos de depredadores, del clima, de otras tribus, etc., por lo que el miedo a ello significaba aceptar las normas, reglas y decisiones de aquellos que protegían al clan para sobrevivir en conjunto.

Además, el ser abandonado, obliga a tener que enfrentar los posibles problemas, depredadores, obstáculos, situaciones peligrosas, etc., por uno mismo, algo que no suele ser lo más deseado por la mayoría de las personas en nuestra sociedad, ni ahora ni hace miles de años. Si no existe tal o cual institución, cuerpo de protección, organismo, etc., ¿quién me va a solucionar mis problemas? Eso es básicamente la versión moderna del mismo problema que tenían nuestros antepasados en su contexto particular.

El miedo al abandono está presente en muchos grados en nuestra vida. Un niño que no se separa de sus padres, porque evidentemente sin ellos no sabría desenvolverse en el mundo, un persona que se aferra a una pareja para poder navegar por la vida, un empleado que se rige por las decisiones de su jefe para no perder el trabajo y el sueldo, el equivalente a ser desterrado de la tribu y, posiblemente, no ser capaz de sobrevivir por sí mismo. Son contextos diferentes para actuaciones y sistemas relacionados con el mismo tipo de precepto: el miedo al abandono de la figura “protectora” y “cuidadora”, sea una persona o todo un ejército militar.

Miedo al caos

El cuarto y último miedo primario también tiene mucho peso en nuestro modo de vida. Antiguamente, si caía la noche, si corríamos el riesgo de ser atacados por depredadores, si el protector del clan no nos cuidaba, el pánico podía apoderarse de los miembros de la tribu, nadie sabía qué hacer ni cómo reaccionar, no había control, no había orden, no había seguridad. La percepción de que no existía algo que mantuviera el control de la situación, en estas horas de potencial peligro, llevó a desarrollar otro miedo instintivo: el miedo al caos.

Si hacemos un pequeño juego de palabras, al preguntarle a alguien qué es lo primero que le viene a la mente cuando piensa en una sociedad donde no hubiera ningún tipo de control, de dirigentes, de “gestionadores” del sistema, etc., algunas personas posiblemente dirán “libertad”, pero muchas otras, como leía en algún experimento social hecho hace algunos años, directamente lo asocian con el concepto de “anarquía” y por supuesto, “caos”.

Básicamente, si no hay ningún tipo de control sobre nosotros, todos pensamos en situaciones de caos y descontrol. Y aunque estoy casi seguro que lo habría, es simplemente porque ninguno sabemos tomar las riendas de nuestras vidas y de la convivencia en común en armonía, sin dictados de alguien que rija como deberíamos vivir, ya que no nos han dejado hacerlo, como raza, especie y humanidad; y de ahí que, literalmente, sentimos que no sabríamos sobrevivir en “caos”, sin controladores o “algo o alguien” que lo evitara.

Al final, y aunque parece irónico, a mayor control o intentos de control, más caos alrededor del mundo, pues todas las imposiciones, restricciones y limitaciones impuestas sobre nosotros mismos y por nosotros mismos, van en contra de todas las leyes cósmicas, universales, naturales y al no vivir en armonía con ellas, realmente el resultado es catastrófico, sea más manejable o no, pero en general, bastante catastrófico.

En resumen

Estos son principalmente los cuatro temores más importantes imbuidos en la psique del ser humano por herencia genética, ancestral, desde hace miles de generaciones atrás. Estos miedos, más los que hemos añadido a lo largo del tiempo, aunque ya no tan profundos posiblemente, son aquellos que son explotados y exacerbados una y otra vez por el sistema bajo el que vivimos y son los que nos mantienen en el estado de “controlados”, en parte desde fuera, pero principalmente por nuestra propia mente. La élite de este planeta lo conoce perfectamente, tanto como nosotros sabemos que 2+2 son 4.

Su complicación radica en que se ocultan en las capas más profundas de nuestro subconsciente en el cuerpo mental y en las esferas pre-consciente y subconsciente de la mente, así que el único modo de no dejarse llevar por ellos es, como hemos hecho con estos dos artículos, sacarlos a la luz, a la esfera consciente, para ser capaces de auto observarnos cuando sean detonados o avivados y no dejarnos llevar por ellos y por las medidas asociadas que se nos quieran imponer para paliarlos, por nuestro “bien común”, por supuesto.

Un abrazo, David Topí


davidtopi.com

Un comentario en “«Los miedos primarios imbuidos en la psique del ser humano» (II) David Topí.

  1. Interesante artículo sobre los temores que desde la niñez asaltan a los seres humanos. El incierto futuro en la antigüedad tenía que ver con el hambre y las pestes, hoy pasa por el abandono, el temor a perder el empleo, las guerras, el masivo trasplante de seres humanos de su hábitat natural, huyendo de los horrores de las matanzas generalizadas que en nombre de la religión se llevan a cabo. No se puede ni se debe tolerar que en nombre de una religión o manera de pensar diferente, se creen nuevos holocaustos, suponiendo que todo se olvidará, como lo fue el primer genocidio del siglo XX, en Turquía de un millón y medio de armenios o el Holocausto de los 6 millones de personas en la segunda guerra mundial, que arrastró a 52 millones de muertos la aventura delirante hacia una guerra suicida. Tampoco debemos de olvidar que detrás de esas denominadas reivindicaciones religiosas, siempre estará presente subterráneamente las luchas geopolíticas de poder, de ganar espacios y de expansión

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