El fenómeno de la atención: los caminos del cerebro

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El neurocientífico Robert Desimone, director del Instituto McGovern de Investigación sobre el Cerebro del Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT), estudió los mecanismos por los cuales el cerebro reduce a una cantidad manejable el enorme volumen de información que recibe de los sentidos. Descubrió que existe una comunicación entre las neuronas —lo vio en la activación de ciertas áreas del cerebro— que permiten filtrar los estímulos y producir la concentración, un fenómeno de la conciencia sin el cual no se puede realizar actividad alguna.

En el artículo Cómo presta atención el cerebro, describió la complejidad del sistema que le permitió llegar a una teoría: las neuronas buscan la información estructurada, y que aquella que no se manifiesta como sincronía sino como ruido, se elimina por distractiva. El diseño del sistema de atención atiende a elementos tan complejos que casi se oponen entre sí. Enumeró Desimone las tareas del cerebro relacionadas con la atención: “Debe 1) identificar con rapidez y concentrarse en el elemento más importante de un ambiente complejo; 2) mantener la atención en su foco mientras se monitorea la información relacionada y se ignoran otros estímulos; 3) recuperar recuerdos que no están activos en el momento pero que podrían ser importantes para el elemento específico y 4) cambiar de atención con rapidez cuando se presenta nueva información”.

LAS NEURONAS BUSCAN LA INFORMACIÓN ESTRUCTURADA

En una era de tanta información que podría considerarse la era de la distracción, ¿cómo hace el cerebro para administrar los pensamientos, conscientes e inconscientes, al mismo tiempo que los 100.000 millones de señales visuales que el ojo envía cada segundo, por ejemplo?

“La influencia de los mecanismos de atención de nuestros cerebros es profunda. Para desarrollar tareaspodemos ignorar las distracciones internas y externas, y a la vez inhibir las respuestas contradictorias a situaciones”, escribió el neurocientífico, también titular de la cátedra Doris y Don Berkey del Departamento del Cerebro y Ciencias Cognitivas del MIT. “Podemos creer que procesamos todo, pero en realidad hay información de toda clase que ingresa a nuestros sistemas sensoriales que no pocesamos. La pregunta es ¿cómo se hace para filtrarla?”.

20 milisegundos para decidir si algo importa o no

Desimone y otro investigador, Daniel Baldauf, difundieron en la publicación especializada Science un experimento sobre los mecanismos que lo hacen. Mostraron a un grupo de personas un video con una secuencia de dos imágenes —una de rostros, la otra de casas— en una sucesión rápida, y les pidieron que se concentraran en uno solo de los temas: o bien las caras (que se sucedían cada dos tercios de segundo) o bien las construcciones (que se sucedían cada medio segundo). Con dos métodos diferentes (magnetoencefalografía y resonancia magnética funcional) midieron la actividad eléctrica cerebral.

Comprobaron que cada imagen provocaba una señal en un lugar diferente: los rostros se dirigían a la superficie del lóbulo temporal y las casas a un grupo de neuronas próximo pero separado. La zona inferior de la corteza prefrontal, observaron, interactuaba con la parte del cerebro que procesa las caras (el área fusiforme facial) y con la región que interpreta la información sobre lugares (el giro parahipocampal), según correspondiera. “Parece un proceso paralelo que involucra a diferentes áreas”, dijo Desimone a la oficina de prensa del MIT.

También notaron que la actividad era distinta, y ese fue el núcleo de su descubrimiento: los que se debían concentrar en las caras mostraban una actividad armónica en la zona de reconocimiento facial e inarmónica en la de reconocimiento espacial, y viceversa.

Es decir que la atención se manifestaba en una actividad cerebral eléctrica unida.

Desimone lo describió para la revista estadounidense The New Yorker: “Este canto sincrónico permite que la información relevante sea escuchada de modo más eficiente por otras regiones del cerebro”.

La comunicación que se iniciaba en la corteza prefrontal tardaba 20 milisegundos en llegar bien a la zona de reconocimiento facial o bien a la zona de reconocimiento espacial: ese tiempo tarda la corteza prefrontal en dirigirse a la parte del cerebro que sirve para procesar el estímulo.

La sincronía neuronal, mejor que las medicaciones

Cuando algo novedoso sucede —como la aparición de la cara para el grupo que recibió esa consigna—, gana la competencia de los distintos estímulos que bombardean a los sentidos y el cerebro debe procesar. Las neuronas en la corteza prefrontal oscilan al unísono para enviar señales a la zona visual: “Lleva mucho esfuerzo del cerebro obligarnos a no prestar atención a una información potente como un comercial de televisión”, dijo el investigador a The New York Times. “Si uno trata de leer un libro al mismo tiempo, tal vez no le queden recursos para concentrarse en las palabras”. Eso pone en duda el concepto de multifuncionalidad: al cerebro no le resulta fácil ocuparse de distintas cosas a la vez.

“Nuestra investigación indica que no es la magnitud de la acividad que se correlaciona con la capacidad de prestar atención o inhibir las repuestas inadecuadas, sino el nivel de sincronía de la actividad neuronal”, escribió en el artículo original, lo cual discute la eficacia de las medicaciones que, como las del déficit de atención, ponen el eje en la capacidad de concentrarse.

“LLEVA MUCHO ESFUERZO DEL CEREBRO OBLIGARNOS A NO PRESTAR ATENCIÓN A UNA INFORMACIÓN POTENTE COMO UN COMERCIAL DE TELEVISIÓN”

Entre la investigación por venir, Desimone prevé que la neurociencia podría encontrar caminos para mejorar la concentración si se monitorea la actividad cerebral mientras las personas estudiadas practican métodos para mejorar la atención. También se podría estimular la sincronización de las neuronas con pulsos de luz de baja longitud de onda que atravesaran el cráneo, con un pequeño aparato que podría tener menos efectos secundarios que la medicación que hoy en día se aplica a los cuadros de atención deficitaria.

Por ahora, la investigación sólo permite entender el fenómeno de la atención cuando hay un estímulo: en este caso, el pedido a los sujetos del experimento de que se concentrasen en rostros o en casas. No se sabe por qué se produce la atención espontánea: cuando, por ejemplo, algo gusta o causa alarma. Lo que Desimone cree es que en esa investigación radica la explicación de la conciencia, que lejos de ser materia filosófica o del psicoanálisis, para el neurocientífico es una cuestión de neurotrasmisores e impulsos eléctricos del cerebro

http://www.infobae.com/2015/10/25/1764669-el-fenomeno-la-atencion-los-caminos-del-cerebro

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