La política es sólo otra forma de guerra contra Siria

Parecería que en lo que el eje de Washington se está esforzando, es lograr por medios políticos lo que no pudo por medios militares encubiertos. Al involucrarse con Rusia e Irán en la diplomacia, la pregunta es: ¿están los enemigos externos de Siria tratando de establecer un marco político con el fin de socavar la legitimidad del gobierno sirio?
Por Finian Cunningham
La intervención militar de Rusia en Siria está demostrando ser un punto de inflexión decisivo en la estabilización del gobierno de Bashar al-Assad, mientras que le propina serias derrotas a los diversos grupos de mercenarios extremistas. Esa es la evaluación del máximo oficial militar de los EE.UU, el general Joseph F Dunford. El jefe del Estado Mayor Conjunto le dijo al Comité de Servicios Armados del Senado esta semana: «El equilibrio de fuerzas en este momento están en favor de Assad».
Como señaló el diario Los Angeles Times, la evaluación de Dunford «parecía contradecir las evaluaciones optimistas de la Casa Blanca el mes pasado que indicaban que el gobierno de Assad había sufrido una serie de pérdidas militares y estaba perdiendo el control».
Mientras tanto, en una apresurada incursión diplomática, el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, se las arregló para conseguir que los aliados regionales de Washington asistan a las conversaciones en París y Viena para discutir una solución política al conflicto sirio de cuatro años de duración.
 Entre los asistentes se encontraban Gran Bretaña, Francia, Turquía, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Ante la insistencia de Rusia sobre las objeciones de Arabia Saudita, Irán fue invitado a las discusiones de alto nivel -la primera vez que Teherán ha sido admitido a la mesa.
Un informe de Associated Press publicado por el Huffington Post le puso un tono positivo a la diplomacia viajera de Kerry, diciendo: «… todos los esfuerzos de mediación internacionales anteriores no han hecho nada para detener los combates, y Kerry está tratando de unir a todos los bandos con influencia en el país árabe, en torno a un visión común de una Siria pacífica, laica y pluralista gobernada con el consentimiento de su gente».
Pero eso por parte de AP, equivale a ser miserable con la verdad. Como lo ha señalado Moscú anteriormente, el Comunicado de Ginebra negociado a nivel internacional en el verano de 2012, ya había establecido el principio de «una Siria pacífica, laica y pluralista gobernada con el consentimiento de su gente».
El motivo porqué la lucha no ha cesado durante los siguientes tres años, desde el acuerdo de Ginebra, es porque Washington y sus aliados regionales no desistieron de su guerra encubierta para el cambio de régimen en Siria, buscando derrocar al presidente Assad.
Por lo tanto, uno se pregunta ¿qué es lo que se gana al repetir el antiguo ámbito diplomático cuando Washington y sus aliados siguen insistiendo en el cambio de régimen -en contravención del principio declarado de «Siria gobernada con el consentimiento de su pueblo»?
Es cierto que Washington y Londres han retrocedido en su insistencia que Assad «debe irse».
Ellos están ahora ofreciendo la posibilidad de un período de transición a un nuevo gobierno en Damasco, durante el cual Assad todavía podría retener el poder. Francia, por su parte, parece estar todavía implacablemente exigiendo que el líder sirio tiene que retirarse.
En ese sentido, París comparte la misma posición de línea dura de Turquía, Arabia Saudita y otros estados del Golfo Pérsico.
Irán, un firme aliado de Assad, se ha puesto del lado de Rusia en su opinión de que la cuestión de cómo Siria deba ser gobernada, es la prerrogativa soberana del pueblo sirio. La posición de Rusia y de Irán es totalmente coherente con el Comunicado de Ginebra.
Es por eso que un renovado dialogo de «elecciones» en Siria por las diversas partes asistentes a la Cumbre de Viena debe manejarse con precaución. Si Washington y sus aliados fueran sinceros acerca de una solución política al conflicto, entonces ¿por qué no reafirman su compromiso con el Comunicado de Ginebra?
¿Qué objetivo se está atendiendo al regurgitar ese acuerdo con alguna nueva condición sobre las elecciones que se celebrarán? Después de todo, Siria celebró elecciones presidenciales en junio de 2014, que Assad ganó rotundamente.
Entonces ¿por qué debería Siria, desgarrada por la guerra, ser obligada a llevar a cabo una nueva ronda de las elecciones sin precedentes? Suena como una demanda externa de una repetición, durante la cual las potencias extranjeras puedan quizá llevar adelante «un tipo de revolución de color» para lograr el resultado que quieren: un cambio de régimen.
Assad, durante su reunión en Moscú con el presidente ruso Vladimir Putin la semana pasada, dijo claramente que su gobierno está dispuesto a colaborar con todos los opositores políticos.
Sin embargo, muy razonablemente, el presidente sirio dijo que el orden de prioridad para su país era derrotar la amenaza de la subversión con respaldo extranjero.
La asombrosa demanda de los aliados de Washington en Arabia Saudita y los demás monarquías absolutistas del Golfo Pérsico para que se celebren «elecciones libres» en Siria es tal vez, la señal más reveladora, que el renovado empuje diplomático pone de manifiesto su única y real agenda. Es decir, el cambio de régimen en Siria.
Parecería que en lo que el eje de Washington se está esforzando, es lograr por medios políticos lo que no pudo por medios militares encubiertos.
Al involucrarse con Rusia e Irán en la diplomacia, la pregunta es: ¿están los enemigos externos de Siria tratando de establecer un marco político con el fin de socavar la legitimidad del gobierno sirio?
La audaz intervención militar de Rusia en Siria le ha volteado la tortilla a la conspiración extranjera liderada por Estados Unidos para derrocar al gobierno de Damasco. La última evaluación realizada por el general estadounidense Joseph F. Dunford es testimonio de ello. Y eso explicaría por qué Washington y sus aliados se inclinan ahora -a pesar de su beligerancia- a comprometerse con Rusia e Irán sobre Siria.
En resumen, no se puede confiar en el eje occidental. Ha devastado a Siria con una guerra que ha cobrado 250.000 vidas y convertido la mitad de la población en refugiados. El eje no tiene absolutamente ningún derecho moral para imponer condiciones políticas sobre el futuro de Siria.
De hecho, en un mundo cuerdo estos mismos poderes deberían ser amenazados con persecución penal por la destrucción criminal que han forjado a través de su variado apoyo a mercenarios extremistas en Siria.
Siria, Rusia e Irán tienen la sartén por el mango, legal, moral, política y militarmente.
¿Por qué deberían adherirse a cualquier demanda de Washington y sus aliados que se niegan a cumplir con lo que ya está acordado en el Comunicado de Ginebra de hace tres años? Estos poderes no están más que demostrando con cinismo, la máxima del teórico militar prusiano Karl von Clausewitz.
La guerra es simplemente una extensión de la política por otros medios, escribió Clausewitz. Lo mismo se aplica a la inversa para Washington y sus acólitos: la política es sólo otra forma de guerra contra Siria.
Publicado por La Cuna del Sol
USA.

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