La misas negras de Madame La Voisin

Las famosas misas negras de Catherine Montvoisin, más conocida cómo La Voisin, empezaron en 1666, y no se detuvieron hasta 1679.

Desde muy joven se dedicó a la práctica del ocultismo, principalmente a distintos métodos de adivinación, hasta que contrajo matrimonio con Antoine Monvoisin, un ambicioso joyero parisino.

A partir de entonces, se convirtió en la bruja más conocida de París.

La Voisin adquirido una vieja casa abandonada en la calle Beauregard, justo cuando su nombre comenzaba a mencionarse entre la clase alta. Incluso la corte de Francia recurrió a ella en más de una oportunidad, sobre todo para aprovechar sus dotes de pitonisa y fabricante de venenos.

Años después, durante el proceso judicial que la sentenció, La Voisin reconoció que había instalado un horno en la casa de la calle Beauregard, en el que hacía incinerar casi todos los restos de sus ritos abominables.

Ningún historiador se ha puesto de acuerdo en la cifra, pero se estima que La Voisín incineró al menos 2000 cuerpos; en su mayoría, fruto de los embarazos interrumpidos que realizaba periódicamente.

Con ellos, sostienen varios testimonios ofrecidos a la corte, se preparaban extraños ungüentos y filtros amorosos, cuando no elíxires diabólicos que eran libados durante los ritos.

El escándalo de La Voisín se esparció rápido, y salpicó a muchas personalidades influyentes de la vida social y religiosa de París.

Si ir más lejos, una de las clientas más importantes de La Voisin fue Madame de Montespan, amante oficial de Luis XIV; en cuya corte colaboraría con la preparación de distintos venenos.

Se dijo que La Voisin recurría a sacerdotes católicos para que oficien sus misas negras; servicio que era pagado generosamente. Entre ellos se encontraba el abad Guibourg, el abad Guignard, y un joven párroco de Bourges.

Se llegó a hablar también del abad Bartolomé Lemeignan, de la iglesia de San Eustaquio, quién al menos habría degollado a dos niños.

La Voisin levantó un altar en su jardín, protegido por frondosos árboles. Adornó el macabro santuario con seda negra, tabernáculos, cirios y cruces. Allí se realizaba un ritual que fue minuciosamente descrito ante las autoridades.

El procedimiento era el siguiente:

La mujer que oficiaba el primer tramo de la misa, normalmente una gran señora de la aristocracia, debía estirarse sobre el altar: desnuda, con los brazos en cruz y sosteniendo un cirio negro en cada mano. El abad Guibourg, quien realizó la mayoría de estas misas negras, extendía entonces sus utensillos sobre el vientre de la mujer y colocaba un cáliz encima. Acto seguido se llenaba los labios con su piel, la besaba impúdicamente, e invocaba a Satanás con encantamientos blasfemos.

A continuación citamos un fragmento de las actas procesales proporcionado por un testigo todavía conmocionado:

“…terminadas ciertas operaciones blasfemas, Guibourg se despojó de su manto y apareció vestido con los hábitos del culto al que iba a profanar una vez más”.

La Voisin lo miraba en silencio, con marcada impaciencia. Al fin entró una joven llevando en brazos a una criatura. Al mismo tiempo, La Voisin se quitó el manto de terciopelo que llevaba sobre los hombros. Desató el cinturón dorado que ceñía los velos casi transparentes con los que iba vestida. Debajo estaba completamente desnuda.

“Sin pronunciar palabra, la dama se tendió sobre el sacrílego altar. Con mano experta, el abad le acarició los cabellos, que caían como un manantial negro. Luego, entre los opulentos senos, temblorosos por una anhelada voluptuosidad, Guibourg colocó la copa de plata; y sobre el vientre depositó un crucifijo.

“El abad se arrodilló con las manos juntas, cerca del cuerpo desnudo y palpitante; mientras en silencio invocaba a las potencias infernales.

“Cuando el sacerdote se incorporó, tomó en sus manos una de las hostias negras, la alzó a la luz temblorosa de los cirios, mientras su mano acariciaba desvergonzadamente los pechos de La Voisin, de cuya boca se escapaban algunos gemidos de placer.

“La mayor de las profanaciones fue realizada utilizando las partes íntimas de La Voisin, como receptáculo de la hostia negra.

“Luego el sacerdote se arrodilló y bebió del cuerpo y de la sangre de Satán, mezclados con los sudores del éxtasis, mientras La Voisin aprisionaba su cabeza entre las piernas, pronunciando unos gemidos inhumanos que en el silencio de la noche sonaban como una letanía tenebrosa.

“Como un arco de carne palpitante, el cuerpo de La Voisin se contorsionó, rozando con las caderas el altar profano; mientras suplicaba a gritos que el sacerdote la hiciera suya.

“El sacerdote se abalanzó sobre el cuerpo de la cortesana, estremecido de placer. Una vez que hubo satisfecho los apetitos de La Voisin, Guibourg alzó los brazos hacia las estrellas, y dijo:

“…AstarothAsmodeo… ¡Dueños y señores del infierno! Yo os conjuro fervientemente para que aceptéis el sacrificio de este cuerpo que os ofrendo…”

Este rito infame se repitió una y otra vez a lo largo de los años.

Cuando la ceremonia concluía, La Voisin, presa de un paroxismo satánico, solía untar su sexo con el fruto de sus espantosos crímenes.

Las misas negras de La Voisin terminaron durante la noche del 22 de Julio de 1680, cuando fue quemada viva por la Santa Inquisición. Swedenborg, en una de sus visiones, afirma haber visto cómo el alma de La Voisin descendía a los infiernos atormentada por los aullidos de los niños sacrificados.

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