Adriana – Obama actúa como si empezara su mandato

Para entender
Donald Trump, un delirante candidato que asusta a buena parte del Partido Republicano con sus dichos y exabruptos, por un lado; y una Hillary Clinton corrida por izquierda por un socialista septuagenario casi desconocido, han colaborado eficazmente con la etapa final del gobierno del actual Presidente que está en pleno ejercicio de sus funciones

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En lugar de ser un lame duck (un pato rengo) como llaman a un mandatario al final de su mandato cuando pierde prácticamente todo su poder, Obama ha desplegado una acción intensa como si estuviera al inicio de una gestión presidencial.

La visita del Papa, la apertura de relaciones con Cuba, un progresivo alejamiento del Medio Oriente (aunque el caso de Siria y la intervención de Rusia, son una piedra en el zapato), pero sobre todo el despliegue realizado en el Pacífico, el nuevo escenario del poder económico global para contener la expansión de otra superpotencia como China, lo ponen en el centro de la escena.

Hace pocos días se firmó en Nueva Zelanda el Tratado Transpacífico (acuerdo logrado a finales de octubre pasado en Atlanta), que arma un bloque de naciones que representan 40% del producto bruto interno global (Estados Unidos, Canadá, México, Japón, Australia, Nueva Zelanda, Chile, Perú, Malasia, Singapur, Vietnam y Brunei).

Quizás en esto Obama también se apunte un éxito. Es vital para Washington. Esta arquitectura económica internacional entronca con las nuevas realidades del siglo 21, el poder se ha desplazado al Pacífico y es necesario rebalancear la política asiática para impedir la hegemonía de Beijing. Este es el objetivo central del TPP (Tratado Trans Pacífico). Es la joya de la construcción geopolítica para las décadas venideras.

Objetivos de la nueva cumbre

Ahora, casi sin respiro, el Presidente presuntamente en retirada, recibe en California -simbólico: en el mismo lugar donde hace dos años se reunió con el Presidente de China- a los líderes de ASEAN (sigla inglesa por la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) una organización regional fundada en 1967, compuesta por 10 países miembros: Malasia, Indonesia, Brunei, Vietnam, Camboya, Laos, Myanmar, y Singapur (Papua Nueva Guinea y Timor Oriental son estados observadores). Una zona habitada por 600 millones de personas con un PIB conjunto de 5.700 billones de dólares (como se advierte, hay algunos socios que también están en el Tratado Transpacífico).
Comercio y las pretensiones de China sobre el mar circundante, serán tema central de las deliberaciones. La clave está en cuál será el actual y el futuro papel de esta región en la política externa de Estados Unidos.

El encuentro pone aún más de relieve la importancia que la actual gestión le ha dado -durante sus dos mandatos- a la zona del planeta que ha cobrado relevancia geopolítica insospechada pocas décadas atrás.

Es un nuevo enfoque, Estados Unidos ha sido el primer país no miembro en nombrar un embajador residente en el ASEAN, institucionalizar las reuniones anuales con el grupo, lo que implicó alejarse del tradicional enfoque estadounidense que privilegiaba el área del Noreste asiático.
El encuentro será el primero en suelo estadounidense. Pero además el temario estará lleno de sustancia. Temas críticos serán tratados al más alto nivel con los principales actores en el escenario. La idea de “alianza estratégica” a la que se quiere llegar para 2020, podrá tener un plan de acción concreto.

Para los países asiáticos es una discreta oportunidad de abordar desafíos globales como el cambio climático, la expansión de ISIS y el fundamentalismo islámico, además de reforzar la arquitectura diseñada para reforzar las contribuciones del área a la paz y al progreso comercial.

Para Washington la meta es clara: solamente cuatro países ASEAN están en el Tratado Transpacífico. Aquí está la oportunidad estadounidense de abordar, impulsar y participar de otras iniciativas más amplias que interesen a toda la región. Como en temas de infraestructura, innovación y emprendedurismo.

Cualquiera sea el sucesor de Barack Obama en la Casa Blanca, no podrá ignorar – desde ahora – la vital importancia que tiene la región para Estados Unidos.

Del mismo modo que la reunión que tuvo lugar en suelo estadounidense en 2014, con casi todos los líderes africanos, definió una prioridad de política exterior que habrá que continuar.

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