Los misterios de Cerdeña: ¿Quiénes fueron los nurágicos?

por Marcelo Dos Santos

En medio del Mediterráneo, justo al sur de Córcega, se encuentra una de las islas más grandes de Europa. Con una superficie de 23.800 km2, la isla italiana de Cerdeña (Sardegna en italiano, Sardinia en latín, Sardinnia en sardo), encierra bellezas naturales que quitan el aliento y una historia tan compleja, confusa y sobrecogedora que impulsa a detenerse en ella, aunque sea brevemente.


Cerdeña

Hacia el siglo XI a.C., los fenicios provenientes del Líbano y Palestina comenzaron a atracar en las costas sardas, que pronto se convirtieron en escala obligadas en sus largos viajes comerciales que los llevaban a lugares tan distantes como la costa británica o la misma Islandia.

Como veremos luego, no encontraron a Cerdeña deshabitada (ya en aquellas remotas épocas era difícil encontrar en el Mediterráneo una tierra despoblada), por lo que los audaces viajantes de comercio de la Antigüedad tuvieron que negociar con los capitanejos locales para que les permitieran establecer sus puertos allí. Los nombres de las ciudades sardas modernas (Cagliari, Nuoro, Torres) son deformaciones de los originales fenicios (Calaris, Nora, Tharros respectivamente) y, en muchos casos son directamente fenicios, sin deformación alguna (Sulcis, Bithia, Bosa, Olbia). Todas ellas se convirtieron muy pronto en importantes mercados para los fenicios, que traficaban todo tipo de productos con los indígenas.

Pero este estado de armonía solo duró medio milenio: en 509 a.C., los caciques indígenas consideraron que la expansión de los fenicios establecidos en la costa hacia tierra adentro amenazaba con penetrar en sus territorios. Tomando el toro por las astas, los habitantes atacaron los puertos y factorías fenicios.

Los expertos navegantes semitas no se iban a dejar avasallar así nomás: lo primero que hicieron fue llamar a Cartago pidiendo ayuda. Los cartagineses consiguieron derrotar a los sardos tras una larga serie de campañas que implicaron décadas de lucha, ocupando incluso la región montañosa del centro de la isla, a la que bautizaron Barbaria.

Los fenicios cartagineses gobernaron en relativa paz a Cerdeña durante casi tres siglos, con su floreciente civilización, su versátil lengua, su extraordinario sistema de escritura (que seguimos usando aún hoy) y su amor por las ciencias, las artes y el comercio. Todo esto terminó en 238 a.C., con la derrota de los cartagineses a manos de los romanos de Marco Régulo y Gayo Cátulo en la Primera Guerra Púnica (del latín phoenici, fenicios). Alli los cartagineses tuvieron que entregar Cerdeña a Roma, que la convirtió en la provincia de Sardinia.

Los indígenas que aún sobrevivían en la Barbaria no estaban felices con este nuevo cambio de dueño de su amada isla. El motivo es que lo primero que hicieron los gobernadores romanos fue intentar “pacificar” las montañas interiores. Y ya sabemos lo que significa el término pax romana. Así fue que, durante los siete largos siglos que duró la pertenencia de Cerdeña a la República primero y al Imperio más tarde, la civilización indígena fue completamente destruida. Sus sobrevivientes y descendientes adquirieron, como era de esperarse, la lengua, cultura y costumbres latinas, y hoy sólo pueden ser identificados mediante el análisis de ADNmit.

 

Llegamos de este modo a los inicios de la Edad Media, turbulentos, llenos de violencia y de complejidades históricas. Sardinia, por supuesto, no iba a ser la excepción.

En el año 456 d.C., en medio del hundimiento y caída del Imperio Romano, los vándalos africanos arrasaron toda la zona del Lazio. Retornando a sus hogares desde Roma, las tropas vándalas tropezaron con Cerdeña, y con alegría y empecinamiento decidieron que sería suya. Caralis (Cagliari) y otras ciudades costeras sardas cayeron en manos de los invasores sin exhalar ni un gemido. Esta situación duró setenta y ocho años.

En 534, Justiniano, Emperador Romano de Oriente, envió tropas al África para reprimir a los vándalos, a los que aniquiló, una vez más, sobre las ruinas de Cartago. De este modo, exterminados los vándalos, Cerdeña pasó a formar parte del Imperio Bizantino, que nombró un gobernador que residiría en Cagliari. Protegían la capital grandes tropas estacionadas en la actual Fordegianus (que, por cierto, se llamaba entonces Forum Traiani, Foro de Trajano), comandadas por un duque. Fue en este momento en que el Cristianismo conquistó la isla, salvo las todavía salvajes montañas del interior. Allí, a contrapelo de las intenciones bizantinas, un rey indígena llamado Ospitone fundó un pequeño reino no latino, de tradición ancestral, el cual, como es de imaginar, fue arrasado en forma inmediata.

No terminarían aquí los sobresaltos para la sufrida Cerdeña: a partir del año 640 los árabes se lanzaron a una campaña de conquista desatada. Comenzaron invadiendo el norte de África, en 711 se establecieron en casi toda España y Portugal y desde allí siguieron por Francia y todo lo que se les puso a tiro. No iban a respetar las islas mediterráneas, ¿verdad?

Recién en 827 pudieron hacerse firmes en Sicilia, y esto significó un gran problema para los sardos. Rodeados por un mar árabe en su totalidad, debieron confiar en sus propias fuerzas. El comandante de la guarnición sarda asumió la defensa en 710, cuando comenzaron las primeras incursiones, que devastaron, a lo largo de las décadas, todas las ciudades de la costa de Cerdeña. Los habitantes debieron abandonarlas una a una. Cuando consiguieron reconquistarlas, la unidad política se había perdido: los defensores de las ciudades de Cagliari, Torres, Arborea y Galura se convirtieron en jueces (giudici, reyes sardos, porque en su dialecto judikessignifica rey). De este modo, la fragmentación política siguió a la devastación de la guerra. Ello significó que más tarde, en el siglo XIII, una amarga guerra entre la coalición sardopisana y los genoveses llevó a la destrucción del giudicato de Cagliari. Este era progenovés, pero cayó ante las fuerzas enemigas y se convirtió en una colonia pisana.

Siguieron múltiples vericuetos en que, sucesivamente, varias ciudades sardas se hicieron independientes durante períodos bastante cortos, hasta que en 1323 el reyJaime de Aragón, aliado con uno de esos reinos sardos independientes, ocupó los territorios pisanos de Cagliari y Gallura, organizando el Reino de Córcega y Cerdeña. El mismo duró poco, porque pronto fue incluido en la Corona de Aragón. Así fue que se produjo el fenómeno de la iberización de las ciudades sardas: Alghero, por ejemplo, parece indistinguible – en muchos aspectos- de una ciudad aragonesa o catalana.

Al casarse Fernando de Aragón con Isabel la Católica, hecho fundacional de la moderna corona española unificada, Cerdeña pasó a ser parte de España, no tan sólo de Aragón. Luego de algunos siglos de relativa tranquilidad la isla pasó a manos austríacas como consecuencia de las Guerras de Sucesión. Sucedió en 1708, y en 1717 Felipe V la reconquistó para su trono.

La tanto tiempo postergada “reitalianización” de Cerdeña ocurrió en 1718, cuando el Tratado de Londres la otorgó a los Duques de Saboya, a la sazón príncipes piamonteses.

Finalmente, recién en 1861 el reino piamontés de Cerdeña se integró en forma definitiva al estado italiano unificado.

 

Italianos, piamonteses, españoles, catalanoaragoneses, sardos, genoveses, árabes, bizantinos, vándalos, romanos, cartagineses y fenicios… todos ellos dominaron Cerdeña en uno u otro período de la historia.

Sin embargo, si el lector vuelve su mirada al inicio de este artículo, verá que ni los más antiguos de estos conquistadores históricamente registrados fueron los primeros… “Indígenas”. Había indígenas. Antes incluso de los fenicios, Cerdeña estuvo habitada. Quien la recorra hoy, encontrará en la isla más de 8.000 sitios arqueológicos de una misteriosa cultura diferente de todas las demás, que se asentó en esta hermosa isla desde tiempo inmemorial. ¿Quiénes pudieron haber sido estos primeros pobladores?

 

En realidad, no sabemos cómo comenzó el poblamiento de Cerdeña. Lo que sí sabemos es que esta extraña tierra fue una de las primeras partes de Europa en ser poblada. En el año 1979, arqueólogos locales desenterraron restos paleolíticos tempranos (del Paleolítico Inferior, que comenzó hace 2 millones de años), que pueden remontarse a entre unos 500.000 y 150.000 años. Si la primera cifra es correcta, en aquel entonces el hombre como lo conocemos hoy aún no existía (hombre moderno y de Cro-magnon), por lo que esos artefactos sólo pueden deberse a especies humanas extintas como Homo antecessor, H. ergaster (nunca encontrado en Europa), H. habilis (descendiente del Australopitecus y, como tal, nunca hallado en Europa), H. neanderthalensis o su antepasado H. heidelbergensis, H. erectus o a alguna de las especies o subespecies relacionadas con ellos. Lamentablemente, no se han encontrado restos humanos asociados con los artefactos, por lo que, si bien podemos estar seguros de que el ser humano estuvo (en cualquiera de sus avatares) en esta isla desde la mismísima noche de los tiempos, no podemos afirmarde qué especie humana se trató.

Los restos encontrados consisten solamente en herramientas hechas con piedras en forma de tableta, casi todas de gran tamaño.

En el Paleolítico Tardío o Superior (40.000 – 10.000 años), también estuvo poblada Cerdeña, esta vez sí, ya incuestionablemente por hombres modernos o Cro-magnones (H. sapiens sp. sapiens), y los restos de su industria lítica son también muy conocidos.

Lo misterioso es que, teniendo restos arqueológicos tanto del Inferior como del Superior, faltan totalmente los testimonios humanos del Paleolítico Medio. Ello deja un enorme hueco en nuestro conocimiento de la prehistoria sarda, un agujero cronológico que abarca nada menos que 260.000 años (entre 300.000 y 40.000 años atrás). No es minucia, y cabe preguntarse por qué podemos encontrar restos de la actividad humana de medio millón de años pero no de cincuenta mil. ¿Se despobló Cerdeña durante ese período? Esta podría parecer la única hipótesis razonable, aunque es más probable que la suerte no esté acompañando a los arqueólogos en este aspecto, y que los restos aparezcan por allí en el futuro. La realidad es que nadie lo sabe.

Durante muchísimo tiempo se creyó que la vida silvestre fue muy escasa durante el Paleolítico sardo, pero los hallazgos de industria lítica humana contradicen esta visión. ¿De qué pudieron haber vivido los hombres si no había animales en la isla? ¿Exclusivamente de vegetales y peces? Esta hipótesis no parece poder sostenerse por sí misma, por lo que deberíamos aceptar la existencia de especies animales con cuyos restos no nos hemos topado todavía.

 

El Mesolítico sardo, período breve desde el punto de vista histórico, arqueológico y geológico, abarcó apenas cuatro o cinco mil años, desde entre 11.000 y 10.000 años atrás hasta hace 6.000 aproximadamente.

Durante estos tiempos de transición entre el Paleolítico y el Neolítico, el hombre de Cerdeña solamente experimentó nuevas técnicas industriales para el trabajo en piedra y perfeccionó las ya existentes.

No poseemos restos humanos mesolíticos, pero la Cueva de Corbeddu en Oliena alberga, en su nivel C, restos óseos de ciervos que han pasado por un proceso de combustión. Este descubrimiento prueba dos hechos fundamentales: la existencia de venados salvajes para la caza en el Mesolítico, y una población humana que se dedicaba a comerlos cocidos. En apoyo de esta hipótesis vienen numerosos hallazgos de armas de caza hechos en la misma caverna y en el mismo nivel, lo que demuestra que, o bien los hombres vivieron en ella o bien la visitaban consuetudinariamente.

 

Hace unos 8.000 años, ya en pleno Neolítico Inferior, los habitantes de la Cerdeña prehistórica habían desarrollado una avanzada técnica cerámica, que se evidencia en los numerosos restos arqueológicos de la denominada “alfarería cardial” (cardiale). El sistema se basa en realizar dibujos incisos en la arcilla aún blanda, que persisten en la pieza terminada. Los motivos son esencialmente geométricos: triángulos, líneas en zigzag y bandas verticales y horizontales.


Ejemplo de decoración geométrica

El nombre de la técnica proviene de que muchas de estas cerámicas están también decoradas mediante la impresión de la concha del berberecho (llamado cardium).

La primera fase del Neolítico Inferior se conoce como Su Carroppu, una caverna o pequeño refugio ubicado bajo el promontorio rocoso de ese nombre, cercano a la ciudad de Sirri. Su Carroppu ha arrojado una extraordinaria cantidad de hallazgos de este período. Su variedad y abundancia nos brinda una visión más amplia acerca de la vida del hombre de Cerdeña durante los comienzos del paleolítico inferior, por ejemplo sobre su alimentación: además de los ya clásicos restos de ciervo asado, gracias a esta pequeña caverna sabemos que los sardos neolíticos comían también jabalí y Prolagus sardus, un gigantesco ratón sin cola parecido a una gran chinchilla. Llamado “pica sarda”, P. sardus se extinguió definitivamente en el siglo XVIII, luego de haber contribuido a la alimentación de la población de Cerdeña durante muchos milenios.


Osamenta de Prolagus sardus

Una representación del animal vivo

En forma similar al lobo marsupial de Tasmania, algunos informes esporádicos manifiestan haber avistado ejemplares de este roedor ya avanzado el siglo XX, pero ninguno de ellos ha podido ser confirmado. De ser ciertos, tal vez podríamos recuperar a este animal – que sólo vivía en Cerdeña y la cercana Córcega-, verdadero pedazo viviente de la prehistoria mediterránea.

Pero Su Carroppu no sólo nos enseña sobre lo que comía el hombre prehistórico de la isla. En la cueva se encontraron dos sepulturas, que demuestran un grado de cultura humana suficiente como para haber desarrollado rituales funerarios. Esto se comprueba porque ambas personas fueron enterradas con ornamentos o posesiones, por ejemplo bellos collares de conchas finamente pulidas y perforadas con hermosa técnica.


Collares y cuentas encontrados en una tumba

El segundo período del Neolítico Inferior se conoce como Cultura de Filestru-Gruta Verde, y corresponde al milenio V a.C. La cultura en cuestión se diferencia claramente de las anteriores y posteriores por el inexplicable hecho de que en ella han desaparecido las hermosas decoraciones de la cerámica. Con todo y ser elegantes, los vasos y ánforas de la Gruta Verde son totalmente lisas. Al parecer, Gruta Verde se desarrolló sólo en la parte norte de la isla, y sus evidencias son muy escasas – si no totalmente inexistentes- en la mitad sur.


El otro aspecto importante de la Cultura de Gruta Verde es la aparición de un impresionante trabajo industrial en obsidiana; esta especie de cristal volcánico produce hermosas piezas cuando se la trabaja con pericia.

Un hecho fundamental es que se han encontrado obsidianas sardas en todo el Mediterráneo: esto puede significar que las culturas neolíticas de la isla desarrollaron una enorme actividad comercial en las costas que los rodeaban por todas partes.

Por otro lado, en las cuevas de la Cultura de Gruta Verde se han encontrado restos de otros alimentos neolíticos, especialmente pasas de uva. Estas, de muy reciente hallazgo, conservaban perfectamente su ADN a pesar de los 7.000 años transcurridos. Se ha estudiado el material genético de estas uvas, que ha demostrado ser el más antiguo y primitivo de todo el Mediterráneo, anterior a la edificación de las pirámides egipcias y los Jardines Colgantes de Babilonia. Es de destacar que el vino más típico de Cerdeña, el cannonau, se sigue elaborando actualmente con este tipo de uva – con el mismo ADN-, por lo que es lícito considerarlo el vino más antiguo de Europa.

 

La agricultura y la ganadería aparecieron en Cerdeña en el estadio siguiente, esto es, el Neolítico Medio, entre 3.800 y 3.200 a.C. En este período los sardos aprendieron a cultivar el trigo y a criar la cabra, liberándose de este modo de la pesada carga de tener que cazar para alimentarse.

Los miembros de la Cultura de Bonuighinu (que así se llama por la cueva del mismo nombre, cerca de Sassari, donde se exhumaron las primeras evidencias) vivían aún en cavernas, pero también sabían construir cabañas y agruparlas en aldeas.

Enterraban a sus muertos en cavernas artificiales – que son muy abundantes en la isla- conocidas como domus de janas (“casas de las hadas” ).

Las cerámicas de Bonuighinu son muy especiales: delicadas y elegantes, de formas puras y paredes finas, a veces presentan hermosas decoraciones.

En apariencia, estas gentes adoraron a una especie de figura o deidad femenina, posiblemente relacionada con la fertilidad (grandes pechos, caderas y vientres), cuyas representaciones en hueso, arcilla o piedra se encuentran esparcidas por toda la isla.


“Venus” sarda

La fase siguiente del Neolítico Medio se conoce como Cultura de San Ciriaco (3.400-3.200 a.C.), que avanzó en la técnica cerámica para producir piezas estéticamente perfectas.

 

Poco después de San Ciriaco, el hombre de Cerdeña descubrió la metalurgia: este período se conoce como Calcolítico.

(“piedra y cobre” en griego) o Eneolítico, y es lo que llamamos “Edad del Cobre”, porque de este metal se hicieron las primeras herramientas. Contemporáneo a la fundación de las primeras ciudades y posiblemente de la aparición de las lenguas protoindoeuropeas, el Eneolítico Primitivo o Inferior implica a tres culturas en Cerdeña, evidentes a partir de 2.850 a.C: la de Sub-Ozieri, la de Abealzu y la de Filigosa.

La primera de ella elaboraba cerámica pintada con avanzada técnica, mientras que la tercera hacía collares, flechas con punta de obsidiana y bellos artefactos de cobre o plata.

La Cultura de Abealzu no nos ha dejado muchos testimonios, aunque impresionan sus sitios funerarios, decorados con estatuillas femeninas que presentan los brazos cruzados.

El Eneolítico dejó en Cerdeña varias pruebas de la originalidad y avanzado grado cultural de los pueblos que lo habitaron: sorprendentes trípodes de cerámica y multitud de vasos y ánforas, con decoraciones incisas y pintados en blanco y ocre. Los trípodes, tan comunes en Cerdeña, eran totalmente desconocidos para las culturas italianas peninsulares del mismo período. Estos hombres perfeccionaron la manufactura de obsidianas y pedernales, y diseñaron y construyeron gran cantidad de armas avanzadas: arcos y flechas con aletas de plumas para darles dirección, cuchillos afilados y múltiples herramientas para trabajar. Estos artefactos tienen puntos de contacto con otros – contemporáneos- hallados en Asia Menor, lo que nos hace pensar que acaso estos habitantes fueron descendientes de emigrantes llegados del continente.

Construían ya casas sólidas, con cimientos de piedra, vigas de maderas duras y techumbres de paja y hojas, evidenciando también un avance singular en asuntos arquitectónicos.

Más avanzado el Eneolítico, los sardos aprendieron a construir bajo tierra: estas estructuras se denominan hipogeos y fueron comunes entre 2.400 y 2.100 a.C. Los constructores se conocen hoy como Cultura de Monte Claro.


Entrada a un hipogeo de Cerdeña

Hacia el fin del período, florecieron las culturas belicosas en toda Europa Occidental, y Cerdeña no fue la excepción. Estos grupos se caracterizaban por su cerámica en forma de campana, y se cree que venían de Turquía. Llegaron por el oeste hasta España, y posiblemente se hayan asentado en la isla y mezclado con sus pobladores.

Hacia el año 1.800 a.C., Cerdeña ingresó de lleno en la Edad del Bronce, tal vez el período más interesante de la prehistoria europea.

Los primeros metalúrgicos del bronce han sido llamados Cultura de Bonnannaro, porque la primera tumba de este período se descubrió en 1889 en la aldea de ese nombre, cerca de Sassari. Todos sus elementos son similares a los de las culturas precedentes, pero su cerámica es diferente y, por supuesto, comenzaban a trabajar el bronce.

Bastante rústica, la Cultura de Bonnannaro presenta muchos sitios funerario, con domus de janas y cerámicas de material oscuro, casi siempre provistas de asas.

 

Como hemos visto hasta ahora, las culturas sardas siempre se han caracterizado por la heterogeneidad y la falta de unidad. La mayoría han sido distintas entre sí, y uno de los aspectos más importantes para deducir parentescos y relaciones – el lingüístico- nos es completamente desconocido.

Varias teorías han sido propuestas para explicar el origen de la población de Cerdeña: ya hemos mencionado que algunas de las más recientes parecen haber provenido de la Meseta de Anatolia u otras partes del continente asiático. Respecto de las verdaderamente primigenias, se ha hecho notar que ciertas similitudes podrían indicar que los sardos primitivos llegaron a la isla desde España pasando por las Baleares y Córcega. Otros dicen que desde Francia por Córcega, y unos más – aunque con menores fundamentos- postulan que los sardos son descendientes de los italianos prehistóricos.

Sin embargo, ni en Francia, ni en Italia, ni en Mallorca, ni en España, ni en la misma y cercanísima Córcega, se dio una cultura similar a la que llegó después de las que hemos mencionado y que representa la cúspide de las civilizaciones sardas de la prehistoria. Se trata de una de las más misteriosas, avanzadas y desconocidas sociedades humanas de todos los tiempos, y sus logros sorprendentes nos obligan a observarla con más detenimiento: se la conoce como cultura nurágica.

 

El visitante que recorre Cerdeña se sorprende por la cantidad de sitios arqueológicos de la Edad del Bronce y la Edad del Hierro, y muy especialmente por las torres o fortificaciones que puntean toda la isla y a las que los sardos llaman nuraghi (singular: nuraghe).

El término nuraghe no es ni italiano ni pertenece al dialecto sardo… De hecho no es siquiera indoeuropeo, ni aún protoindoeuropeo. Es una palabrapreindoeuropea, cuyo origen se remonta a tiempos anteriores a la aparición de los primeros conquistadores del Valle del Indo en Europa.


Nuraghe de Orria

Los nuraghi son piezas de arquitectura megalítica absolutamente impresionantes, que comenzaron como en el resto de Europa pero en Cerdeña evolucionaron hasta convertirse en grandiosas obras militares. Las primeras y más primitivas de entre ellas se conocen como protonuraghi, y constan de una plataforma elevada de forma oval, rectangular o circular, donde sus constructores colocaban sus chozas. Cada nuraghe incluía una galería, una o más cámaras y, a veces, una escalera. Las partes interiores de las cámaras desarrollaron ménsulas más tarde, prefigurando su futura evolución a nuraghi verdaderos. Estos son los más representativos de Cerdeña, extraordinariamente numerosos.

La mayoría de estas estructuras eran simples y con una sola torre, aunque muchos recibían el agregado de un “patio de armas” amurallado o incluso una segunda torre.

Hacia 1.200 a.C., algunos se transformaron en recias y verdaderas fortalezas con muchas torres, bastiones interconectados, etc.

El sentido de estas fortificaciones era, según algunos, servir como torres de observación en los límites entre los territorios de diversas tribus rivales. La teoría parece lógica hasta que se compara la población de nuraghi con la superficie de la isla: Cerdeña completa, incluyendo las abruptas montañas del centro, mide sólo 23.800 km2. Si dividimos esta superficie entre los 8.000 nuraghi que existen, resulta que cada torre estaba encargada de vigilar un terreno de más o menos 3 kilómetros cuadrados. Es un territorio más bien exiguo como para requerir de una atalaya hecha de grandes piedras y de trabajosísima construcción. La función no parece justificar el costo humano y económico de repetir ocho mil veces esta agotadora labor. La lógica nos dice que con unas pocas patrullas de hombres armados se hubiesen podido proteger las fronteras igual, y gratis. Es por eso que muchos otros autores expresan, sencillamente, que la función de las ciclópeas torres esdesconocida.


Una teoría improbable: monstruosa torre de piedra para custodiar algunos metros de desierto

Aunque la mayoría de los nuraghi tenían aldeas vecinas, se han encontrado los restos de muchas aldeas nurágicas sin nuraghi. En ciertas comarcas como Dorgali, 67 de los 78 poblados no tenían nuraghe; 7 tenían nuraghi de una torre y 4 de más de una.

Toda aldea (tanto aquí como en cualquier parte) merece que se considere su actividad económica: otro de los grandes misterios nurágicos de Cerdeña consiste en quelos poblados nurágicos casi nunca ofrecen pruebas arqueológicas de economía efectiva.


Nuraghe de Serbissi

La mayoría de las piedras basales de los nuraghi pesan 7 toneladas o más. Hay cientos de ellas en cada nuraghe, y miles de nuraghi en la isla. Es obvio que el ejército de trabajadores necesario para construir semejante estructura debió ser alimentado, vestido y alojado. Todo ello necesita una economía fuerte y floreciente. No hay pruebas de ello. Un guía arqueológico de Cerdeña manifestó al autor de este artículo el mes pasado: “Fueron necesarios 100.000 obreros para construir nuestros 8.000 nuraghi. No hay pruebas de que la economía de Cerdeña haya sido capaz de sustentar jamás esa población”. A la pregunta de de dónde procedían los obreros, respondió. “Probablemente los nurágicos importaban mano de obra del África, del Asia Menor o de Francia. Esto tampoco puede demostrarse”.

Incluso la importación de albañiles y canteros tiene que haber requerido de una economía compleja y vigorosa. ¿Dónde están las pruebas de que en realidad existió?

En ninguna parte. Tenemos unas pocas uvas, algunos granos de cebada, una o dos almendras, y nada más. Que los nurágicos criaban algunas pocas cabezas de ganado, es cierto, pero no tenemos restos de barbacoa de cordero, sólo de animales de caza. Que no los hayamos descubierto no significa que no existan, pero,hasta donde sabemos, los nurágicos deben haber necesitado un improbable ejército de cazadores para alimentar a los constructores de nuraghi. Si no, ¿por qué encontramos sólo restos carbonizados de cervatillos y no de oveja o cabra?


Reconstrucción de un nuraghe de cuatro torres por el arqueólogo italiano Umberto Badas

Volviendo al tema de la economía, si bien los trabajos en lana, cobre y bronce son evidentes en algunas (menos de diez) aldeas nurágicas y la artesanía en obsidiana estaba ampliamente extendida, todos los expertos están de acuerdo en que es absurdamente excesivo suponer que estas pequeñas “changas” o trabajos puntuales y de poco volumen hayan sido capaces de generar riqueza suficiente como para sostener a esta sorprendente cultura constructora de fortificaciones megalíticas.

La pregunta sigue siendo, pues: ¿de qué vivían? Nadie lo sabe. Y otro misterio: ¿por qué Cerdeña está llena de nuraghi y no hay ninguno en la vecina Córcega?

 

Parece haber habido una fuerte religiosidad en la cultura nurágica. Esta se evidencia en las estatuillas antropomorfas que han sido atribuidas a dioses y diosas. Las estatuas femeninas (casi siempre de bronce, pero también en hueso o piedra) tienden a ser, como hemos dicho, representaciones genésicas o de la fertilidad, ya que la mayoría de ellas parecen embarazadas. Otras estatuillas son filiformes, estilizadas y sumamente delgadas.


En realidad, el rasgo más visible de la espiritualidad de los nurágicos posiblemente sea lo que se conoce como “fuentes sagradas”. Toda Cerdeña está llena de ellas, la mayor parte asociadas con aldeas. Casi todas las estatuillas antedichas fueron encontradas junto a estas fuentes, así como joyas y artículos importados. Se ha demostrado (gracias a ciertos historiadores griegos como Estrabón) que algunas de estas fuentes eran para los nurágicos lugares de culto y peregrinación. Indica además en su Geographia que los romanos pronto aprendieron que atacando las aldeas que tenían fuentes y destruyéndolas, minaban en gran medida la moral de las tropas indígenas.


“Fuente sagrada” de Vittoria-Serri

Como haya sido, nos quedan los nuraghi, catalogados hoy como el máximo y más extremo desarrollo de la arquitectura megalítica en el Mediterráneo durante su período.

Nos queda analizar, por último, las resonancias que la cultura nurágica dejó en las demás civilizaciones mediterráneas. Los sardos del período nurágico a menudo visitaban y traficaban con los griegos micénicos, y han dejado, según algunas teorías, una profunda huella en la historia egipcia. Los antiguos papiros mencionan una horrenda invasión de un así llamado grupo de “pueblos del mar”, a los que llaman Shardania. Puede que la similitud fonética con Cerdeña no sea casual.

Los griegos llamaban a los sardos Hykhnousa (del griego, “la isla” ) y de allí provino el latín Ichnus, otro nombre romano para Sardinia.

 

Allí quedan, entonces, como centinelas inmemoriales de un pueblo misteriosamente llegado y en forma igualmente misteriosa ido, los grandes e impresionantesnuraghi de Cerdeña, testigos del paso de milenios y cronistas silenciosos que no cuentan sus secretos. Muy pocos de ellos se han excavado científicamente, y es por ello que nos despedimos guardando la esperanza de que futuros investigadores devuelvan, al menos, un poco de voz a esas gentes extraordinarias que hoy se niegan a cantarnos.

http://axxon.com.ar/rev/158/c-158divulgacion.htm

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