¿Hubo robots en el pasado?

Numerosos indicios apuntan a la posibilidad de que se hubiera utilizado tecnología avanzada en el pasado. Desde maravillosas construcciones cuya creación se data en el neolítico al descubrimiento de diferentes ooparts, objetos cuya tecnología o mecanismos no se corresponden al conocimiento o desarrollo de la época en la que se circunscriben o las fantásticas descripciones en numerosos textos antiguos de sorprendentes objetos e incluso armamento cuya tecnología pareciera ser superior a la de que disponemos hoy en día.

En algunos de estos textos aparecen misteriosos y gráciles objetos voladores, pertenecientes a esos dioses de sobrehumano poder, pero también se detalla la existencia de ciudades voladoras, armas con las que se crea inmensa destrucción y diversos objetos capaces de tales maravillas. Es posible que antiguamente se atribuyera la razón de tales capacidades a la naturaleza mágica de los dioses y por ende de los mismos objetos, pero que volviendo a mirar hacia atrás con los conocimientos y desarrollo de la actualidad se identificaran más acertadamente como la consecuencia y representación de una avanzada tecnología en lugar de como la manifestación de ciertas facultades mágicas.

Repasando la historia, las leyendas y los textos de la historia antigua, se podría llegar a pensar que no fue la propia humanidad la primera en hacer uso de ciertas tecnologías, como la robótica, sobre el planeta. ¿Y si hubiera habido robots en la antigüedad? Un sugerente ejemplo de la anterior enunciación puede encontrarse en un mito griego referido a la isla de Creta según el cual, la ciudad allí emplazada, por aquel entonces desprovista de muralla, estuvo protegida por un gigante de bronce llamado Talos que era capaz de lanzar fuego y patrullaba la isla protegiéndola de la entrada de intrusos y posibles ataques.

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Un gigante hecho de metal aparece en un mito griego sobre la isla de Creta.

Con un guardián de estas características tal vez los habitantes de la Creta minoica no hubieran tenido la necesidad de construir murallas para protegerse como el resto de la beligerante humanidad acostumbraba a hacer en esas épocas.

Este coloso metálico fue una creación del propio Zeus y regalo para Europa a la que había raptado para seducirla, destinado a protegerla a ella y a sus hijos. Según otras versiones el origen de Talos se hallaría en el dios de la forja griego Hefesto que sería, en este caso, el responsable directo de su creación aunque siguiendo órdenes de Zeus para ser cedido al rey Minos. En cualquiera de las dos versiones, sin embargo, se hace claro que Talos no era un ser humano sino un autómata creado por los propios dioses.

Atendiendo a las descripciones, este reluciente gigante era de bronce y de su cuello partía una única vena o conducto que llegaba hasta uno de sus tobillos. Según se relata, por dicho estrecho conducto circulaba su ‘’sangre’’ o líquido encargado de sus soporte vital y un clavo (o especie de mecanismo) se emplazaba en el final del conducto para impedir que el líquido se vertiera y Talos se ‘’desangrase’’.

El guardián del pueblo minoico patrullaba incansablemente la isla que rodeaba tres veces al día pero debido al tamaño de la isla, rodearla a pie no menos que tres veces al día supondría un esfuerzo sobrehumano, si bien no parecía representar esfuerzo tal para un gigante que en cuyas representaciones en el arte plástico suele aparecer, curiosamente, con alas. En la imagen de Talos grabada en varias monedas encontradas en la Creta aparece como un joven desnudo con alas, aunque en algunas pinturas se le representa sin ellas.

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En algunas representaciones Talos aparece con alas.

‘’Él era de la existencia del bronce (…) el último que quedaba de entre los hijos de los dioses y el hijo que Cronos le dio a Europa para ser el guardián de Creta y para caminar con largos pasos alrededor de la isla tres veces al día con sus pies de bronce. Ahora, en todo el resto de su cuerpo y entrañas estaba revestido de bronce y era invulnerable; pero bajo el tendón de su tobillo se emplazaba una vena rojo sangre y ésta, con sus asuntos de vida y muerte, estaba recubierta de fina piel’’.

Argonáutica IV (1638-1653)

Pero guardar la isla de posibles invasores no era su única labor, se narra asimismo que también se le había encomendado el velar por el cumplimiento de las leyes divinas entre los hombres por lo que tres veces al año se desplazaba por todas las poblaciones del lugar portando unas placas metálicas inscritas con tales leyes.

Talos poseía varias y asombrosas facultades, como la impenetrabilidad de su broncíneo cuerpo al que no podían herir ni flechas ni espadas o la capacidad de calentarse hasta ponerse al rojo vivo y calcinar a sus víctimas en este estado. Se dice de esta criatura tan parecida a un robot que disuadía a los barcos enemigos que se atrevían a acercarse a Creta lanzándoles enormes rocas desde tierra y así procedió cuando Jasón y sus argonautas quisieron internarse a desembarcar su famosa nave Argo en la bahía. El fuerte Talos se lo impidió lanzando grandes rocas hacia donde pretendían atracar.

Finalmente, y según relata Apolonio de Rodas en las Argonaúticas, el final le llegó al broncíneo Talos de la mano de la bruja Medea porque el autómata tenía un punto débil que los dioses conocían. El tornillo dorado de su tobillo, que impedía que se vertiera el líquido incoloro que actuaba como soporte vital de la máquina.

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Talos aparece como uno de los enemigos al que deben enfretarse Jasón y sus argonautas.

Medea, una vez que el Argo estuvo a una distancia prudencial de Creta, lanzó varios hechizos contra Talos invocando a diversos espíritus. Uno de ellos, lanzado a los ojos del robot le hizo ver seres imaginarios que en realidad no estaban ahí y, enloquecido, golpeó su punto débil de forma que toda la sangre brotó del talón.

‘’Aunque estada hecho de hierro, sucumbió a la magia (…), cuando se golpeó el tobillo contra una piedra afilada y una savia como plomo fundido surgió de él. No podía mantenerse en pie y cayó, como cae un pino desde la cima de una montaña’’.

Argonática IV (1673-1693)

Antiguos mitos que dibujan a un ser creado por los propios dioses, hecho de metal, que posee increíbles características como la de la visión y localización a largas distancias, enorme fuerza y precisión que se reflejan en el momento de lanzar grandes rocas a los barcos, la capacidad de calentarse al rojo vivo y hacer estallar a las naves en llamas y un punto débil, tal vez pensado por los ingenieros creadores para poder controlar a Talos si se diera la necesidad.

Cuando actualmente se crean historias de ciencia-ficción, éstas se enfocan hacia el futuro, hacia el momento en el que el desarrollo tecnológico de la sociedad haga posibles los portentos que en estos relatos se describen y cualquier referencia puede tener relación con narraciones anteriormente creadas. Los antiguos griegos, al contrario, miraban hacia atrás en el tiempo para narrar sus mitos y resulta muy interesante que no pudieran haber tomado la referencia o reminiscencia de la figura de un robot o un ente autómata para poder describirlo en sus mitos, y sin embargo han resultado ser los creadores de algunos de los mejores relatos de ‘’ciencia-ficción’’ que la humanidad posee.

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¿De dónde pudieron haber sacado los griegos una descripción tan parecida a la de un robot? Foto: Shadow of the Colossus, SCE

Tal vez no estuvieran imaginando de la nada sino refiriendo lo que presenciaron, o quizás los poetas griegos engalanaron las historias que los dioses ya traían con ellos cuando llegaron y que transmitieron a los antiguos hombres.

Por supuesto, cualquier historia que pasa de boca en boca se ve modificada y ensalzada en su recorrido pero siempre comienza por una referencia real. Por lo menos los griegos estaban convencidos de que sus mitos eran reales y se correspondían con acontecimientos que habían tenido lugar mucho tiempo atrás.

Si os ha gustado este artículo os recomendamos ver estos videoprogramas en donde también estudiamos seres con robóticas formas. Esperamos que sean de su agrado:

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