D, la vitamina del sol que absurdamente se nos escapa en España

Foto: PJL / Wikimedia Commons
Foto: PJL / Wikimedia Commons 

La vitamina D, es conocida como ‘la antirraquítica’ y también como ‘la del sol’. La razón de su primer apodo es que  su presencia es fundamental para evitar el raquitismo en niños, sobre todo en los recién nacidos. Su segundo mote se debe a que el 90% de esta vitamina la generamos los humanos a través de un proceso tan simple como es tomar el sol. El otro 10% procede, generalmente, de una adecuada alimentación con productos que la contengan.

El proceso de creación de la vitamina D puede explicarse de manera rápida y sencilla a partir de una molécula de colesterol (sí, de grasa) circulando justo por debajo de nuestra dermis y que al interactuar con la luz solar se altera formando una nueva molécula, conocida como colecalciferol o vitamina D3.

¿Para qué sirve la dichosa vitamina D?

La vitamina D es fundamental para permitir la absorción intestinal de calcio y fósforo en sus formas solubles. Estos dos compuestos son esenciales en especial para los niños pequeños y las personas mayores. Los primeros porque están creciendo y su estructura ósea reclama continuamente más calcio, y en menor medida fósforo, para aumentar su tamaño.

En consecuencia, si no hay vitamina D en la sangre, no habrá una buena absorción intestinal del calcio y los huesos no podrán aumentar; el resultado es un crecimiento menor y retardado en adolescentes y un raquitismo en lactantes y niños de pocos años. En el lado opuesto, a partir de los cincuenta años la estructura ósea de los humanos aumenta el riesgo de perder volumen, tendiendo a producirse episodios de osteoporosis por descalcificación.

Este problema se da especialmente en mujeres que han entrado en la menopausia, pero también puede presentarse en hombres mayores y embarazadas. La osteoporosis dispara el riesgo de roturas óseas, que a mayores edades pueden ser fatales. De nuevo unos buenos niveles de vitamina D en sangre ayudan a evitarla al mejorar la absorción intestinal.

Foto: ConsumoClaro
Foto: ConsumoClaro

En otro orden de cosas, se cree que la vitamina D interviene en el mejor del estado de ánimo, en la prevención de diversos tipos de cáncer y en la prevención de enfermedades autoinmunes, aunque todavía no se posee un nivel de estudios concluyente. Sí se sabe en cambio que el colecalciferol es fundamental para el buen funcionamiento del sistema inmunitario humano. Queda claro que se trata de una vitamina muy importante.

Pero, ¿qué problema hay con ella?

Según la nutricionista Mònica Moll, en España hay un problema serio con los niveles de vitamina D: “en la mayoría de la población son paradójicamente bajos cuando, por las horas de sol que tenemos en la mayor parte del país, deberían ser normales o altos”. Se consideran niveles normales los que exceden los 30 nanogramos por mililitro de sangre. Los expertos consideran que por debajo de 20 nanogramos por mililitro, se dispara el riesgo de problemas por la deficiencia.

Si la vitamina D se genera tomando el sol y España, salvo en algunas zonas del norte, es el país con mayor insolación de Europa, solo se puede concluir que los españoles no tomamos suficiente el sol. Así parece ser: los datos recopilados por la Sociedad Española de Bioquímica Clínica y Patología Molecular en su análisis de 2013 ‘ Vitamina D: Una perspectiva actual’, indicaban que “los niveles insuficientes de vitamina D son más habituales en invierno y en pacientes hospitalizados, niños, embarazadas y los adultos mayores”.

Es decir, los grupos que más necesitan la vitamina son precisamente los que más se protegen del sol: bebés, ancianos y mujeres embarazadas esconden su piel de los rayos bajo la creencia de que el sol es malo. Untamos a los niños con cremas protectoras, los tapamos con sombrillas; nos cubrimos nosotros mismos con sombreros, nos tapamos con bufandas y, en general, ofrecemos poco el rostro y el cuerpo astro rey. Tenemos obsesión con los melanoma y confundimos protección con ocultación.

‘Light’ no siempre equivale a bueno

La OMS, en cambio, recomienda una exposición solar corporal en los países del hemisferio norte de 10 a 15 minutos diarios tres veces por semana, con el objetivo de generar vitamina D. ¿Alguno de nosotros lo hacemos? (Por supuesto, también recomienda limitar las exposiciones excesivas, sobre todo en verano y cuando el sol está más alto, o en bebés de muy corta edad, etc.) Ahora bien, el problema no está solo en el sol; un 10% de la vitamina D que necesitamos nos llega de los alimentos. O nos llegaba.

“Se habla mucho de lo peligroso que es el colesterol, pero se hace equivocadamente y sin propiedad, ya que este compuesto es fundamental para el metabolismo celular y como precursor de la vitamina D3”, opina Mònica Moll, que cree que debería hablarse, con propiedad, “tanto de lo peligroso que es su exceso como su carencia”, una situación que cada vez más hallan los nutricionistas al tratar determinados pacientes.

Foto: ConsumoClaro
Foto: ConsumoClaro

“La moda de lo ‘light’ está propiciando dietas pobres en grasas animales, que no son necesariamente malas”, explica esta nutricionista, que aboga de nuevo con no confundir la prevención de excesos con la erradicación total de los componentes de la dieta. Moll añade que la grasa de la leche, la mantequilla, los quesos grasos o la yema del huevo, “que mucha gente extrae para no engordar”, son un aporte importante de vitamina D, al igual que los pescados grasos como el salmón o la sardina.

La mala flora no ayuda

Si ni tomamos el sol ni nos atrevemos con la leche entera, la mantequilla, los embutidos y, por supuesto, cada vez comemos menos pescado, se antoja lógico que los españoles seamos deficitarios en vitamina D. Ahora bien, el problema podría ser más complejo. Según el doctor Sergio Abanades, miembro delInternational College of Human Nutrition and Functional Medicine, “no es tan fácil corregir en según qué personas los deficientes niveles de vitamina D en sangre, simplemente con sol y alimentos correctos”.

El motivo, según Abanades, es que la flora intestinal de muchas personas está muy mermada por un historial prolongado de alimentación inadecuada o abuso de fármacos, con lo que se produce una inercia intestinal ante del cambio de hábitos: “Una flora empobrecida es incapaz, entre otras, cosas de controlar los excesos de un sistema inmunitario que consume grandes cantidades de vitamina D”.

Como consecuencia, los buenos hábitos se hacen insuficientes para elevar el nivel de vitamina D en sangre y el déficit corre el peligro en algunas personas de convertirse en crónico. Abanades recomienda suplementación con complejos de vitamina D3 si la persona deficitaria está en uno de los grupos de riesgo: bebés, personas que superan la cincuentena o embarazadas. Ahora bien, matiza que los suplementos siempre deben tomarse bajo supervisión médica, ya que un exceso de vitamina D podría tener efectos adversos.

D, la vitamina del sol que absurdamente se nos escapa en España

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *