LA HISTORIA DE LA VERA CRUZ

Según tradiciones judaicas, al morir Adán fue enterrado en el Monte Calvario (en donde luego crucificarían y enterrarían a Cristo), llamado Gólgota por los hebreos. Sin embargo, antes de expirar, Adán mandó a su tercer hijo, Set, al Paraíso. Le envió con la petición de recoger el aceite de la misericordia que Dios le había prometido cuando le expulsó del Paraíso.

 

 

 

 

Set siguió el camino marcado por sus padres en donde no había vuelto a crecer la hierba y llegó a las Puertas del Paraíso. Se entrevistó allí con su ángel guardián que le negó el aceite pero le dio tres semillas del Arbol del Bien y del Mal (el de las famosas manzanas).

Al regresar encontró a su padre a punto de morir, y cuando le enterraron depositó las tres semillas bajo su lengua.

Noé recogió este sepulcro para salvarlo del diluvio y ordenó a su hijo llevarlo a un alto monte. Fue allí cuando germinaron las tres semillas en un solo árbol que era un ciprés, una palmera y un cedro.

Muchísimos años después Moisés fabricó su famosa cayado con una de sus ramas, y Salomón cortó el árbol para hacer las columnas de su famoso templo. Sin embargo, la madera no fue adecuada para la construcción y fue convertida en maderos que sirvieron como puente para la entrada triunfal de la reina de Saba

 

 

 

 

Tras ello fueron abandonados en una zona en donde surgieron manantiales que muy pronto tuvieron fama de curativos. Se hicieron en ellos las piscinas probáticas,  a donde acudían ciegos, tullidos… en busca de un milagro que les librara de sus males, tradición que aún continuaba en tiempo de Jesús.

Esas mismas tablas fueron utilizadas para construir la cruz de Cristo, uniendo así Adán con Él para indicar simbólicamente que el Pecado original de Adán es borrado por el sacrificio de Cristo que, tras su muerte, abra las puertas del Limbo y lleva a los patriarcas del Antiguo Testamento al Cielo

 

 

 

Este el mensaje oculto del famoso Descendimiento de Van der Weyden, con una calavera (la de Adán) en la que termina la espectacular diagonal que une las manos de Cristo y la Virgen

 

 

 

Pero la historia no acaba aquí, sino continúa 300 años después, cuando Constantino tiene un sueño antes de la batalla del Ponte Silvio sobre Majencio. En él un ángel le muestra la cruz mientras le dice: Con este símbolo vencerás.

 

 

Constantino hace pintar el signo de la cruz en los escudos de sus soldados y, tras la victoria, se convierte al cristianismo, primero él y pocos años más tarde a todo el imperio, convirtiéndolo en religión oficial de Roma (Edicto de Milán, 330).

 

 

 

Tras ello, su madre, Santa Helena, se traslada a Jerusalén en busca de la Cruz de Cristo y fatiga esas tierras calcinadas repartiendo oro a raudales en busca de una pista que le conduzca a ella. Ésta se la dio un tal Judas (siempre el mismo nombre para el traidor, pues era judío).

 

 

 

Sin embargo, cuando comenzaron a excavar en el sitio adecuado encontraron tres cruces (la de Cristo y la de los dos ladrones). Santa Helena, que ante nada se arredraba, enseguida concibió un plan para saber cual de las tres era la divina, colocando sobre ellas a leprosos que, lógicamente, curaron en contacto con la cruz de Cristo

 

 

 

Santa Helena mandaría realizar la Iglesia del Santo Sepulcro y dejará un gran trozo de cruz en la misma. El resto se mandará a Roma y se hirá haciendo astillas. Son los llamados lignum crucis. En España se exhiben varios aunque el de tamaño mayor se encuentra en San Toribio de Liébana (Cantabria)

 

La conocida importancia que tuvo la Edad Media por las reliquias hizo que se generara un comercio (y falsificación) de las mismas. El lignum crucis será una de las que más sufrió este proceso y, en la actualidad, si juntáramos todos los trozos de la cruz de Cristo crearíamos un bosque entero con el que sería posible construir tres grandes navíos de madera.

Por otra parte, y como recuerdo de toda esta historia, numerosas localidades celebran las fiestas de las cruces, que engalanan en patios y esquinas con flores y todo tipo de adornos

http://sdelbiombo.blogia.com/

2 comentarios en “LA HISTORIA DE LA VERA CRUZ

  1. …Y en Jerusalem se siguen vendiendo cruces con una astilla de la cruz de cristo en su interior, que si las juntaramos esas astillas vendidas en un mes, tendriamos suficiente madera para que un buque de vapor cruce el atlantico.
    Me pregunto…¿que grado de poco razonamiento tiene alguien, para creér en tanta patraña?

  2. Nunca me canso de sorprender por la amplitud de la imaginación del ser humano en crear historias fantasiosas y que penosamente se mantienen por muchos como algo real aun en estos tiempos.
    La capacidad de imaginar debiera ser “conectiva” ( efecto) y no “descriptiva” (causa) ya que se crea un fruto erróneo.
    Es solo una reflexión.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *