La Influencia de la Globalización en la Educación

La globalización fue primero un fenómeno económico caracterizado por el desarrollo de las interdependencias entre las regiones del mundo y por la aceleración de la circulación de las informaciones y de las personas. Los sistemas educativos, que durante mucho tiempo estuvieron concentrados en las cuestiones prioritarias a nivel nacional, están actualmente influidos por la globalización. Este apartado tiene por objetivo analizar las consecuencias de la globalización en la educación.

La influencia de la globalización en la educación

Según Berthelot (2006) la mundialización es hija de la ideología neoliberal, que postula que todas las sociedades deberían estar regidas por las leyes del comercio y ser escrutadas únicamente a través del prisma de la economía. El problema de este enfoque es que sitúa la liberalización del comercio internacional por encima de cualquier otro objetivo político. Según el postulado neo-liberal, el libre mercado -gracias a la competencia, que trae consigo la posibilidad de elegir una escuela, la descentralización y la obligación de resultados- es la solución al deterioro de la escuela pública.

“Globalización” es un neologismo proveniente del inglés “globalization”, que no es más que el último avatar de un proceso de mundialización casi tan antiguo como la humanidad. Los términos “globalización” y “mundialización” se usan la mayoría de las veces, en el mundo francófono, de manera intercambiable. No obstante, como lo demostró Braudel (1979), la economía global actual no es equivalente a la economía mundial que existe como mínimo desde el siglo XVI.

Cuatro variables permiten diferenciar las distintas fases de la globalización: la extensión, la duración, el control y la centralidad. La globalización corresponde a los importantes cambios estructurales que ha conocido el mundo, principalmente durante la segunda mitad del siglo XX, y se caracteriza por la preponderancia de la economía de mercado acompañada por políticas de liberalización de los intercambios de bienes o de servicios y por el desarrollo de las migraciones internacionales. Este proceso se produce en un contexto en que la escala del tiempo y del espacio parece reducirse, especialmente gracias a los avances de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación; se habla a veces de la “aceleración de la historia” para caracterizar la rápida evolución de la sociedad actual. La globalización sugiere, pues, la universalización de los retos nacionales y el advenimiento de un mundo de interdependencias.

La globalización es un concepto amplio con varias dimensiones que puede resumirse de la manera siguiente:

  • Globalización económica: actividades estratégicas a escala planetaria en tiempo real;
  • Intercambio y/o comunicación de la información conforme se va produciendo;
  • Acción a distancia;
  • Compresión del espacio-tiempo:
  • Aceleración de las interdependencias (financieras, energéticas, climáticas, etcétera);
  • Mundo virtual (on-line, redes);
  • Reorganización de las relaciones globales y regionales de poder (emergencia de nuevos actores globales como China, la India o Brasil).

Sin embargo, como lo especifica Lange (2003), las investigaciones actuales indican que la globalización no deja de ser polisémica y que “las distintas definiciones que se han dado de ella no parecen ni establecidas, ni consensuales” (p. 1). Por lo tanto es necesario analizar cómo se traduce la globalización en contextos nacionales particulares; con qué se queda, y de qué manera, cada país.

Desde 1950, en contra de lo que preveía Illich (1970), constatamos una expansión mundial de la escolarización. Según Schriewer (2004), esta propagación del modelo mundialmente aceptado de educación escolar está en el origen de dos tendencias mayores:

• La formación de una ideología del desarrollo y de la educación con un alcance mundial;

• El desarrollo de un sistema internacional de comunicación y de publicación en el ámbito de las ciencias sociales y pedagógicas.

Esta adopción de modelos educativos internacionales (occidentales) conduce a similitudes que superan las fronteras. Así, el currículo se piensa cada vez más como una estandarización, y se declina en competencias disciplinarias y transversales. Por otra parte, se desarrolla la movilidad de los estudiantes y de los docentes. El uso creciente de las lenguas extranjeras y de las TIC se ha convertido también en un carácter presente en el conjunto de los sistemas educativos.

Una de las preguntas más pertinentes que uno puede hacerse con respecto a las consecuencias de la globalización sobre la educación es la siguiente: ¿Debilita la globalización el poder del Estado? Por una parte, los Estados deben favorecer la competitividad económica global en detrimento de la cohesión social interna; al hacerlo, abandonan algunas de sus prerrogativas. Por otra parte, la globalización no priva al Estado de todo su poder, puesto que éste sigue ejerciendo una influencia sobre el espacio territorial en el que se desarrollan las actividades socio-económicas nacionales (Vinokur, 2003). Además, sigue disponiendo de un importante poder de regulación (estándares, normas, regulación).

Estudios recientes sobre los vínculos entre globalización y educación (Lange 2003; Lewandowki, 2005) insisten en la idea que el “nuevo orden educativo mundial” (Laval & Weber, 2002) debe ser relativizado frente a las dinámicas sociales a nivel local y a nivel nacional. No hay que pensar que los sistemas educativos se están volviendo monolíticos: cada contexto tiene sus especificidades en materia de educación, más allá de la presión creciente de las tendencias globalizantes.

Las consecuencias positivas y negativas de la globalización en materia de políticas educativas

Cheng (2002) estudió las consecuencias posibles de la globalización en relación a las políticas de educación. Analizó tanto los efectos positivos como los efectos negativos.

Veamos en primer lugar algunas consecuencias positivas señaladas por el autor:

  • Circulación mundial de los conocimientos y de las competencias necesarias para que se produzcan múltiples evoluciones a distintos niveles;
  • Apoyo mutuo y sinergia, que posibilitan las distintas evoluciones de los países, las colectividades o los individuos;
  • Creación de valores añadidos y mejora de la eficacia gracias a la circulación mundial y al apoyo mutuo en favor de las necesidades locales y del crecimiento;
  • Promoción de la comprensión internacional, la colaboración, la armonía y la aceptación de la diversidad cultural entre países y regiones;
  • Fomento de las comunicaciones (interacciones multivías) y de las contribuciones multiculturales a distintos niveles entre los países.

Paralelamente a estos aspectos positivos (oportunidades), Cheng señala consecuencias negativas (amenazas):

  • Aumento de la distancia tecnológica y de la brecha digital entre países avanzados y países menos desarrollados que dificulta la igualdad de oportunidades para una repartición mundial equitativa;
  • Creación de más oportunidades legítimas para que un pequeño número de países avanzados domine económica y políticamente a otros países a nivel mundial;
  • Explotación de los recursos locales y destrucción de las culturas indígenas de los países menos avanzados en beneficio de algunos países avanzados;
  • Aumento de las desigualdades y de los conflictos entre las regiones y las culturas;
  • Promoción de las culturas y de los valores dominantes de algunos países avanzados, y aceleración del trasplante cultural de las zonas avanzadas hacia regiones menos desarrolladas. 

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