Entre la Biblia, la Sociedad del Espectáculo y la Sociedad Relativa ¿Dónde se encuentra el evangelio?

La manera en como concebimos la vida, la espiritualidad, el desarrollo, la felicidad no siempre ha sido igual. El cristianismo como religión monoteísta de gran popularidad a nivel universal ha sido profundamente afectado por los paradigmas cognitivos occidentales, sufriendo serias diferencias entre la Verdad que predicó Cristo y la que predican sus creyentes, esta inquietud conllevó a cuestionar un poco las características de las actividades religiosas en la corriente evangélica, para ello se consideró necesario hacer una breve reconstrucción histórica de paradigmas que han guiado la noción bienestar en los últimos siglos, para luego exponer algunas prácticas religiosas y su relación con estos paradigmas.

Dios, La Verdad, El Hombre y La Nada

Según Hans Blumenberg hace mucho tiempo sentimos la necesidad de venerar algo que se hallaba más allá del mundo sensible, por ejemplo, nos comenta cómo a comienzos del siglo XVIII intentamos reemplazar a Dios por el amor a la verdad, tratando al mundo objeto de descripción de la ciencia como a una cuasidivinidad, y hacia finales del siglo XVIII intentamos sustituir el amor a la verdad por el amor a nosotros mismos, considerándonos una cuasidivinidad más. Para Rorty (1991,40) <<la línea de pensamiento común a Blumenberg, Nietzsche, Freud, Proust, Bloom y Davidson –como descripciones del tiempo moderno- sugiere que intentamos llegar a un punto en el que ya no veneramos nada, en el que nada tratamos ya como una cuasidivinidad, en el que tratamos todo –nuestro lenguaje, nuestra conciencia, nuestra comunidad- como producto del tiempo y del azar>>. (Beriain 2000,68)

De acuerdo a estos autores los objetos de adoración han sido a lo largo de la historia: 1) “Dios”, lo concebimos como un ente supremo al individuo, con el cual se mantiene una relación a través de rituales y prácticas sagradas; 2) “La Verdad” aquella construida por la ciencia a través del pensamiento científico, lo cual incidió también en la institucionalización de las creencias divinas; 3) “El Hombre”, en una sociedad individualizada  e insatisfecho por las propuestas anteriores, es el responsable de construir su destino con las herramientas que le brinda la sociedad; 4) “La nada”, en una sociedad que brinda muchísimas opciones, culturas y dioses e impone la mediatez en el accionar, se dificulta el establecimiento y preservación de una identidad con principios sólidos que no sean transformados negativamente por la avalancha de interpretaciones de la realidad; en este contexto “nada” es sagrado, porque todo es mercancía y sirve para suplir deseos con alta carga de egoísmo, estos objetos de adoración a su vez fueron los centros hacia los cuales se orientó la responsabilidad de producción de felicidad del ser humano.

Las religiones generaron las primeras interpretaciones del orden en el mundo y del propósito de la vida, sus metarelatos y prácticas permiten el establecimiento de la unión entre lo humano y lo divino, los conceptos y normas que operan en estas instituciones posibilitan al individuo principios bajo los cuales orientar sus acciones y la reflexión sobre las posibles consecuencias de las mismas.  En el Cristianismo, posterior a la muerte y resurrección de Cristo, sus apóstoles expandieron su doctrina de salvación, que con el pasar de los años se institucionaliza fuertemente a través de la Iglesia Católica, ésta se corrompe involucrándose con el poder político y económico lo que origina en el siglo XVI en Alemania la Reforma Protestante liderada por Martín Lutero, esto genera una serie de reacciones sociales en contra de Dios y de esta institución, en este contexto surge también el racionalismo y se da el salto a la llamada modernidad:

El mundo moderno es un invento social de hace apenas unos trescientos años. Un origen difícil de precisar pero que se ubica en algún punto donde confluyen industrialismo, pensamiento científico, mercado dominado por el capital y uso predominante del petróleo. El inicio de la ciencia puede fecharse de manera “oficial”, en 1662 y 1666, años en que se fundaron las primeras sociedades científicas en Inglaterra y Francia. (Toledo 2013,2)

Víctor Toledo plantea el origen impreciso de la era moderna, donde la razón humana, científica e industrial, empieza a determinar los estilos de vida de las sociedades; la modernidad llega con la ciencia y con ella el desarrollo tecnológico, la responsabilidad de ser felices recae en las construcciones que personas dedicadas al estudio y a la producción de bienes elaboren; no solo empiezan a transformarse las estructuras de producción y vivienda, ni los medios de transporte, sino las rutinas alimenticias, la relaciones con los seres humanos y divinos; la fe pasa a situarse en la ciencia, en la medicina, en el trabajo generador de dinero para poder acceder a los beneficios que brinda este nuevo orden. Con la modernidad no solo se construyen máquinas que permiten facilitar la vida del ser humano, sino también armas que inciden poderosamente en la destrucción del mismo; se han generado grandes cambios políticos, nuevas problemáticas de Estado, nuevas guerras, nuevos malestares.

Tiago Arrais plantea en el documental “La Postmodernidad y el Cristianismo” (2014), que la postmodernidad llega al final de siglo XX como una frustración ante consecuencias de la modernidad como la I y II Guerra Mundial, estos trágicos episodios no correspondían con el bienestar que se había prometido. Fernando Canale, en el mismo documental complementa lo siguiente:

El posmodernismo es la socialización del existencialismo, posiblemente esto no signifique nada pero en filosofía sí significa, porque después de la II Guerra Mundial que fue un desastre completo, nació en Europa  un cambio de mentalidad, que yo creo sinceramente fue la que generó 30, 40 años después el postmodernismo y ese fue el existencialismo individualista, que básicamente decía <<mi verdad es lo que yo decido>>, no hay ninguna pauta externa, ni la religión, ni la ciencia, ni la familia, ni las emociones, ni nada, <<yo decido que es la verdad>>, eso es ser subjetivismo externo o el existencialismo, y eso es lo mismo que sucede ahora a nivel cultural, cada cultura, cada individuo, cada familia decide lo que es la verdad y eso nos lleva al relativismo, el relativismo es la experiencia en la cual vivimos, somos todos relativos, porque nadie asume cuando tú y yo nos encontramos que tú estás en lo incorrecto y yo en lo correcto, lo que ahora se asume es que tú estás en lo correcto y yo en lo correcto… y todos estamos contentos. (Fernando Canale en Evidencias 2014, min 18)

De la era de la industrialización, pasamos a la era de la globalización, y no hay un criterio conceptual único para abordar la crisis generada por el pensamiento moderno, hay estudiosos que le llaman “postmodernidad”, “modernidad madura”, “modernismo”, “globalidad”, etc.; de acuerdo a lo investigado es una ruptura con la modernidad o las consecuencias de esta era.   En la cita anterior Fernando Canale plantea, que vivimos en una era de “existencialismo individualista”, donde hay muchas verdades y cada quien elige la suya; pautas externas como la religión, la política, la ciencia, la familia, la cultura forman parte de un inmenso abanico de opciones que están a disposición del ser humano para cuando él decida.

… el panteón ha sido el templo del antiguo politeísmo, un lugar en que todos los dioses conocidos e incluso desconocidos podían ser venerados simultáneamente, el alma humana se ha convertido hoy en el templo del moderno politeísmo. Uno puede pensar que en nuestras sociedades policéntricas hay fundamentalistas del mercado, del poder, del sexo, de la tecnología, de una religión, a  veces  incluso henoteístas que adoran al Dios del lugar… (Beriain 2000, 19)

Josexto Beriain (2000,116-117) toma el concepto “politeísmo funcional” de Gilbert Durandy y explica que la concepción de orden del mundo ha cambiado de vertical a horizontal, abandonamos la “jerarquía axiológica” y nos encontramos hoy ante una “heterarquía axiólogica”, tenemos a nuestra disposición múltiples dioses que nos sirven para satisfacer las necesidades propias de esta época; en resumen, somos seres humanos con mayor número de opciones de felicidad con una vida que se queda corta para experimentarlas todas.

Zygmunt Bauman (2004,79) plantea que en la sociedad de consumo todo se elige menos la compulsión por elegir, esta se convierte en una adicción y su concepto se reduce al término mercantil “comprar”.  En la selección de sus compras o decisiones de felicidad, el individuo no solo lucha con las atractivas propuestas que el sistema presenta, sino con los riesgos que pueden implicar tales decisiones; la ansiedad por disfrutar como otros lo hacen y la poca orientación para elegir es causa de fuertes inseguridades.

Los individuos, frágiles o no, necesitan, reclaman, buscan seguridad, y por eso se esfuerzan por hacer todo a la mayor velocidad posible. Cuando uno corre junto a corredores  veloces, no esforzarse implica ser dejado atrás; cuando se patina sobre hielo delgado, no correr rápido implica la amenaza de ahogarse. La velocidad, por lo tanto, ocupa el primer puesto de la lista de los valores de supervivencia. Sin embargo la velocidad no conduce a pensar, ni a pensar a largo plazo. El pensamiento requiere pausas y descansos, exige que “nos tomemos nuestro tiempo”, que recapitulemos los pasos que hemos dado, observando cuidadosamente el lugar al que arribamos y evaluando la sensatez (o la imprudencia, según el caso) que nos llevó hasta allí. Pensar nos distrae de la tarea del momento, que es correr y mantener la velocidad. Y en ausencia del pensamiento, la carrera sobre hielo delgado que es la suerte de los individuos frágiles en un mundo poroso puede confundirse con el destino…. Suponer que el destino y la suerte son lo mismo merece ser llamado “fatalismo”. (Bauman 2004,220)

Es perturbador concebir que el bienestar o supervivencia en la época actual radica en un consumo rápido de productos que sacien deseos y no en un razonamiento sobre la trascendencia de las consecuencias de las decisiones que tomamos para obtener placer.  Si la felicidad del individuo moderno es determinada por su capacidad de consumo y la velocidad es el primer valor de supervivencia, el no alcanzar el éxtasis que la sociedad moderna brinda, es equiparable al malestar que puede sufrir el ser humano religioso cuando por algún pecado no puede participar en los ritos sacros de su grupo. Entre tantas opciones para consumir y la necesidad impuesta de hacerlo rápidamente, no hay nada sagrado, porque lo sagrado también es una mercancía adquirible cuando se cuenta con los recursos para ello.

Brevemente hemos explicado hasta el momento algunas consecuencias de cuatro paradigmas de veneración y entes responsables de la felicidad en el ser humano, con estas nociones nos acercaremos a la comprensión de prácticas de la Iglesia Cristiana Evangélica.

Vinos y odres

Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar. Marcos 2:22

Si concebimos la palabra bíblica como el vino; los odres viejos como la “generación sólida” (Bauman 2004,8) aquella que preserva su identidad a través del tiempo; y entendemos por odres nuevos a la “generación líquida” (ídem) aquella que le cuesta mantener su forma ante los estímulos de la actual sociedad de consumo, ¿qué ocurre con la palabra bíblica, se está derramando o está siendo correctamente vertida?, ¿qué ocurre con los odres, se están rompiendo o están guardando correctamente el vino?, ¿qué ocurre con los servidores del vino?.

La Reforma Protestante, democratiza el conocimiento bíblico, aumenta las interpretaciones y debates sobre el cristianismo, en un contexto racionalista y de surgimiento de la modernidad; demostrar que Dios existe se convierte en un deber de cada creyente, Cristo ordenó ir a hacer discípulos en todas las naciones (Mateo 19:20), y la necesidad de reconocer pecados y arrepentirse para alcanzar la vida eterna (Lucas 5:32).  La era de la verdad y la razón afectó muchísimo el carácter espiritual de las enseñanzas cristianas, se generó una cultura dentro de la Iglesia Evangélica de demostración de su verdad a través de argumentos humanos, que incluyó la estigmatización y distanciamiento por parte de los creyentes cristianos ante las personas con otras creencias o con estilos de vida que se oponen a lo caracterizado como correcto dentro de la escritura bíblica.  El daño social que esta cultura evangélica ha generado no solo se resume a una errada interpretación bíblica, sino que en muchas ocasiones fomentó calificativos verbales negativos hacia personas que no aceptaron la propuesta cristiana, trayendo muchas veces como consecuencia un rechazo rotundo del cristianismo por las prácticas condenatorias de sus creyentes.

Otro ejemplo de transformación negativa en la cultura cristiana, fue la presentación del evangelio como una verdad para salir de crisis económicas, se han generado innumerables organizaciones que comercian con la fe aún cuando bíblicamente esto es condenado (1Timoteo 6:10), múltiples discursos evangélicos de atracción a la población donde se busca vender bendiciones bíblicas y el sacrificio principal radica en el despojo de los bienes materiales y no de los deseos carnales.   Luego de transcurrir un tiempo sin obtener los resultados esperados (por hacer peticiones erradas Santiago 4:3), los frustrados creyentes se suelen alejar de esta opción de felicidad hasta conseguir una que les funcione.

Los servicios religiosos dentro de la diversidad de templos cristianos evangélicos, tienen un programa muy similar que se puede resumir en: 1) Oraciones y cánticos religiosos de adoración a Dios; 2) Predicación bíblica; 3) Oraciones y cánticos religiosos de adoración a Dios. Estas acciones son bíblicas más no su configuración ordinal, el modelo es muy similar al de las instituciones escolares con un fuerte componente emotivo/musical que en muchas ocasiones buscando llamar la atención de los espectadores se vacía del propósito espiritual.

Estas personas como la mayoría de sus ancestros, están dominadas y sobre ellas se ejerce un “control remoto”; pero son dominadas y controladas de una manera nueva. El liderazgo ha sido reemplazado por el espectáculo, y la vigilancia por la seducción. Quien controla las emisiones de ondas controla el mundo en que vivimos, decide su forma y sus contenidos. No es necesario que nadie fuerce o despabile a los espectadores para que presencien el espectáculo, y pobres de aquellos que se atrevan a impedirles presenciarlo… El acceso a la “información” (mayormente la electrónica) se ha transformado en el más celosamente custodiado de los derechos humanos y en la actualidad el incremento del nivel de vida de la población en general es medido, entre otros factores, por el número de hogares equipados con (invadidos por) aparatos de televisión. Ya la información nos informa más que nada acerca de la fluidez del mundo en el viven sus destinatarios y la virtud de ser flexibles de quienes lo habitan. (Bauman 2004,165)

Bauman expone el hecho de que el liderazgo se ha transformado en un espectáculo seductor, e introduce su complementariedad con el elemento tecnológico (“emisiones de ondas” radiales, televisivas, virtuales, etc.); la fuerza de los medios de comunicación en la atracción de la atención de los espectadores naturaliza modelos de transmisión de información de los cuales es difícil desprenderse, nuestros sentidos se acostumbran a recibir ese tipo de estímulos productores de placer, necesarios para aliviar el agotamiento propio de la dinámica moderna.  Muchos líderes de iglesias se comportan como animadores de la televisión, muchas de las dinámicas con fines sagrados se terminan convirtiendo en banales cocteles de emociones.

Entre-Biblia-Sociedad-Espectaculo-Sociedad-Relativa

El capitalismo construyó su propia cultura emocional, incidiendo en las relaciones interpersonales, generando necesidades que el mercado se encarga de satisfacer mientras dinamiza el modelo económico, Eva Illouz (2006) lo explica de esta manera:

…los repertorios culturales basados en el mercado configuran e informan las relaciones emocionales e interpersonales, mientras que las relaciones interpersonales se encuentran en el epicentro de las relaciones económicas. Más exactamente, los repertorios del mercado se entrelazaron con el lenguaje de la psicología y, combinados, proporcionaron nuevas técnicas y sentidos para forjar nuevas formas de sociabilidad. (Illouz 2006,20)

La institución religiosa, como la política también ha sido afectada por la cultura del espectáculo en la era moderna, aun cuando los creyentes busquen ejecutar los rituales con el corazón más puro de agradecimiento a Dios, lo están haciendo en un lenguaje que les ha sido impuesto con muchísima fuerza, y que por las características de la sociedad actual y la tradición es costoso desprenderse por no considerársele un problema, o por ser inciertas sus consecuencias.

La filosofía, en tanto que poder del pensamiento separado y pensamiento del poder separado, jamás ha podido superar la teología por sí misma. El espectáculo es la reconstrucción material de la ilusión religiosa. La técnica espectacular no ha podido disipar las nubes religiosas donde los hombres situaron sus propios poderes separados: sólo los ha religado a una base terrena. Así es la vida más terrena la que se vuelve opaca e irrespirable. Ya no se proyecta en el cielo, pero alberga en sí misma su rechazo absoluto, su engañoso paraíso. El espectáculo es la realización técnica del exilio de los poderes humanos en un más allá; la escisión consumada en el interior del hombre. (Debord  1967,5)

Guy Debord (1967) plantea la necesidad humana de la ilusión religiosa; construcciones teóricas como la filosofía no pudieron generar el placer de la relación entre el ser humano y lo divino; es por ello que en una sociedad moderna, capitalista, de grandes soledades e insatisfacciones, el espectáculo es la fuerte alternativa sensorial al bienestar que produce la relación humano/Dios, solo que esta vez la clave se reduce la relación humano/espectáculo.

Donde-se-encuentra-el-evangelio

Durante la función, todos los ojos están fijos en el escenario que concentra la atención. La alegría y la tristeza, las risas y el silencio, los aplausos, los gritos de aprobación y los jadeos de sorpresa están sincronizados –como si estuvieran guionados y dirigidos-. Sin embargo, cuando cae el telón, los espectadores recogen sus pertenencias en el guardarropa, vuelven a ponerse sus ropas de calle y retoman sus diferentes roles mundanos, para mezclarse poco después con la variada multitud que llena las calles de la ciudad de las que emergieron horas antes. Las comunidades de guardarropa necesitan un espectáculo que atraiga el mismo interés latente de diferentes individuos, para reunirlos durante cierto tiempo en el que otros intereses –los que los separan en vez de unirlos- son temporalmente dejados de lado o silenciados. (Bauman 2004,211)

Llegamos a un servicio religioso evangélico dominical, las paredes del templo no poseen imágenes de yeso, ni fotografías para su veneración, hay filas de sillas donde se sientan creyentes, frente a ellos un espacio donde intervendrán los músicos y predicadores, todos juntos aunque con roles distintos desarrollarán actividades que los acercará más a Dios, es un tiempo ideal para que cada creyente sincere ante Dios las acciones que ha venido ejerciendo, donde la predicación del líder o pastor debiera enfocarse en la edificación, consolación y exhortación (1 Corintios 14:3) basada en mensajes bíblicos; termina el servicio religioso, el creyente cristiano con su fe renovada se enfrenta nuevamente a la vida contemporánea con los males y tentaciones de esta, el próximo encuentro de este tipo es en siete días, aun cuando se promueva que la reunión religiosa en el templo es una actividad más de la vida cristiana, suele ser la más importante, la que dicta las pautas de acción durante la semana, año o incluso la vida entera.   

Fuera del templo y la comunidad religiosa, donde el individuo está más expuesto a las tentaciones, distracciones y actividades que consumen su tiempo y le dificultan mantener la relación divina, debe encontrar mecanismos para fortalecer su fe e identidad como creyente cristiano, ante esa situación el sistema también coloca a la disposición un sinfín de recursos con contenidos religiosos a cualquier hora del día y desde la comodidad del lugar donde se encuentre: canales televisivos, emisoras radiales, páginas web, videos en YouTube, libros, revistas, audios y otros productos de fácil acceso y en diversos idiomas, a través de un televisor, radio, computadora y celular, se tiene acceso a demasiado material que habla sobre Dios, que forman nuevas interpretaciones, criterios y estilos de vida que en ocasiones distan mucho de las enseñanzas bíblicas.

El movimiento de banalización que bajo las diversiones cambiantes del espectáculo domina mundialmente la sociedad moderna, la domina también en cada uno de los puntos donde el consumo desarrollado de mercancías ha multiplicado aparentemente los roles y los objetos a elegir. Las supervivencias de la religión y de la familia -que sigue siendo la forma principal de herencia del poder de clase-, y por lo tanto de la represión moral que ellas aseguran, puede combinarse como una misma cosa con la afirmación redundante del disfrute de este mundo, que precisamente se ha producido como seudodisfrute que esconde la represión. (Debord 1967,16)

La facilidad de acceso a lo sagrado, termina banalizando muchas de sus prácticas e incluso la fe misma. Al reducir esfuerzos y procesos para que los seres humanos se acerquen a la divinidad, la divinidad misma pasa a ser una de las opciones más de disfrute como lo son el deporte, la política, las artes, las ciencias, mercancías de una sociedad muy compleja donde el “politeísmo funcional” alivia brevemente los malestares. 

Ahora bien estamos en un período de convivencia entre las generaciones modernas y postmodernas; como hemos señalado anteriormente, errores de interpretación han alejado a muchas personas del cristianismo, el desencantamiento institucional presente en las generaciones postmodernas presenta un serio reto para los cristianos que quieren mostrar su Verdad a los no-creyentes; las invitaciones a un espectáculo musical en una iglesia no les atrae, que se les hable de Jesucristo no les atrae, ¿Cómo alcanzar su atención?.

El posmodernismo nos ha enseñado que por mucho tiempo la iglesia ha estado haciendo tanto énfasis en lo que es lo correcto, en lo que es el dogma y se ha olvidado de la praxis, y el postmodernismo lo que ha dicho es miren también las necesidades humanas, no solamente se concentren en que esta es la verdad bíblica, no solamente es importante decir no robes, es importante ayudar a esas personas que están robando, no solamente es importante decir hay que ayudar al prójimo, hay que hacerle realmente una ayuda propia y eso es lo que el postmodernismo ha estado pidiendo. El postmodernismo se ha estado quejando de un cristianismo frío, de un cristianismo sin amor, de un cristianismo que solamente se enfoca en hablar de las verdades bíblicas, sin enfatizar ese amor, esa práctica de ayudar a los demás que fue lo que caracterizó al ministerio de Cristo Jesús. (Ronald Rojas en Evidencias 2014, min 44:21)

Lo expresado por Ronald Rojas es consecuente con lo planteado a lo largo del ensayo, el cristianismo se quedó enganchado tratando de demostrar a través de argumentos que su Dios es real, se ha encerrado en sus templos físicos y ha despreciado a las personas que poseen creencias distintas, afirma que lo que ha caracterizado a la Iglesia Cristiana es muy diferente a lo que caracterizó la Verdad de esta doctrina.

Las generaciones posmodernas rechazan las recetas de felicidad mundial que han traído un enorme apego a lo material, destrucción del medio ambiente, estigmatización y rechazo del ser humano diferente, vida individualista y esnobista.  La predicación o evangelización asertiva en estos grupos, no se basa en el conocimiento bíblico, capacidades intelectuales, riquezas materiales, destrezas musicales o apariencia física que tenga el creyente cristiano, sino en los frutos espirituales que este genere, en el amor con que este trate a todo lo que le rodea (humano, animal, vegetal) por muy distinto que pueda ser a sus principios, se basa en una amplia capacidad de escuchar, de despojarse de sus bienes para compartir con quien tiene necesidad, en el reconocimiento de que el creyente cristiano también es pecador, que se molesta, se equivoca, siente, llora, sufre, sencillamente que no es perfecto pero que desea ser feliz.

Ninguno de nosotros puede vivir sin un motivo de fondo, sin al menos un núcleo de valor, sea consciente o inconsciente. Todo el mundo cree en algo, esto es un hecho. Este <<hecho extraño e inevitable de nuestra vida>>, a juicio de Niebuhr, significa que los seres humanos poseen una fe religiosa por el hecho de ser humanos, es decir, tienen un compromiso con un valor superior a todos los demás… (Beriain 2000, 19)

Todos los seres humanos buscan algo que adorar, algo que amar y que les genere los beneficios de ser amado, el sistema ha creado modelos perversos de amor, muy asociados al eterno goce, desalienarse de los mismos es un difícil trabajo, que comprende desde el cuestionamiento de las prácticas cotidianas, el rechazo de los cánones de felicidad socialmente aceptables hasta la condena y falta de apoyo de los grupos sociales cercanos al individuo para desarrollar modelos de vida alternativas a este sistema.

Respondiendo a las preguntas planteadas, consideramos que muchas de las formas en como es utilizada la palabra bíblica está alejada del sentido original, en la actualidad es más sencillo acercarse a interpretaciones bíblicas que esforzarse en leer dicho texto directamente en comunión con Dios.   Hay odres que se rompen, odres elásticos, odres que no guardan vino sino emociones.   Con respecto a los servidores del vino, hay muchos que usan los lenguajes aprendidos de la cultura moderna de manera consciente e inconsciente con la finalidad de expandir su fe,  hay otros que corrompidos por las tentaciones de esta era priorizan el espectáculo y beneficio mercantil a la correcta enseñanza de la fe cristiana; cada uno se forma y reproduce con las herramientas y asesoría que tiene a su alcance buscando la voluntad del Dios que venera. La modernidad con sus ventajas y desventajas condiciona el acercamiento al Dios bíblico.

Referencias Bibliográficas

  • Bauman, Zygmunt. (2004). “Modernidad Líquida”. Fondo de Cultura Económica. Argentina.
  • Beriain, Josetxo. (2000). “La lucha de los dioses en la modernidad”. Anthropos Editorial. España
  • Biblia Reina Valera 1960.
  • Debord, Guy. (1967). “La sociedad del espectáculo” Revista Observaciones Filosóficas, traducción de José Luis Pardo – Madrid.
  • Illouz, Eva. (2007). “Intimidades Congeladas, las emociones en el capitalismo”. Kats Editores. Buenos Aires
  • Víctor M. Toledo, (2013). “Diez tesis sobre la crisis de la modernidad », Polis [En línea], 33|2012, URL: http://polis.revues.org/8544

Referencia Audiovisual

  • Programa Evidencias, (2014). Serie: Cristianismo en el Siglo XXI. Episodio: La Postmodernidad y el Cristianismo. URL: https://www.youtube.com/watch?v=2NERHgZBIQI

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