Sin juicios…

 

Mis juicios…

Vértigo inicial.

Cuando aprendes a dejar de juzgar.

Primero dejas de juzgar a los demás

Y a los acontecimientos. Y a ti mismo.

Todo te viene bien, todo es aceptado, no juzgado.

Cada cosa se corresponde con lo que en realidad

Tiene que SER. Y tú así lo aceptas.

Así vives en un estado de paz infinita.

No hay una sola nota discordante,

Todo fluye en total armonía.

Sus juicios…

En la segunda fase se coge carrerilla.

Se aceptan todos los juicios de los demás,

Los dejas caer todos en el mismo saco, sin observarlos,

Con total indiferencia.

Uno ya descuenta que está quedando mal.

Acepta sus aciertos y errores…

Y ya está.

No pretendes cambiar ninguna opinión.

Sabes que no gustas a todos y lo agradeces.

Sería cargar con demasiado peso

Y necesitas las manos ligeras

Y la espalda libre de cargas.

A veces es necesario defraudar…

Cuando alguien se ha hecho una idea irreal…

de lo que TÚ eres.

Quizá no buscaban tu YO real.

Querían un YO inventado, hecho a su medida.

Por tanto, al mostrarte cómo eres…

Haces bien… reparas una idea errónea

Y colocas al juez y al juzgado en una zona neutral

Acoges el juicio con una tranquilidad total

Ese juicio deja de “dolerte”

Y pasa a una situación de “stand-by”

Ya no permanece activo,

Se vuelve inocuo

Y no presenta ningún peligro.

Realmente ese juicio

No tiene nada que ver contigo.

Lo sientes ajeno a ti y mientras…

Fluyes en la ausencia de juicios…

Sin pretensiones…

Sin competiciones…

Solo TÚ frente al mundo siendo UNO con ÉL.

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