“Preguntas a Emilio Carrillo: (1) Consciencia y economía” (Cap.8 – T.2)

EL CIELO EN LA TIERRA.
Fundación Espató
www.recuerda.tv


Vídeo (duración: 02:17:47) y texto base de la charla-coloquio compartida por Emilio Carrillo en la Fundación Espató, el 18 de abril de 2016 y emitida por Recuerda TV el 29 de abril.
Tiene como título Consciencia y Economía. Y tendrá su continuación en la charla Consciencia y Política: los amos (provisionales) del mundo.

CONSCIENCIA Y ECONOMÍA
(Texto base de la charla)

1. El sistema socioeconómico vigente: sus siete señas de identidad

El sistema socioeconómico vigente, comúnmente llamado capitalismo, nada tiene que ver con la Economía de los Dones (ECODON) y cuenta, desde su aparición en el siglo XVI, con siete señas fundamentales de identidad:
+Prioridad del valor de cambio de las cosas (su precio de transacción en el mercado) en detrimento tanto de su valor de coste (lo que cuesta producirlas) como de su valor de uso (su utilidad para el ser humano), lo que alienta y alimenta la especulación como esencia y razón de ser del sistema.
+Maximización del beneficio, a costa de lo que sea, como objetivo central de la actividad económica.
+Apropiación y acumulación en unas pocas manos de ese beneficio, de los recursos y del capital, creando una falaz economía de la escasez ajena a la Abundancia que impera en la Tierra y el Cosmos, impidiendo la distribución social de la riqueza y obligando a los seres humanos a venderse como fuerza de trabajo, ajeno a sus dones y talentos, como único medio para la obtención de los ingresos con los que cubrir sus necesidades básicas y las provocadas artificialmente por el propio sistema.
+Geo-estrategia expansionista permanente, no dudando en utilizar para ello la creación de conflictos y guerras de pequeña o gran escala, así como la generación de una sensación constante de inseguridad que mantenga a la gente prisionera de sus miedos y dispuesta a ver como salvadores a los que producen esa misma inseguridad de manera directa o usando a otros de tapadera.
+Voracidad ecológica, situando a la Naturaleza y al planeta entero al servicio de la maximización del beneficio y las estrategias de acumulación de la riqueza por unos pocos, con despreocupación de sus impactos medioambientales y sus efectos en el hábitat natural de supervivencia de la Humanidad.
+Sometimiento de la ciencia y los adelantos tecnológicos a los dictados de la maximización del beneficio, la geo-estrategia expansionista y los intereses de los que se han apropiado de la riqueza social.
+Por último y no lo último, fomento entre las personas de un sistema de creencias que alimenta una visión egocéntrica del mundo y de la vida, alejada de cualquier sentido trascendente de la existencia y apegada a lo material.
Sobre estos siete pilares, el sistema ha crecido y se ha desarrollado en tres grandes fases, correspondiendo la última a su mutación actual, mal llamada crisis.

2. Evolución del sistema socioeconómico hasta llegar a su mutación actual

Históricamente, el sistema socioeconómico imperante se ha ido desarrollado y expandiendo en tres grandes fases, siendo la última la de su actual mutación, mal denominada crisis:
a) Fase 1. Origen y primera evolución (siglos XVI al XVIII): Su característica principal fue el mercantilismo y la creación y ampliación de mercados, teniendo al comercio como eje sectorial fundamental y al comerciante como agente económico hegemónico. Su geo-estrategia se centró en la conformación de mercados regionales y nacionales, teniendo como sostén instituciones pre-democráticas (el Antiguo Régimen del que habla la historia) y a Europa como referente territorial. Buscando un arquetipo descriptivo de su manera de actuar, este sería un roedor (ardilla, ratón,…).
b) Fase 2. Con y tras la Revolución Industrial (siglos XIX y XX): El productivismo (maximización de la producción de bienes y servicios y de la productividad) pasó a ser la característica esencial del sistema, con la industria como eje sectorial principal y la empresa como agente económico hegemónico. Su geo-estrategia fue el colonialismo y la configuración de mercados internacionales, promoviendo instituciones de perfil democrático (las que han llegado hasta nuestros días) y con Europa y Norteamérica como referentes territoriales. Su arquetipo es un gran felino (león, tigre,…).
c) Fase 3. Con y tras la Revolución Tecnológica (siglo XXI): La especulación global y cortoplacista (mayor beneficio posible a costa de lo que sea y en el menor tiempo posible) se ha convertido en su característica primordial, siendo el financiero (el dinero en sí mismo, no el comercio o la producción) el eje sectorial preponderante y la banca el agente económico hegemónico (los bancos, antes “intermediarios”, han pasado a ser la máxima autoridad ante la que todos los demás resortes económicos y de poder se pliegan). La geo-estrategia es ahora la globalización y la conformación de mercados planetarios, promoviendo instituciones post-democráticas (superación de los Estados-Nación y paulatina instauración de fórmulas organizativas supranacionales de contenido puramente económico y vacías desde una perspectiva política –democrática- y social) y con Norteamérica y el Extremo Oriente como referentes territoriales. El nuevo arquetipo es un reptil (cocodrilo, lagarto,…).
La configuración y plasmación de esta tercera y última fase es lo que explica el contenido y alcance de la llamada crisis de la economía actual, aunque no se trata de una crisis, sino de una profunda mutación del sistema socioeconómico.

3. No estamos ante una crisis, sino ante una mutación del sistema socioeconómico

Se habla sin parar de crisis. Los análisis al respecto se suceden y multiplican, intentando explicar y valorar lo que está aconteciendo. Mientras, una nueva y cruda realidad se va imponiendo con celeridad por la vía de los hechos. Ante ella, mucha gente se muestra desconcertada, con miedo ante el presente y el futuro y sumida en un pesimismo y escepticismo crecientes. La economía real se doblega ante la monetaria: se precariza el empleo, se deterioran y envilecen las condiciones laborales y los empresarios constatan con estupor como el devenir de su empresas ya no depende de su trabajo o inteligencia, ni de la marcha de su sector de actividad, ni de la bondad de su producto o servicio y de su estrategia empresarial, sino que ha quedado a merced de los criterios y prioridades de los que manejan el grifo de la financiación bancaria. En paralelo, las instituciones se muestran incapaces de reaccionar y su credibilidad se diluye con inusitada rapidez. Los gobiernos, da igual su color político, trasforman en razones de Estado las razones del mercado financiero y se pliegan a éste con cinismo y descaro. Y el Estado del Bienestar, forjado con tesón en Europa durante el siglo XX, sufre un intenso seísmo que quiebra sus cimientos… ¿Qué está pasando? Pues que no estamos ante una crisis, sino ante una mutación: la transfiguración del sistema socioeconómico en un entramado de especulación global y cortoplacista (mayor beneficio posible a costa de lo que sea y en el menor tiempo posible) y la conversión de ciudadanos, empresas y Estados en una nueva raza de esclavos… La noción de crisis va ligada a lo fortuito de su aparición y a que, pasado un tiempo, las cosas volverán a ser como antes. Pero esto no es una crisis, sino una mutación. Y ésta no es fortuita, sino que deriva de la evolución e imposición de la “lógica” del sistema vigente; y en su esencia subyace precisamente el objetivo de que las cosas nunca vuelvan a ser como antes… Sólo en la comprensión de que el sistema ha mutado puede entenderse el por qué y el calado de hechos como estos:
+la gigantesca cantidad de dinero público (no inferior a los 13 billones de euros, suficiente para dar alimentación a todos los que lo necesitan en el planeta durante dos siglos y medio) que ha sido “regalado” por los Gobiernos a la banca privada;
+provocado por tamaña desviación de fondos públicos a manos privadas, el colosal endeudamiento de los Estados (la deuda que acumulan es tal que ni con todo el dinero existente en la economía mundial habría suficiente para pagarla) y la transformación en crisis de los Estados y de las haciendas públicas de lo que inicialmente se planteó como una crisis de los bancos privados;
+derivado de los puntos anteriores, la curiosa circunstancia de que la llamada crisis tenga como grandes beneficiados a los mismos que la provocaron; y
+la certeza de que los impactos de lo que ocurre afectan no sólo a la economía, sino a otros muchos ámbitos y, especialmente, a la democracia, dado el evidente sometimiento de los gobiernos y poderes públicos a los intereses de la banca privada internacional y los mercados financieros globales.

4. Del ahorro al consumo y del crédito a una nueva esclavitud: la raza de deudores

La actual mutación del sistema socioeconómico no ha sido fruto de la casualidad. Durante décadas se fueron creando las condiciones adecuadas para ello:
+Primeramente, la base de los beneficios que el sistema siempre procura maximizar dejó de estar en la plusvalía que se extrae del trabajador para centrarse en el consumo. Y éste, para que las ganancias fueran las mayores posibles, tenía que ser masivo y en constante expansión.
+Esto obligó a superar uno de los pilares del capitalismo productivo surgido de la Revolución Industrial: el ahorro, fundamento de la inversión. El ahorro llevaba implícita una determinada moral social y estilo de vida: si alguien deseaba algo, intentaba ahorrar para poder comprarlo; y si quedaba fuera de su alcance, se reprimía el deseo. Pero esto constituía un lastre para el consumo masivo, que exige generar el deseo irreprimible de consumir y facilitar los medios para satisfacerlo.
+De este modo, el protagonismo pasó del ahorro al crédito: se desplegaron las velas del préstamo y la deuda, apareciendo poco a poco nuevos instrumentos financieros (la tarjeta de crédito es un ejemplo reciente) que dan a todos los objetos del deseo la posibilidad de ser comprados sin necesidad de un ahorro previo. Se configuró así la denominada sociedad de consumo, íntimamente ligada a un endeudamiento creciente no sólo de las familias, sino también de las empresas, que acuden intensamente al crédito bancario como manera de anticipar y financiar sus inversiones y proyectos.
+Mas llegados a este punto, el consumo/consumismo produjo un nuevo cambio en la base del beneficio, ya que la deuda se convirtió en el principal generador de ganancias, muy por encima de la producción y venta de bienes y servicios. Con ello quedó atrás el capitalismo productivo y su lugar fue ocupado por el capitalismo financiero. Y la banca y la especulación, cada vez más global y cortoplacista, tomaron los mandos del sistema.
+Ciertamente, uno tiene que pagar sus deudas en algún momento, pero una refinanciación –deuda sobre deuda– permite salir del paso. Y de oca en oca, de deuda en deuda, se avanza hacia una nueva clase de esclavitud: vivo para devolver lo que me han prestado, aunque sea a costa de trabajar más horas y aceptar el tipo de vida y las reglas de juego que el sistema impone. Así, el crédito y la banca consiguieron transformar a personas y empresas en una nueva tipología de esclavos: la “raza de deudores” que ha descrito Zygmunt Bauman. A los esclavos que llenan el mundo ya no hay que ponerles grilletes ni someterlos con latigazos. Se creen libres en la jaula del consumismo y entre sus barrotes virtuales forjados con préstamos y deudas.
+Los Estados, con sus políticas incentivadoras del consumo y el gasto, contribuyeron a consolidar la sociedad de consumo, primero, y la raza de deudores, después. Y en los últimos años, los propios Estados han pasado a formar parte de esa raza a causa del enorme endeudamiento originado por el gigantesco montante de dinero público que los gobiernos han desviado a la banca privada.
+Ahora, ciudadanos, empresas y Estados, plenamente integrados todos en la raza de deudores, están a merced de la banca internacional, que los domina y controla a través de la gestión del crédito, que amplía y abarata o restringe y encarece en función de sus objetivos e intereses, y la paulatina implantación de un supranacionalismo global y no democrático.

5. Tras la mutación del sistema socioeconómico, la crisis sistémica es la columna vertebral que lo sostiene y expande su poder

Junto a la especulación cortoplacista, la seña de identidad más relevante del sistema socioeconómico tras su mutación es la crisis sistémica. Porque no estamos ante una crisis, sino ante una mutación. Pero, debido a ésta, el sistema ha integrado a las crisis como parte consustancial de su ADN. Para entenderlo hay que romper con los antiguos clichés y modelos de análisis. Ahora el sistema, lejos de huir de las crisis y debilitarse con ellas, las provoca y las utiliza como espoleta de su imparable y desaforada dinámica, cuyo fin es el completo dominio sobre ciudadanos, empresas y Estados a escala total y global. Por paradójico que resulte, la crisis sistémica –la que se despliega a la vez y con fuerza en ámbitos muy diversos- se ha convertido en la columna vertebral que lo sostiene y expande su poder y capacidad de control, plasmándose en crisis tan variadas e intensas como éstas:
+crisis económico-financiera, con un endeudamiento masivo e impagable (200 billones de euros, el triple del PIB mundial) y un sistema monetario que sólo es una entelequia virtual, pues ni el dinero (billetes) emitido por las autoridades monetarias ni el dinero bancario (creado por la banca privada través de los apuntes contables de sus transacciones en cadena) cuentan con respaldo real alguno;
+crisis alimentaria, que mantiene en la hambruna a cerca de mil millones de personas mientras en los países desarrollados se practica un consumo desatinado que provoca el derroche de un ingente volumen de recursos, obesidad epidémica (tres millones de personas mueren por su causa cada año) y la acumulación anual de 15.000 millones de toneladas de basura;
+crisis política, con el vaciamiento de la democracia y gobiernos, da igual su color político, que son simples marionetas del verdadero poder, el financiero, al que los Estados están sometidos por la acumulación de una colosal deuda pública que ese mismo poder se encarga de provocar, financiar y refinanciar;
+crisis humanitaria, con un flujo migratorio continúo de una enorme cantidad de gente desplazada (obligada a abandonar su tierra y sus hogares por el hambre, las guerras -por ellas hay 50 millones de refugiados- y la superpoblación) y la desaparición forzada de culturas y comunidades enteras;
+crisis ecológica y energética, que repercute en el hábitat de supervivencia de la Humanidad y causa la pérdida de biodiversidad y la desaparición de 50.000 especies cada año (cifra 10.000 veces superior a la tasa natural de extinción); y
+crisis social, que se manifiesta en la educación, las relaciones entre padres e hijos y de parejas, el ostracismo de las personas que por su mayor edad cuentan con más experiencia, en múltiples niveles…
Y es crucial percatarse de que la crisis sistémica no es señal, como suele pensarse, del colapso del sistema surgido de la mutación, sino de su éxito. Se mueve en ella cual pez en el agua. No en balde, el desconcierto, la inseguridad y el miedo configuran el caldo de cultivo perfecto para la culminación de su dominio. Y el escenario idóneo para que la lucha contra él sólo sirva para fortalecerlo: de hecho, el propio sistema promueve, usa y manipula a su favor los movimientos “alternativos” o de teórica “oposición”. Además, gracias a las nuevas tecnologías y al “Big Data” (almacenamiento y procesamiento de enormes cantidades de datos para detectar patrones, gustos y hábitos personales y colectivos, saber cómo incidir en ellos, descubrir tendencias y efectuar predicciones), avanza en el control de la psique y las emociones de las personas para que se perciban a sí mismas como individuos aislados y enfrentados y olviden que son una red humana en interacción y mucho más que su yo físico, mental y emocional.

6. El mercado financiero, que ejerce el dominio a escala planetaria, es sólo la manifestación exterior de una élite perfectamente organizada

La mutación del sistema socioeconómico no se ha producido por casualidad. Todo lo contrario: ha sido provocada y dirigida por los mismos que se han beneficiado de la denominada crisis y ejercen el dominio a escala planetaria sobre ciudadanos, empresas y Estados, sometidos todos a la nueva esclavitud de raza de deudores y a la especulación global y cortoplacista. ¿De quién o quiénes se trata? Los dirigentes políticos y los medios de comunicación se refieren con frecuencia a los “mercados” cual sinónimo de algún tipo de poder que obliga a los gobiernos y a la sociedad a seguir sus directrices económicas y políticas. Sin embargo, es bastante obvio que no son los “mercados” en general (de materias primas, de bienes, de servicios, el laboral,…) los que imponen su ley, sino uno muy particular y específico: el mercado financiero, que es el propio del dinero y su dinámica especulativa. ¿De qué está conformado el mercado financiero? Pues de una extensa y diversificada batería de corporaciones (bancos, fondos de inversión, agencias de “rating”, compañías de seguros, operadores en los mercados bursátiles, de bonos y de divisas,…) en pleno y avanzado proceso de concentración mercantil a escala internacional. Todas ellas participan de una idéntica y particular ideología, que tiene como pilares el binomio especulación/globalización y la práctica del “todo vale” para ganar lo más posible en el menor tiempo posible. Y cuentan con el apoyo y la complicidad de los bancos centrales emisores del dinero (Banco Central Europeo, Reserva Federal Norteamericana, Banco de Japón, Banco de Inglaterra, etcétera)- y de los organismos económicos internacionales (FMI, Banco Mundial…), que se han especializado en el chantaje a los Estados -te presto y facilito fondos y ayudas siempre que tu política sea la que yo te indico- para que se ajusten a las pautas e instrucciones fijadas por el mercado financiero… Ahora bien, este mercado y las entidades que lo configuran son sólo la manifestación exterior –la punta del iceberg- de una élite que es su propietaria y que, a través del mercado financiero, controla la totalidad del sistema socioeconómico. Una élite transnacional perfectamente organizada en círculos y niveles jerarquizados y que en su núcleo de mayor poder y autoridad procura permanecer a toda costa en el anonimato. Se trata de los actuales amos del mundo: tras largo tiempo intentándolo, ha logrado alzarse con el mando a escala mundial y global de manera omnímoda y con carácter depredador.

7. ¿Qué hacer?

Ante todo lo descrito, seguro que te estás preguntando qué hacer, si es que se puede hacer algo. Para responder con rigor tal interrogante, es imprescindible detenerse y ahondar en esos amos del mundo, saber exactamente quiénes son y cómo actúan.

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