Iluminación

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Jean Klein

P. ¿Qué es iluminación?

R. La visión instantánea que te convence de que no hay nada ni nadie que iluminar.

P. ¿Cómo puedo aproximarme a ella?

R. Cada paso que des para acercarte no hará sino alejarte de ella. “Está más cerca que coger un flor”. Sé consciente sólo de tu falta de disposición para renunciar a querer producir. Esta intervención nos aliena del fluir natural de la vida. Siéntete a ti mismo en esta consciencia. Permanece ahí y serás capturado por ella. Te hallarás en una nueva dimensión, en una expansividad sin objeto y sin referencia. Es un momento de asombro, por completo sin causa.

P. A mí me parece que sólo podemos experimentar indirectamente lo que está más allá del cuerpo. ¿Cómo podremos hacerlo directamente?

R. ¿Cuál es y dónde está la subyacente fuente de todas nuestras percepciones? Este descubrimiento puede llamarse la experiencia de la iluminación, aunque la luz de la percepción no esté en la película de la experiencia. Todas las visiones religiosas, artísticas, sociales o científicas que puedan tener lugar están basadas en lo conocido, la acumulación, la memoria, y no son sino una prolongación de nuestra verdadera naturaleza, que es consciencia intemporal. Nuestra naturaleza intrínseca es meditación, que no tiene principio ni fin. Es un no-estado, una no-experiencia, y es autosuficiente, libre de toda necesidad de estimulación y libre de cualquier motivación para construir imágenes y estructuras.

P. ¿Qué ocurre en ti cuando oyes una pregunta y das una respuesta?

R. La pregunta es oída en la quietud y la respuesta sale de la quietud. No pasan a través de la mente, la memoria o punto de referencia alguno. Utilizamos palabras como símbolos para apuntar al entendimiento. Como símbolos sólo tienen significado en el momento dado. La respuesta surge del silencio. Recíbela en silencio. Cuando la clasificas, pierde el sabor de su fuente. Degusta este sabor y, tarde o temprano te atraerá de nuevo allí a donde pertenece, al silencio vivo.

P. ¿Podrías hablarnos de tu experiencia de iluminación?

R. Si te lo dijera, ¿qué ibas a hacer con la respuesta? Cuando surge esta pregunta, observa inmediatamente el estado en que te encuentras tú. Esta pregunta es una manera de escapar al hecho de afrontar el origen de la propia pregunta. Proviene de la curiosidad, la memoria, los rumores, los libros.

P. ¿Tu despertar fue repentino o gradual?

R. El despertar es instantáneo, pero la transmutación a nivel fenoménico se produce con el tiempo.

P. ¿De modo que un sabio puede madurar después de la iluminación?

R. Uno es alcanzado a todos los niveles, pero la transformación y armonización de la sustancia humana, el temperamento, el carácter y el organismo biológico tienen lugar con el tiempo. No todos los seres iluminados son maestros o se convierten en maestros inmediatamente. El modo de transmitir la verdad puede madurar.

P. ¿Cuál era tu estado mental y corporal inmediatamente antes del despertar en la consciencia?

R. Receptividad. Era absolutamente no-orientado, no-localizado y totalmente relajado sin proyección, expectativa o idea. Sólo en este estado completamente relajado fui tomado por la gracia.

P. Dijiste que, en aquel momento, viste pájaros volando. ¿Qué impresión te causaron?

R. Me parece que fue la primera vez que vi los hechos sin interferencia alguna a ningún nivel.

P. De modo que hubo ese ver sin intervención y entonces fuiste arrebatado por la no-interferencia misma, ¿no es así?

R. Sí. Me vi súbitamente inmerso en ser consciencia, consciencia sin estar consciente de nada.

P. ¿Dirías, en términos Zen, que en ese momento “no había montañas ni pájaros”?

R. Sí, el mundo cesa como ilusión, como maya.

P. Pero, después, volviste a ver los pájaros…

R. Sí. Pero habían dejado de tener una existencia separada. Aparecían en mi ser, como una expresión de mí mismo.

P. ¿Y esta nueva forma de ser permaneció contigo?

R. Sí. No era una manipulación del intelecto. Cualquiera puede llegar a una representación intelectual de ser, que puede ser muy poética.

P. ¿No es necesaria esta representación intelectual pues, de otro modo, la experiencia sigue siendo accidental?

R. La claridad intelectual es importante. Lleva a la mente a una renuncia. Si la mente no está informada, permanece atraída por el entendimiento mental que le impide dejarse llevar y ser tomada por el entendimiento como ser total.

P. ¿Cómo aparecían las diferentes situaciones de tu vida después de establecerte en esta plenitud?

R. La vida continuó como antes, pero ya no me sentía atado a la existencia. Todas las actividades se relacionan con la totalidad que es el ser. Nada se sentía accidental o inconscientemente. Yo diría que todas las actividades se volvieron sagradas. Al dejar de estar atado a las cosas y no haber ya localización en la forma o concepto, sentía la inmensidad en que todo se movía. Todo aparecía en el espacio. Cuando estás atado a la actividad, sólo ves la actividad en sí y no en relación con todo el entorno. Cuando hay visión desde la globalidad, aparecen en la situación cosas que nunca has visto anteriormente y llega también el discernimiento y la discriminación inteligente.

P. ¿De modo que tu conducta cambió?

R. No por mi voluntad. Cuando uno ve las situaciones en todo su contexto sin motivación personal, hay paciencia, y una entrega, gellasenheit en alemán, que no es fatalista. El cambio aparece por que ves el valor intrínseco de las cosas.

P. Si la actividad no está ya dirigida por la voluntad personal, ¿No lo estará, de alguna manera, por el carácter que tú introduces en el mundo?

R. Sí, el carácter intrínseco permanece, pero está purgado de todo aquello que generalmente llamamos carácter y que es reacción y resistencia. Este desaparece, dejando sólo el carácter “natural”.

P. ¿Y si el carácter es, por ejemplo, ambicioso, dominante, caprichoso, manipulador o violento?

R. Hay una inmediata reducción de la así llamada personalidad a sus características básicas. Esto trae consigo una súbita rectificación de toda la estructura psico-fisiológica. Pero lleva tiempo llegar a la completa armonización de la energía.

P. ¿Cómo es el carácter que está libre de condicionamiento?

R. Tiene su propio sabor, dependiente de la herencia.

P. ¿Están la mayoría de las prácticas espirituales capacitadas para mejorar el carácter?

R. Muchos creen que hay un alguien que necesita mejorar.

P. ¿Puede un sabio tener gustos y disgustos?

R. No. El gusto y el disgusto proviene de un centro de opiniones. Para el sabio, las cosas son apropiadas a la situación en el momento mismo.

P. Pero, ¿Por qué la acción de los diversos sabios adopta tan distinta expresión?

R. Cada situación trae su propia acción, pero la acción es potencial. La realización de la acción pertenece al carácter, la imaginación, las facultades del cuerpo-mente. Situaciones similares pueden darse de maneras distintas sin perder su dirección intrínseca. Algunas personas se expresan en el pensamiento, otras en la acción, otras de un modo artístico, otras en silencio. Toda expresión surge de dar. Todo, en última instancia, es juego, una expresión de la energía universal. Ciertos sabios están más en una vida terrena que otros. Esta pertenece a su existencia y a todo cuanto ellos aportan a ella. De ningún modo es mejor ni peor que otra. Es una idea errónea, una interpretación equívoca la de que un ser humano sabio deja la sociedad. Cuando un sabio está en la sociedad pero no es de ella, él, o ella, es el elemento más positivo de la sociedad.

P. ¿Por qué hay tan pocos seres armoniosos en el mundo?

R. Esa pregunta es un modo de escapar de la investigación sobre tu propia falta de armonía. Si yo te doy respuestas históricas, ello únicamente servirá para reforzar tu huida de una pregunta real.

P. ¿Tiene el sabio alguna responsabilidad de enseñar y ayudar a los demás?

R. La palabra responsabilidad no es en absoluto adecuada. La enseñanza surge del amor, la compasión, el agradecimiento. No hay ningún sentido del deber en ella, ni deseo de mejorar personalmente el mundo. Está libre de toda motivación. Es un error pensar que el maestro hace algo. La transmisión no puede tener lugar intencionalmente. Cuando hay madurez, la vela se enciende. Pero hay quienes escapan de ser ciudadanos de la tierra. La tarea consiste en llegar a un equilibrio, en estar en el mundo pero no ser de él.

Fuente: Jean Klein. ¿Quién soy yo? La búsqueda sagrada

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