Aida. EXTRA EL ARCHIVO CÁMARA: ALGO FLOTA SOBRE CÁDIZ

Compartido inicialmente por Samuel García Barrajón

Por

Fuente: http://www.navedelmisterio.com/extra-el-archivo-camara-algo-flota-sobre-cadiz/

MIGUEL ÁNGEL CABRAL FERNÁNDEZ | Siempre le quedará la duda a nuestro protagonista sobre aquella anómala experiencia. Tanto a él como al resto de los doce miembros que componían la tripulación nº 2 de la que era su comandante. En la actualidad nuestro testigo ostenta el rango de Coronel del Ejército del Aire en situación de reserva activa con más de 5.000 horas de vuelo, la mayoría a bordo del cuatrimotor Lockheed P-3 Orión, una de las aeronaves más polivalentes dentro de la Fuerza Aérea española por las diversas configuraciones que puede adoptar. Sus tareas van desde la patrulla y control del tráfico marítimo hasta la guerra electrónica y lucha antisubmarina, entre otras. Una verdadera estación de detección y rastreo volante atestada de sofisticados equipos, casi sin ventanillas en el exterior de su fuselaje, salvo las de la cabina.

UNA EXPERIENCIA INSÓLITA

cita1cabNos remontamos al año 1991. Estamos en el antiguo Ala 22 perteneciente a la Base Aérea de La Parra, en Jerez de la Frontera (Cádiz), que dos años después sería desactivada y trasladada a las instalaciones de Morón de la Frontera (Sevilla), donde en la actualidad conforma el grupo 22 del Ala 11.

Se trataba de un rutinario vuelo nocturno de instrucción -conocido en el argot como CI o contacto con instrumentos- de ida y vuelta al aeropuerto de Son Sant Joan (Palma de Mallorca), con toma y despegue para luego volver a la base y con una duración prevista de dos horas y veinte minutos entre calzos. Aparentemente, uno más entre los muchos ejercicios donde nuestros pilotos, junto con navegantes, técnicos y mecánicos de vuelo adquieren sus destrezas con los diferentes equipos y procedimientos.

Lockheed P-3 Orion

Fue a los 35 minutos de vuelo, tras iniciar la misión a las 22.00 h. y alcanzar el nivel 230 (23.000 pies), como nos describe el testigo, cuando de repente se produjo la irrupción de un descomunal resplandor que inundó por completo la cabina de vuelo. La luminosidad fue de tal intensidad que dejó cegados momentáneamente tanto a nuestro piloto como a su segundo, y a los dos mecánicos que también se hallaban en sus puestos sentados tras ellos. El fulgor de aquella potente luz llegó incluso a ser percibido en la parte posterior de la aeronave, donde el resto de tripulantes se encontraban frente a sus respectivos equipos, provocando cierto desconcierto.

Una vez recuperada la visión, tras unos segundos que se tornaron eternos, toda la tripulación procedió según las normas a chequear todo el instrumental de vuelo, navegación y comunicaciones, así como los motores, con objeto de verificar si habían sufrido algún tipo de avería eléctrica o mecánica. Todo estaba en orden, sin anomalía alguna.

Las hipótesis de que el origen de la extraña luz fuera un rayo, o el famoso fuego de san Telmo, que en otras ocasiones sí se había apreciado como un tenue brillo en el parabrisas, quedaron descartadas. Las condiciones climatológicas eran idóneas para la navegación aérea, con un cielo absolutamente despejado, y nunca habían presenciado un tipo de luminosidad como aquella.

Había algo desconcertante y a la par inquietante en aquella situación: si la luz avistada procedía de algún tipo de aeronave, ¿cómo era posible que hubiera aparecido de la nada y llegado a pasar tan cerca del avión -máxime cuando éste era militar- sin ser detectada por todo el equipamiento que llevaban a bordo?

Interior de un Lockheed P-3 Orion

En mitad del debate que se daba entre los distintos miembros del equipo, tratando de dar una explicación a lo que acababa de suceder, tuvo lugar el segundo incidente de la noche. Por radio se escuchó una comunicación procedente de un vuelo de una línea escandinava. El comandante de la misma recriminaba a Control de Tráfico Aéreo (ATC) de Sevilla por no haberle avisado de un tráfico que había pasado tan extremadamente cerca de ellos que estuvieron en peligro de colisión.

El controlador de turno les informó que ellos no tenían ningún otro contacto en el radar, salvo el vuelo comercial a nivel 180 y en descenso para Valencia, y el ‘Cisne 22’, que era el indicativo militar del P-3 Orión que pilotaban. De inmediato se informó al controlador, corroborando la transmisión sobre ese enigmático tráfico que al parecer se había cruzado con ambos aviones sin dejar rastro alguno.

cita2cabLas sorpresas no terminaron ahí: Tras proseguir con la misión, ya de vuelta hacia la base de origen y a una altura de 24.000 pies, mientras desde la cabina se divisaban las luces de Jerez, y al fondo, las de Cádiz, se solicitó permiso para iniciar el descenso. En ese momento tuvo lugar el tercer incidente sin explicación de la noche. El piloto advirtió la presencia de una gran luz que permanecía inmóvil sobre el mar, en el centro mismo de la bahía de Cádiz. Se percibía con total claridad la iluminación de la capital, y la ciudad de Rota en el otro extremo. Lo que más llamó la atención a la tripulación fue el tamaño del supuesto objeto, teniendo en cuenta tanto la magnitud del brillo como la distancia a la que se encontraban.

Entre la tripulación se especuló que podría ser una luz procedente de las torres de plataformas de perforación petrolífera, pues no era la primera vez que las divisaban. Sin embargo, pudieron comprobar cómo, si bien una de ellas había sido detectada dos días atrás, ésta debía encontrarse ya cerca de Lisboa. Además, el tipo de luz no se correspondía en modo alguno con las que estaban habituados a ver en sus vuelos de ejercicio.

El comandante propuso acercarse para intentar dilucidar qué era aquello, tras una noche donde la sorpresa había hecho acto de presencia dentro de la rutina a la que estaban habituados. En ese instante, justo antes de tomar la decisión de poner rumbo hacia el punto en cuestión, la luz se desvaneció sin más, de forma repentina, para no volver a aparecer. Aquello desconcertó aún más a todos los presentes en la cabina y al resto de los tripulantes al ser informados. Era evidente que la hipótesis de que se tratase de una luz de posición convencional quedaba descartada. Este último detalle no deja de resultar llamativo, pues los expertos mencionan, dentro de la complejidad de este fenómeno, la existencia de teorías que señalan la presencia de algún tipo de inteligencia tras el fenómeno de los No Identificados que interaccionaría con la psique del observador.

Al no tener más señales de la extraña esfera luminosa, la tripulación se dispuso a seguir con el descenso programado hacia la pista de aterrizaje de la base, tomando tierra alrededor de la 1 de la madrugada.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.