La llamada del Ser

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El Ser está tapado por ilusiones, imágenes, sentimientos y pensamientos de lo que creemos ser, y por esta identificación con lo ilusorio, pensamos que nos falta algo.
La mente divide la realidad en dos (dualidad): el observador y lo observado. Para que caigan los velos de la ilusión y evidenciar el Ser, hay que contemplar directamente lo que somos.

A través de la investigación de lo que anhelamos profundamente, podemos ir al lugar de donde proviene el anhelo, porque ese anhelo es una llamada del Ser y viene de los valores básicos del Ser: verdad, bondad, belleza.
Si observo el deseo, comprenderé que es un reflejo de algún valor primordial del Ser que me está llamando a ser vivenciado. Los deseos no se terminan de saciar en el mundo de las formas, es conectando con la fuente del deseo, con lo que ya soy, que puedo colmarme.
Al contemplar una necesidad, un deseo, puedo preguntarme porqué esa necesidad, ese deseo, si ya en el Ser soy completa, y puedo saborear, contemplar directamente en la fuente en cualquier momento.
 Al contemplar los valores básicos del Ser (amor, belleza, lucidez) vuelvo a darles la fuerza que le había quitado depositándola en otras personas y situaciones externas, y comprendo que todo está en mí y contemplo directamente aquello que me está llamando desde tantos reflejos.
La verdadera inteligencia es comprender, ampliar la conciencia y llegar a descubrir que no tiene límites.
 Al comprender surge la acción adecuada, espontánea, creativa y que no surge de lo que alguien me diga que tengo que hacer, sino que surge de mi comprensión, de manera espontánea y se trata del Ser expresándose.

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