«¿Conoces la razón esotérica de los mascarones de proa?» Leo.

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mascarón de proa

En las costas chilenas, en el año 1991, apareció muerto un animal de gran tamaño, que se notaba era de origen marino. No se podía clasificar como una ballena, como una orca, como una foca ni como un lobo marino ni como un delfín. Quedó como una cosa extraña más, una criatura proveniente del mar, sacaron fotos y al tiempo cayó en el olvido. Sin embargo, nadie comprendió que era una Ondina.

Este ser marino, era un Elemental de la tribu Sutil-Agua-Burdo.
Sutil por sus condiciones etéreas, Agua porque son criaturas acuáticas y Burdo porque tienen un cuerpo visible. Se conoce como un grupo variado llamado TROWS, pero más comúnmente como Ondinas de mar, preteneciendo a la familia de las Sirenas y de los Hombres Focas.

Estos seres, las Ondinas, tienen la capacidad de habitar una forma física construída por el hombre, siempre que les sea de su agrado. A esto se conoce dentro de los grupos espirituales como Kobolds (Kobolts en Alemania), y al fenómeno, como “koboltizar”, o sea, habitar una forma física.

En los barcos antiguos se usaba tallar finamente una forma en madera y colocarla en la proa del barco, siendo llamados “Mascarones de proa”. Supuestamente, ésta era una práctica fantasiosa, pero se consideraba que el barco que no la poseía, quedaba abandonado a su suerte.

En otras palabras, por tradición, por cábala, por superstición, por creencias o por lo que se quiera llamar, los barcos de cierto tamaño debían llevar en su proa un mascarón, tallado por un artista ebanístico en madera de muy buena calidad y con detalles artísticos muy elaborados.

Lo que se descubrió más tarde, en confesiones hechas por duendes amables con el ser humano, es que estos mascarones podían llegar a ser koboltizados, o sea, habitados por un Elemental, en ese caso, un Sirénido (un Trow), que tomaba posesión del mascarón y de esa forma alejaba a las entidades espirituales malignas que pudieran afectar al barco.

La gente de mar sabe bien que el mar está vivo y lleno de seres vivos (no sólo peces) con cualidades especiales, que deben ser respetados y hasta se les debe pedir permiso cuando los pescadores se internan en aguas profundas. Todo pescador de mar profundo sabe que está a merced de estos seres e intenta por todos los medios no cometer algún acto que los desagrade, al contrario.

Siempre el mar ha sido un oscuro misterio para el ser humano. El mar está habitado no sólo por peces sino por otras criaturas, algunas humanoides, otras de tipo extraterrestre y muchas veces, híbridos creados por combinaciones del ADN humano con el de peces y otras criaturas. Hablando con pescadores de la costa, en los contados casos en que permanecen de noche en el mar, me han referido de luces en la profundidad que se desplazan en el agua, a veces, a gran velocidad.

También se han referido a otras luminosidades mucho más potentes que las generadas por cardúmenes de peces de profundidad dotados de células luminosas, que son muy comunes en las profundidades y a veces, hasta visibles a pocos metros de la superficie cuando el mar está calmo.

Regresando a los Mascarones, existía antiguamente un selecto grupo de talladores que conocía los secretos esotéricos necesarios como para tallar un mascarón. Para que éste pasara a ser habitado, era necesario que tuviese los finos detalles y los rasgos agradables requeridos por una Ondina para koboltizarlo.

Pero si esto se manifestaba favorablemente, la Ondina, con sus poderes espirituales (Tribu Sutil) protegería al barco, “dándole buena suerte” en las tormentas y en la pesca. Pero para ello, los talladores de los mascarones debían ser iniciados en las prácticas esotéricas, al igual que aquellos que tallaban imágenes para las iglesias y catedrales.

Más allá de eso, era necesario un ritual espiritual muy particular de invitación para que la ondina koboltizara el mascarón y se sintiera a gusto habitándolo. De otra forma, la convocación no daba resultado y el mascarón pasaba a constituir solamente un adorno vistoso característico del barco, pero sin los efectos benéficos de protección deseados.

Más de una vez, se ofrendaba algún tipo de recipiente con leche para la ondina o se colgaban joyas en el mascarón, tal como se hace en los rituales de magia cuando se convocan Entidades espirituales a fin de solicitarles favores y tareas esotéricas. Esto complacía a la Ondina y reforzaba su intención de proteger al barco.

Hay un detalle muy importante a tener en cuenta. No se debe extraer un mascarón de un barco aunque el barco se encuentre destruído y colgarlo en casas habitadas por humanos, ya que si la Ondina aún habita el mascarón, los fenómenos que ocurrirán serán desastrosos para sus habitantes.

La Ondina no abandonará el mascarón, a menos que éste sea totalmente destruído por causas naturales (no por efecto del hombre pues esto provocaría la reacción inmediata de la Ondina) y si el mascarón permanece intacto y es retirado y colgado como adorno, el hecho de la falta de humedad constante (recordemos que la Ondina es un Elemental de Agua) enloquecerá a la criatura y enfermará a las personas que habiten el lugar.

Es más conocido el hecho de que no se deben extraer caracoles abandonados en la playa y menos aquellos grandes y bellos, porque pueden estar habitados por estas criaturas, y al ser llevados a un lugar seco, causarán daños que las personas califican como de “mala suerte”. Para ello, será necesario un ritual (que vulgarmente le llama “curación” del caracol) en el que se desaloje al Elemental, concediéndole a cambio otro kobold, es decir, otro lugar para habitar.

Lo mismo suele suceder con enredaderas y ciertas plantas particulares, que suelen estar habitadas por criaturas Elementales de distintas tribus; el hecho de podarlas o cortarlas, enfurece a sus habitantes y conozco casos cercanos de personas que han sufrido caídas desde techos o escaleras provocadas por los seres que se sienten agredidos debido a las acciones sobre su kobold.

He encontrado a la orilla del mar, en la costa bonaerense, enredaderas que me han prevenido psíquicamente en forma perentoria que abandone el lugar; en estos casos, es imposible contener el terror irracional inducido en uno por estos seres, y sin poder controlarse, ellos obligan al intruso a huir del lugar. Repito, he sido objeto de ello en mis recorridas con el cuatriciclo por espacios vírgenes de la costa; la impresión de la advertencia es algo que no se puede olvidar y que no invita a repetirse.

En una ocasión, tan impresionado quedé, que no pude evitar la curiosidad de regresar a tomar una foto de la enredadera, que estaba tramada sobre una especie de tronco (en un espacio totalmente desprovisto de árboles) y en el centro de un cono de arena, de gran tamaño, donde cabe un vehículo, y en cuyas paredes, lisas y perfectamente cónicas, no crecía ningún tipo de hierba.

A pesar de numerosos intentos de regresar al lugar, me fue imposible localizarlo nuevamente. Ellos tienen la capacidad de mutar a voluntad de forma; a veces semejan animales, otras pueden parecerse a personas, pero vistas de lejos; si uno logra acercarse comprobará que sus rasgos no son humanos, aunque de lejos lo pareciera.

Habitan en lugares muy solitarios, casi inaccesibles y no gustan de la presencia humana y, para evadirla, tienen la facilidad de convertirse por algunos momentos en piedras, plantas o animales; ésa es la causa, por ejemplo, de que nunca se haya podido capturar a un Yeti o Pie Grande (que es otra clase de Elemental) debido a su capacidad de metamorfosis.

Uno puede pasar por al lado sin percatarse, pero luego, en el mismo camino, de regreso, faltará algo que estaba cuando se pasó por primera vez y sin ninguna razón aparente de su desaparición. En estos casos, el Elemental ha preferido camouflarse en lugar de atacar al humano, ya sea por presentir que no le representa una amenaza o bien, para evitarse males mayores como persecuciones o búsquedas posteriores.

El mundo de los Elementales es abundante, existen muchas clases de ellos y la mayoría no gustan de la presencia humana… ¿Por qué nos tendrán catalogados de esa forma? Hay que tener presente que ellos pueden fácilmente cambiar su vibración y pasar a la cuarta dimensión, volviéndose invisibles para el humano corriente, aunque no para las cámaras fotográficas.

Por lo tanto, como dicen los habitantes costeros: “Lo que es del mar, debe permanecer en el mar, a menos que se cuente con el permiso de su dueño para retirarlo”. Esto no es superstición, como tampoco lo referente a los Mascarones de Proa.

El Sendero Del Ser. Bendiciones. Leo

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