Nadia Murad, testimonio del genocidio yezidi

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El testimonio de Nadia Murad, una joven yezidi de Kocho, resulta estremecedor, igual que el de cientos de mujeres supervivientes al Estado Islámico tras ser convertidas en “esclavas sexuales” cuando, en agosto de 2014, el movimiento yihadista lanzó una campaña de exterminio contra esta religión zoroastriana en la zona de Sinyar, próxima a la ciudad iraquí de Mosul.

Nadia, como el resto de las mujeres de Kocho, fue separada de los hombres una vez que los yihadistas consiguieron concentrar a sus habitantes. Más de 300 varones fueron asesinados; lo mismo ocurrió con 80 mujeres de avanzada edad. Nadia perdió ese día a su madre –el padre había fallecido hacía años- y a seis de sus nueve hermanos. En total, asesinaron a 18 miembros de su familia.

Después distribuyeron a las mujeres por distintas ciudades bajo administración del Califato liderado por Al Bagdadi para venderlas como esclavas en distintos mercados y a precios de acuerdo con su edad y atributos físicos, ya que para el Estado Islámico las mujeres de los infieles son “botín de guerra”, tal como dice uno de los versículos del Corán.

Nadia, derecha, es presentada a los miembros del Consejo de Seguridad antes de su intervención en la ONU. / Nadia-Murad Facebook
Nadia, derecha, es presentada a los miembros del Consejo de Seguridad antes de su intervención en la ONU. / Nadia-Murad Facebook

El caso de Nadia es muy similar al de las 3.500 mujeres que, según los últimos cálculos, fueron apresadas entonces por los yihadistas. Fue vendida y revendida durante seis meses, en los que fue violada y golpeada repetidamente por una docena de “propietarios”. En una ocasión, tras un intento fallido de fuga, sufrió como castigo la violación colectiva de sus guardianes. Aprovechando que se tenía que cambiar de ropa para una nueva transacción, consiguió escapar con la ayuda de una familia musulmana contraria a los yihadistas.

Lamiya, también de Kocho, lo intentó en cuatro ocasiones y pasó, de mano en mano, por las ciudades de Mosul, Raqqa y Hawija, ciudad cercana a las líneas kurdas. Allí un médico islamista la violó y maltrató de igual forma que los demás. Finalmente consiguió huir con una niña de 8 años llamada AlmayKatherine, de 20. Cuando se acercaban a la zona controlada por los peshmergas, una mina estalló matando a sus dos compañeras y dejando a Lamiya ciega de un ojo.

Una conocida familia kurda de Suleimaniya acogió a decenas de refugiados yezidis que durante meses apenas comían ni dormían porque tenían siempre presentes las imágenes de los islamistas matando a sus familias y violando a sus mujeres. Durante los dos años que se cumplen ahora, no han dejado de aparecer testimonios semejantes de lo que varios gobiernos, incluido el de Estados Unidos, la Cámara británica de los Comunes, el Parlamento de Europa y el Consejo Europeo ya han calificado oficialmente como “genocidio”.

Vian Dakhil, con dos mujeres yezidis liberadas en Faluya. / VianDakhil Facebook
Vian Dakhil, con dos mujeres yezidis liberadas en Faluya. / Vian Dakhil Facebook

La diferencia entre Nadia y las demás víctimas de esta masacre que provocó el éxodo de casi 400.000 personas estriba en que Nadia se ha convertido en la abanderada de todas ellas, representándolas ante gobiernos y organizaciones internacionales, como ocurrió cuando tuvo que intervenir en el Consejo de Seguridad de la ONU, siendo en la actualidad, por este motivo, candidata al Premio Nobel de la Paz.

Nadia también ha conseguido queAmal Alamuddin y su marido, el famoso actor de cine George Clooney, le recibieran en su domicilio y que esta abogada y activista por los Derechos Humanos se ofreciera a representar al pueblo yezidi y llevar a los responsables del Estado Islámico ante el Tribunal Internacional de La Haya.

Con motivo de celebrarse el segundo aniversario de la campaña de exterminio, la Oficina de Derechos Humanos de la ONU ha publicado un resumen de lo ocurrido, describiendo la magnitud de sus consecuencias y recomendando algunas medidas para paliar los graves efectos sobre la población yezidi. De acuerdo con los datos de este informe –A Call for Accountability and Protection Yezidi Survivors of Atrocities Committed by ISIL– y de otros elaborados también por las propias organizaciones yezidis, sobre todo a iniciativa de la parlamentaria iraquí Vian Dakhil, se calcula que entre 2.000 y 5.000 personas habrían sido asesinadas durante el mes de agosto de 2014 y los primeros días de septiembre y que otras 6.000 –entre 3.500 y 4.000 mujeres- habrían caído en manos del Estado Islámico.

En total 360.000 de los 550.000 yezidis que viven en el norte de Irak, sobre todo en la región de Sinyar y en torno a la ciudad de Mosul, habrían tenido que huir, convirtiéndose en refugiados. La inmensa mayoría de ellos se niegan a volver a sus localidades pese a que, durante estos dos años, prácticamente toda la región ha sido liberada por las fuerzas kurdas.

Este hecho resulta trascendental para la subsistencia de esta reliquia religiosa y antropológicacuyas raíces hay que buscarlas hace más de 3.000 años, cuando el mazdeísmo, la religión deZaratustra, se extendía por Asia Central, Oriente Medio y la Anatolia. Los yezidis, como los zoroastrianos, creen en la reencarnación, tienen una concepción panteísta de la naturaleza y adoran al fuego como representación en la tierra de la divinidad solar. En la actualidad, las regiones iraquíes de Sinyar, Mosul y Lalesh aglutinan a la tercera parte del millón y medio de yezidis que existen en el mundo, habiendo comunidades importantes también en Siria, Armenia y Georgia, y otras más residuales en Turquía e Irán.

Documento del Estado Islámico indicando los precios de las esclavas.
Documento del Estado Islámico indicando los precios de las esclavas.

El citado informe de la ONU también señala que la práctica totalidad de los desplazados -textualmente dice 360.000- necesitan asistencia psicológica, recomendando al Gobierno de Irak que ponga los medios necesarios para identificar a los autores de las masacres y las condiciones adecuadas para que puedan regresar a sus lugares de origen.

En dicho informe se reproducen detalles sobre este nuevo acto de barbarie extraídos de documentos originales del Estado Islámico, por ejemplo, con los precios establecidos, inicialmente, para la compraventa de las “esclavas”. Así, el precio de las niñas hasta los 9 años era de 300.000 dinares (260 dólares); de 10 a 20 años, 150.000 (129 dólares); de 20 a 30, 100.000 (86); de 30 a 40, 75.000 (65), y de 40 a 50, 50.000 (43). Igualmente se dice en el informe que los milicianos no originarios de Oriente Medio no pueden comprar “más de tres mujeres” y que, en caso de muerte, las “esclavas” forman parte de la herencia y por lo tanto deben distribuirse de acuerdo con lo que diga el testamento del difunto.

Se da la circunstancia de que las que han quedado embarazadas durante el cautiverio suelen sufrir rechazo dentro de su propia comunidad, habiendo surgido ya iniciativas, especialmente en Alemania y Canadá, para asistir psicológicamente a estas mujeres y dotarles de unas condiciones de vida que les permitan superar la traumática experiencia vivida, tal como recomienda el informe de la ONU. Pese a la gravedad de los hechos y a ser, con toda seguridad, la mayor y más grave agresión contra los derechos de la mujer desde la Edad Media, en España no han surgido en estos dos años iniciativas prácticas para ayudar a estas mujeres, ni siquiera por parte de los movimientos feministas.

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