El cerebro sofisticado

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Cree la mayoría que el lenguaje más común es el inglés o el chino, cuando hoy, en plena era de la información y la comunicación, el más universal de todos es el sistema binario. Los bits inundan nuestras vidas, es la unidad con la que cuantificamos la información que se transmite desde nuestros móviles, ordenadores, controles remotos…

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Seth Lloyd (Imagen: Dmitry Rozhkov / Wikimedia Commons).

Un bit mide la cantidad de información de un sistema que ofrece dos estados contrapuestos. sí-no, verdadero-falso, presencia-ausencia, lleno-vacío, encendido-apagado, uno-cero. Cuando conocí a Seth Lloyd en el MIT, hace una década, me reveló que a la del bit, seguirá la revolución del qubit, el bit cuántico.

Las partículas más diminutas se rigen por la mecánica cuántica, todo un conjunto de leyes que escapan a la lógica a la que estamos acostumbrados. Mientras que a un bit tradicional le corresponde un único estado (cero o uno), el qubit que registra un electrón puede encontrarse en los dos estados a la vez. el cero y el uno. A partir de esta idea, científicos como Lloyd trabajan precisamente en el desarrollo del ordenador cuántico, cuya potencia equivaldrá a la de millones de ordenadores actuales a la vez y que superará la capacidad de computación del propio cerebro humano.

Eso no significa que las máquinas acaben por suplantar a los humanos. Según Lloyd, la diferencia la marca la sofisticación con que un cerebro procesa la información, más que la capacidad de computación. Tomemos por caso el cerebro del gusano Caenorhabditis elegans. Con solo 300 neuronas, ese bicho microscópico puede desplazarse, reproducirse, huir de una presa, buscar alimento… Muy pocas neuronas le bastan pues para realizar comportamientos complejos, y esa es la sofisticación a la que se refiere Seth Lloyd. «El software del cerebro se ha depurado y perfeccionado durante cientos de millones de años de selección natural; el de nuestros ordenadores, solo en algunas décadas».

¿Quién es?
Físico, 56 años. Catedrático de Ingeniería Mecánica en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), científico principal del Laboratorio de Investigación en Electrónica del MIT y director del Centro para la Teoría de la Información Cuántica Extrema.

¿De dónde viene?
Sus padres fueron profesores en la prestigiosa Phillips Academy, en Andover (Massachu-setts). Estudió allí y empezó una prolífica trayectoria académica que incluyó Harvard (carrera), la Rockefeller University (doctorado) y el California Institute of Technology (posdoctorado), donde trabajó con el premio Nobel Murray Gell-Mann.

¿Qué ha aportado?
Especializado en computación y comunicación cuánticas, contribuyó al desarrollo del primer diseño factible de un ordenador cuántico. Es autor del libro Programing the Universe y son frecuentes sus apariciones en medios como The New York Times, The Economist o New Scientist.

La anécdota
Ante mi sorpresa, para Lloyd es mucho más fácil medir el comportamiento de las partículas fundamentales que cuantificar la felicidad. «Podemos medir cuánta información procesa el universo, pero es más difícil calcular si hoy te sientes feliz o no; ahí son muchas las variables en juego».

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