EL ULTIMO NEANDERTAL

http://bioinformatica.uab.es/biocomputacio/treballs02-03/Garcia_Hoyos/El%20%C3%BAltimo%20Neandertal.htm

En el verano de 1988 y en el transcurso de unas excavaciones arqueológicas que se venían desarrollando en el sur de la Península Ibérica, en la Cueva del Boquete de Zafarraya (Alcaucín, Málaga), se desenterró una mandíbula de neandertal que, por su excepcional estado de conservación, se ha considerado una de las mejores piezas encontradas en Europa occidental. Su estudio habrá de enriquecer, sin duda, nuestro conocimiento de los Neandertales y su desaparición.

Situada en el límite septentrional de la comarca malagueña de la Axarquía, la Cueva del Boquete de Zafarraya se localiza en el dominio subbético de las Cordilleras Béticas; en las calizas blancas pisolíticas de la Unidad de Zafarraya, de edad liásica (Jurásico inferior). Tanto estas calizas como las dolomías y las calizas dolomitizadas que conforman la mayor parte de la Sierra de Alhama se encuentran muy tectonizadas, presentando fuerte buzamiento de sus estratos, a favor de uno de los cuales se desarrol la dicha cavidad, representando un hábitat excepcional por la variedad de biotopos que circunscriben dicho lugar.

Las excavaciones, iniciadas en 1981, han permitido obtener una secuencia estratigráfica ligada a un complejo musteriense. Con los estudios realizados sobre el material que ha proporcionado el yacimiento, hemos podido inferir no sólo el tipo de hombre que allí vivió, sino también el modo de vida que desarrolló durante la ocupación de la cueva.

Los restos humanos localizados en el yacimiento corresponden a un fémur fragmentario y a una mandíbula, pertenecientes a Horno sapiens neandertalensis.

Los caracteres del fémur, así como el examen radiográfico y tomográfico, hacen pensar que pudiera haber pertenecido a un varón adulto próximo a la madurez. Esta pieza presenta una característica especial: antes de haber sido abandonada sobre el suelo de la cueva, fue fracturada intencionadamente sobre la diáfisis femoral; esta misma característica se ha observado sobre numerosos huesos largos de animales localizados en el yacimiento. Muy probablemente haya que relacionar este tipo de fractura con la necesidad de extraer la médula.

La mandíbula, perteneciente a un varón que no habría sobrepasado los treinta años de edad, se desenterró con la sínfisis rota a causa de una antigua fractura producida probablemente por la presión de los sedimentos. Salvo una antigua pérdida de sustancia ósea que afecta a la apófisis coronoide derecha, así como el cóndilo izquierdo que ha sufrido una ligera mutilación, la mandíbula está completa y su estado de preservación es excepcional. Conserva in situ toda la dentición, excepto tres piezas que han caído post morten.

El “hombre de Zafarraya” pertenece al mismo tipo de hombre que ya en el 1848 fuera descubierto en la Cueva de Forber Quarry (Gibraltar) y que posteriormente y hasta nuestros días ha visto multiplicarse los hallazgos del mismo, fundamentalmente en Europa y Asia.

Los hombres de Neandertal han pasado por diversas vicisitudes que lo han supuesto desde una rama aberrante en la historia de la humanidad (M. Boule) hasta la consideración actual de subespecie dentro de nuestra propia especie.

El “hombre de Zafarraya” desarrolló sus actividades en tres espacios diferentes. El primero de ellos vendría a estar ocupado por lo que actualmente se denomina Axarqula, con un relieve laberíntico, formado por amplios barrancos y pronunciadas pendientes. El segundo corresponde a los macizos subbéticos que, por su vigoroso relieve (Sierra de Alhama y Sierra Tejeda con su cumbre, el Maroma, de 2065 metros de altitud), actúa de barrera infranqueable entre la Axarquía y el interior. Por último, y a unos 900 metros de altitud y a escasos centenares de metros de la cueva, se localiza el polje de Zafarraya, un amplio llano donde no se observan desniveles apreciables a lo largo de sus treinta kilómetros cuadrados. Esta variedad espacial genera una diferenciación de biotopos que enriquecerá el medio en que se desenvuelve este hombre.

Eran hábiles talladores de la piedra obteniendo su utillaje casi exclusivamente de nódulos de sílex, materia muy abundante en la zona. Por medio de la percusión sobre los núcleos, obtenían lascas sobre las que realizaban sus útiles, en este caso compuestos de raederas, puntas, denticulados, muescas, cuchillos y otros, que vienen a de finir un Musteriense típico.

En toda sociedad depredadora, una de las actividades fundamentales es la caza. En Zafarraya, a través de los restos paleontológicos podemos deducir el tipo de caza desarrollada por este hombre y el carácter de estacionalidad del hábitat. Entre las especies detectadas en el yacimiento, encontramos la Capra pyrenaica, cuyo hábitat natural está centrado en las altas sierras que rodeanel entorno del yacimiento. Caballos, bóvidos, corzos y ciervos habitarían en las zonas boscosas del polje, mientras que 0505, jabalíes y lobos compartirían el hábitat del polje y las zonas de la Axarquía.

El animal mejor documentado en el yacimiento es la cabra, que representa el 85 por ciento de los restos faunísticos; de ellos, las dos terceras partes son de animales cuyas edades oscilan entre los tres y los seis meses. Si tenemos en cuenta que las cabras se aíslan para parir las primeras semanas de abril y que las crías han nacido en mayo, se puede calcular que el hombre cazó en la zona desde finales de junio a noviembre.

La primera conclusión a la que podemos llegar es que los grupos de neandertales que habitaron Zafarraya tenían una caza especializada, concretándose en animales muy jóvenes de cápridos, lo que supondría una utilización de la cueva como hábitat estacional: acudirían a ella en primavera, para abandonarla a principios del otoño, que coincide con una mayor dureza climática.

Entre las poblaciones neandertales que habitaron en Europa y Asia, se ha puesto en evidencia toda una serie de manifestaciones que nos hablan de un pensamiento elevado. La Cueva del Boquete de Zafarraya ha proporcionado una nueva prueba de los rituales -utilizados por los neandertales, siendo la primera vez que se obtienen datos de -este tipo en la Península Ibérica. Así, la mandíbula se depositó en una fosa excavada en el mismo suelo de ocupa-ción y rodeada de un círculo de piedras, cubriéndose posteriormente, por -un pequeño túmulo compuesto de piedras, restos óseos e industriales, que nos hablan de un ritual de enterra,miento ampliamente documentado entre las poblaciones neandertales de Euroasia (Chapelle-Aux-Saints, Le Moustier, La Ferrassie, Monte Circeo, Shanidar IV y otros). Por otro lado, la fractura intencional que presenta el fémur , nos podría sugerir un ritual relacionado -con la antropofagia de estos pueblo- primitivos, lo mismo que sucede en lo yacimientos de Hortus y Kaprina.

Los estudios efectuados sobre los restos de micropaleontologla nos han permitido determinar la existencia en el yacimiento de Microtus cf. brecciencis, Microtus arvalis, Pytymys duodecimcostatus, Apodemus aff. flavicollis y Eliomys quercinus aff. lusitanicus. La correlación que hemos podido establecer entre esta secuencia faunística y la que proporciona el yacimiento del Pleistoceno Superior de Carigúela, si tuado igualmente en el sur de la Península Ibérica, nos permite enmarcar cronológicamente el yacimiento de Zafarraya dentro de un Würm III, en una fase climática caracterizada por una temperatura relativamente templada y húmeda. Si esta datación de carácter relativo se viene a confirmar por otras técnicas de datación, estaríamos en presencia de las últimas poblaciones de Neandertales que habitaron en nuestro planeta. Este hecho que, en principio, puede parecer que cae fuera del contexto cronológico asignado hasta ahora a los Neandertales, corrobora la existencia en todo el litoral mediterráneo español de una larga perduración de las culturas musterienses, así como la tardía presencia de los primeros hombres modernos.

Las culturas del Perigordiense inferior o Chatelperroniense parecen constituir la transición del Paleolítico Medio al Paleolítico Superior, si no en toda la Península Ibérica, sí al menos en una parte de ella, circunscrita al área cantábrica. Sabemos que, durante los períodos fríos del Wúrm III, la región cantábrica recibió el influjo de las corrientes culturales procedentes del Perigord francés. No conocemos todavía el proceso de sustitución del Musteriense por el Chatelperroniense; en el sudeste francés, parece quedar demostrado que esta última cultura es el re sultado de una evolución local del Paleolítico Medio al Paleolítico Superior, cambios que operarían los propios neandertales. La región mediterránea peninsular se aleja de la cantábrica: en aquélla, apenas si está esbozado el Chatelperroniense, localizándose en Cataluña como zona de contacto entre el sudeste de Francia y el noreste de la Península Ibérica.

Será con la presencia del Auriñacien se cuando asistamos a la llegada de hombres modernos a la Península Ibérica. Lo mismo que ocurría con el período anterior, la región más sensible a las nuevas corrientes, y donde mayor presión ejercerán las nuevas poblaciones, será la cantábrica. En el sudeste de Francia ese episodio acontece hacia el 34.000; en la Península Ibérica, se produce unos miles de años más tarde. Durante este período se sustituirán probablemente los últimos grupos neandertales del sur de España (último lugar colonizado por los nuevos hombres), que continuaban con sus propias tradiciones culturales, al margen de lo que estaba ocurriendo en el resto del continente.

(Cecilio Barroso~ y Francisca Medina.)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *