¿Cuánto valgo yo entonces?

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Marcha de luces

por Juan Ignacio Garzón

Durante muchos años, hemos sido engañados -por nosotros mismos- haciéndonos creer que valemos por lo que tenemos. Este engaño nos ha ocupado y hecho sufrir durante muchos años, y aún siguen viéndose vestigios de él, a pesar de que algunas de las generaciones más jóvenes, han levantado el velo del materialismo, y al derrumbarse este, cobran mayor presencia otras formas de valorarnos.

Pero esto de ninguna manera ha implicado que aquel que trascendió el “valgo por lo que tengo” ya haya salido del engaño. Simplemente, el ego se ha enmascarado de otras formas, más escondidas y menos evidentes. Ahora mismo, ¿cuántas personas creemos valer por lo que hacemos? ¿Valemos acaso por los títulos que hemos obtenido, por los logros que hemos conseguido, o por lo mucho que nos han felicitado?

Un médico con decenas de títulos, postgrados y especializaciones ¿vale más que un enfermero?

Un gran músico, que se dedica a escribir hermosas piezas que alegran la vida de las personas y es aclamado y reconocido, ¿vale más que un zapatero?

Un gran deportista, quien ha logrado proezas con el movimiento su cuerpo, ¿vale más que un contador sentado en un escritorio?

Un comunicador, quien se dedica a difundir mensajes de paz, auto-superación, ¿vale más que un desocupado?

O bien, un viajero que conoció cientos de lugares y culturas ¿vale más que una persona que jamás salió de su pueblo natal?

Es posible que nuestro propio ego, oculto detrás de miles de capas, no nos permita ver nuestros patrones de comparación con los demás. Muchos creeremos que jamás nos comparamos con los demás y proclamaremos la igualdad. Pero ¿cuán sincero es este creer y este decir? Últimamente, ¿hemos tomado decisiones pensando en lo qué dirán, o en el cuánto me valorarán por esto o por aquello? Antaño las generosidades con los necesitados eran publicadas para que todos las presencien… ahora ¿realmente podemos decir que este tipo de comportamientos no los portamos más?

Creo que portar esta creencia de que “lo que hacemos tiene un mayor valor que lo que hace el otro”, o más simple aún que “lo que hacemos tiene un gran valor” o crédito ante un otro (real o ficticio), es un acto -valga la contradicción- dedesvalorización. Porque si lo que hacemos, nos reconforta y nos resulta verdadero, esa satisfacción lo es todo. No hay ni bueno ni malo. En el momento en que aparece la pregunta, la comparación, deberíamos cuestionarnos si lo que hacemos realmente nos llena, porque si el valor está puesto en una comparación con otro, entonces no valoramos lo suficiente nuestra propia felicidad surgida como consecuencia de nuestra tarea aquí y ahora.

Entonces… si no valgo por lo que tengo, ni por lo que hago, ni por lo que logré, ¿por qué valgo? Bueno, la respuesta creo que aparece sola: valemos por lo que somos en esencia, eliminando las capas de circunstancias y toneladas de objetosque llevamos a cuestas en forma pasajera. Y al llegar a este punto, corresponde preguntarnos, entonces ¿qué es lo que somos en esencia?

Y esa pregunta creo que es la que tiene que hacerse cada uno, y al buscar la respuesta, pienso que el velo de la desvalorización se caerá y estos viejos patrones de comparación caerán, ya que, nos re-uniremos, en esencia, con el resto de la humanidad.

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