“Recordando Lo Que Es” Emilio Carrillo (59, 60).

EL CIELO EN LA TIERRA

Sin mente, sin lenguaje, sin tiempo http://www.sinmente.com/

59- Enfermedades terminarles y no terminales.

a) Enfermedades de tipo 1 ó enfermedades terminales:
Son aquellas cuyo porqué y para qué consiste en que el conductor abandone el coche (yo físico, mental y emocional) que ha venido utilizando durante la vida humana actual, dando fin a la misma. Son, por tanto, enfermedades que llevan al tránsito. ¿Cuándo acontecen? Hay dos posibilidades:
+ Por un lado, cuando se ha vivido las experiencias por las que se produjo la encarnación en esta vida concreta. Tras experienciarlas, ya no tiene sentido alguno seguir en el coche en el que se encarnó precisamente para vivenciarlas; y desde el conductor se crea y provoca en el coche la enfermedad terminal. No es cuestión, por tanto, de edad, sino de haber vivido las experiencias que motivaron la encarnación. Y puede darse el caso de que las experiencias por las que se encarnó se hallen asociadas al apoyo al proceso consciencial de otras personas –por ejemplo, seres queridos-, por lo que, en este supuesto, la enfermedad terminal acontece para impulsar, mediante el impacto que provoca en el entorno, la evolución consciencial de esas personas.
+ Y, por otro, dado que el libre albedrío es la regla, cuando no se ha vivido las experiencias por las que se produjo la encarnación y la vida se ha ido por unos derroteros que ya hacen imposible vivenciarlas. Así, usando el símil de un viaje, suponte que encarnaste en esta vida física para vivir la experiencia de viajar en coche desde París a Sevilla; pero en libre albedrío, una vez encarnado, el coche no se ha dirigido hacia el sur, sino en dirección contraria y circula ya cerca del Polo Norte. Las experiencias que motivaron la encarnación ya no podrán ser vivenciadas en esta vida física y el conductor, consciente de ello, genera una enfermedad que pone fin a la misma.
El Conductor decide el cuándo y el cómo realiza el tránsito. Y los seres humanos podrían ser perfectamente conscientes –como, por ejemplo, han hecho numerosos lamas y yoguis a lo largo de la historia– y transitar al otro plano con consciencia. Sin embrago, la inmensa mayoría de la gente carece aún de esa consciencia y transitan al otro plano por accidentes y por las enfermedades del tipo 1 que se acaban de describir.
b) Enfermedades de tipo 2 ó enfermedades no terminales:
Su finalidad no es acabar con la actual vida física, sino que su porqué y para qué radica en plasmar unas vivencias que permitan recordar y retomar el rumbo cuando éste se ha perdido y el coche se desplaza en dirección distinta a la que motivó la encarnación. En el símil anterior, cuando el coche circula no desde París a Sevilla, hacia el sur, sino que lo hace hacia el norte, el conductor genera en el coche una enfermedad –su gravedad dependerá de lo poco o mucho que se haya desviado del itinerario– que le fuerce a pararse –a respirar, a recapacitar…– y ver sí así es posible, en términos conscienciales, recuperar la dirección perdida. Y también en este tipo de enfermedades puede darse el caso de que se encuentren ligadas al proceso consciencial de otras personas –como los seres queridos antes referidos-, por lo que la enfermedad surge para apoyar la evolución consciencial de esas personas a través del efecto que en ellas produce que un ser querido la padezca.

60- Lo trascendente no es el “qué”, sino el “cómo”: el cómo se vive el qué.
Todo lo hasta aquí compartido con relación a las enfermedades conduce a una última conclusión, válida tanto para ellas como para todas las experiencias de la vida: el “quid” de la cuestión no está en el “qué” (qué pasa o qué deja de pasar, qué hago o qué dejo de hacer, qué debo de o qué tengo que…), sino en el “cómo” se vive el “qué”. El coche (el yo físico, mental y emocional) en general y la mente en particular, ponen por inercia el acento en el “qué”. Sin embargo, el Conductor que eres sabe bien que todo tiene su sentido profundo, su porqué y para qué, y que todas las experiencias que vives son creadas, atraídas y generadas desde tu interior para impulsar tu estado consciencial, el recuerdo de lo que eres y es: son siempre experiencias-oportunidad. Siendo así, ¿para qué preocuparte por el “qué” desde el coche y discutir desde la mente lo que el conductor ha creado? ¿Te imaginas subirte y ponerte al volante del vehículo que utilizas a diario y que el coche empezara a cuestionar y a desobedecer tus decisiones, marchando en dirección distinta a la por ti señalada? Sería absurdo, ¿verdad? Pues es lo que te ocurre cuando tu mente enjuicia y califica las experiencias que estás trayendo y generando en tu vida desde el interior, como Conductor. Por tanto, centra tu atención en el “cómo” para insuflar de Amor e impregnar con su vibración, con la Frecuencia del Amor, todos los hechos, situaciones y circunstancias –experiencias, en definitiva– que la vida (no la programación mental), de instante en instante, pone por delante en el Vivir Viviendo. Y da igual el color con la mente dibuje a la experiencia: “buena” o “mala”, “positiva” o “negativa”, “agradable” o “desagradable”, “placentera” o “dolorosa”… Ante cualquier experiencia, sea la que sea, incluida la denominada enfermedad, focaliza tu atención y tu consciencia no en el “qué”, sino en el “cómo”, llenándola de Amor. Y también todo esto es aplicable a eso que llamas muerte.

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