El Sudario de Turín: ¿la auténtica mortaja de Jesús o una falsificación medieval?

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Cuando en 1977 los científicos del “Proyecto de Investigación del Sudario de Turín” se reunieron −durante los cinco días y las cinco noches que les fueron concedidos por el Vaticano− para el estudio de la mortaja que se presumía había envuelto el cuerpo de Jesús, se esperaba aclarar de una vez por todas si el lienzo en cuestión era una falsificación de la edad media o la auténtica “Sábana Santa”.
Después de muchas horas frente al microscopio, el microanalista forense Walter McCrone, uno de los miembros del equipo, concluyó afirmando que “la sábana es una bonita pintura medieval”. McCrone aseguró que los pigmentos empleados para teñir la tela fueron el rojo ocre y el bermellón.
Asimismo, tres mediciones distintas de carbono-14, realizadas 11 años después sobre diversas tiras del lienzo, apoyaron la teoría de McCrone, datando el origen de tan singular tejido entre los años 1260-1390. Sin embargo, pese a tantas pruebas en contra de la autenticidad del sudario, la polémica en torno a él continúa: ¿qué evidencias científicas existen realmente como para mantener hasta la actualidad la intriga en torno a la “mortaja de Cristo”?
Ilustraciones del Códice Pray, manuscrito húngaro realizado entre los años 1192 y 1195 en el que supuestamente aparece representado el sudario.(Public Domain)
Ilustraciones del Códice Pray, manuscrito húngaro realizado entre los años 1192 y 1195 en el que supuestamente aparece representado el sudario.
En realidad, la cantidad de análisis forenses realizados hasta el día de hoy cuentan tanto a favor como en contra. Así, otro estudio, realizado independientemente al de McCrone, y llevado a cabo por  Alan Adler (químico especializado en el análisis de porfirinas) identificó en el sudario sangre del tipo AB en las manchas. Además, investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén detectaron granos de polen en las muestras, pertenecientes a especies primaverales de Palestina y de la época en la que Cristo habría sido crucificado.
También encontraron vestigios de flores, como por ejemplo la Gundelia tournefortii, exclusiva del área de Jerusalén en dicha época del año. Igualmente fueron detectadas partículas de áloe y mirra como las que utilizaban los judíos en Oriente Medio para preparar los cadáveres antes de su sepultura.
En cuanto a las propiedades de la imagen, el sudario también se encuentra plagado de incógnitas. Desde el momento en que se tomó la primera fotografía del mismo en 1898 y se descubrió que el negativo de la imagen tenía todas las propiedades de un positivo, los especialistas en la materia no han dejado de estudiar tal fenómeno.
Detalle de la llamada Sábana Santa en sus dos versiones: a la izquierda, en positivo y a la derecha, en negativo. Debemos tener en cuenta que la imagen del sudario vendría a ser la impresión directa del cuerpo sobre la tela, de tal manera que su lado derecho (a la izquierda en la imagen) correspondería a la izquierda del rostro real. Por tanto, estaríamos viendo una imagen invertida. (Public Domain)
Detalle de la llamada Sábana Santa en sus dos versiones: a la izquierda, en positivo y a la derecha, en negativo. Debemos tener en cuenta que la imagen del sudario vendría a ser la impresión directa del cuerpo sobre la tela, de tal manera que su lado derecho (a la izquierda en la imagen) correspondería a la izquierda del rostro real. Por tanto, estaríamos viendo una imagen invertida.
Muchos investigadores coinciden además en que la imagen presenta rasgos tridimensionales: algo imposible de lograr en pinturas convencionales, al menos en la época medieval. Por otra parte, exámenes microscópicos han demostrado que la imagen se limitaba a una capa muy superficial del sudario, sobre las fibras nanométricas de hidrato de carbono. Este nivel de control, en caso de ser una pintura, escaparía a la capacidad de un artista humano.
Históricamente también existen argumentos a favor y en contra de la autenticidad de la sábana. Así, en 1978 los investigadores de la NASA Jackson, Jumper y Stephenson identificaron, por medio de un procesamiento digital de la imagen, impresiones de monedas sobre los ojos del hombre del sudario. Según sus análisis, la moneda derecha correspondería a una moneda de cobre romana, acuñada en Jerusalén entre los años 29 a. C. y 30 d. C., mientras que la izquierda se asemejaría a una moneda de la época del reinado de Tiberio.
Al año siguiente, otro investigador afirmó haber hallado varios textos sobre el rostro impreso en la tela, escritos en griego y latín, tales como “cara”, “sombra” o “irás a la muerte”. Los escépticos de la autenticidad del sudario alegan que no existen referentes que indiquen que los judíos, en aquellos tiempos, tuvieran la costumbre de colocar monedas en los ojos de los difuntos, además de que los textos en griego y latín están plagados de errores. El investigador Mark Guscin coincide con los críticos aduciendo que las imágenes de las palabras están basadas en interpretaciones puramente subjetivas.
Negativo fotográfico del Sudario de Turín obtenido en 1898 por Secondo Pia y que sugiere una imagen en positivo. Esta imagen se ha convertido en uno de los símbolos de la devoción a la Sábana Santa de Jesús. Musée de l'Élysée, Lausana. (Public Domain)
Negativo fotográfico del Sudario de Turín obtenido en 1898 por Secondo Pia y que sugiere una imagen en positivo. Esta imagen se ha convertido en uno de los símbolos de la devoción a la Sábana Santa de Jesús. Musée de l’Élysée, Lausana.
Otro punto a favor de los creyentes está relacionado con los detalles de la propia crucifixión. En las representaciones cristianas actuales, y sobre todo en las del medioevo, Jesús se encuentra sujeto por clavos en el centro de las palmas de sus manos. Sin embargo, hoy se sabe que en las crucifixiones lo que se hacía era insertar el clavo en el antebrazo, ya que el peso del propio cuerpo habría desgarrado las manos. El sudario de Turín muestra justamente las heridas de los clavos correctamente situadas, algo desconocido en la Edad Media con casi total seguridad.
Como en todo debate abierto, los exámenes realizados hasta el momento en el lienzo no pueden afirmar ni refutar su autenticidad. Incluso las “infalibles” pruebas de radiocarbono con las que se data la antigüedad de objetos orgánicos presentan en ocasiones errores abismales. Y podría no ser la excepción en el caso del sudario de Turín, dado que en el año 2005 se demostró que las pruebas se habían realizado sobre un borde remendado de la sábana (probablemente tras alguno de los incendios de la que fue rescatada), y no sobre el mismo lienzo en el que aparece impresa la imagen.
Desde otro punto de vista, también resulta muy difícil de comprender cómo es posible que un falsificador de la Edad Media haya podido colocar polen y otras partículas microscópicas en su “obra”, cuando en esos tiempos el hombre ni siquiera soñaba con realizar análisis de carácter molecular.
Impresión artística del probable aspecto del hombre del Sudario de Turín. Está casi exclusivamente basada en la imagen real del Sudario con una única salvedad: al no haberse producido la imagen del sudario mediante una lente plana, sino por una mortaja que envolvió el cuerpo, se supone que las proporciones verticales del rostro habrían quedado distorsionadas. De este modo, en esta recreación artística las dimensiones de la frente se ensancharon ligeramente, dando lugar posiblemente a un retrato más preciso. (Dianelos Georgoudis/CC BY – SA 3.0)
Impresión artística del probable aspecto del hombre del Sudario de Turín. Está casi exclusivamente basada en la imagen real del Sudario con una única salvedad: al no haberse producido la imagen del sudario mediante una lente plana, sino por una mortaja que envolvió el cuerpo, se supone que las proporciones verticales del rostro habrían quedado distorsionadas. De este modo, en esta recreación artística las dimensiones de la frente se ensancharon ligeramente, dando lugar posiblemente a un retrato más preciso. 
Lo que está claro es que, sea producto de una brillante falsificación o la impresión de un proceso energético sobrenatural, el sudario de Turín continuará constituyendo todo un enigma y, tal vez, lo siga siendo por siempre. Su próxima exposición al público está prevista para el año 2025.

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