GUERRA ABIERTA EN EL PSOE Pedro Sánchez, la piedra en el zapato del PSOE

  • El líder socialista nunca tuvo especial relación con algunos de los principales barones de su partido, en especial con Susana Díaz
A poster showing Spain's Socialist Party (PSOE) leader Pedro Sanchez is seen in Lugones, Spain, September 28, 2016.
A poster showing Spain’s Socialist Party (PSOE) leader Pedro Sanchez is seen in Lugones, Spain, September 28, 2016.

Todo empezó con los avales. Fue entonces, en junio de 2014, cuando empezaron las primeras tensiones de Pedro Sánchez con algunos compañeros del PSOE. Eduardo Madina, que también competía para sustituir a Alfredo Pérez Rubalcaba como secretario general socialista, requirió que se publicara la procedencia de los más de 40.000 apoyos que tenía Sánchez para presentarse al cargo.

Quería ‘destapar’ que a su rival en la carrera de las primarias lo apoyaban los aparatos del partido en Andalucía, Valencia, Madrid y Aragón. A Madina le apoyaban desde Catalunya, Extremadura y Asturias. Pero una cosa son las ejecutivas regionales y otra los militantes. En julio, cuando los afiliados socialistas acudieron a las urnas, se manifestaron mayoritariamente a favor de Pedro Sánchez (por encima de las 62.000 personas, más del 49% del censo).

Sánchez se había convertido en el secretario general del PSOE con más respaldo de la historia. “Hemos respondido a la crisis de la democracia con más democracia”, aseguraba entonces el ganador. Hoy no podrá decir lo mismo.

Los desencuentros con Madina se vislumbraron un año después, a finales de 2015, cuando el equipo de Pedro Sánchez relegó al socialista vasco hasta el séptimo puesto en la candidatura al Congreso por Madrid, lo que dejó a Madina sin escaño en el 20D (al menos hasta que lo recuperó el 26J gracias a la mejora de los resultados de los socialistas en la capital de España).

Relegar a Madina fue uno de los puntos en los que chocaron Sánchez ySusana Díaz. Aunque la falta de confianza entre el secretario general del PSOE y la presidenta andaluza ya venía de antes. “Los cuchillos llevan mucho tiempo afilados”, escampaban entonces fuentes de los socialistas andaluces.

En agosto de 2015, Pedro Sánchez había aprovechado sus vacaciones para pasar por Andalucía y reunirse con empresarios y dirigentes locales del PSOE. Miembros destacados del aparato andaluz se molestaron porque no habían sido informados e interpretaron la visita como un intento de Sánchez para recabar aliados de cara a una posible batalla interna.

Enfadados, contraatacaron rechazando todas las sugerencias de la dirección federal para las listas electorales. Además, exigieron que en el programa de la candidatura socialista para las generales se prometiera la derogación total y urgente de la reforma laboral aprobada por el PP.

La guerra interna entre Sánchez y Díaz empezaba a hacerse pública. Ya no era solo una lucha por llevar la voz cantante en determinadas cuestiones como la territorial. Se empezaba a vislumbrar que lo que realmente estaba en juego entre ambos era el liderazgo del PSOE. Los resultados del 20D no jugaron a favor de Sánchez.

Fichar a Irene Lozano puso en jaque a Sánchez ante varios barones

Algunos barones, incluso fieles de Pedro Sánchez como Ximo Puig o Emiliano García-Page, dejaron claro su descontento por el fichaje de Irene Lozano, procedente de UPyD. La medida tampoco gustó a otros dirigentes como el presidente de Asturias, Javier Fernández, o el de Extremadura, Guillermo Fernández Vara. Y desde el entorno de Susana Díaz se incidió en la idea de que el secretario general estaba perdiendo apoyos.

A finales de enero, las discrepancias en el PSOE se hicieron evidentes cuando se filtró la participación de la presidenta de Andalucía en el Comité Federal. “El 20 de diciembre el Partido Socialista no hizo historia. Sacó el peor resultado de la historia”, afirmó a puerta cerrada. Y añadió: “Un gobierno de coalición con Podemos no lo veo. No lo veo. No es el gobierno socialista, con ese proyecto progresista, reformista que se ha hablado aquí, con esos ocho pactos que apoyo del secretario general, que necesita nuestro país”. En ese momento, Pedro Sánchez estaba negociando la posibilidad de formar Gobierno con Pablo Iglesias. Cuando se presentó a la investidura, lo hizo solo con el apoyo de Ciudadanos.

Las intervenciones de Fernández Vara y Eduardo Madina también salieron a la luz. El presidente extremeño, que ya pidió evitar unos nuevos comicios, dijo que era necesario “dejar claro que el PSOE no tiene nada que ver con el independentismo ni por activa ni por pasiva” porque, de lo contrario, en Extremadura les “matarían”. El socialista vasco también advirtió sobre un posible acuerdo con los partidos catalanes porque si se sujetaba “el gobierno de España sobre 17 tipos que la quieren partir, partiremos España y partiremos el PSOE”.

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Edu Madina

@EduMadina

Siento pena al volver a escuchar filtraciones de reuniones internas del PSOE.
Espero que algunos reconsideren lo que están haciendo.

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“Yo voy a colaborar porque no quiero que Eduardo (Madina) no esté dentro del Parlamento. No existen muchas personas que gocen de reconocimiento interno y externo de Eduardo”, afirmaba Susana Díaz en abril, cuando se hacía evidente que España se encaminaba hacia las segundas elecciones.

Era en ese momento cuando Sánchez supo que Irene Lozano no repetiría en las listas y que tampoco podría contar con Carme Chacón, con la que cada vez había más distancia. “Que Madina forme parte de las listas para Madrid es bueno para el país y para el PSOE. Además, no es una buena noticia que Chacón haya dejado de encabezar la lista por Barcelona”, afirmaba Antonio Miguel Carmona, una de las caras más mediáticas de los socialistas y que más abiertamente se ha pronunciado en contra de Sánchez.

Había llegado un punto en el que el detalle más pequeño levantaba la más dura de las guerras entre los socialistas, intentando todos posicionarse lo mejor posible ante la tormenta perfecta que se avecinaba. El 26J no llevó la calma, se enconaron los puntos de vista y ya solo se buscaba debilitar al rival interno en cada intervención.

Las presiones a Sánchez para lograr su abstención y facilitar lainvestidura de Mariano Rajoy no fueron efectivas. Y eso que el trabajo se encargó a históricos del peso de Felipe González, Alfonso Guerra, José Luis Rodríguez Zapatero o Alfredo Pérez Rubalcaba. Pedro Sánchez se mantuvo firme en su “no es no” y se encontró luchando solo contra el mundo.

Cuando acababa de anunciar que intentaría formar Gobierno otra vez, Pedro Sánchez descubrió que sus críticos aprovechaban los malos resultados en Galicia y Euskadi para cuestionarle el liderazgo y la estrategia. El órdago que lanzó Sánchez con las primarias del próximo 23 de octubre fueron la gota que colmó el vaso de los socialistas críticos.

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