La interfase o tierra de nadie.

Por Sinesio Darnell.

9788420301969

De todos es sabido que sustancias de construcción molecular muy distinta, pese a estar formados por la misma clase de átomos, no son miscibles. Pongamos un caso: el agua está formada por átomos de hidrógeno y de oxígeno; los aceites se componen de átomos de hidrógeno, oxígeno y carbono; las características de ambos líquidos son totalmente diferentes, de tal manera que sus moléculas son antagónicas y prácticamente inmiscibles. Las moléculas de agua son lipófugas, esto es, rechazan las moléculas de aceite, y estas a su vez son hidrófugas, rechazan las de agua. Por mucho que agitemos una mezcla de ambos líquidos, agua y aceite, ambos terminarán separándose en breve tiempo formando dos “fases”, la acuosa y la lípida (aceitosa). Aparentemente existe una zona de contacto donde el agua y el aceite están en contacto, pero en realidad no es así. En una aproximación elemental podemos decir que las capas de las primeras moléculas de agua y las del aceite que están encaradas, “luchan” para no entrar en contacto, de tal manera que en esa línea divisoria entre los líquidos existe una zona no ocupada por las moléculas de ambos, esta zona la denominamos “interfase”.

Otro ejemplo sería el de una superficie de agua. No somos capaces de apreciarlo, pero entre el agua y la atmósfera, que son dos “fases”, existe una serie de moléculas de agua que gracias a su movimiento cinético molecular, luchan por escapar de la masa acuosa e incorporarse a la atmósfera, y en cierto momento de esa lucha se encuentran en la zona de “interfase” entre el agua y atmósfera. La naturaleza nos ofrece multitud de ejemplos de esta “interfase” o “tierra de nadie”, intermedia y estacionada entre componentes de naturaleza química muy diferente.
El hombre, abusando de cierta simplificación, podemos decir que está formado por dos “fases”, una corpórea y material, y otro espiritual y por lo tanto inmaterial… Entonces surge la pregunta lógica: ¿Porqué dos fases tan diferentes permanecen durante años unidas y no se separan de inmediato como el agua y el aceite? Para contestar a ésta pregunta podemos recurrir de nuevo a unos ejemplos comparativos, valiéndonos de la química.

Volvamos a nuestra mezcla de aceite y agua. Si añadimos a la misma unas gotas de un tensoactivo o emulgente (detergente) y agitamos enérgicamente, veremos que el conjunto adquiere un aspecto lechoso opalino, y que las dos “fases” no se separan. Dependerá de una serie de factores mecánicos y fisicoquímicos que la estabilidad de la mezcla sea permanente, pero aceptemos que estos factores sean óptimos y que la mezcla de los líquidos sea perfecta y efectivamente permanente. Ello se debe a que el detergente que hemos añadido está formado por unas complejas moléculas, que por un extremo son miscibles con el agua y, por el otro, con el aceite, y así, como cuerpo intermedio, mantiene a las dos fases unidas. Otro ejemplo más simple y sencillo sería el siguiente: un matrimonio está formado por dos “fases”, una femenina y otra masculina. Imaginemos que, por muy diferentes motivos, este matrimonio se encuentra al borde de la ruptura y tienden a separarse, pero existe algo intermedio que los mantiene unidos y ese algo es simplemente la presencia de un “hijo”. Este hijo sería como el tensoactivo en la mezcla de aceite y agua. ¿Pero qué relación guardan estos ejemplos con el hombre?

Como ya hemos mencionado, el hombre esta formado elementalmente por dos fases totalmente diferentes, cuerpo y alma; el cuerpo como continente y el alma como contenido. Para que “cosas” de naturaleza tan diferente se mantengan unidas, ha de existir un “algo” intermedio que, como el tensoactivo, por un lado ancle en el cuerpo y por el otro en el espíritu. Este cuerpo intermedio a las dos fases tiene que tener por un lado características, sino físicas, sí pseudofísicas, y por el otro, si consideramos el alma como algo energético, tendrá que tener ciertas características energéticas. Santo Tomás lo denomina cuerpo de “anclaje o de “resurrección”, mientras que autores esotéricos lo llaman cuerpo “moroncial”. En definitiva -repito-, se trata de un cuerpo de unión entre las dos fases, y por ello necesariamente tiene que poseer características más o menos acentuadas de ambas fases. Como veremos en el próximo tema, el cuerpo “moroncial” también denominado más modernamente “plasmático”, tiene una gran importancia en ciertos aspectos de la fenomenología que nos ocupa. Todo lo expuesto nos ha servido para llegar al punto que más nos interesa.

Nuestra vida física en el planeta Tierra presupone indudablemente para nosotros, los creyentes, una “fase” que abandonamos al morir para incorporarnos a otra fase espiritual o inmaterial. Por lo que hemos venido explicando cabe concebir que entre estas “fases” ha de existir una INTERFASE, o tierra de nadie, en la cual no se está totalmente desligado de la fase terrena, pero tampoco totalmente incorporados a la fase espiritual.El conocido investigador de las experiencias al borde de la muerte Dr. Raymond A. Moody, en su obra “Reflexiones sobre la Vida después de la Vida”, hace muy acertados comentarios sobre una “zona” mencionada por algunos “regresados” de la muerte a la que llaman zona gris. Según los testimonios recogidos por este autor, en la actualidad otros investigadores también tienen testimonios de ello, esta zona, por decirlo de alguna manera, está ocupada por espíritus que parecen deambular totalmente desorientados. De la página 41 de dicha obra, que recomiendo sinceramente, copio textualmente las siguientes líneas: “Varias personas me han informado de haber entrevisto en algún momento otros seres que parecían “atrapados” en una forma de existencia aparentemente de lo más desdichado. Los que han manifestado haber visto a estos seres confundidos se muestran de acuerdo en diferentes puntos. En primer lugar, afirman que estos seres parecían de hecho incapaces de cortar sus lazos con el mundo físico (1). Un hombre relató que, aparentemente, los espíritus que había visto “no podían avanzar hacia el otro lado (2) porque su Dios (3) vive todavía en éste. Es decir, parecían estar atados a algún objeto, personas o costumbres concretas. En segundo lugar, todos han señalado que esos seres estaban como “apagados”, que su consciencia aparentaba ser más limitada que la de los demás. En tercer lugar, afirman que era como si aquellos “ESPIRITUS APAGADOS” estuviesen allí solo hasta resolver el problema o dificultad (4) que los mantenía en aquel estado de confusión y perplejidad. “Sobre lo expuesto por el Dr. Moody me he permitido hacer unas llamadas, pues considero que son comentarios que tienen una gran relación con la idea de la “Interfase o Tierra de Nadie”. Veamos:

1.- Se comenta que, al parecer, los que se encuentran en esta zona gris (interfase), no han podido romper con los lazos que los unen al mundo físico. Desde nuestro punto de vista y bajo el aspecto de lo que hemos explicado, pudiera ser que la parte del cuerpo “moroncial” que contiene el cuerpo de los deseos, no ha podido de momento desprenderse totalmente de la fase terrena.

2.- Consecuencia de lo anterior, es el no poder avanzar o incorporarse plenamente a la “fase” espiritual. Cosa que se irá realizando a medida que la unión con la fase terrena se debilite, ello se consigue cuando se toma consciencia del estado en que se encuentran y los valores terrenos se desvirtúan, lo que presupone una evolución.

3.- Comentan los regresados que, para esos espíritus, su Dios esta en la Tierra. Como muy bien sabemos para muchos hombres el dinero es su Dios, las posesiones materiales, el orgullo desmedido y la codicia, entre otras cosas, hace que muchos seres humanos levanten falsos ídolos, lo que acrecenta su unión y fijación a lo terreno.

4.- Poco a poco esos espíritus varían sus escalas de valores y, a medida que esto sucede, la ligazón con la fase terrena se debilita, y así, por el contrario, va aumentado el nivel de incorporación a la fase espiritual.

La permanencia en esta “interfase”, según sea nuestra formación religiosa, puede relacionarse con el concepto de cristiano del purgatorio. Imaginémonos por un momento a una persona que durante toda su vida ha sido muy dado a las bebidas alcohólicas, llegando a tener una gran dependencia de ellas. Al trascender a la interfase, su cuerpo de los deseos continúa con esa dependencia, con ese deseo, y al no tener cuerpo físico no puede satisfacerlos, lo que indudablemente debe mortificarle en mayor o menor grado según haya sido su dependencia y afición a las bebidas alcohólicas. No obstante, poco a poco nace la resignación y la comprensión, el deseo se mitiga, el sufrimiento decrece, y aumenta la evolución hacia la fase espiritual.

Las múltiples psicofonías obtenidas y el contenido de las mismas, parece demostrar que la permanencia en la denomina INTERFASE no es, ni mucho menos, uniforme para todos. Parece quedar claro que algunas personas de vida ejemplar atraviesan esta TIERRA DE NADIE, sin permanecer en ella instante alguno (según nuestra idea del tiempo).Cuando un conocido experto en psicofonías, trabajando con voces electrónicas, preguntó qué debía hacer para atravesar la interfase entre las dos vidas y ascender a planos superiores, la respuesta fue contundente: “DAR SIN ESPERAR NADA A CAMBIO”. Esta respuesta puede parecernos un tanto elemental o simple, pero no necesariamente hay que esperar contestaciones de alto contenido literario y filosófico. En otra ocasión, ante una pregunta muy similar, dirigida por otro especialista en transaudiocomunicación, se obtuvo la siguiente respuesta:

“MÁS QUE PREOCUPARTE POR VIVIR DIGNAMENTE, PREOCUPATE DE SER DIGNO DE VIVIR”.

Indudablemente el concepto de interfase, que también se conoce como zona de acomodación, no es ni mucho menos tan simple como ha sido expuesto.
Los entendidos en la materia, y me refiero a los esotéricos y teósofos, nos aseguran que en realidad la interfase está formada por siete diferentes planos, que se corresponden con otros tantos diferentes grados de evolución. Personalmente mantengo la idea de que cuando nuestro “YO transcendental” se encuentra plenamente integrado en la fase etérica o espiritual, se pierde todo contacto con la fase terrena. Lo dicho puede aclararnos ciertos puntos de la experimentación psíquica o paranormal.
Permítaseme, al respecto, divagar un tanto. En la práctica de la experimentación psicofónica se graban muy distintos mensajes, algunos de ellos pueden ser realmente groseros, irrespetuosos, insultantes, obscenos, etc. Otros, por el contrario, de elevado contenido y belleza, dulces y consoladores; muchos otros, normales, asépticos. Si en realidad la interfase está formada por diferentes “estadios” según la evolución de quien en ellos mora, es de suponer que los comunicados que hemos calificado de “groseros” proceden del plano más bajo de la interfase, ocupado por seres de baja evolución espiritual y por ello muy apegados todavía a la fase terrena. Por el contrario, cuando el contenido de la inclusión psicofónica tiene matices más espirituales, ricos y nobles, podemos admitir que proceden de planos superiores más cercanos a la integración en la fase espiritual. Quizás a alguien pueda resultarle infantiles o, simplemente, excesivamente románticas estas conclusiones, pero hay ciertas experiencias dentro de la parapsicología instrumental que parecen fundamentar lo que se acaba de exponer.

Recordaremos que en temas anteriores, con referencia a la psicofonía, mencionamos el hecho de la necesidad de proporcionar a “esas inteligencias” una energía en forma de onda acústica o herziana, que puedan modular y transformar en vocablos inteligibles. Pues bien, la calidad de la voz y el contenido del mensaje parecen tener cierta relación con la frecuencia de la onda que hemos proporcionado. Cuando emitimos una onda de muy alta frecuencia para ser modulada, la voz es más agradable y su contendido mucho más ético y constructivo; por el contrario, al proporcionar ondas de baja frecuencia, suele abundar más la psicofonía grosera, soez. Pueden ser falsas conclusiones, hay que admitirlo así, pero existen tradiciones que desde antiguo afirmaban que las altas frecuencias nos abren las puertas de mundos de alta vibración, lo que nos permite entrar en contacto con seres evolucionados, y por el contrario, las frecuencias bajas corresponderían a mundos poco o casi nada evolucionados, y sería de ahí de donde procederían las inclusiones desagradables.
En realidad, desde un punto de vista religioso y filosófico podemos encontrar muy variadas referencias a estos planos existentes entre las dos vidas. Por ello considero realmente importante que algunos aspectos de la experimentación instrumental parezcan acoplarse de forma sorprendente a las más antiguas tradiciones.

Espero sinceramente que los investigadores más aventajados, por sus conocimientos y por disponer de más perfectos aparatos para una más rigurosa investigación, puedan contestar, a no tardar mucho, al gran número de preguntas que se nos acumulan.

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