Adriana – 4 factores que destruyen una relación de pareja

Psicología/Rafa Aragón
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La relación de pareja es un vínculo que nos pone a prueba constantemente, ya que se establece un contacto íntimo en el que afloran todos nuestros miedos e inseguridades. Para los terapeutas de pareja existen 4 factores determinantes que causan el final de una relación. Es a ellos a quienes les dedicamos este artículo.

Verse implicado en alguno de estos comportamientos es señal de que hay que cambiar un aspecto importante en nuestro modo de relacionarnos. De lo contrario estaremos alimentando el conflicto y aumentando la probabilidad de que la relación se termine.

Las discusiones, los malos entendidos y los desacuerdos forman parte de la relación de pareja. Sin embargo, hay muchas maneras de comunicar nuestras emociones y algunas de ellas son altamente destructivas. Son estas formas de expresión las que tenemos que dejar a un lado si queremos sentirnos entendidos y que a la vez nuestra relación salga reforzada.

“El primer paso a dar es tomar conciencia de que el amor es un arte, tal como es un arte el vivir. Si deseamos aprender a amar debemos proceder en la misma forma en que lo haríamos si quisiéramos aprender cualquier otro arte, música, pintura, carpintería o el arte de la medicina o la ingeniería”
-Erich Fromm-

1- Las críticas destructivas
Las críticas duelen, destruyen y lastiman. Su poder es tan grande que por sí mismas pueden destruir una relación, especialmente cuando van dirigidas a la persona (no al comportamiento ni a través de un mensaje en primera persona) y esta no tiene la oportunidad de réplica. En el seno de una relación, son armas cargadas por el mismísimo diablo.

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La crítica se diferencia de la queja. La queja es más bien algo específico, que se centra en el acto en sí más que en la persona. No es lo mismo decir “hoy te noto distraído” a “nunca me prestas atención”. La crítica incluye culpa y difamación, con lo que ello puede suponer para la otra persona.

2- El desprecio
El desprecio es posiblemente el peor de estos cuatro comportamientos que estamos explorando. Cuando despreciamos a nuestra pareja estamos envenenando la relación, causando una herida realmente profunda. Así, el desprecio ataca lo más básico, el respeto que le debemos al otro.

Es difícil llegar a una reconciliación cuando ha habido desprecio anteriormente. Este comportamiento genera conflicto y en un disgusto que se torna complicado de manejar.

El sarcasmo, la burla y el escepticismo forman parte del desprecio. Hay que estar pendiente de cuando estamos cayendo en estas conductas, puesto que una vez que aprendemos a relacionarnos de esta manera, el conflicto está servido y el daño producido va a tener una reparación larga y compleja.

3- Actitud defensiva
En la actitud defensiva entorpecemos la comunicación mediante una barrera que nos creamos culpabilizando a nuestra pareja. Distorsionamos los mensajes y los llenamos de interferencias, con el objetivo inconsciente de no mostrar nuestra vulnerabilidad.

Cuando permanecemos en esta actitud bloqueamos el diálogo y el tono afectivo, para dejar paso a la incomprensión y el distanciamiento emocional. Al sentirnos atacados nos mostramos con un escudo y todas nuestras armas haciendo del vínculo una batalla campal.

Adoptando una actitud defensiva estamos lanzando el siguiente mensaje a nuestra pareja “el problema no es mío sino tuyo”, con lo que conseguimos que se agrave el conflicto.

4- Actitud evasiva
El planteamiento violento en una discusión conforma factores de los que hemos hablado anteriormente. Las críticas y el desprecio pueden dar lugar a la actitud defensiva; posteriormente, cuando la distancia empieza a ser importante, aparece la actitud evasiva.

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Llegados a este punto de la relación, en el que es necesario distanciarse para sentirnos bien, va a ser necesaria la voluntad de los dos para que los rotos no terminen de destruirse. Todo lo contrario a lo que sería una actitud evasiva.

Podemos ignorar el problema o ignorar al otro pero cuando miremos de reojo no quedará nada. Así, la actitud evasiva es un claro indicador de que el amor se está marchitando. Por otro lado, este indicador suele aparecer más a menudo en parejas que ya llevan un largo periodo de tiempo juntos y no han atendido a otros síntomas que señalaban sus dificultades para relacionarse y amarse.

“En el acto de amar, de entregarse, en el acto de penetrar en la otra persona, me encuentro a mí mismo, me descubro, nos descubro a ambos, descubro al hombre”
-Erich Fromm-

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