Crisis profunda en el PSOE

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La crisis profunda del PSOE se da en un contexto marcado por dos hechos. Primero, una pérdida considerable de votos: en las elecciones de 2011 Zapatero perdió 11 puntos en porcentaje de votos y, en las de 2015 y 2016, Sánchez perdió otros 7 más. Segundo, en 2014 surge un competidor mucho más amenazador que IU, en términos de votos: Podemos.

Dentro del aparato, los partidarios del no a Rajoy, que sumaron nada menos que el 41% en la votación del Comité Federal del día 23 y 15 abstenciones el día de la investidura, parece que, o se agrupan en torno a o simpatizan con Sánchez. Es muy probable que la lectura que esta fracción hace de la caída del voto socialista sea que el PSOE es visto cada vez más como un partido del establishment tan culpable como el PP de la crisis y sus consecuencias (PP y PSOE, la misma mierda es, decían los del 15M). Su estrategia podría ser la siguiente: si queremos seguir siendo el partido hegemónico de la izquierda hay que hacer dos cosas. Por un lado, entenderse con la competencia que, según algunos cargos socialistas, puede llegar a “fagocitar” (palabras textuales) al PSOE. Para neutralizar una competencia tan peligrosa lo mejor es mantenerla cerca pero en una posición subordinada. Por otro lado, hay que acabar con la imagen del PSOE semejante al PP haciendo visible una actitud intransigente respecto a los conservadores, hay que mostrarse anti-PP de manera contundente.

La otra fracción, los partidarios de la abstención, encabezada por Felipe González, Susana Díaz y numerosas personalidades históricas y actuales del partido, podrían razonar lo siguiente: si queremos que continúe el turno PSOE-PP en una situación de crisis que favorece el auge de “radicales” de izquierda, lo mejor es unirse al adversario para lanzar una ofensiva contra ellos y recluirlos en el rincón de los perdedores, como ya se hizo con el PCE y luego con IU. Según esta posición, el establishment debe formar piña contra el auge de los “radicales de izquierda”. Es la misma estrategia de los poderes europeos ante Grecia: hay que humillar y procurar aplastar a los “radicalismos” y “populismos de izquierda” por la capacidad de contagio que tienen en una situación de crisis como la actual.

No cabe duda de que, desde el punto de vista de los grupos financieros y las multinacionales, es la postura más correcta. Por eso el SPD (Partido Socialdemócrata Alemán) ha gobernado junto a Merkel en dos legislaturas, ha sido copartícipe en el castigo a Grecia y quiere firmar el TTIP, una de las mayores agresiones contra la ciudadanía europea perpetrada por las multinacionales.

No obstante, los problemas que esta opción conlleva para el PSOE son varios y graves. En primer lugar, muchos militantes y votantes no entienden que su partido, al que consideran de izquierdas, regale el gobierno al PP y lo han expresado bien a las claras estos días. En segundo lugar, el PP no se conforma con la abstención: quiere un pacto de pasillo con el PSOE que le permita seguir haciendo su política cuatro años más y el PSOE no tiene fuerza para pedir nada a cambio, por lo que va a dar la razón a los del 15M. En tercer lugar, el PP está ya publicitando su próximo relato, caso de que la oposición le ponga demasiadas trabas: yo he tendido la mano a todo el mundo pero la oposición me ha impedido gobernar, así que no tengo más remedio que convocar elecciones. Esto pondría al PP en una situación favorable de cara a esas hipotéticas elecciones y al PSOE en una situación muy difícil.

¿Cuál de las dos posturas prevalecerá? Sánchez está dispuesto a liderar un partido socialista “de izquierda”, lo que obliga a preguntarse si el PSOE es un partido de izquierda y qué entendemos por ese concepto, hoy tan omnicomprensivo. Los abstencionistas prefieren ser los socios únicos del PP en el Consejo de Administración de España S.A., del que se expulse a los pequeños accionistas, vociferantes y, lo que es peor, mal vestidos. Aunque eso les salga por un ojo de la cara.

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