La Ley de Atracción ¿Qué es, en verdad, la Resonancia?

A Través de la Ley de la Resonancia entendemos que todo en el universo se comunica entre sí por
medio de vibraciones. Todas las cosas y todos los seres vivos en el mundo conocido tienen una
vibración propia. Lo mismo sucede con todos los órganos y células de nuestro cuerpo, y toda la
materia. Si investigamos la energía vibratoria de la materia, comprobaremos que distintos objetivos
oscilan con diferentes frecuencias, y algunos oscilan con una frecuencia igual o similar entre sí.
Esto lo vemos en el piano: si pulsamos una nota en el piano veremos que todas las cuerdas, al
resonar con la nota pulsada (es decir que reconocen la nota pulsada y armonizan con ella), entran en
vibración. Las notas podrán ser más altas o más graves, pero mientras estén en resonancia vibrarán.
Otras personas, cosas o acontecimientos no pueden evitar el campo de oscilación que creamos
en nosotros mismos, cuando resuenan con nuestra frecuencia creada.

Todo está obligado a reaccionar con ella. De la misma manera que las demás cuerdas del piano, que
resuenan con la cuerda pulsada, no pueden evitar vibrar con esa cuerda, también las personas, las
cosas o los acontecimientos no pueden evitar vibrar cuando se hallan en el mismo plano de
oscilación que nosotros.

Pero ¿cuál es la ventaja de que otros se sientan llevados a oscilar con nuestra energía?

Aquí entra en juego la segunda afirmación básica de la Ley de la Resonancia:

Características humanas similares se atraen.

Todo lo que resuena con nosotros será atraído a nuestra vida de manera inevitable, pero esto no
siempre será positivo para nosotros. Por ejemplo, la vibración puede ser tan fuerte, que destruya la
materia. Un cantante de ópera puede provocar que una copa se rompa únicamente con el timbre de
su voz. A través del espacio él dirige la energía hacia la copa.

Cuando la energía transportada tiene la misma vibración que la copa, es decir, la misma frecuencia
natural que la estructura molecular de la copa, la carga puede alcanzar tal magnitud que rompa la
copa en pedazos.

Evidentemente, nosotros no nos “rompemos” como un vaso. La llamada energía de oscilación
“negativa”, que forma parte de nosotros, puede hacer vibrar todo tipo de áreas en nuestro interior
que no deseamos, o atraer a nuestra vida acontecimientos que son desagradables o quizá incluso
perturbadores.

Por ello, es tan importante saber cuál es nuestro nivel de oscilación y qué campo de resonancia
creamos de manera consciente o inconsciente.

¿Cómo obran nuestras convicciones en la modificación del mundo exterior?

Podemos equivocarnos de dos maneras.
Podemos creer que no son ciertas, o podemos negarnos a creer lo que es cierto.
Soren Kierkegaard

Hemos crecido con la conciencia de que estamos separados de los demás. Esto ha creado
inevitablemente un sentimiento de aislamientos y soledad. Consideramos las cosas y los
acontecimientos como acaecidos “por casualidad”. Pensábamos que nos venían dados, a nosotros y
al resto del mundo. Esta visión del mundo se ha hecho tan natural que no la hemos cuestionado
-aunque emocionalmente no nos fuera demasiado bien-. Con seguridad nuestra vida ha transcurrido
a menudo de tal manera que esta opinión se ha visto confirmada.

Pero en los últimos años los conocimientos de la ciencia moderna se han modificado
completamente. Hoy sabemos que la realidad es exactamente lo contrario. ¡No estamos separados
de los demás! Todo está unido a todo y se influye recíprocamente. A continuación, explicaré por qué
el hecho de poseer este conocimiento es tan esencial para la cohesión de la energía de nuestros
deseos.

El cambio empezó en 1995 con las investigaciones llevadas a cabo por la Academia Rusa de la
Ciencia, bajo la dirección de Vladimir Poponin y Peter Gariaev. Los resultados de dichas
investigaciones mostraban algo muy sorprendente y eran tan asombrosos que fueron repetidos en
EE.UU., y finalmente también allí se hicieron púbicos.

Vladimir Poponin y Peter Gariaev quisieron investigar el comportamiento del ADN en presencia de
partículas luminosas, llamadas fotones. En esta línea de investigación eliminaron todo el aire de un
tubo para producir el vacío. Pero se sabe que incluso en el vacío nunca se produce una vacuidad
absoluta. En cada espacio permanecen fotones (energía lumínica), que se pueden medir de forma
muy rigurosa con instrumentos especiales. También con este experimento se dio este caso. Al
principio todo se desarrolló según se esperaba. Los fotones se repartieron en el hueco del tubo de un
aparentemente desordenado.

En el siguiente paso, se colocó en el tubo una muestra de ADN humano. Y entonces sucedió algo
completamente sorprendente: en presencia del ADN las partículas se distribuyeron de manera
diferente. El ADN ejercía una influencia directa sobre los fotones. Como por influencia de una
fuerza invisible, los fotones se alinearon en el tubo de manera ordenada. Estaba claro:

El ADN humano tiene un efecto directo sobre el mundo físico.

Extraído del libro “La ley de la Resonancia” de Pierre Franckh
Puedes DESCARGAR AQUI el libro completo en PDF

http://ojodeltiempo.com/ley-de-atraccion-que-es-resonancia/

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