LA C.I.A. CONTROLA A LOS PARTIDOS POLÍTICOS Y SINDICATOS ESPAÑOLES (2ª PARTE)

Menos mal que la injerencia norteamericana es cosa del pasado, y los nuevos
líderes no se dejan comprar por los “halcones” de la CIA, ¿verdad?

El frente laboral de la “transición” española, importante por haber sido una herramienta combativa contra el régimen franquista y luego como potencial ariete rupturista, no podía ser un flanco dejado a la improvisación por EEUU. Si la CIA operó en el terreno político para legitimar al hijo del dictador (Juan Carlos) y apostó políticamente por su hombre “fuerte”, Felipe González, para garantizar la influencia y el control de EEUU sobre España y, de paso, perpetuar alguna forma de continuismo del franquismo sin Franco, los sindicatos debían ser una pieza manejable más en el tablero de intereses de Washington para aniquilar la influencia del comunismo sindical antiamericano en la España postfranquista.

Una influencia “comunista” que, a nivel político, la del “carrillismo”, era una pantomima que ya había entregado sus ideales en beneficio de la “reconciliación” y había asumido que tenían que estar bajo la bota americana. Pero eso, para EEUU, era poca cosa. El hecho de llamarse “comunistas” (o eurocomunistas, una trampa semántica para seguir llamándose lo que ya no eran) fue motivo suficiente para iniciar una campaña de liquidación cruenta contra, en general, todas las organizaciones de izquierda, pero básicamente contra la que más fuerza tenía, el PCE, empezando por la capitulación del propio Carrillo. Al mismo tiempo, la CIA utilizó la infiltración y deslegitimación de la izquierda antifascista mediante agentes saboteadores o bien echaron mano, junto a la policía española y el CESID (CNI) del terrorismo mediante la Operación Gladio.

El terrorismo de grupos autodenominados de izquierda en la “transición” fue clave, tal y como sucedió en Italia, para avivar la estrategia de tensión y demonizar al comunismo. En Italia Gladio-CIA actuó con extrema violencia a través de sus organizaciones izquierdistas infiltradas o creadas “adhoc” (Brigadas Rojas) y fuerzas ultraderechistas al servicio del SISMI (la inteligencia militar italiana) y la CIA, mientras que en España ocurrió con sus equivalentes GRAPO (el ex oficial de la CIA Philip Agee dijo en 1978 que el GRAPO era una cubierta creada por la Agencia), FRAP y, por otro lado, paramilitares fascistas italianos de Gladio y españoles usando diversas siglas terroristas creadas desde las cloacas del Estado español: GAL, BVE, Triple A, estos últimos protegidos, pagados y dirigidos por el CESID (CNI) y la policía española.

Una de las campañas previas a la “transición” de demonización del comunismo más sangrientas que se produjeron en España fue el atentado de falsa bandera ocurrido en Madrid, en la calle Correo, en 1974, contra la cafetería Rolando, lugar que era frecuentado por policías de una comisaría cercana y que se cobró más de una decena de muertos (ajenos todos ellos a la fuerzas de seguridad ya que ese día, “casualmente”, no hubo ningún policía en el interior de la cafetería). El atentado fue atribuido a ETA y a un grupo de comunistas, pero muy probablemente fue orquestado por la policía y el SECED o inteligencia franquista (el antecesor del CESID y CNI) utilizando a infiltrados o chivos expiatorios entre los autores-cooperadores del atentado.

Se cree, con certeza, que circuló una nota de la DGS (Dirección General de Seguridad, dependiente del Mº de Interior) instando a los policías a no acudir el día del atentado a la cafetería Rolando, información que fue publicada por la revista Cambio16 y que nunca fue desmentida, en los siguientes términos: «Fuentes relacionadas con la DGS (Dirección General de Seguridad) confirmaron los rumores según los cuales días antes del atentado se habían dictado normas a los funcionarios policiales en el sentido de que se abstuvieran de pararse junto a las fachadas del edificio, y de que tratasen de no circular ante la puerta principal y no frecuentasen la cafetería Rolando.» Dicha información viene recogida en la hemeroteca de ELPAIS (año 1979). Recordemos, por otra parte, que Santiago Carrillo, secretario general del PCE, se negó a prestar asistencia jurídica a los comunistas que fueron detenidos y luego torturados por la policía.

Hablemos ya del sindicalismo español en la “transición” en boca de una personalidad relevante, el ex embajador norteamericano en España, Charles Powell, quien en su libro-coleccionario de anécdotas, medias verdades (leve crítica a Kissinger), omisiones deliberadas y la inexcusable propaganda imperialista (El Amigo Americano) señala que: En agosto de 1976 visitaron España dos respetados sindicalistas norteamericanos, Victor G. Reuther y Ben Stephansky. Tras reunirse con varios dirigentes de UGT y USO (sindicato “obrero” católico de derechas) en Madrid y Barcelona, entre ellos Nicolás Redondo, informaron al embajador norteamericano Stabler de la necesidad de apoyar económicamente a ambos sindicatos, dada su precaria situación frente a sindicatos como CCOO”, entonces comunista y mayoritario.

Según Powell, el “socialista” estrechamente vinculado con EEUU y el Estado sionista de Israel, Enrique Múgica, aprovechó una reunión con diplomáticos estadounidenses para solicitar a la embajada más ayuda para la UGT por parte de los sindicatos norteamericanos y muy especialmente de los United Auto Workers (UAW). Poco después, el vicepresidente del AFL-CIO, Albert Shanker, que era también presidente del American Federation of Teachers (AFT), aprovechó su presencia en Madrid con ocasión de una reunión internacional para entrevistarse con Redondo y varios dirigentes de la Federación de Trabajadores de la Ense-ñanza (FETE) y explorar posibles vías de ayuda a sus homólogos españoles. Si el PCE era la única izquierda con fuerza y relevancia política que podía haber dicho “algo” en la transición, en la vertiente sindical, el sindicato CCOO, tradicionalmente comunista (aunque luego se convirtió en una caricatura sindical idéntica a la UGT) era su homólogo combativo en aquellos años, aún más que el propio PCE. Esto, para EEUU, suponía una amenaza a erradicar o, al menos, había que reducir la influencia comunista sindical a lo testimonial.

En otro sentido, si el PSOE fue la “niña bonita” política de Washington para pilotar el proceso de “transacción” en España, el sindicato “socialista” del PSOE, la UGT, lo fue para la tapadera sindical estadounidense de la CIA, el AFL-CIO, tanto que, dice Powell, el responsable internacional del AFL-CIO, Mike Boggs, fue informado por el ugetista Manuel Simón de que su sindicato recibía anualmente 6 millones de pesetas de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL) y que habían calculado que precisarían unos 120 millones para sostener su organización en 1977, aunque dudaba que sus afiliados pudiesen aportar más de una tercera parte de esa cifra.

La AFL-CIO, también conocida como AFL-CIA es la mayor organización sindical de EEUU, una corporación de espectro mafioso cuyo ideario es netamente pro-capitalista y anticomunista en un país donde el sindicalismo de clase anti-oligárquico, anti-imperialista y anti-capitalista, es simplemente utópico. La AFL-CIO está bajo control de la Agencia Central de Inteligencia que la ha usado como plataforma y enlace para financiar a sindicatos “libres” en todo el mundo. Irving Brown, que fue miembro de la AFL-CIO, desempeñó un papel crucial en Europa occidental y en África, durante la Guerra Fría, apoyando la división entre sindicatos para contrarrestar la influencia comunista. Mientras era agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) fundó en 1962 el Instituto Estadounidense para el Desarrollo del Trabajo Libre junto con el ex miembro del Partido Comunista de América y agente de la CIA Jay Lovestone.

Huelga decir que tanto UGT como CCOO (quien se incorporó más tarde), más el católico-derechista USO, son compañeros actuales de viaje del pseudosindicato gangsteril AFL-CIO cuya trayectoria en la guerra fría, al igual que del CIOSL (luego CSI), otra apuesta “sindical” de la CIA, fue la de incentivar económicamente en Occidente la creación de sindicatos al servicio del capitalismo estadounidense y minar la influencia de los sindicatos comunistas. CCOO, que era comunista en los años 70, luego fue pilotado por saboteadores profesionales como Antonio Gutiérrez (acabó en el PSOE) o el siniestro José María Fidalgo, este último terminando de asesor en la ultraderechista FAES de Aznar. No obstante, hay que recordar que CCOO, siendo comunista en la “transición” (con Camacho), suscribió los Pactos de la Moncloa y acuerdos anti-obreros como el ANE (Acuerdo Nacional de Empleo, de 1981) que fueron, en la práctica, los que pusieron fin al sindicalismo de clase (si es que había existido algo parecido) en España. Que no te den por el ANE decían entonces los “neutrales y combativos” de la CNT (ahora sería “políticamente incorrecto”).

Y es que, hablando de la CNT, en la transición, EEUU buscó aliados sindicales “inesperados” en el anarquismo español para borrar cualquier vestigio comunista, tanto que, señala el embajador Powell, la embajada norteamericana incluso llegó a establecer relaciones con el sindicato anarquista CNT (Confederación Nacional del Trabajo). Para el embajador Stabler la CNT era ante todo rabiosamente anticomunista, como había demostrado al negarse a unirse a CCOO en la creación de la Coordinadora de Organizaciones Sindicales (COS) en septiembre de 1976, y además había dado la espalda al uso de la violencia. De ahí que el embajador solicitara formalmente que se retirase a la CNT de la lista de organizaciones subversivas del Departamento de Estado, como paso previo a la inclusión de algún representante suyo en el programa de visitantes extranjeros de la embajada.

Uno recuerda, en su adolescencia, que en los primeros años 80 la CNT se dedicaba a realizar pintadas en apoyo del sindicato anticomunista y clerical polaco Solidaridad, un franquiciado del Vaticano y la CIA para derribar el gobierno comunista de Jaruzelsky. La CNT, esos que quisieron hacer la guerra por su cuenta en el 36 torpedeando la unidad antifascista contra Franco, resulta que estaban en la cartera de la CIA para ser autogestionados….por EEUU. En la transición la CNT era un sindicato que tenía un poder de convocatoria en sus mítines muy superior o similar al de cualquier partido de los que hoy llaman “mayoritarios”. Ellos mismos se hicieron la demolición controlada tal como la hicieron en la guerra civil con el bando republicano. Como siempre, las bases eran la carne de contrabando para ser víctimas del engaño de la dirigencia. Y, en cualquier caso, el ideario anarquista “anti-estatalista” era un excelente contrapeso para dividir a la clase obrera.

Otro sindicato que gozó del favor de EEUU para la “transición” fue el nacionalista vasco ELA-STV. Un sindicato reaccionario que servía de apoyo a la burguesía vasca católico-aranista del PNV; el vasallo perfecto del imperio para contrarrestar a otros sindicatos izquierdistas en el País Vasco. Apunta Powell que ELA-STV celebró su tercer congreso en Eibar en octubre de 1976 (el segundo había tenido lugar en Vitoria en 1933). A dicho congreso asistieron en representación de la AFL-CIO, Mike Boggs y Glenn Watts, cuya presencia fue sorprendentemente bien recibida por los asistentes. De dicha documentación se desprende que los norteamericanos valoraron especialmente su acendrado anticomunismo.

Para canalizar la ayuda a los sindicatos españoles no comunistas la mejor opción era hacerla, no directamente a través del Departamento de Estado norteamericano, sino que que fuesen las organizaciones sindicales norteamericanas, bajo su cobertura, las que ayudasen económicamente a sus homólogos españoles. De este modo la UAW contribuyó a la campaña electoral sindical de la UGT con 75.000 dólares y varias organizaciones afiliadas a la AFL-CIO donaron al menos 20.000 dólares a ELA-STV, el sindicato español que más activamente había solicitado estas ayudas. El Departamento de Estado también apoyaba la solicitud de recursos adicionales para financiar actividades como la visita de una veintena de dirigentes sindicales españoles a EE.UU. cada año, el envío a España de hasta doce expertos norteamericanos, la organización de seminarios y talleres en Madrid y Barcelona y la traducción al español de manuales norteamericanos sobre relaciones laborales, cuyo coste total rondaría los doscientos mil dólares anuales. A esto habría que sumar el coste de destinar en la embajada norteamericana a un agregado laboral adicional (de la CIA), que se ocuparía de coordinar estas iniciativas

Entonces es cuando entran en juego las fundaciones ‘privadas’, instituciones dependientes de partidos políticos, financiadas casi en su totalidad por los Gobiernos, como la mejor manera de “untar” a sindicatos, diversas asociaciones, ong’s y demás parásitos del capitalismo. La Fundación alemana Friedrich Ebert Stiftung, socialdemócrata, fiel a la Alianza Atlántica, a la CIA y anticomunista, fue una de las que destinó fondos a la UGT y, como dice Powell, sin que ello suscitase la menor resistencia política, ni en el país donante ni tampoco en el receptor

Las donaciones norteamericanas a sindicatos españoles no se limitaron a los “sobornos” durante la “transición” sino que una vez que EEUU copió el modelo europeo de Fundaciones privadas, o think tanks, se puso manos a la obra. El intermediario fue esta vez la recién creada Fundación de la CIA, NED (National Endowment for Democracy), en los años 80, un activo injerencista de EEUU que fue impulsado por Ronald Reagan para financiar movimientos opositores golpistas y/o anticomunistas, sindicatos, periodistas o entidades que contribuyeran a difundir los intereses imperialistas de Washington en el mundo.

La UGT y el vasco ELA-STV fueron beneficiarios del NED, en 1986, según consta en esta información de ELPAIS, sacada del archivo de su hemeroteca: “UGT recibirá dinero indirectamente del Gobierno de Estados Unidos a través de la National Endownment for Democracy (Fundación Nacional para la Democracia, NED) un organismo que opera con fondos públicos, creado por Ronald Reagan y el Congreso en 1983 para “defender los valores democráticos en todo el mundo”. La entrega del dinero (12.000 dólares) ya ha sido aprobada, y el cheque está firmado por el Free Trade Union Institute (FTUI), a través del cual la NED canalizaba sus ayudas a sindicatos extranjeros que se oponen al comunismo.

La citada ayuda -algo más de 1.800.000 pesetas- será entregada a la Federación de Trabajadores de la Enseñanza (FETE-UGT) y había sido solicitada el pasado año por el sindicato a la Confederación Internacional de Organizaciones de Sindicatos Libres (CIOSL), con sede en Amsterdam. El sindicato nacionalista vasco ELA-STV ha recibido también, por la vía de la NED, una ayuda de 40 millones de pesetas en 1985. […]

Encarnación Asensio, secretaria general de FETE-UGT, solicitó la ayuda para realizar cursillos de formación de 330 militantes en toda España, según comprobó EL PAÍS en la carta en que pedía formalmente apoyo. La Fundación Nacional para la Democracia, que fue creada por el Congreso en 1983 y está dirigida por Carl Gershman, un ex colaborador de Jeanne Kirkpatrick, ha mantenido en secreto la ayuda a UGT. […] “El programa”, afirmaba el documento al que ha tenido acceso EL PAÍS, “responderá a la necesidad de equipar a activistas de un sindicato de profesores democrático con las aptitudes para contrarrestar al sindicato comunista de enseñantes, que está bien financiado y compite por el apoyo de los profesores españoles”.

La NED justificó asimismo su ayuda a ELA-STV como necesaria para un sindicato “que se enfrenta al reto de rivales comunistas y extremistas en el País Vasco”. La NED se negó a comentar sus actividades relacionadas con España, que fueron confirmadas por Eugenia Kemble, directora, del FTUI. Preguntada por qué se conceden ayudas a sindicatos de países como España o Francia, donde la democracia no está en peligro, Kembile dijo que “se trata de un esfuerzo mundial por apoyar a sindicatos democráticos”. La directora del FTUI dijo que no son programas secretos, pero que se mantiene la confidencialidad sobre las cantidades concedidas y, en ocasiones, como en el caso de UGT, el nombre de los receptores, “para respetar la sensibilidad de las organizaciones que requieren las ayudas”.

La utilización de la poderosa central sindical norteamericana AFL-CIO, de la que depende la FTUI, para canalizar ayuda oficial para proyectos anticomunistas, sobre todo en Centroamérica, que coinciden con la política exterior norteamericana, es objeto de polémica en este país. A través de una serie de institutos poco conocidos -uno de ellos es el Free Trade Union Institute-, la AFL-CIO, que es liberal en política interior, se gasta 43 millones de dólares al año, en 83 países, en este tipo de programas para contrarrestar el comunismo.”

“El sindicato nos hace fuertes” …  Y el dinero de la CIA os
hace solventes …

El sindicato ELA-STV se atrevió a hablar, cínicamente, por boca de su entonces responsable de prensa, José Elorrieta, en los siguientes términos cuando se confirmó que recibía ayuda de la ONG de la CIA por un montante de 40 millones de pesetas de la época: “se trata de una muestra de solidaridad sindical”. Un eufemismo para decir que se trataba de una financiación encubierta otorgada por una fundación que actuaba (y lo sigue haciendo) bajo el paraguas de la mayor Agencia del crimen organizado que existe en el mundo (CIA), con el objetivo de contrarrestar cualquier avance del sindicalismo de clase. La información relativa al ELA-STV se trata separadamente en otra información de EL PAIS publicada un año antes (1985).

(Fuente: https://berlinconfidencial.com/)

http://astillasderealidad.blogspot.com.es/2018/03/la-cia-controla-los-partidos-politicos_19.html

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