Oncólogo ganador del Pullitzer explica por qué ni siquiera deberíamos pensar en clonar humanos

Siddhartha Mukherjee es un médico oncólogo que ha forjado una carrera también como escritor -algunos lo comparan con Oliver Sacks-.  Su libro sobre el cáncer The Emperor of All Maladies: A Biography of Cancer, le mereció el Premio Pullitzer. Recientemente el investigador indio-estadounidense, escribió The Gene: An Intimate History.  El interés de Mukherjee en los últimos tiempoes está centrado en la terapia genética. Mukherjee ha dicho que en el futuro próximo las células serán lo que hoy son las pastillas.

En una interesante entrevista con El País, Mukherjee habló sobre estos temas y respondió a la pregunta sobre la clonación con una respuesta que merece citarse.

Está al alcance de la ciencia, por eso la pregunta ya no es si es posible, sino si debe hacerse. Mi respuesta es no: los seres humanos no deben ser clonados. La capacidad desestabilizadora que tendría sobrepasaría cualquier logro técnico. Que la tecnología capaz de redefinir lo que significa un ser humano solo esté disponible para quien puede pagarla es aún más desestabilizador que clonarlo. La genética ha sido siempre un territorio sagrado, fuera del alcance del dinero. Vivimos en una sociedad dividida por él. Pero que esa desigualdad pueda alterar también la genética sobrepasa lo que somos.

En la misma entrevista, Mukherjee menciona que no es una persona religioso, por lo cual su respuesta se da en términos pragmáticos y desde una ética secular. Es cierto, señala, que en una sociedad sin desigualdades y con una integridad ética muy superior a la nuestra, la clonación sería muy útil para resolver problemas médicos. Pero esto es algo demasiado alejado de nuestra realidad, por lo cual ni siquiera merece considerarse. A la pregunta de si tendría un tercer hijo para salvar a una de sus hijas con el órgano del recién nacido, contestó:

No. He dedicado mucho tiempo a analizar los genes y creo que ese uso destroza algo fundamental de lo que es un ser humano, que es siempre único. La nueva ciencia genética, embriológica y de clonación hace tambalear los límites de lo que es humano. Llegan las preguntas incómodas.

Al destapar el canal de la clonación se vienen temas que no sólo son incómodos, sino peligrosos, pues resulta casi inevitable la noción de eugenesia. Un tema ético que por otro lado está siendo planteado por Yuval Noah Harari, con su noción de que la tecnología casi seguramente será usada por una élite para aumentarse y separarse del grueso de la humanidad. En otra entrevista, el oncólogo había dicho:

Es un peligro real al que nos estamos enfrentando. Podemos crear una clase alta y una clase baja genéticas en función de si tienes acceso a las tecnologías y puedes determinar el futuro de tus hijos. Si los más ricos se lo pueden permitir dentro de 20 años se puede abrir una brecha importante. Aún no sabemos lo suficiente. Cuando se abra del todo la caja es una posibilidad muy real.

El oncólogo indio-estadounidense señaló también que el diagnóstico genético, si bien podría ser una solución médica, conlleva también problemas sociales.  Saber que tendremos una enfermedad puede ayudarnos a alargar la vida, pero por otro lado estar marcado desde pequeño puede tener sus perjuicios. Sobre el cáncer dijo que debemos «dar un paso atrás. Tener en cuenta el contexto del cáncer: las costumbres del enfermo, el estado anímico, la alimentación…, información que médicos y pacientes deberíamos compartir.» Esto para evitar en la medida de lo posible y lo prudente el «veneno» al que son sometidos algunos pacientes, si bien en algunos casos un veneno indispensable.

Y una joya, antes de permitir que sus hijas tuvieran un teléfono móvil, les pidió que leyeran dos libros: 1984 y Rebelión en la granja.

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