La izquierda también es culpable del asesinato de Laura Luelmo

Bernardo Montoya, el asesino confeso de Laura Luelmo (en el recuadro)

Bernardo Montoya, el asesino confeso de Laura Luelmo (en el recuadro)

  El asesinato en Huelva de la profesora Laura Luelmo a manos de Bernardo Montoya, de 50 años, ha puesto otra vez de manifiesto la irresponsabilidad de la izquierda en su siniestro conjunto. Bernardo Montoya es un ex presidiario con antecedentes con delitos contra las mujeres y asesinato. La joven había alertado a su novio y otras personas sobre el detenido.

El día de la desaparición de Luelmo, el miércoles 12, Luciano Montoya estaba interno en el centro penitenciario de Ocaña (Toledo), aunque se le concedió un permiso para salir este lunes día 17, día en que fue encontrado el cuerpo con señales de violencia.

El asesinato de Laura prueba una vez más que el sistema no tiene voluntad alguna de salvar a víctimas inocentes de sus potenciales asesinos.

Como sostiene el ex fiscal Ramiro Grau en este mismo medio, “la sociedad tiene derecho a protegerse de esas alimañas, y el ideal constitucional de que las penas deben facilitar la reinserción social del penado (art. 25, 2), se convierte en papel mojado cuando el reo no quiere rehabilitarse, sino que se ha situado al margen de la sociedad, y no respeta a nada ni a nadie, como sucede en el caso que nos ocupa”.

Por desgracia tenemos que sufrir las consecuencias de las decisiones de una izquierda que criminaliza la disidencia política y en cambio defiende que cualquier asesino es bueno por naturaleza, y es la sociedad la que los hace malos. Si la responsabilidad de los actos reincidentes de estos asesinos, al ser puestos en libertad, recayese en jueces y legisladores, la sociedad se habría librado de estas peligrosas patologías que cuestan cada año la vida a decenas de inocentes.

El buenismo progre nos está saliendo muy caro. Y lo preocupante es que ningún dirigente de la izquierda haya especulado sobre si podía haberse evitado el asesinato de Laura de haber permanecido su verdugo en la cárcel, que es lo que habría ocurrido en Estados Unidos.

La xenofilia de la extrema izquierda alcanza niveles tan delirantes que en cualquier otro momento de la Historia habría tenido gravísimas consecuencias para ellos. Cuando ponen en la calle a un potencial asesino o a un potencial violador, en contra del criterio de los profesionales y del sentido común, lo que están haciendo es exponer a una muerte o a una violación segura a una persona inocente.

Ellos ven, al igual que todos, la degradación y la decadencia, pero su cerebro desquiciado, su pervertida escala de valores y su nulidad intelectual lo interpretan como la antesala de Shangri-Lá en primavera.

La izquierda desea, pues, que el derecho de cualquier criminal prevalezca sobre el de cualquiera de nosotros a seguir con vida. Estamos en pleno descontrol. El sistema se ha desentendido por completo de los intereses del pueblo español y de la misma supervivencia de España. Esta cuestión sigue absolutamente ausente del debate político. Como si no existiera. Se habla tanto de los problemas de la falsa reinserción como de los elefantes voladores: eso no existe, por lo tanto no se debate lo que no existe.

Hemos entrado en una nueva fase en la desestabilización de las naciones de Occidente desde su interior por parte del globalismo. Nos dirigimos hacia días muy convulsos para nuestras patrias europeas, en los que nuestra seguridad y hasta nuestra supervivencia colectiva penderá de un hilo.

Los partidos que legislan a favor de los derechos de Bernardo Montoya son de fabricación globalista, una creación de Soros para desestabilizar España desde su seno, el enemigo interno encargado de promover que se encienda la mecha del caos para canalizarlo a su favor. El crimen es inherente al marxismo: siguen la hoja de ruta de fomentar y aprovechar un escenario de división y enfrentamiento. Lo que toca ahora es dar respuesta en las urnas a los que victimizan al puerco asesino de Laura.

Nada de esto habría ocurrido; españoles y españolas como Laura Luelmo, el pequeño Gabriel Cruz, Marta del Castillo, Mari Luz Cortéz, Diana Quer, Olga Sangrador, y tantos y tantas, seguirían hoy vivos si España no hubiese estado dirigida por auténticos psicópatas, en medio de una población que mayoritariamente carece de los anticuerpos necesarios para contrarrestar el funesto virus del buenismo y el etnomasoquismo, como aquel padre catalán que sintió el irrefrenable deseo de abrazar a un imán solo unas pocas horas después de que unos terroristas islámicos segaran la vida de su hijo.

Gracias a políticos como los que estos días han fingido sentirse consternados por la muerte de Laura, su asesino volverá a estar en la calle, con el placet de psicólogos y educadores progresistas, mucho antes de que los padres de la joven profesora puedan procesar el dolor desgarrador que hoy sienten.

La idea primordial que debería prevalecer es que no hay solución dentro de este sistema. Tal vez nos estemos dando cuenta ahora de que el libertinaje es incompatible con la plena responsabilidad. La efectividad de este sistema tan putrefacto proviene del engaño, la manipulación y la negación del papel supremo de la dignidad humana.

Pregúntense por qué la izquierda se niega a endurecer las penas de prisión para asesinos como Montoya. Querríamos que el dolor y la rabia por la muerte de Laura fuesen como piedras capaces de descalabrar, de hacer daño a los culpables o coautores de esta farsa, pero sobre todo de romper los cristales opacos de tantos cientos de miles de españoles avestruces que han dimitido de su condición de hombres, para esconderse bajo tierra de sus propios miedos y de su cobardía, como si esa actitud cobarde y egoísta les valiese para hacer desaparecer los problemas que ellos tan ingenuamente alimentaron con sus votos.

Sólo una voz potente, sugestiva e integra que clame contra la indignidad y la mentira, que saque al sol toda la mugre que el sistema esconde y que abra ventanas a la luz de tentadoras empresas de futuro, podrá agitar las aguas estancadas del buenismo agónico y despertar la voluntad colectiva de venganza. Ahora que el caos ha fracturado a miles de familias, que las instituciones son como trastos desvencijados tirados a la calle, que el edificio tambaleante de la dignidad nacional se nos viene abajo y que el sistema es incapaz de evitar que una joven española sea torturada y asesinada a manos de un hijo de puta de turbio pasado, busquen ustedes un hombre guía al que seguir, en vez de al flautista de Hamelin. Por Laura Luelmo. Por todos nosotros.

La izquierda también es culpable del asesinato de Laura Luelmo

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