5 lecciones para la vida que no nos enseñan en la escuela – aunque deberían

Enseñar a los niños a contar es bueno, pero enseñarles lo que realmente cuenta es mejor”, dijo Bob Talbert, un profesor de Matemáticas de la Grand Valley State University. Por desgracia, la brecha que separa la vida de la escuela sigue siendo enorme.
La escuela nos “prepara” para insertarnos en la sociedad industrializada y contribuir a su desarrollo desde el punto de vista profesional, pero se olvida de las enseñanzas de la vida. Eso significa que muchas veces tenemos que aprender a golpe de adversidad y darnos cuenta, siendo ya adultos, que necesitamos cambiar viejos patrones de pensamiento que nos dañan o nos aportan nada sino que son un obstáculo para nuestro crecimiento.

¿Qué necesitamos saber para enfrentar mejor la vida? 

 
1. El mundo no gira a tu alrededor

Todos somos protagonistas de nuestras vidas, pero eso no significa que el mundo gire a nuestro alrededor. Si el empleado de turno no te atiende con amabilidad, te has quedado atrapado en una congestión de tráfico o tu fila en el supermercado no avanza, no es porque existe un complot mundial para echarte a perder la jornada. Son cosas que pasan. Y le pasa a todo el mundo, no solo a ti.
Asumir todo lo que te sucede como algo personal adoptando una postura egocéntrica te causará muchos problemas. En primer lugar, generará una serie de emociones negativas que te arrebatarán tu paz interior. En segundo lugar, te hará perder el control, de manera que no podrás responder con asertividad, sino que te limitarás a reaccionar siguiendo tus impulsos.
Todo ello, en vez de solucionar lo que te molesta, solo servirá para acrecentar el problema o crear nuevos obstáculos y conflictos con las personas que te rodean. Por tanto, comprender que el mundo no gira a nuestro alrededor puede devolvernos el control y brindarnos una gran paz.
2. No estás obligado a actuar como te sientes 
Nadie se siente bien todo el tiempo. Sufrimos decepciones, nos entristecemos, nos enfadamos o nos sentimos ansiosos. Es normal. Pero eso no significa que debas contaminar tus relaciones con esos estados afectivos. No se trata de ocultar o reprimir lo que sientes sino de ser capaz de gestionar tus emociones de manera asertiva para que no supongan un problema, ni para ti ni para los demás.
Las decisiones, no las condiciones, determinan quiénes somos”, escribió Viktor Frankl. Eso significa que debemos dejar de buscar culpables externos y comprender que no necesitamos reaccionar siguiendo nuestros impulsos emocionales, sino que podemos aprender a responder de manera más madura a las circunstancias.
Se trata de retomar el poder asumiendo una distancia psicológica de las circunstancias para poder valorarlas de manera más objetiva y responder de forma reflexiva. Ese cambio de actitud nos ahorrará muchos disgustos y problemas.
3. Sé tú mismo, independientemente de la presión de los demás 
Aunque no seamos el centro del universo, nuestras necesidades y valores son importantes y debemos aprender a defenderlos. Si nos acomodamos continuamente a lo que esperan los demás de nosotros y sacrificamos nuestras necesidades a las suyas convirtiéndonos en personas excesivamente complacientes, corremos el riesgo de perdernos, de vivir una vida que no es la nuestra.
Por desgracia, la sociedad empuja continuamente para homogeneizar a sus miembros, de manera que solo las personas más fuertes logran ser auténticas. La clave para no ceder a las exigencias sociales consiste en desarrollar un nivel de autoconocimiento tal que te brinde la seguridad necesaria para defender tus ideas y decisiones.
Cuanto menos te conozcas a ti mismo, más vulnerable serás a la presión social, sobre todo a la que ejercen las personas más cercanas que lo “hacen por tu propio bien”. Por tanto, cuando estés ante una encrucijada entre las exigencias externas y tus necesidades, recuerda las palabras de Lao Tzu: «En el centro de tu ser tienes la respuesta«.
 
4. Tolera la ambigüedad o muere resistiéndote 
La ambigüedad forma parte de la vida cotidiana, aunque a menudo nos negamos a reconocerlo y nos aferramos tercamente a la idea de la seguridad. Sin embargo, es difícil saber con certeza lo que piensa una persona de ti, cuáles serán las consecuencias finales de las decisiones que tomas o incluso prever qué sucederá en tu vida dentro de cinco años.
Cuando no somos capaces de vivir con la incertidumbre desarrollamos un pensamiento rígido y el menor cambio nos genera una ansiedad enorme y desproporcionada. Por eso, necesitamos aceptar que no existen certezas totales y que en muchos casos la búsqueda de la seguridad es tan solo una ilusión transitoria que antes o después puede caer como un castillo de naipes.
El antídoto consiste en abrazar los cambios, buscar la novedad y confiar más en el curso de los acontecimientos o de nuestra inteligencia intuitiva a la hora de tomar decisiones. Después de todo, como dijera la novelista, Margaret Drabble: “Cuando nada es seguro, todo es posible”.
5. En la adversidad conoces tu verdadera fuerza 
Cuando las cosas no salen como las habíamos planeado, a menudo nos sentimos frustrados o decepcionados. Es normal y no hay nada de malo en ello. El problema comienza cuando nos quedamos atrapados en esos sentimientos y en nuestra mente solo hay espacio para los pensamientos negativos. Cuando entramos en ese bucle de negatividad, es prácticamente imposible encontrar una solución, lo cual nos condena a mantenernos en ese estado de insatisfacción.
Las personas resilientes, al contrario, saben detectar lo positivo en lo negativo y la oportunidad en el contratiempo. Al decir de Horacio: “En los contratiempos es donde conocemos todos nuestros recursos, para hacer uso de ellos”.
Por tanto, la capacidad para replantearte la adversidad desde una perspectiva más constructiva para ti mismo es una de las lecciones más importantes que puedes aprender en la vida. Así podrás seguir adelante más pronto haciéndote menos daño.
https://www.rinconpsicologia.com/2019/02/lecciones-para-la-vida.html

2 comentarios en “5 lecciones para la vida que no nos enseñan en la escuela – aunque deberían

  1. Querido maestroviejo :
    Creo, y con todo mi respeto hacia otras visiones de la Vida, que lo expuesto en este artículo, parte de una premisa inicial absolutamente errónea….y muy perjudicial a nivel social. Y por ende, a nivel individual.
    Verá usted, llevo casi 40 años en educación, de los cuales, los primeros 25 han sido en la maravillosa etapa 0-3. Etapa, que hasta los psicólogos de diferentes épocas y muy prestigiosos han considerado, y consideran,LA MÁS IMPORTANTE DE LA VIDA. Curiosamente, es la que menos en consideración se tiene en muchos países.
    El PRIMER CONTEXTO QUE SOCIALIZA A UN SER HUMANO….¡ES SU PROPIA FAMÍLIA!. Por tanto, esos cinco puntos, han de estar imbrincados en su educación, desde el primer día de su nacimiento. Los niños siguen los patrones de conducta que ven en SU FAMÍLIA, e INTERIORIZAN ESOS PATRONES Y HÁBITOS como normales.
    La escuela IMPARTE conocimientos, y AYUDA a CONSOLIDAR Y REFORZAR, aquellos aspectos multidisciplinares que ayudan a un futuro ciudadan@ , a convertirse en un SER INTEGRAL. Pero ello no será posible…sin el trabajo INICIAL Y CONSTANTE DE LA PROPIA FAMILIA.
    No se puede seguir delegando en la escuela… lo que NO LE CORRESPONDE.
    Si usted vuelve a revisar uno a uno esos puntos, podrá o observar, que si los tenemos que trabajar en la escuela a partir de los tres años…o de primero de primaria, que es cuando en nuestro país es obligatorio…simplenente, lo tenemos muy difícil
    Pero vamos a ser más basicos…’enseñarles lo que realmente ‘… hay una brecha entre la Vida y la escuela…. ¡Y tanto que la hay!. En esa brecha ESTA LA FAMILIA.
    El tándem, querido amigo, NO ES: VIDA-ESCUELA-FAMILIA;sino, VIDA-FAMILIA-ESCUELA.
    Actualmente sigo en activo en un CEIP , y soy abuela. Cuando mi nieta, con dos añitos y medio hace algo que yo no considero que sea correcto….y que no la ayudará de mayor, se lo hago saber, e intento que lo vaya corrigiendo …¡¡¡No espero que lo haga su educadora!!!. Ella, en aquellas actividades que se den en el grupo escuela, ya lo hará también. Pero que esa labor le corresponda solo a ella…es predicar en el desierto, absurdo, incoherencia total…y crear las bases de una sociedad….QUE DELEGA EN LOS OTROS….LAS RESPONSABILIDADES PROPIAS.
    ¿Se imagina usted lo que supone SUPLANTAR ese trabajo inicial y constante a lo largo de años de unos padres/madres….EN 25/28 niños a la vez?.
    Verá usted, a muy poco de mi jubilación, me doy cuenta, de que no es que sólo exista ese vacio binómico al que hace referencia…si no que estamos TAN CIEGOS, que no nos damos cuenta que las nuevas necesidades personales/familiares/SOCIALES, NO SON exclusivamente COYUNTURALES, SINO A SU VEZ PROFUNDAMENTE ESTRUCTURALES.
    La sociedad, los poderes fácticos, han de crear nuevas vías DE RECONCILIACIÓN FAMILIAR. La escuela NO PUEDR, NI DEBE SER EL SUSTITUTO. Aunque si hemos de esperar a que lo hagan nuestros políticos, nos podemos sentar . Pero eso, es harina de otro costal.
    Gracias por su atención.
    Esther Delgado.

    1. Hola Esther:

      Agradezco la participación.

      Nada que decir a tu excelente comentario. También comparto tu profesión y por supuesto estoy de acuerdo en lo que dices.

      A la hora de publicarlo, tomé la frase «que no nos enseñan en la escuela, aunque deberían», considerando «Escuela» como la comunidad docente (profesores, padres-madres, asociaciones culturales del barrio, ayuntamiento….).

      Efectivamente, es la familia el lugar idóneo para tener en cuenta estas lecciones. Aunque también se necesita que el entorno del niño, las tenga en cuenta y las lleve a cabo, mediante una coordinación eficaz con la familia.

      Un ejemplo que me sucedió y que seguro comparten la mayoría de padres. Mi hijo está en el parque y otro niño se intenta colar en la fila del tobogán. Discuten y pueden llegar a pelearse. Habiendo visto lo sucedido, lo correcto es que los padres de ambos niños los cojan a parte, expliquen perfectamente que la violencia no es una opción y muestren las alternativas a esta. Dicho lo cual, se debería juntar a ambos niños, para que hicieran las paces, y acordaran unas normas entre ellos.

      Si no existen en la comunidad valores éticos que se apliquen y padres dispuestos a aceptarlos en vez del («»tú si te pegan, te defiendes»»), lo que se propone en la familia no se podrá aplicar en el entorno social, que hoy se limita casi exclusivamente a la escuela.

      Un saludo
      maestroviejo

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