Correspondencias entre el ser humano y el cosmos

Fragmento de un texto clásico chino (‘Ren fu tian shu’ de Dong Zhongshu) donde relaciona directamente el macrocosmos con el microcosmos. Lo acompañan imágenes antiguas de la práctica del Tai-Chi y de otras artes marciales internas. Jordi Vilà i Oliveras

Dong Zhongshu (179-100 dC.) propuso elevar los textos confucianos a la categoría de Clásicos, para conseguir que su estudio se convirtiese en el fundamento ético de la dinastía Han. Su decisión perduró durante dos milenios en China y en Asia Oriental, otorgándole al Confucionismo una supremacía absoluta en cuanto a métodos de aprendizaje.

La interpretación que Dong Zhongshu hizo de los Clásicos confucianos incluía un profundo análisis de las relaciones entre emperadores y ministros con los astros del Cielo, así como un profundo cotejo de las correspondencias del cuerpo humano con las claves numéricas del Cosmos. Traducimos aquí el texto en el que expone estas correspondencias:

El ser humano cuenta con trescientas sesenta articulaciones, a imagen de los grados de la bóveda celeste.  Su estructura corporal muestra huesos y carne, a imagen del espesor de la Tierra.

En la parte alta, oídos y ojos son rápidos y brillantes, a imagen del Sol y de la Luna; en el cuerpo hay vasos, con sus huecos y sus orificios, a imagen de los ríos y los valles.

Su corazón conoce el pesar y la alegría, la felicidad y la ira, que pertenecen al espíritu y a la energía (…)

Su cabeza es redonda, a semejanza de la bóveda celeste, y su cabello es [innumerable] como las estrellas y las constelaciones. Su vista y su oído van y vienen sin cesar, al igual que [las órbitas] del Sol y de la Luna. Su boca y su nariz, al respirar, son como el viento.

En el tórax, la expresión del conocimiento es semejante a los espíritus y divinidades. El abdomen, que a veces está lleno, y a veces vacío, se asemeja [al comportamiento] de todos los seres. La totalidad de los seres está muy cercana a la Tierra, por lo que la parte inferior [del ser humano], pertenece a la Tierra.

Del mismo modo que el mundo posee un cinturón (ecuatorial), todo lo que [en las personas] está por encima del cuello, es espiritual y venerable, y pertenece a la categoría del Cielo matinal; lo que está por debajo del cuello, es material y humilde, y pertenece a la Tierra.

Los pies tienen forma cuadrada, a imagen de la Tierra: por ello, en las ceremonias, al vestir un cinturón ritual con colgantes, se deberá mantener el cuello erguido, para distinguirlo del corazón.

Lo que está por encima de la cintura pertenece al yang, y lo que está por debajo, al yin. Yang corresponde a la energía del Cielo, y yin, a la de la Tierra. Por este motivo, cuando yin y yang se mueven, es posible que la persona sufra tanto enfermedades de los pies como molestias en la garganta. De ello se deduce que cuando la energía de la Tierra empieza a bloquearse, sube hacia arriba, transformándose en nubes y lluvia: estas son las correspondencias.

La armonización del Cielo y de la Tierra, y la correlación entre yin y yang, quedan establecidas así, de manera permanente, en el cuerpo humano.

El cuerpo se parece al Cielo; sus proporciones numéricas están bien coordinadas, de manera que su vida está estrechamente conectada.

El número de días que tiene el Cielo para agotar su ciclo anual sirve para perfeccionar el cuerpo humano: éste tiene trescientas sesenta y seis pequeñas articulaciones, en equivalencia al número de días del año; las grandes articulaciones son doce, al igual que los meses del año.

Por dentro, tiene cinco órganos, equivalentes a los cinco elementos, mientras que por fuera tiene cuatro extremidades, que se corresponden con las cuatro estaciones del año.

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INFORMACIÓN: CENTRE WUDANG

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