¿Por qué digo que no soy ecologista?

Las masas no han sentido nunca sed por la verdad. Se apartan de los hechos que nos les gustan y adoran los errores que les conquistan. Quien sepa engañarlas será fácilmente su dueño; quien intente desengañarlas será siempre su víctima” Gustave Le Bon, 1895

El movimiento ecologista puede presumir de ser protagonista de la historia de éxito más espectacular jamás escrita. Absolutamente inexistente hace 50 años, su ideología domina hoy la vida política y cultural, cuenta con innumerables organizaciones de apoyo y apostolado, determina contenidos y normas en escuelas y forma parte intrínseca de las nuevas leyes. ¿Cómo ha sido posible llegar hasta aquí?

Demos un breve repaso al contexto político-ideológico en el que nace el movimiento „verde “. Para los estrategas de la política se daban entonces tres circunstancias claves:

  1. El comunismo ya se adivinaba como el perdedor en la batalla económica. Además, la construcción del muro de Berlín, en un intento por evitar la sangría de descontentos, no fue otra cosa que el reconocimiento tácito de la derrota a nivel ideológico. Su caída era previsible e inevitable.
  2. Las religiones en general, pero las cristianes en particular, vieron acelerado el proceso de pérdida de influencia en la vida social. Su papel como fuente de orientación moral y ética pasaba a segundo plano.
  3. Tras la segunda guerra mundial, comenzó un proceso de recuperación económica que llevó a la mayoría de los habitantes de los países industrializados a disfrutar de un alto grado de bienestar. Los políticos empezaron a constatar que los ciudadanos, cuanto más ricos, más reacios eran a dejarse conducir por consignas meramente políticas. Con la cuasi-desaparición de la clase proletaria los llamamientos a la envidia social cayeron en el vacío. Con la movilidad y la riqueza también comenzaron a difuminarse los sentimientos nacionalistas.

Nacía una especie de vacío ideológico que era observado por buena parte del Establishment como una amenaza para sus privilegios. A ellos se unirían los burócratas estatales, siempre ávidos de aumentar sus cuotas de poder. Era necesaria una nueva ideología: nace el ecologismo.

Ustedes pueden llamarme conspiracionista si lo desean. Yo solo les traigo un breve retrato de lo que está ocurriendo hoy. Se preguntarán cómo es posible que una ideología como la descrita haya alcanzado las cuotas de aceptación que hoy disfruta

La tarea le fue encargada al Club de Roma, fundado en 1968 por David Rockefeller, quien en sus memorias escribía: “Some even believe we [the Rockefeller family] are part of a secret cabal working against the best interests of the United States, characterizing my family and me as ‘internationalists’ and of conspiring with others around the world to build a more integrated global political and economic structure – one world, if you will. If that’s the charge, I stand guilty, and I am proud of it.”

El Club de Roma pronto se caracterizó por sus ideas innovativas y sus propuestas sobre cómo ocupar el vacío ideológico existente. En el estudio del Club The First Global Revolution. A Report by the Council of the Club of Rome queda claro que para alcanzar un nivel óptimo de integración política internacional es necesario un enemigo común: “Necesitamos identificar nuevos enemigos” […] “ya sean reales o inventados, para lograr los objetivos” (página 70). Y es aquí donde se introduce la nueva idea (que no traduzco, porque creo fundamental traer el texto original): “In searching for a new enemy to unite us, we came up with the idea that pollution, the threat of global warming, water shortages, famine and the like would fit the bill. … All these dangers are caused by human intervention, and it is only through changed attitudes and behaviour that they can be overcome. The real enemy, then, is humanity itself.” (Página 115)

En Mankind at the Turning Point, el segundo informe solicitado por el Club de Roma en 1974, leemos lo siguiente: Now is the time to draw up a master plan for sustainable growth and world development based on global allocation of all resources and a new global economic system.”

Es la recomendación, por escrito, para crear un gobierno ecototalitario mundial que dicte y dirija el reparto de todos los recursos. El sistema económico mundial resultante de tal mandato no tiene sitio para la libertad individual. De hecho, los autores del Club de Roma no están dispuestos a consentir que la voluntad democrática de los individuos (ignorantes la mayoría) se interponga en su camino. Tampoco la de sus representantes democráticamente elegidos. En The First Global  Revolution  leemos: “Sacrilegious though it may sound,democracy is no longer well suited for the tasks ahead. The complexity and the technical nature of many of today’s problems do not always allow elected representatives to make competent decisions at the right time.”

No les basta con reducir los ámbitos de decisión a unos pocos „sabios“ nombrados a dedo, las masas son apenas eso: números. La misantropía no es una condición de la que avergonzarse: The earth has a cancer and the cancer is Man (Mankind at the Turning Point). Por lo que, en última consecuencia, lo lógico es: “The resultant ideal sustainable population is hence more than 500 million but less than one billion”(Goals for Mankind. A report by the Club of Rome on the new horizons of global community, 4, 1976). En otras palabras, cinco de cada seis humanos DEBEN ser erradicados del planeta.

Para los miembros del Club de Roma está claro que estos objetivos sólo son alcanzables si sus correligionarios están dotados de una fe inquebrantable: “The greatest hope for the Earth lies in the religionists and scientists uniting to awaken the world to its near fatal predicament and then leading mankind out of the bewildering maze of international crises into the future Utopia of humanist hope…” (Goals for Mankind).

Como todo movimiento totalitario, en el ecologismo se trata también de crear un “hombre Nuevo”. Un de los capítulos de Mankind at the Turning Point lleva el título “The Transition – A New Mankind”. En él podemos leer:

  • “…drastic changes in the norm stratum – that is, in the value system and the goals of man – are necessary…” (página 54)
  • “The changes in social and individual attitudes which we are recommending require a new kind of education…”(página 148)
  • Development of a practical international framework in which the cooperation essential for the emergence of a new mankind on an organic growth path will become a matter of necessity rather than being left to good will and preference…”(página 145)

Ustedes pueden llamarme conspiracionista si lo desean. Yo solo les traigo un breve retrato de lo que está ocurriendo hoy. Se preguntarán cómo es posible que una ideología como la descrita haya alcanzado las cuotas de aceptación que hoy disfruta. Y si escarban un poco más se preguntarán, como yo, a qué se debe que los medios de comunicación se hayan abandonado TODOS al papel de evangelistas sin ningún tipo de escrúpulos.

Camillo Pellizzi, uno de los pensadores guía del fascismo italiano y el último presidente del “Instituto Nazionale di Cultura Fascista” escribía en 1924 en su “Problemi e realitá del fascismo” (Florencia, 1924, p. 21):

“Momentáneamente nosotros no concebimos el estado ni como una asociación de individuos-ciudadanos, ni como un semicontrato que se habría cumplido en el curso de la historia. Pero, si hubiera que designar a esta institución, nosotros la veríamos como la concrección de una personalidad histórica predominante, como el instrumento social utilizable para la realización de un mito…

… Esta palabra, Estado, es inaplicable a nuestro concepto; en nuestro no-estado, la ley es una función del mito final, no del mito inicial; y la meta final no podrá dejar de ser, a su manera, una nueva unidad de los mitos anteriores”

La acción política en función del mito. El mito como motor no sólo de un proyecto para el futuro, sino de la historia misma. El mito fascista era el del imperio justo. El de la clase única. El de la superación de la democracia liberal y el comunismo trascendiendo la realidad. El de la felicidad eterna suministrada y administrada por el pueblo para el pueblo. Hoy tenemos un nuevo mito: la felicidad en armonía con nuestro planeta. El equilibrio perfecto entre acción humana y reacción natural. La consolidación de una nueva forma de vida que nos permita vivir eternamente de los recursos que la naturaleza nos ofrece.

Les dejo con dos citas más, para que las discutan si lo creen conveniente:

“My three main goals would be to reduce human population to about 100 million worldwide, destroy the industrial infrastructure and see wilderness, with it’s full complement of species, returning throughout the world”.

Dave Foreman, cofundador de Earth First!

“Mis tres metas fundamentales serían reducir la población mundial a unos 100 millones de habitantes, destruir el tejido industrial y procurar  que la vida salvaje, con todas sus especies, se recobra en todo el mundo”.

“It doesn’t matter what is true, it only matters what people believe is true”.

– Paul Watson, cofundador de Greenpeace

“No importa lo que es verdad. Sólo cuenta lo que la gente cree que es la verdad”.

No, yo no soy ecologista.

Foto: Jon Tyson

¿Por qué digo que no soy ecologista?

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