ENFOQUE SOTT: Decir que las teorías de la conspiración son patológicas es el modo del gobierno psicopático de suprimir la disidencia

Traducido por el equipo de Sott.net en español

El término «teoría de la conspiración» se ha utilizado durante mucho tiempo para desacreditar a cualquiera que señale la colusión entre personas poderosas, pero los esfuerzos por calificar de patológica la disidencia como «conspiración» están condenados a caer bajo el peso de la realidad.

Conspiracy theory definition

© Department of Politics and International Relations

Las teorías de la conspiración son divisivas, peligrosas e incluso malvadas, según los medios de comunicación dominantes. Causan «violencia, incluido el terrorismo», declaró notoriamente Cass Sunstein, exfuncionario de la administración Obama, y así lo reiteró recientemente la oficina de campo del FBI en Phoenix. Los académicos gritan que son una manera para que la gente ignorante le dé sentido al mundo o un remanente de la era de los cavernícolas, cuando el hombre primitivo tenía que sospechar de enemigos a la vuelta de cada esquina. Más recientemente, han sido descritas como una manera para que la gente blanca lidie con los cambios demográficos. .

Pero las conspiraciones están en todas partes en la política estadounidense hoy en día de una manera que es casi imposible de ignorar. El dulce acuerdo que obtuvo el pedófilo convicto Jeffrey Epstein, al que se le impuso una sentencia de 13 meses a pesar de las pruebas de haber abusado y traficado con decenas de niñas («pertenece a los servicios de inteligencia», dijo más tarde el fiscal), las maquinaciones del llamado Estado Profundo («¡Gracias a Dios por el Estado Profundo!» exclamó el exdirector de la CIA, John McLaughlin, mientras reía en vivo en CSPAN), y el fomento de golpes de Estado por parte de la CIA en todo el mundo son sólo la punta de un iceberg masivo que se nos dice que no existe, excepto en las mentes de los locos o de los atrasados, contra el que el barco del Estado ha chocado para hundirse una y otra vez.

Al verse incapaz de alejar a las persona de la investigación de tramas secretas etiquetándolas como cavernícolas racistas, la academia ha revivido la palabra «conspiración», un término acuñado por primera vez en la década de 1980 para describir la omnipresencia de las teorías de la conspiración en la política como una especie de psicosis masiva. La inclusión no tan sutil de la palabra «racismo» puede que no sea intencionada, pero sin duda es de ayuda cuando se quiere confundir a alguien que está husmeando detrás de la fachada del poder; o para negar que exista tal fachada en absoluto.

La «teoría de la conspiración» se ha convertido en la etiqueta preferida por los principales medios de comunicación para los inconvenientes brotes de disidencia política. Jim Acosta de CNN la aplicó a la idea profesada por el presidente Donald Trump y muchos periodistas independientes de que Ucrania se inmiscuyó en las elecciones de 2016 en nombre del Comité Nacional Demócrata. Chris Cillizza de CNN lo aplicó a la afirmación de Trump de que Google estaba suprimiendo a los medios de comunicación conservadores en sus resultados de búsqueda, una afirmación de la que se hicieron eco muchos usuarios de medios sociales de tendencia derechista.

Pero los principales medios de comunicación también informaron sobre la participación ucraniana en las elecciones de 2016, y variosdenunciantes de Google se han presentado para confirmar que el gigante de las búsquedas, de hecho, suprime las fuentes de tendencia derechista en sus búsquedas de noticias.

Mientras tanto, las teorías de la conspiración verdaderamente trastornadas que culpan a Rusia por cualquier voto que no salga como le gusta al gobierno de EE.UU. -ya sea el Bréxit en el Reino Unido o la elección de candidatos de derecha en Italia- así como la disidencia política tanto en el extranjero como en casa, son tomadas como noticias reales. De hecho, los principales medios de comunicación han pasado tanto tiempo vendiendo fantasías como el delirio de la «colusión rusa» -que dominó los titulares durante tres años a falta de pruebas concretas antes de morir ignominiosamente- que la confianza en el «periodismo» está en mínimos históricos. La abundancia de verdaderas conspiraciones detrás de muchos de los puntos de inflexión de la historia reciente -como Watergate, el engaño de las «armas de destrucción masiva» iraquíes, y la provisión de armas de la CIA y su entrenamiento a los «muyahidines» terroristas en Afganistán para luchar contra la Unión Soviética- es raramente mencionada en medio de la interminable burla de esos locos que portan sombreros de papel de aluminio y que creen que los ricos y los poderosos están trabajando juntos tras bambalinas.

Incluso algunos periodistas de los medios dominantes ven a través de la basura que se les pide que reporten, como lo demostró la reciente filtración del Proyecto Veritas de una reportera de ABC que denunció una conspiración para suprimir su historia sobre el pederasta Jeffrey Epstein que falleció de manera sospechosa. Un aparato mediático que ni siquiera puede engañar a la gente en su nómina se encuentra en un estado realmente triste.

Las personas poderosas y las agencias de inteligencia que no quieren que los hoi polloi [expresión griega que se refiere al pueblo.- NdT] investiguen sus fechorías son conscientes de que tienen una crisis de credibilidad en sus manos. Incluso el FBI, en un memorándum en que advierte a los agentes que los teóricos de la conspiración son locos peligrosos (al igual que literalmente todos los demás), tuvo que admitir que el «descubrimiento de conspiraciones reales o encubrimientos que involucran actividades ilegales, dañinas o inconstitucionales por parte de funcionarios del gobierno o figuras políticas líderes» podría estar detrás del estallido de la teorización de la conspiración que se había apoderado de la nación. En otras palabras, las teorías de conspiración están en todas partes porque las conspiraciones están en todas partes.

La tradición de etiquetar las ideas como teorías de conspiración para desacreditarlas es en sí misma una conspiración; una conspiración documentada. El término fue convertido en arma en 1967 en un memorando de la CIA sobre cómo anular las críticas al Informe Warren, producto de la investigación del gobierno sobre el asesinato del presidente John F. Kennedy. El memorándum lamenta que el 46 por ciento de los estadounidenses no creyera que el asesino hubiera actuado solo, y detalla cómo la agencia podría «contrarrestar y desacreditar las afirmaciones de los teóricos de la conspiración» que sugieren que otros estuvieron involucrados. Recomienda «emplear medios propagandísticos para refutar los ataques de los críticos. Las reseñas de libros y los artículos de fondo son particularmente apropiados para este propósito». La agencia se había infiltrado en los principales medios de comunicación a través de su Operación Mockingbird, pagando o incluso plantando periodistas para promover puntos de vista favorables, y una avalancha de artículos que denunciaban a los «teóricos de la conspiración» y que introducían el término en el léxico popular.

Más de medio siglo después, el plan de la CIA no ha funcionado muy bien; una encuesta de 2017 encontró que el porcentaje de estadounidenses que creen que la muerte de Kennedy fue el resultado de una conspiración se había incrementado al 61 por ciento. Pero en lugar de idear una nueva estrategia, los gerentes de las narrativas de los medios de comunicación simplemente doblaron la apuesta fracasada, ampliando la gama de opiniones a ser difamadas como «teorías de conspiración» y despreciando a sus seguidores.

Los artículos de fondo todavía tratan de avergonzar a la gente, diagnosticando a cualquiera que sospeche de narrativas mediáticas poco claras con la psicosis social del «conspiracionismo». Puede que funcione para mantener las verdades incómodas fuera de los medios de comunicación convencionales, pero en ausencia de una narrativa alternativa convincente -una que no pueda ser refutada por la evidencia de los propios sentidos (o por la investigación de unos pocos minutos en Internet)- la vergüenza de la conspiración es un arma débil. Es mucho menos probable que la gente busque explicaciones conspirativas si los «hechos» presentados por los medios de comunicación tienen sentido. Pero si las narrativas de la corriente dominante continúan decayendo en credibilidad, muy pronto la gente estará descartando a los periodistas del establishment como «teóricos de la coincidencia».

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