Dedicamos más tiempo a «hacer» que a ser

Levantar la mirada hacia el futuro nos protege de amenazas y peligros. Sin embargo, mantener de manera constante la mirada en el horizonte también nos impide disfrutar de caminar sobre el suelo que pisamos.

Dedicamos más tiempo a «hacer» que a ser quiere decir que en ocasiones vivimos tan programados que nos olvidamos de ser, de sentir, de estar. Nos pasamos la vida realizando tareas con el único objetivo de cumplirlas, como si nuestro bienestar solo dependiera de ello.

En cierto modo, solemos vivir inmersos en una programación: ir al trabajo, cocinar, tomar café con amigos, ir al gimnasio, lavar la ropa, ducharnos, ir a la peluquería… entre otras millones de tareas más. Tal es la programación que podemos tener, que sin acabar una tarea ya estamos pensando en empezar la otra; sin disfrutar del aquí y ahora, del presente.

Mujer mirando un reloj pensando qué hacer antes de que sea tarde

Cuando dedicamos más tiempo a «hacer», nos olvidamos de ser

A veces, nos olvidamos de ser, de pararnos a pensar quiénes somos y qué necesitamos. Esto es, tendemos a focalizar gran parte de nuestra energía en llevar a cabo tareas y actividades, en organizar nuestro tiempo y nuestra agenda.

Tanto es así, que dejamos de lado el hecho de vivir el presente, el momento que estamos viviendo. Nos centramos en el futuro, pasando por alto la importancia del vivir el presente.

En algunos momentos nos olvidamos de reír, de dar gracias, de apreciar la naturaleza que nos rodea, de abrazar, de besar, de dar muestras de cariño, de sentir el aire puro, de caminar libremente, de disfrutar del sabor de un buen café…

A veces no apreciamos los pequeños detalles de la vida cotidiana,sino que estamos más pendientes de hacer cosas y de ir tachando de nuestra lista tareas.

Nunca es suficiente

Así, sin darnos cuenta, nos podemos volver personas mecánicas, insatisfechas, frustradas al tener la sensación constante de que nunca es suficiente. Pues cuando dedicamos más tiempo a «hacer», nuestra lista de cosas por terminar puede ser infinita.

Pensemos, ¿realmente es posible acabar con todas las tareas que nos proponemos?Probablemente siempre nos pueda quedar algo por hacer.

Centrar nuestra atención en lo que queda por hacer puede conducirnos a una elevada sensación de frustración al no alcanzar los objetivos propuestos.

Y, a su vez, una elevada insatisfacción, ya que «nunca consigo hacer todo lo que quiero hacer y, por ende, no me siento satisfecha conmigo misma«. Lo que ocurre en estos casos es queel autoconcepto y la autoestima dependen de los logros obtenidos y no tanto de nosotros mismos.

“Primero me moría por terminar el bachillerato para empezar la universidad. Y luego me moría por terminar la universidad y empezar a trabajar. Y luego me moría por casarme y tener niños. Y luego me moría para que mis niños crecieran y fueran a la escuela para no volver a trabajar. Y luego me moría por retirarme. Y ahora, me estoy muriendo… y de repente me doy cuenta de que me olvidé de vivir”.

-Anónimo-

Mujer apoyada en la pared tratando de tener autocontrol

¿Priorizamos en lo realmente importante?

Úrsula Calvo, experta en transformación personal, coincide en que la gestión del tiempo debería depender de las prioridades, y lo importante es ser honesto. Peropara poder ser honestos es fundamental decidir las prioridades: «decida cuánto tiempo sería conveniente dedicar a actividades de ocio, resérvelo como si fuera un compromiso ineludible«.

En efecto, nos suele costar seguir una lista de prioridades. Dedicamos gran parte de nuestra energía en actividades cotidianas (comer, trabajar, cocinar, cuidar de los demás..), pero no dejamos espacio a estar con nosotros mismos, a pararnos a pensar.

En nuestra lista de prioridades diarias no suele encontrarse el sentarnos y plantearnos qué queremos, qué necesitamos, quiénes somos. En definitiva,dedicamos más tiempo a «hacer» que a disfrutar, saltando por encima de nuestra lista de prioridades.

Sería conveniente, tal y como afirma Calvo, seguir una lista de prioridades en base a nosotros, a lo que necesitamos, estableciendo su contenido como un compromiso ineludible. Si nos dedicamos el tiempo que necesitamos y vivimos en una constante programación posiblemente aumentemos nuestra satisfacción vital.

«El tiempo es a la vez el más valioso y el más perecedero de nuestros recursos».

-John Randolph-

Dedicamos más tiempo a «hacer» que a ser

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.