El mito de Medea, la hechicera enamorada

El mito de Medea es uno de los más hermosos de la Antigüedad. Habla de una hechicera que en varios momentos de su vida se juega completamente su destino por amor, o bien por despecho. Es el prototipo de la mujer independiente y sin escrúpulos.

El mito de Medea nos habla del arquetipo de la bruja, una mujer autónoma, invadida por grandes pasiones y con gran capacidad de decisión. Para el tiempo en que se creó este personaje, representaba todo lo contrario a lo que una mujer modelo debía ser. Quizás por eso mismo, despertó gran interés y tuvo enorme impacto entre los autores trágicos.

Según el mito de Medea, esta hechicera era nieta de Helios, el dios Sol, e hija de Eates, rey de la Cólquide, el mismo lugar en donde permanecía el mítico vellocino de oro. Este era un carnero alado, cuya lana era de hilos de oro. La madre de Medea era la ninfa Idía, hija de Océano, y cuyo nombre significa “ver”.

La historia cuenta que nuestra hechicera aprendió las artes de la brujería de su tía Circe. Esta tenía grandes poderes y conocía pócimas mágicas que le permitían convertir a sus enemigos en animales y curar enfermedades gracias a sus conocimientos de hierbas y medicina.

Yo comprendo qué crimen tan grande voy a osar, pero en mis decisiones impera la pasión, que es la mayor culpable de los males humanos”.

-Medea, de Eurípides de Salamina-

Pócimas

El mito de Medea, la mujer enamorada

El momento en el que el mito de Medea cobra vida es cuando Jasón y los argonautas llegan a la Cólquide, reino del padre de la hechicera, en busca del vellocino de oro. Las diosas Hera y Atenea protegían a estos expedicionarios y le pidieron a la diosa Afrodita que les ayudara en su cometido. De manera concreta, le solicitaron que Medea, la hija del rey, se enamorara de Jasón y lo apoyara en sus propósitos.

Afrodita tuvo que convencer a su hijo Eros para que hiciera la tarea. Este estaba reticente, pero su madre le prometió un regalo y entonces aceptó lanzar una de sus flechas directas al corazón de la hechicera. Esta, por supuesto, quedó completamente enamorada de Jasón y no tuvo reparo en ayudarle a cumplir su cometido.

El rey de la Cólquide le prometió a Jasón darle el vellocino de oro, siempre que cumpliera con algunas pruebas. La primera era arar un campo con unos bueyes que exhalaban llamas por sus fauces. Poco después, y con la ayuda de las diosas protectoras, Jasón y Medea se encontraron en el santuario de Hécate, en lo profundo del bosque. Allí el héroe le pidió su ayuda y prometió casarse con ella y llevarla consigo a Grecia, su tierra de origen.

La ayuda de Medea

Cuenta el mito de Medea que la hechicera le dio a Jasón una pócima que lo hacía invulnerable a las llamas de los bueyes. También le ayudó a vencer a unos soldados surgidos de la nada y a provocarle sueño al dragón que cuidaba el vellocino de oro.Así el héroe pudo cumplir con todas las tareas que le fueron impuestas.

Después la pareja huyó en el famoso navío Argo, en donde, para evitar que su padre los persiguiera, ella mató a su hermano menor, Apsirto, quien estaba en el barco. Lo descuartizó y arrojó los pedazos de su cuerpo al mar, de modo que su padre perdiera tiempo buscando el cuerpo de su hijo y así detuviera la persecución.

De esta manera, lograron llegar a la patria de Jasón, Yolco, y fueron recibidos con grandes festejos. Cuenta el mito de Medea que la pareja contrajo matrimonio y que la hechicera decidió rejuvenecer al padre de Jasón, en agradecimiento porque había cumplido sus promesas. Las hijas de Pelias, hermano del padre de Jasón y quien había sido desplazado del trono por este, quisieron que la hechicera también rejuveneciera a su progenitor.

Estatua de Medea

Un final trágico

Medea engañó a las jóvenes y en lugar de concederles el rejuvenecimiento de Pelias, hizo que este muriera. Por este hecho, la pareja fue desterrada a Corinto, en donde fueron recibidos con cordialidad por el rey Creón. Medea y Jasón vivieron felices allí por muchos años y tuvieron dos hijos. Sin embargo, Jasón se enamoró de la hija del rey, Glauce, y empezó a pensar en la manera de deshacerse de su esposa.

Fingiendo que aceptaba el compromiso de Jasón y Glauce, la hechicera le regaló un vestido a la princesa. Según el mito de Medea, cuando la joven se puso el mismo, este se incendió y luego el fuego se propagó al rey y a todo el palacio. Después la bruja mató a sus hijos y huyó hacia Atenas, en donde fue recibida por el rey Egeo, con quien se casó y tuvo un hijo llamado Medo.

Años después, intrigó para que Teseo, hijo de Egeo, no pudiera acceder al trono y en cambio este le fuera otorgado a su hijo, Medo. El rey se percató de todo y ella tuvo que huir en una nube mágica. Así volvió a la Cólquide, en donde fue perdonada. Dice el mito de Medea que la hechicera es inmortal y vive para siempre en los Campos Elíseos.

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