Jesús fue profeta, sanador y exorcista, según la historia

Imagen de S. Hermann & F. Richter en Pixabay

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Nuestra vida está jalonada, a lo largo del año, por acontecimientos que, directa o indirectamente, tienen que ver con Jesús: navidad, semana santa, Corpus, Ascensión…

Y cada día es más frecuente encontrarnos con argumentaciones que podrían hacer tambalear tal cronograma vital, pues llevan a cuestionar la propia existencia de un personaje que, al menos teóricamente, califica a toda la cultura occidental: cristiana.

Uno de los especialistas que más ha tratado de este tema es Antonio Piñero. Con un admirable curriculum académico y profesional, lo aborda en un blog personal que nos ayuda entender, justificar e, incluso, depurar las convicciones sostenidas hasta hoy sobre este nazareno que vivió hace más de dos mil años. Reorganizando y poniendo al día sus intervenciones en el blog, Piñero ha preparado un sustancioso libro que ha editado Trotta (Aproximación al Jesús histórico, Editorial Trotta, Madrid, 2018-1019).

Son muchas las preguntas a las que pretende dar respuesta el autor y que recoge ya en el Prólogo: “¿Es verdad lo que muchos dicen de que Jesús nunca existió? ¿Cómo sabemos qué fue lo que dijo o hizo verdaderamente? ¿Por qué usted y los estudioso en general parecen rechazar arbitrariamente unos pasajes de los evangelios, como ‘falsos’ y aceptan otros como ‘verdaderos’? ¿Cómo puedo juzgar su modo de criticar los evangelios?

¿Qué sistemas o métodos tenemos para averiguar qué es histórico y qué no en lo que se cuenta de Jesús? ¿Cómo lograr obtener algo que se acerque a la verdad de tanto como se ha escrito sobre él? ¿Cómo trabajan ustedes, filólogos e historiadores, para analizar los textos del cristianismo primitivo? ¿Qué valor tiene en general lo que se nos ha transmitido en tiempos tan remotos?” Todas estas cuestiones, tan oportunas como adecuadas, van a marcar las sendas por las que discurre esta interesante publicación.

Acercamiento a la figura

Piñero se marca unos objetivos cuando se plantea su libro. Por ejemplo, espera que ayude a percibir cómo, mediante la utilización de métodos científicos, es posible el acercamiento a una figura tan trascendental en la historia de Occidente.

Pero también se marca como meta que sirva de ayuda y de introducción al estudio de los evangelios. Ante estas finalidades, se plantea una presentación sencilla, ordenada y lo más completa posible a los métodos utilizados por la ciencia histórica para aproximarse a las primeras fuentes sobre Jesús, de manera que sea útil como una introducción propedéutica a la edición histórico-crítica del Nuevo Testamento. Y, tras una detenida lectura de las casi 350 páginas del libro, se puede afirmar que Piñero ha logrado con sobrada suficiencia sus objetivos.

En líneas generales, la obra se puede dividir en dos grandes apartados, uno más histórico (sobre la existencia histórica de Jesús, el Nuevo Testamento como fuente principal para el conocimiento del Jesús histórico, la interpretación crítica del Nuevo Testamento a lo largo de la historia, la cuestión de cómo entender los evangelios, “evangelio” y “evangelios” cuestiones candentes y su posible respuesta) y otro, de carácter más didáctico, muy útil para analizar cualquier documento antiguo, dedicado a explicitar los métodos y técnicas para desentrañar la posible verdad oculta en sus textos (métodos literarios actuales para la investigación crítica del Nuevo Testamento y concretamente de los evangelios, métodos de aproximación histórico-crítica al Nuevo Testamento y a los evangelios en particular, aproximación crítica a la vida oculta de Jesús).

Y cierra su exposición con un extenso capítulo, a modo de conclusión, en el que resume los resultados de su investigación personal sobre la figura de Jesús.

Argumentos contundentes

Ante las dudas existentes sobre la existencia histórica de Jesús, Piñero afirma que existen argumentos contundentes para demostrarla científicamente; son pocos, ciertamente, pero los hay.

De entrada, el autor analiza con detalle los planteamientos de los principales pensadores que se apuntan a las tesis de que Jesús es un mito carente de existencia real, para luego desarrollar argumentos en pro de su realidad histórica.

Entiende que los negacionistas fundamentan su postura en un error que conviene aclarar, una idea que se reitera a lo largo de todo el ensayo: la confusión entre un rabino galileo llamado Jesús de Nazaret y Jesús-Cristo, es decir, Jesucristo; detalle muy importante a tener en cuenta.

A partir de aquí, Piñero plantea cómo afrontar hoy la cuestión de la existencia real de Jesús de Nazaret, apoyando su tesis en ejemplos concretos extraídos del Nuevo Testamento, para poder concluir con la suficiente certeza en su realidad histórica.

Y, para el conocimiento de ese personaje, de ese rabino galileo, la fuente principal con la que contamos es el Nuevo Testamento, aunque, pese a hablar continuamente de Jesús, lo hace mucho más como salvador universal o cristo celestial que como el rabino de Nazaret. Piñero nos ofrece la visión del Nuevo Testamento desde el punto de vista de la filología y la historia.

Detallado análisis

Partiendo de la base de que hemos perdido los originales de ese Nuevo Testamento, que el texto reconstruido data de en torno al año 200, que “nunca poseeremos el texto que muchas personas creen inspirado o ‘dictado’ literalmente por el Espíritu Santo, porque ese texto se transmitió en copias de copias, y siempre hay y habrá variantes”, y que en la cristiandad antigua no se daba excesiva importancia a una transmisión del texto absolutamente exacta, el autor nos ofrece un muy detallado análisis de esta inexcusable fuente para el conocimiento de Jesús.

En ese análisis, se recogen importantes aportaciones como, por ejemplo, que el Nuevo Testamento pertenece a la literatura judía helenística en lengua griega, así como a la historia de la literatura griega; que se le deben de aplicar las técnicas que se utilizan para la interpretación de otros textos antiguos; que solo se le comprende cuando se le inserta en las coordenadas espaciotemporales del mundo judío del siglo I; que, pese a su sello paulino, se trata de una obra plural y prácticamente anónima, cuando no escrita por falsarios.

Imagen de S. Hermann & F. Richter en Pixabay

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Origen del Nuevo Testamento

Se trata también de un libro de propaganda de una fe que determina su interpretación; que contiene mitos, pese a lo cual es un libro de historia aunque con ciertas reservas; etc. Tras todo lo cual, el autor se plantea cómo se generó la teología cristiana y se formó el Nuevo Testamento.

Seguidamente, Piñero ofrece una visión de conjunto de las corrientes de interpretación de los escritos neotestamentarios desde sus comienzos hasta nuestros días, teniendo en cuenta que la visión, el punto de vista de cada corriente o autor es simplemente una manera de ver la fuente que utiliza como base para reconstruir el Jesús histórico.

Constata que, prácticamente hasta el siglo XVIII, no hubo cambios notables en la interpretación que se pensaba como científica del Nuevo Testamento, interpretación bastante literal; y luego hace un recorrido analítico por las interpretaciones desde aquel siglo hasta la actualidad, pasando por la historia comparada de las religiones, la “Escuela de la historia de las religiones”, el Señor celestial y la investigación alemana, con especial detenimiento en los avances del siglo XX y muy especialmente en la llamada “historia de las formas”.

El concepto de evangelio

Siendo así que el evangelio es la mejor vía para conocer al Jesús histórico, hay que plantearse la diferencia entre evangelio y evangelios, teniendo en cuenta que el concepto como libro que contiene la vida de Jesús no aparece en el Nuevo Testamento, salvo una excepción, en el de San Marcos, que se inicia “comienzo del evangelio de Jesucristo”.

Sostiene Piñero que es difícil determinar de qué otra cultura se importó el concepto evangelio entre las primeras comunidades cristianas, aunque sí se puede afirmar que no existe garantía alguna que Jesús usara en arameo esta palabra.

Y, seguidamente, analiza y ofrece el paso del evangelio oral al escrito hasta llegar a los evangelios actuales, destacando la función en su reelaboración llevada a cabo por los profetas cristianos primitivos. Todo un proceso magníficamente expuesto por el autor, quien desentraña, incluso, hasta el aspecto literario del texto.

Lo destacable es que podemos fiarnos de los evangelios en un acercamiento al Jesús histórico. Y ello pese a que se forman, fundamentalmente, basándose en la tradición oral, lo que no deja de ser fuente de problemas a la hora de su transmisión, a lo que se añade que su redacción en griego es una traducción en cualquier caso del arameo, la lengua de Jesús, entre otras dificultades.

Pero, merced a los métodos de investigación crítica, los evangelios aportan datos fiables para conocer la sociedad judía del siglo I e, incluso, para entrever las esperanzas sociales y religiosas de las comunidades judías y cristianas de la época. Conclusión a la que nos lleva el autor tras una metódica exposición bien argumentada.

Métodos literarios actuales

A la que sigue un no menos detallado capítulo en el que se exponen los métodos literarios actuales para la investigación crítica del Nuevo Testamento y, en concreto, de los Evangelios: la delimitación del texto, el análisis semántico, el análisis narrativo-estructural y pragmático, la estilística, el análisis retórico, a los que se suman las tareas particulares de la crítica literaria de los evangelios y la crítica de las fuentes, empleando, para ello, algunos ejemplos extraídos de los propios textos evangélicos.

En la misma línea se desarrolla el capítulo dedicado a los métodos de aproximación histórico-crítica al Nuevo Testamento y a los evangelios en particular.

Aquí se responde a la cuestión de cómo funciona la crítica, cómo es posible saber qué dicho o hecho pertenece al Jesús histórico y cuáles no, para lo que desgrana los métodos histórico-críticos, la crítica textual, la aplicación de la historia de las formas (es decir, las circunstancias sociorreligiosas en las que se ha producido y empleado una determinada forma literaria, a las que dedica amplio espacio), la aplicación de la crítica de la redacción de los evangelios y su historia redaccional, el estudio sociológico del Nuevo Testamento, la aplicación de criterios de autenticidad de los dichos y hechos de Jesús, finalizando con un ejemplo práctico de análisis literario-histórico-crítico de un texto evangélico.

La vida oculta

Un capítulo de especial interés es el dedicado a la aproximación crítica a la vida oculta de Jesús, episodios nada claros, exponiendo la evolución de los estudios sobre esta etapa de la que tan poco se sabe: desconocemos si la designación “Jesús de Nazaret” era la usual en Israel en aquella época, ignoramos si fue Nazaret o Belén su lugar de nacimiento, nada sabemos de la fecha exacta en que nació.

La cronología del censo de Quirino según Lucas presenta graves problemas históricos, apenas tenemos datos sobre sus padres ni si nació, según afirman algunos autores, de forma ilegítima, qué hay sobre los hermanos de Jesús, etc. Y lo mismo ocurre con los episodios espectaculares que rodearon su venida al mundo: los reyes magos y la misteriosa estrella, la pérdida y posterior encuentro del niño Jesús en el templo, enigmas que rodean a la navidad…

Antonio Piñero cierra su obra con el capítulo Caminos seguros o sendas perdidas. A modo de conclusión donde, sin ser un resumen de todo lo expuesto con anterioridad, sí sintetiza y recoge de modo sistemático su pensamiento desarrollado a lo largo del libro. En una primera parte, tal y como se concibe el texto, expone sucintamente las conclusiones a las que llega según lo explicado en detalle en las páginas anteriores.

Y, de manera también sucinta y muy interesante, nos expone su punto de vista sobre Jesús, a raíz del análisis de los métodos de crítica que desgranó con anterioridad. Algunas de estas conclusiones, que se desarrollan junto al resto en la obra, serían las siguientes.

Certezas

Lo más certero es decir que probablemente Jesús nació en Galilea, puesto que no sabemos si lo hizo en Belén o en Nazaret. Igualmente, “no es posible sostener históricamente que Jesús naciera de una madre virgen. Esta afirmación es materia únicamente de fe”; solo puede decirse con seguridad que sus padres se llamaban José y María.

Su ministerio público itinerante, que le llevó a abandonar su casa y su trabajo, le enajenó, al menos al principio, la voluntad de su familia, que no creía en él y lo consideraba un excéntrico.

El núcleo de su predicación fue la inminente venida del Reino de Dios y el arrepentimiento para entrar en él cuando viniera, una venida que se realizaría en el futuro inmediato.

También fue un profeta que proclamaba las verdades centrales de la religión judía: radicaliza el precepto del amor al prójimo, aunque sea el enemigo; algunos pasajes evangélicos no apuntan a un Jesús manso y humilde, sino a un personaje de temperamento recio.

Pero fue un hombre religioso con una idea de Dios evolucionada respecto del judaísmo de la época, un Dios padre; y fue un judío practicante.

“La personalidad de Jesús fue compleja, como ocurre con todos los grandes seres humanos. Jesús fue un piadoso con rasgos que pueden acercarlo a los fariseos, un maestro carismático, taumaturgo o hacedor de milagros, un apocalíptico, un profeta proclamador y mensajero de la venida del Reino de Dios, y mesías rey al menos al final de su vida, pero sin duda en el que tendría un papel decisivo”.

Fue sanador y exorcista, afín a los fariseos, pero no un esenio. No se consideró un ser divino, aunque sí se presentó como mesías. No fundó, según estima el autor, un culto nuevo, como la eucaristía, ni fundó una iglesia. Su condena la motivaron cuestiones políticas. Y, en cuanto a su resurrección, no pertenece al ámbito de la historia, sino al de la fe.

Como cierre, nada mejor que las propias palabras del autor: “no hay progreso si no se examina el Nuevo Testamento críticamente, con los mismos instrumentos filológicos y de crítica histórica empleados en el análisis  y crítica de cualquier obra de la Antigüedad clásica; que Jesús no fue transmitido asépticamente, sino recordado conforme a las pautas dictadas por la creencia en su resurrección; que la investigación del Nuevo Testamento no aborda la idea de la existencia o no de Dios, la posibilidad de la revelación o la inspiración divina de los textos, sino que se trata simplemente de entenderlos”.

En suma: un libro que hay que leer, que hay que analizar, que hay que reflexionar para que sea el lector, en última instancia, quien tome decisiones sobre su fe en Jesucristo.

https://www.tendencias21.net/Jesus-fue-profeta-sanador-y-exorcista-segun-la-historia_a45717.html

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