Usar la imaginación

El siguiente cuento tiene como protagonista a Birbal, consejero de confianza e íntimo amigo de Akbar, emperador mongol de la India desde 1556 hasta 1605.

Birbal es uno de los personajes más famoso y querido de la India. Es un claro ejemplo de lo que se puede alcanzar en la vida gracias al ingenio. Inteligente, sabio, agudo, astuto y sagaz, tenía el don de resolver todo tipo de enigmas y problemas. Para todo tenía una respuesta.

Birbal es el protagonista de ingeniosos cuentos populares, a menudo humorísticos, de tradición oral, transmitidos de generación en generación, que acaban con una moraleja que nunca deja indiferente. Vendría a ser el equivalente hindú del Nasrudín sufí.

Imagen de Akbar (National Museum, New Delhi).

Necesidad de saber

Adaptación del cuento incluido en el libro “Escúchate” de Prem Rawat.

Un día, la esposa del emperador Akbar le dijo:

—Favoreces a tu consejero Birbal por encima de mi hermano. Él es de tu familia, deberías darle preferencia.

—Favorezco a Birbal porque es ingenioso e inteligente —contestó Akbar.

—También lo es mi hermano —dijo su esposa—. Quiero que le nombres tu consejero de confianza.

—Muy bien, ¿y cómo me deshago de Birbal? —replicó Akbar.

—Tengo un plan —dijo la emperatriz—. Sal a pasear por los jardines. Pide a Birbal que venga a buscarme porque requires mi presencia. Yo no acudiré a tu llamada y podrás echarlo por no haber cumplido tu orden.

Y así lo hicieron. Akbar salió a pasear por los jardines de palacio y mandó llamar a Birbal.

—¿En qué puedo serviros, majestad? —dijo el consejero.

—Ve a buscar a mi esposa. Quiero que me acompañe mientras paseo.

—Majestad —dijo Birbal—, tenéis muchos sirvientes, ¿por qué me concedéis este honor?

—Por ninguna razón en particular. Simplemente deseo que vayas tú.

Birbal se dio cuenta de que algo raro pasaba, intuyó que podía tratarse de una maniobra de la esposa del emperador para alejarlo de la corte y dedujo que no tenía intención alguna de acudir al requerimiento de su marido.

De camino a los aposentos de la emperatriz, el consejero habló con uno de los guardias y le dijo:

—Acompáñame. Voy a hablar con su alteza. En cuanto me reciba, quiero que entres, interrumpas nuestra conversación y empieces a susurrarme al oído, pero quiero que digas las palabras “y es muy hermosa” lo bastante alto para que ella las oiga.

Birbal fue recibido por la emperatriz y comenzó a hablar:

—Su alteza, el emperador desea que se reúna con él en el jardín…

En ese momento entró a toda prisa el guardia y, tras pedir disculpas y justificar su interrupción por la urgencia e importancia del mensaje que traía, comenzó a susurrar al oído del consejero, pero, siguiendo las indicaciones de este, dijo un poco más alto, para que la oyera la emperatriz, la frase “y es muy hermosa”… Luego, se marchó.

—Alteza, ya no hace falta que vengáis —dijo Birbal dirigiéndose a la emperatriz—. Os dejo, pues, al parecer, me requiere el emperador.

Dos minutos después la emperatriz estaba en el jardín con el emperador. Akbar, volviéndose hacia ella, le dijo:

—¿Lo ves? Te advertí que Birbal es muy inteligente.

Entonces, dirigiéndose a su consejero, le preguntó:

— ¿Cómo has conseguido que viniera, Birbal?

—Majestad, lo único que tuve que hacer fue plantar una pequeña semilla de duda para crear en ella la necesidad de saber.

Las dudas son una amenaza para el yo consciente. Pueden volvernos locos. Necesitamos saber…

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