Marsilio Ficino sobre Saturno, el planeta de la melancolía, el sufrimiento y quizá la sabiduría

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Desde los inicios de la astrología en Babilonia, en tiempos en los que aún no se leían cartas natales sino que sólo se leían presagios en los astros, Saturno ha sido considerado «el gran Maleficus«, el planeta más difícil de los sietes tradicionales. Esta interpretación de Saturno perdura hasta nuestros días y se ha expandido incluso a la astrología de India y a muchos otros lugares. Sin embargo, pese a su innegable dificultad, hay cierta gracia en Saturno, cierta taciturna dignidad. Por ello, Saturno también fue considerado el planeta de los melancólicos y los melancólicos considerados dueños de un particular y elevado genio. De hecho, algunos astrólogos han entendido que Saturno, más que el planeta del castigo y la furia divina, debe entenderse como el planeta de la justicia. Por eso está exaltado en Libra y lleva la balanza como uno de sus atributos (si bien en la mitología griega es Júpiter el que tiene la balanza de oro).

Hoy se celebra la Gran Conjunción entre Saturno y Júpiter, bajo el domicilio del gran Cronos, el inexorable señor del tiempo. En homenaje a su excelencia compartimos aquí algunos de los pensamientos de Marsilio Ficino y de la tradición órfica sobre Saturno.

Pocas personas han tenido una relación más entrañable con Saturno que Marsilio Ficino, el médico, astrólogo y traductor de Hermes y de Platón que inspiró mucha de la vida intelectual en la corte de los Médici en el Renacimiento. En uno de sus textos, Ficino dice categóricamente algo con lo que algunas personas que también viven bajo el signo de Saturno se identificarán: «Desde el principio Saturno ha impreso en mí el sello de la melancolía». La vida bajo el cristal de Saturno se tiñe de una particular luz crepuscular, que es una invitación al misterio, pero que requiere de una enorme paciencia y disciplina, un trabajo hercúleo.

Ficino, quien tenía el ascendente en Acuario y al gobernador del ascendente, Saturno, en ese mismo signo, y quien sufrió de episodios depresivos que lo llevaron a consagrarse al estudio de la filosofía y la religión, dice de este planeta que «no puede significar la cualidad y el lote común de la raza humana, sino que marca al individuo que ha sido separado de los demás, divino o bruto, bendecido o azotado por los extremos de la miseria». El gran erudito florentino, a quien le debemos en buena medida la noción popular que liga la genialidad con la melancolía, nos dice que estamos sujetos a Saturno «a través del ocio, la solicitud, la enfermedad, la teología, el ocultismo, la superstición, la agricultura, la magia y el luto». En cierta manera, Saturno nos quita la energía que podríamos utilizar para participar en el mundo común y en las vanidades bajo el Sol, para llevarnos a las profundidades del alma.

En «De vita», Marsilio Ficino explica:

Existen tres causas que hacen que las personas de conocimiento se tornen melancólicos. La primera es celestial, la segunda natural y la tercera humana. La celestial es debido a que Mercurio nos invita a investigar las doctrinas y Saturno nos hace perseverar investigando las doctrinas y retenerlas una vez que las hemos descubierto. Esta, según los astrónomos, es fría y seca, justo como señalan los médicos es la naturaleza melancólica. …Pero de aquellos hombres de conocimiento, especialmente los que están oprimidos por la bilis negra, siendo diligentemente devotos al estudio de la filosofía, retraen su mente del cuerpo y las cosas corporales y los aplican a lo incorpóreo. La causa de esto es que, mientras más difícil el trabajo, más concentración de la mente requiere; y segundo, que mientras más aplican su mente a las verdades incorpóreas, más están llamados a separarla del cuerpo. Por esto su cuerpo parece como si estuviera semimuerto y frecuentemente melancólico.

Esta imagen que pinta Ficino puede apreciarse en el famoso grabado de Durero que representa la melancolía. La melancolía se vuelve una tristeza mística, una actitud de no reaccionar ante la tristeza y el sufrimiento, sino aceptarlo y contemplarlo. El melancólico, quien no se dedica a la acción sino al estudio de la realidad, es el gran contemplador y por ello, puede acceder a la luz del pensamiento.

Melancolía I, Alberto Durero (1514)

Melancolía I, Alberto Durero (1514)

Encontramos quizá la más alta comprensión de Saturno, en una filósofa cuya carta también estaba dominada por Saturno, Simone Weil, a quien le gustaba citar una frase de Esquilo, «por el sufrimiento al conocimiento» (pathei mathos). Weil, ejerciendo una visión sumamente saturnina, creía que esta frase era el pasaje a la iniciación a los misterios.

Por últimos compartimos aquí un enlace a la traducción de Thomas Taylor,»el Ficino inglés», del Himno Órfico a Saturno, un texto litúrgico que ha sido usado como parte de la astrología mágica por siglos.

https://pijamasurf.com/2020/12/marsilio_ficino_sobre_saturno_el_planeta_de_la_melancolia_el_sufrimiento_y_quiza_la_sabiduria/

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