El verdadero volver a casa

Para este personaje que soy en minúscula, pasajero de un sueño de vida separada del Todo que nos sostiene, es fundamental estar  en contacto con la naturaleza. Por eso, tener un pedazo de tierra con árboles, arbustos y flores o caminar bajo los árboles es una experiencia de reconexión, cuando me adormilo pensando que soy un ser separado, aislado.

En esos momentos de reconexión, que aspiro aumentar, recuerdo la Unidad en la que Somos.

El sufrimiento solo es posible cuando nos percibimos separados, aislados de esa corriente de Conciencia, eterna e infinita. Cuando nos creemos encerrados en los límites corporales y nos identificamos con ellos de tal forma que nos vemos como marionetas circunstanciales y vemos a los demás también como pequeños personajes perdidos en medio de una vorágine de energías y fuerzas atemorizantes.

Es una herencia pesada esta inventada y pequeña conciencia separada. Ningún árbol, piedra, pájaro “lucha o  se esfuerza” por diferenciarse de otras conciencias ni compite para destacar. El personaje humano sí, y se teje su propia red de pretendidos fracasos, sentimientos de superioridad o inferioridad, celos, venganzas, rencores…que son tan irreales, como el concepto de que somos partículas separadas unas de otras empujándonos por lograr  espacio, en imaginarios  límites inexistentes.

Dejando esa lucha, podemos descansar en la perfección de todo, tal cual es, desde una conciencia profunda que no se percibe como separada o aislada de nada. Esa separación tejida por la mente pensante no vigilada nos hace sentirnos pequeños, indefensos, vulnerables y amenazados, porque, claro, se sabe que separados, el fin es lo que llamamos muerte, y más allá intuimos o sentimos una trascendencia innata que no se conforma con nacimientos y finales.

El SER  en el que vivimos y que Vive a través de nosotros es amoroso y eterno…y en él la trascendencia de nuestra seidad es una realidad en la que el temor no existe.

Perdemos el sentido de pertenencia a ese Todo Uno cuando nos involucramos e identificamos con la mente pensante, descuidando el contacto vivo con esa existencia eterna e infinita que solo se recupera con PRESENCIA EN EL AQUÍ Y AHORA. Perdida la conciencia de lo eterno, infinito y omni-abarcante,  es lógico sentir temor y percibirnos como “fuera de casa” en un entorno vacío, amenazador  que no conoce el abrazo y el sostén del AMOR INCONDICIONAL  que somos.

Nos cargamos nuestras corazas y nos encerramos en el cuerpo para hacer frente a un mundo en el que la supervivencia  del más fuerte parece reforzar más y más nuestra separación de la existencia Una. La piel es un órgano de separación, en lugar de ser uno de “común-unión” con el cuerpo colectivo que compartimos con toda la naturaleza.

Los árboles, los animales, las flores…escuchan desde su innato don de ser  sensibles a su seidad, cómo y cuándo florecer, cuándo y cómo emigrar, qué comer y qué no,  y cómo moverse, desde el interior. En cambio nosotros necesitamos libros que nos digan qué comer, cuanto dormir o cuánta agua tomar, cómo relacionarnos o resolver un supuesto conflicto de inexistente territorio personal…porque hemos perdido nuestro HOGAR y vagamos distraídos sin seguir las señales que por intuición nos llegarían como guía infalible, gratuita y amorosa.

Perdimos el contacto con nuestra esencia, con esa sabiduría natural en la que lo sabemos todo, que nos habla desde dentro cuando silenciamos la mente individual agitada y divagante, separada y temerosa, interesada e incoherente. Por eso los animales son más sabios: porque escuchan de una manera natural desde dentro, el ritmo de la Vida guiando su paso por este mundo dual

En esa agitación mental en la que vivimos, hasta nos olvidamos de respirar al ritmo de la vida, y cortar la  relación de aire compartido cercena la correlación del cuerpo con la no materia desde la cual la trascendencia nos envía sus señales presenciales.

Ya no escuchamos los mensajes de la Vida.

No creemos que el planeta y nosotros somos la misma cosa, y nos perdemos en conceptos de ecología y cuidado ambiental que no funcionan si no nos vivenciamos como FUSIONADOS con el planeta y el universo.

Si podemos, conectemos con la naturaleza. Si no, respiremos a conciencia para reconectarnos con la Vida.

Volvamos a casa…esa que en realidad nunca dejamos, pero  mentalmente desconocemos cuando nos distraemos del AHORA.

La Vida Una que nos contiene y sostiene, que vive a través de nosotros, que nos abraza, que nos ama, que NOS VIVE…solo es percibida, al igual que su gracia y su guía  en nuestro Hogar, que es EL AHORA, ese en el que la mente pensante no funciona.

Descansemos en el Hogar, que borra de un plumazo todas las especulaciones de una mente temerosa que teje historias locas de separatividad, luchas y sufrimiento, haciéndonos perder la paz, el amor total, la trascendencia y la eternidad que guarda la UNICIDAD.

Nuestra casa es el AHORA.

http://elblogdetahita.blogspot.com/2020/12/el-verdadero-volver-casa.html

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