Sed de Ser – Un Cortometraje Contemplativo sobre la Experiencia Mística

por Javier MelloniExtractos de: sed de ser
Javier Melloni

El siguiente texto es la transcripción de la voz en off de Javier Melloni en el cortometraje, el cual divide la experiencia mística en 5 pasajes:
Silenciamiento, Espaciosidad, Oración, Entrega y Presencia.
Al final del texto se incluye un enlace al vídeo.


SILENCIAMIENTO

La pausa entre dos notas,
el espacio en blanco entre dos palabras,
la página virgen entre dos capítulos.

Todo ello habla del silencio necesario,
de la quietud indispensable inscrita en el ritmo de las cosas.

Se requiere este acallamiento para no quedar inundados
de ruidos, formas, movimientos y significados
que nos desgastan con su agitación febril.

Así detenidos, se gesta lo Otro, allá en lo hondo.

Insondable lejanía
albergada en la proximidad de nuestro aquí.
Inasible para el pensamiento
porque cuando lo pensamos
se desvanece.

Únicamente emerge
cuando la mente,
vencida,
cede.

El silencio es el vacío que posibilita lo pleno.
Todo lo lleno anhela el vacío
para no quedar saturado de sí mismo.
El silencio de los sentidos, de los deseos, de la mente.
El silencio que nos devuelve al estado prístino de ser,
de simplemente ser en el Ser.

Quietos, callados y acallados,
solo siendo y sintiendo la respiración
llenando
y vaciando
nuestro anhelo.

Con el silencio llega la experiencia y la certeza de que
todo está habitado.

No hay nada que esperar porque hemos regresado
y todo ha regresado.

Silencio que habita en la calidez del Ser.
Quien se sumerge en él es hospedado en su abrazo.

ESPACIOSIDAD

Desaparecido el bucle de la autorreferencia,
se da el espaciamiento.

Es necesario despejar una y otra vez lo que ocupa el núcleo
para que pueda caber más realidad.

Por ello es bendición
el vacío.

Aparece donde ha habido desalojo.
Mayor concavidad se hace disponible
permitiendo percibir lo que nos circunda
otramente.

Este dejar ser
revela al Ser
que late tras el contorno de cada criatura.

Nada existe por sí mismo ni para sí mismo
sino que es rumor de otra Presencia
que en cada existencia anida.

ORACIÓN

La oración está presente en todos los seres
como un impulso
hacia su fuente.

En el reino del amor hay siempre un Tú por invocar,
porque ese Tú es la condición misma de amar.

Cuando el Amado se acerca,
El amante desea que no se aproxime del todo
para poder seguir yendo tras Él
y seguir sintiendo el ardor que lo consume.

Tal es el sentido de la oración que todavía no es unión.
Aunque vagamente lo desea,
El yo no está maduro para morir.

La oración es posible
porque hay dos.

Cuando todo sea colmado,
no habrá palabra
ni hará falta oración
porque todo estará repleto
de Presenciación.

Todavía no ha llegado el momento.
Es el tiempo del gozo que produce
el roce de la cercanía
antes de que se consume la unión.

ENTREGA

Somos pasaje.
No podemos ser si retenemos.

Existimos como acto de donación
de Quien comparte y cede su ser
sin cesar.

Nuestra existencia es pasar,
dejarnos traspasar,
convertirnos en oquedad,
en umbrales por donde el Ser
nos atraviese.

La Fuente está siempre vertiéndose,
derramándose por doquier.

Cuanta más apertura a la Apertura que nos origina,
más crece la capacidad de ofrecernos.
Nos hace partícipes de su condición.

Lo que existe,
existe como desbordamiento de la abundancia del Ser.
Abiertos,
nos damos en su darse.

Tal es la paradoja de nuestro existir:
Somos más
cuanto más a través de nuestro vacío
dejamos ser al Ser.

El Ser es calmo
y calma la sed.

Cuando la criatura regresa,
amansa su sed
y queda anegada en lo que supera
su capacidad de concebir y de comprender.

El vacío no se puede circunscribir,
no es asible para el pensamiento capturador.
Es plenitud
porque colma los bordes del receptáculo.
Desborda su razón de ser
por aquello que contiene
y no puede retener.

No siendo
es cuando más somos sin serlo,
porque Dios tiene en nosotros
la oportunidad de nacer.

PRESENCIA

Lo que aparece en el término
estaba en el origen,
pero no lo sabíamos.

Para eso venimos a la vida:
para conocerlo,
para experienciarlo
en los diversos estratos de nuestro devenir.

Irresoluble es la cuestión de saber
si la gota,
una vez que ha entrado en el Mar
y ha dejado de ser gota,
es consciente de ser Mar.

Irresoluble es la pregunta
porque está planteada desde la gota,
no desde el Mar.
No hay gotas,
solo Mar.
Todo Mar.

Este saberse agua de las olas
y de las gotas es revelación.
Resultado de un don,
culminación de la aventura de existir.

Saberse agua de ese Mar.
Saberse Mar de ese Mar.

Al mismo tiempo el Mar también es rostro.
Rostro supremo,
rostro original
que subyace a todos los rostros.

Todas las gotas contienen su reflejo
y nuestros rostros encuentran en él
su acabamiento.

“Quien beba de esta agua no volverá a tener sed”.

Vídeo: Sed de Ser – Un Cortometraje Contemplativo sobre la Experiencia Mística

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