Lo temporal y lo atemporal.

En nuestro camino de búsqueda de Luz tenemos un escollo ante lo “temporal” y lo “eterno” o atemporal. En el ámbito espiritual se pretende dar la menor importancia a lo temporal, poniendo lo temporal frente a lo eterno, pero la realidad es que la batalla dual continua con el tiempo y con lo eterno.

Los estados contemplativos son los que nos acercan a lo eterno o atemporal, en la contemplación es habitual perder el sentido del tiempo y perderse en una sensación atemporal, por tanto, es la contemplación la que nos abre las puertas ante lo eterno. La contemplación, el silencio y lo atemporal se hermanan.

“Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: antes que Abraham naciera, yo soy” (Juan:8:58)

La conciencia de nuestro Ser es atemporal por ello Jesucristo dice que “es antes de que naciera Abraham”.

Lo eterno es no-dual y no está sujeto al tiempo ni al nacimiento ni a la muerte, ni al principio ni al final.

Lo eterno solo se experimenta en el presente.

Recordamos el pasado desde el presente, proyectamos hacia el futuro desde el presente, en realidad jamás salimos del presente, despertar conciencia requiere ser consciente del presente.

El presente no solo se manifiesta en el estado de contemplación pasivo, el trabajo contemplativo nos lleva a percibir lo eterno en el estado de vigilia o en la actividad diaria, lo que nos lleva a vivir el presente. Presente del que jamás salimos.

En la contemplación no-dual pasiva y activa nos vamos situando en el lado de lo eterno, que por su naturaleza atemporal se convierte en infinito. Lo eterno siempre presente e infinito lo abarca e integra todo, abarcando las formas perecederas del mundo temporal o relativo.

Cuando no estamos en el recuerdo de sí mismos nos identificamos con lo temporal, por tanto, con todo fenómeno transitorio hay que mantenerse en estado contemplativo también durante la vida ordinaria, lo que implica vivir el presente y lo atemporal, recordar que Cristo fue antes de que Abraham naciera por su naturaleza eterna o atemporal.

El “yo” pertenece al tiempo y al ayer nos dice el M. Samael, por tanto, toda identificación con lo transitorio o temporal nos identifica con nuestro ego. La vida horizontal es temporal, la vida o línea vertical es atemporal, eterna y se vive en un eterno presente.

Comprender que el Ser es atemporal y mantenerse en el recuerdo del Ser nos lleva a percibir lo eterno, lo que siempre fue, es y será.

Mientras contemplamos como el mundo de las formas y la materia son finitos y transitorios, en la contemplación dejamos de identificarnos con lo perecedero eso incluye nuestro cuerpo y también nuestros movimientos psíquicos, emocionales y racionales. Cristo nos dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” (juan: 14:27). Así, Cristo nos insta al estado contemplativo donde la Paz permanece frente a todos los eventos transitorios.

El “yo” pertenece al tiempo, mientras el Ser es atemporal, el Ser siempre está presente, en cada momento, en cada instante. El Ser vive en el presente sin los condicionamientos del pasado o del futuro, por ello insisten todas las tradiciones espirituales en vivir el presente, pues en el presente eterno reside el Ser. En la vida horizontal o el estado de vigilia nos identificamos y fascinamos con lo temporal, arrastrando el lastre de lo temporal o del ayer, así nuestro querido ego subsiste dividido entre el pasado y el futuro. La contemplación nos ejercita en vivir el presente no condicionado ni por el ayer ni por el mañana.

En el episodio final de la vida de San Francisco cuando más preocupado se encontraba por la orden franciscana, Santa Clara hablo con Francisco comentando entre ambos que uno es el tiempo de las plantas otro el de los animales, otro el tiempo de los hombres y otro el tiempo de Dios, llegando a la conclusión de que el hombre no tiene en cuenta el tiempo de Dios, que obviamente trasciende el tiempo humano. El Ser observa todo lo transitorio o temporal desde una perspectiva atemporal tanto si las circunstancias son buenas o malas.

Es muy diferente la visión de nuestra conciencia cuando esta se limita a lo temporal, que cuando nuestra conciencia se inspira e ilumina en lo eterno siempre presente. Vivir solo considerando lo temporal nos somete a las circunstancias vividas, mientras que, si tenemos presente lo eterno, comprendemos la finitud y lo pasajero de esta existencia cambiando radicalmente nuestra perspectiva y visión ante las circunstancias y ante la vida.

Quedarnos atrapados en lo transitorio o temporal significa que nos olvidamos de sí mismos, olvidando que toda forma-materia está vinculado al vacío-espíritu y que ambos vacío y forma se complementan mutuamente en una unidad no-dual, sin que exista conflicto entre materia y espíritu, ello se vivencia en la Paz de la contemplación.

Atentamente:

Rafael Pavía.

https://conciencianodual.blogspot.com/2021/05/lo-temporal-y-lo-atemporal.html

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